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LAS CLAVES OCULTAS DE JUNG

Por: Moisés Garrido Vázquez

Tengo una profunda admiración por la figura de Carl Gustav Jung (1875-1961). Su dilatada obra nos ha permitido descubrir y comprender muchos secretos escondidos en lo más recóndito de nuestra psique. Sin los profundos trabajos de este célebre psicólogo suizo, creador de la teoría del inconsciente colectivo, jamás podríamos haber ahondado en los misterios que nos rodean. Los que amamos los temas paranormales y ufológicos, hubiésemos estado condenados de por vida a navegar en la superficie, a quedarnos únicamente con lo anecdótico. Cuando leí ‘Un mito moderno. Sobre cosas que se ven en los cielos’, obra póstuma de Jung dedicada a los OVNIs, se derrumbaron, como una montaña de naipes, las ideas que hasta entonces yo defendía sobre dicho fenómeno. Tuve que cuestionarme absolutamente todo. Y la querida Hipótesis Extraterrestresufrió, para mí, un duro revés. Enfrentarme al lado mítico de los OVNIs, y su vinculación con determinados arquetipos, sirvió para interesarme vivamente por las implicaciones psicológicas, parapsicológicas y sociológicas que existen detrás de esta clase de sucesos anómalos. Y mis investigaciones y estudios se encaminaron, preferentemente, por esa línea tan sugerente. Me dí cuenta de que ya no era tan importante centrarme en el aspecto físico de los OVNIs sino en su vertiente subjetiva y en el papel que juega el ‘factor testigo’. El horizonte, lejos de cerrarse, se amplía considerablemente. Los defensores de la HET dicen que se topan con un muro infranqueable. Motivo por el que muchos abandonan la Ufología. En cambio, quienes siguen el enfoque junguiano, psicosocial, paraufológico, etc. tienen por delante un camino extensísimo y con muchas bifurcaciones. Aunque tampoco logremos llegar al final del enigma, al menos, lo que vamos acumulando durante el trayecto es sumamente enriquecedor: un mayor y más profundo conocimiento de nosotros mismos. Por tanto, la clave del fenómeno OVNI quizás no está en el exterior sino en nuestro interior. En la vasta y compleja dimensión psíquica. “Non foras ire, in interiore homine habitat veritas” (No salgáis de vosotros mismos, en el interior del hombre habita la verdad). Esto básicamente nos enseña Jung. También se interesó seriamente por el mundo de lo paranormal. Solía reunirse con Sigmund Freud para discutir del tema. “Me interesaba oir las opiniones de Freud sobre la precognición y sobre la parapsicología en general -escribe Jung-. Cuando le visité en 1909 en Viena le pregunté qué pensaba acerca de ello. De acuerdo con su prejuicio materialista, rechazó radicalmente la cuestión como algo absurdo, basándose en un positivismo tan superficial, que me fue dificil no responderle con acritud. Transcurrieron todavía algunos años hasta que Freud reconoció la importancia de la parapsicología y la autenticidad de los fenómenos ocultos”.

Jung asistía a sesiones espiritistas para estudiar de cerca a los médiums, después de haberse interesado por las investigaciones metapsíquicas de Sir William Crookes. De hecho, su tesis doctoral, elaborada en 1902, llevó por título ‘Sobre la psicología y patología de los llamados fenómenos ocultos’. En el epílogo escribió: “El impulso para este trabajo lo recibí por el convencimiento de que en este terreno madura una rica cosecha para la psicología experimental”. Mantuvo además contacto con el biólogo Joseph B. Rhine, padre de la Parapsicología Científica, ya que en sus experimentos cuantitativos sobre la ESP (Percepción Extrasensorial) Jung halló evidencia de que la psique humana, en ocasiones, funciona más allá de la ley de la causalidad espacio-tiempo. “Los experimentos de Rhine y sus discípulos han proporcionado la prueba decisiva de la existencia de conexiones acausales de sucesos (...) Hasta ahora no se presentó ningún argumento crítico en contra de esos experimentos que no haya podido ser refutado”, afirmó convencido. 

Incluso protagonizó determinados fenómenos paranormales en sus propias carnes. Hechos que narra minuciosamente en su imprescindible obra autobiográfica ‘Recuerdos, Sueños, Pensamientos’. Desde experiencias extracorpóreas hasta fenómenos psicocinéticos, pasando por sueños premonitorios. También tuvo antecedentes en su familia. Al parecer, su madre y su abuela poseían facultades ESP. Por todas estas razones proclamaría: “El hombre debe percibir que vive en un mundo que en cierto sentido es enigmático. Que en él suceden y pueden experimentarse cosas que permanecen inexplicables, y no tan sólo las cosas que acontecen dentro de lo que se espera”.

En base a sus estudios sobre los fenómenos paranormales, formuló -junto al físico y premio Nobel Wolfgang Pauli- la teoría de la ‘sincronicidad’, con la que pretendía dar respuesta a la coincidencia significativa, o conexión acausal, de dos o más acontecimientos. Esas coincidencias acausales, que trascienden los conceptos de espacio y de tiempo, parecen producirse cuando surgen, desde lo más profundo del inconsciente, aquellos contenidos psíquicos con fuerte carga afectiva. En su libro ‘La interpretación de la naturaleza y la psique’ aclara que: “Resulta imposible explicar la percepción extrasensorial, es decir, la coincidencia significativa, como un fenómeno energético (...) En consecuencia, no puede tratarse aquí de causa y efecto, sino de una coincidencia temporal, una especie de simultaneidad. En virtud de tal cualidad de simultaneidad he elegido el término ‘sincronicidad’ para designar un hipotético factor explicativo que se opone, en igualdad de derechos, a la causalidad”.

Jung también dedicaría tiempo a teorizar sobre el simbolismo oculto que subyace en cuestiones como la alquimia, la astrología, el gnosticismo y el I Ching. Todo ello lo aborda profundamente en algunos de sus más célebres ensayos: “Arquetipos e Inconsciente Colectivo”, “Psicología y Religión”, “Símbolos de Transformación”, “Simbología del Espíritu”, “Psicología y Alquimia”, etc.

Quien no haya leido a Jung, quien desconozca la trascendencia de sus pensamientos y lo que nos enseñó sobre el inconsciente humano, no se imagina todo lo que se pierde...