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	<title>Bitácora de la Odisea &#187; tipología</title>
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	<description>El diario del largo y turbulento periplo</description>
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		<title>Breve tipología femenina &#8211; 1: Diana Cazadora</title>
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		<pubDate>Mon, 30 May 2011 16:36:37 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Raúl Ortega</dc:creator>
				<category><![CDATA[Editoriales]]></category>
		<category><![CDATA[arquetipos]]></category>
		<category><![CDATA[Artemisa]]></category>
		<category><![CDATA[Diana]]></category>
		<category><![CDATA[estereotipos]]></category>
		<category><![CDATA[tipología]]></category>

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		<description><![CDATA[Voy a ir transcribiendo en el blog los seis modelos de personalidad femenina que describí en el cuaderno "Diosas de ayer, mujeres de hoy". Un encargo cuya distribución se limitó exclusivamente a Argentina.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Voy a ir transcribiendo en el blog los seis modelos de personalidad femenina que describí en el cuaderno &#8220;<a href="http://www.odiseajung.com/libros/promocion.php#diosas_de_ayer" target="_blank">Diosas de ayer, mujeres de hoy</a>&#8220;. Un encargo cuya distribución se limitó exclusivamente a Argentina.</p>
<p>&#8220;No están todas las que son, pero son todas las que están&#8221;, diré comenzando la introducción. Me vi obligado a seguir el guión encomendado y se me propusieron sólo seis tipos. Otros trabajos mejor planteados y exhaustivos requerirían estructuras más extensas y complejas, contemplando más modelos y clasificaciones supraordinadas y subordinadas a las ofrecidas. Con todo, las escuetas seis diosas-tipo trabajadas aquí son, en efecto, bastante representativas.</p>
<p>La encomienda estaba referida, en principio, a los trazos básicos con que la analista junguiana <a rel="nofollow" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Jean_Shinoda_Bolen" target="_blank">Jean Shinosa Bolen</a> vertebró su archifamoso libro &#8220;<a rel="nofollow" href="http://www.casadellibro.com/libro-las-diosas-de-cada-mujer-una-nueva-psicologia-femenina-/216181/2900000216404" target="_blank">Las diosas de cada mujer</a>&#8220;, obra no carente, desde luego, de brillantez y clarividencia, pero yo me propuse el reto de obviar completamente ese y otros trabajos relacionados y aportar en exclusiva lo que serían mis propias intelecciones al respecto, basadas únicamente en mis investigaciones y experiencias. Así, los desarrollos que voy a exponer aquí tienen que ser tomados como lo que son: un trabajo bajo mi absoluta responsabilidad.</p>
<p><span id="more-1822"></span>Hay que avisar: no debemos confundir <em>tipo </em>con <em>arquetipo</em>, aunque sea algo que se haga, por ignorancia o comodidad, todo el tiempo. Sería casi lo mismo que confundir <em>complejo </em>con <em>arquetipo</em>. De un tipo podemos decir en propiedad que se trata de una constelación o mixtura de libido, de energía arquetípica, determinada, que forma unas estructuras de conciencia con un perfil diferenciable y que tienden a repetirse, desde el dibujo general hasta a veces el detalle, con suficiente universalidad. Con tipo tenemos que tener claro que estamos reduciéndonos a lo humano y personal. Arquetipo, sin embargo, siempre nos acaba trasladando a la esfera transpersonal e incluso <em>sobrenatural</em>, el mundo de los <em>dioses</em>. Algo en última instancia más allá de nuestras biografías, nuestras conductas, nuestros ritos, nuestro arte sagrado y nuestros mitos. Algo que barrunta sólo nuestro más profundo pensar cuando reflexiona sobre nuestras más profundas experiencias, personales y/o colectivas, y algo que se abre paso hacia nosotros a través de nuestros más profundos sueños y visiones. Un mundo bastante abstraído, diremos, de lo meramente humano. Tentativamente podríamos decir que son tierra, aire, agua y fuego, esas cuatro (pre)formas en que somos capaces de captar eso que podríamos llamar la <em>libido arquetípica cosmogónica</em>, los <em>pilares de la creación</em>, los componentes alquímicos esenciales que en su concreción hacia el mundo y lo humano, mezclándose en diferentes y determinadas proporciones y órdenes, se convierten en los responsables de todas esas certeras tipologías dentro de las cuales se encuentran el MBTI, el zodíaco y ésta que usamos hoy aquí de tipos-diosas.</p>
<p>El astrólogo tiene muy clara la diferencia entre los planetas (el plano arquetípico) y los caracteres (el plano humano), pero el tipólogo junguiano no se preocupa de diferenciar cuánto hay entre los rasgos atribuidos a las diosas mitológicas de mera proyección desde la caracterología humana (en un lanzar al cielo de nuevo lo que ya había bajado de él) y cuánto hay de verdadera cualidad arquetípica. En Artemisa, por ejemplo, Luna y Madre Naturaleza son claras alusiones arquetípicas, pero toda la descripción de carácter y buena parte de la corte de atributos que nos vierte su mito parecen más bien esas concepciones hipostasiadas desde lo humano a que acabo de aludir. No preocuparse de reflexionar sobre estas distinciones es grave ignorancia. Sin embargo, como tenemos claro que todo tipo humano, por definición, es el heredar en un mundo inferior la cualidad arquetípica de ser forma, patrón, que se repite universalmente, explicitando formas a su vez típicas de constelarse en lo humano lo arquetípico, podemos relajarnos hasta cierto punto en la comodidad de hablar de diosas como si fueran tipos psicologicos.</p>
<p>Estas disquisiciones parecen complicadas, pero no tanto si explico que aquello que trato de señalar es la necesidad de tener siempre presente que no es lo mismo arquetipo que estereotipo. Sólo de este modo podemos verdaderamente comprender, por ejemplo, por qué se escribió un libro como &#8220;Las diosas de cada mujer&#8221; en una época, digamos, <em>post-junguiana</em>, cuando desde el primer momento la Psicología analítica asumió la evidencia de que existía una correlación entre las diosas y dioses mitológicos (especialmente griegos) y el carácter. Haría falta olvidarse de esta distinción, olvidarse, por ejemplo, de que Jung y los primeros junguianos se constreñían prudentemente a hablar de muy pocos contenidos como verdaderos arquetipos (anima, animus, Self&#8230;), y llegar hasta un Hillman, para empezar a hablar con excesiva ligereza de cualquier dios mítico como legítimo componente arquetípico de lo Inconsciente Colectivo. Eso es confundir arte con realidad, símbolo con significado. Por más llenos de vida, literalmente, que parezcan estar ciertos símbolos, ciertos mitos (hasta el punto de parecer encarnarse como biografías). Los sueños, sin ir más lejos, que jamás debemos olvidar son serio criterio de autoridad a la hora de estudiar qué es lo que realmente esconde lo inconsciente, tenemos que recordar que están tan llenos de imágenes primigenias, símbolos esotéricos y criaturas mágicas como exentos de dioses míticos en sus clásicas y exotéricas formas. Y si aparecen, ellos o sus atributos, lo hacen, de todos modos, para aludir a algo que está más allá, detrás. Que es exactamente igual a la función que siempre tuvieron ahí afuera, como parte de las liturgias colectivas. Es más, hasta donde sabemos, ¡así ocurría también en el mundo onírico de los mismísimos griegos!</p>
<p>No distinguir mito de arquetipo es un craso error, un interpretar sueños con sueños. Una afrenta a nuestra más preciada herramienta en pos de la verdad: la hermenéutica. No distinguir tipo de arquetipo, lo mismo.</p>
<p>Dicho esto, aviso también que he añadido en las fichas ciertos pensamientos nuevos por aquí y por allá que no aparecen en la publicación original, sin extenderme nunca tanto que pierdan su inicial carácter de esbozo, de denso y comprimido esquema, y pasamos ya al material:</p>
<div style="background: #E9E9E1;">
<h2 style="text-align: center;">I.- Artemisa</h2>
<p><img class="aligncenter size-full wp-image-1823" title="a_d_v_diana_cazadora" src="http://www.odiseajung.com/images_blog/2011/05/a_d_v_diana_cazadora.jpg" alt="" width="400" height="313" /></p>
<p>Con sólo echar una mirada a los atributos que la mitología ha otorgado tradicionalmente a Artemisa podemos entender cuál es la clave del carácter al que se refiere. La Luna, que rige el tiempo de los sueños, y los bosques, nos remiten instantáneamente al nocturno, salvaje e indómito Inconsciente, y el arco y los perros a la facultad que convenimos en llamar intuición, tan conspicua en las mujeres nacidas bajo el patrocinio de esta diosa, que las mantiene en un estrecho y permanente contacto con ese ecosistema natural agazapado detrás de la urbana conciencia. La flecha proyecta la interacción del sujeto hacia cosas que están muy lejos del alcance inmediato de su mano, y el perro husmea para el dueño datos que para él son inaccesibles de modo directo. Todo esto son bellas metáforas de la captación intuitiva. La mujer Artemisa siempre está <em>cazando </em>información para orientar sus elecciones y sus metas a través de la corazonada, la clarividencia, la precognición y&#8230; el viaje. “Lo esencial es invisible a los ojos”, decía el Principito, y ella así asume también la realidad. Igual que el pequeño aviador, tiene siempre algo de aniñado e inocente, resistiéndose con uñas y dientes a renunciar al mundo mágico y promisorio de la infancia a favor de la prosaica, pragmática y resignada madurez. Esto conforma la mitad de las razones por las que esta mujer tiende a la soltería y, no pocas veces, en efecto, a la frugalidad sexual e incluso literalmente a la castidad: se trata de mantener un compromiso ideal con la pureza original del alma, a la que sólo se le permite hasta un límite la encarnación, la implicación en lo mundano, a partir del cual esto se siente como suciedad involutiva y angostura vital. Trata de evitar caer en lo sensorial mientras pueda sostenerse en lo <em>extrasensorial</em>. No es la fuente de los deseos y el impulso sexual ese inconsciente con el que está en contacto Artemisa, y al que se debe. Es la fuente de la creatividad, las grandes ideas, el arte, lo auténticamente natural y, sobre todo, lo sobrenatural, es la fuente de la información trascendental, el lugar al que ella se siente comprometida. Está involucrada de tal modo con estas cosas tan etéreas que podríamos decir que toda mujer profundamente Artemisa es una auténtica sacerdotisa, espontánea y natural. Tan vigorosamente creativa y competitiva que sólo siente como destino apropiado alcanzar el liderazgo del templo (para irritación de sus jefes, mientras ella ocupe una posición laboral subordinada, cuando el templo es, por ejemplo, una clínica de medicina holística, una empresa de dietética naturista o un programa en la radio de parapsicología).</p>
<p>La otra mitad de los argumentos que justifican su &#8220;celibato&#8221; procede desde la misma esencia de la intuición, que, en contra de lo que suele creerse, no es femenina, sino andrógina, y dota a la personalidad que se sostiene en ella de una fuerte constelación unisex. Lógicamente, donde ya se vive y se piensa como hombre y mujer a la vez se echa menos en falta complementarse en pareja. Artemisa es una feminista genuina, que nunca entendió que tuviera que elegir entre una falda rosa o un pantalón vaquero azul. Prefiere mantenerse en una soltería insobornable e insumisa que acatar el rol pasivo al que lo femenino puro y la cultura la empujan dentro de una relación. Así, el amor personal se convierte con mucha facilidad en universal, y pasa a ser expresado, por ejemplo, en un contexto tan apropiado para ella como es una ONG o un proyecto ecologista. Pero la renuncia a la pareja es concomitante con otro desestimiento a veces aún más problemático: la  maternidad. Nuestra cultura no tiene dificultades en asimilar lo femenino a lo virginal, pero segregarlo de lo maternal es otra cosa. El símbolo cristiano tiende un puente milagroso entre ambos, la Virgen Madre, tratando de superar así el conflicto. En el mito griego la paradoja se expone sin bálsamo, y Artemisa es tan regenta de la independencia virginal como de la fertilidad y los partos. Lo que ocurre es que la Luna que ella representa es la llena, como faro en la oscuridad, sabiduría sobre cosas ocultas, iluminación mistérica, pero la Luna llena es también simbólicamente desde siempre, en efecto, una representación de la fertilidad y el embarazo. El mito se vuelve aquí indiferenciado, ambiguo. La  mujer Artemisa tiene que resolver este dilema en su vida individualmente, con poca ayuda y guía desde él, apoyada directamente en su interior.</p>
<hr />
<p>Nota:</p>
<p><img class="alignleft size-full wp-image-1824" title="a_d_v_diana_cazadora2" src="http://www.odiseajung.com/images_blog/2011/05/a_d_v_diana_cazadora2.jpg" alt="" width="164" height="200" /><span style="font-size: 0.8em;">Agradecemos efusivamente a <strong>A.D.V</strong> que haya cedido su imagen para ilustrar esta ficha que será publicada precisamente el día de su cumpleaños (¡felicidades!). No hay aquí trampa ni cartón: es arquera homologada y trabaja en un espectáculo itinerante de ambientación medieval. Actualmente es responsable de un programa en la televisión local sobre temática paranormal. Entre sus aficiones más queridas está el realizar actividades que la involucren con lo más salvaje de la naturaleza.</span></p>
<p><span style="font-size: 0.9em;">Recordemos una vez más: </span></p>
<p><em><span style="font-size: 0.9em;">&#8220;La última encarnación de Edipo, el continuado idilio de la Bella y la Bestia, estaban esta tarde en la esquina de la calle 42 con la Quinta Avenida, esperando a que cambiara el semáforo&#8221;</span></em></p>
<p><span style="font-size: 0.9em;"><strong>Joseph Cambell</strong> &#8211; <em>El héroe de las mil caras</em>.<br />
</span></p>
<p>&nbsp;</p>
</div>
]]></content:encoded>
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		<title>Alexandra David-Néel. Carácter es Destino</title>
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		<pubDate>Wed, 13 May 2009 21:13:52 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Raúl Ortega</dc:creator>
				<category><![CDATA[Editoriales]]></category>
		<category><![CDATA[Eros y Psique]]></category>
		<category><![CDATA[Historia y Mito]]></category>
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		<description><![CDATA[La biografía de esta egregia personalidad tiene que servirnos como paradigma a la hora de traer a colación el estudio de cierta tipología psicológica y ciertos rasgos caracterológicos que considero de los más interesantes. Yo suelo llamar, con todo mi cariño y empatía, <em>duendes</em> a estas personas]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>La biografía de esta egregia personalidad tiene que servirnos como paradigma a la hora de traer a colación el estudio de cierta tipología psicológica y ciertos rasgos caracterológicos que considero de los más interesantes. Yo suelo llamar, con todo mi cariño y empatía, <em>duendes</em> a estas personas, pero técnicamente estamos hablando de los INFP y los ENFP, con esa poderosa <strong>intuición extravertida</strong> marcando sus mágicos pasos por el mundo. Es un temperamento muy escaso entre la población, y me pregunto si es así al tener siempre tan poco interés en perpetuar su genética o porque el orden inteligente natural sabe que no puede crear &#8220;más jefes que indios&#8221;, para que el equilibrio social no se quiebre. Pues estas personalidades no han nacido para perpetuar reglas, sino para romperlas, y estar a la cabeza de todos los movimientos rebeldes y de vanguardia.</p>
<p>Vamos a ver este video resumen y luego pasamos a analizar lo que aprendemos con él:</p>
<div class="align_cnt"><iframe name="DFuB6OPwbNs" id="DFuB6OPwbNs" title="YouTube video player" width="480" height="360" src="http://www.youtube.com/embed/DFuB6OPwbNs?fs=1&amp;hl=es_ES&amp;rel=0&amp;showinfo=0" style="border:0" seamless><span style="font-size:1.17em;font-weight:bold">[Ver este vídeo en la página original]</span></iframe></div>
<p><span id="more-320"></span></p>
<p><br class="spacer_" /></p>
<p><strong>La Revolución se lleva en la sangre</strong>. La intuición en general y este carácter en particular dotan a la conciencia de una gran incapacidad para sentirse identificada con un contexto cultural y territorial limitado. &#8220;Ciudadano del Universo&#8221;, es como se percibe la propia identidad, desde la infancia. Ningún criterio de autoridad procedente del entorno le es suficiente a este sujeto para doblegar sus dudas y sus críticas internas acerca de cómo se entienden y se hacen las cosas. La herencia ancestral de los usos y costumbres no le parece nunca legítimo aval. Presiente que las cosas tienen una superficie, donde está atrapado lo social, y un mecanismo interior, que es al que dirige su atención y su interés. Es así como el sedentarismo burgués se convierte muy pronto en uno de sus más acérrimos enemigos, como cazador nómada que rechaza el bucólico conformismo de la agricultura, y es así como en su adolescencia, en un proceso completamente espontáneo y natural, suele quedar hechizado por el panfleto político de corte libertario. Es una ingenuidad que se acaba corrigiendo con la madurez. En la adolescencia aún no se tiene autonomía, se es dependiente, y el joven <em>duende</em> sueña con métodos radicales y rápidos que cambien todo el entramado sociocultural, del que se siente víctima, por otro que apoye su necesidad de independencia y libertad, máxime cuando aún piensa que los demás deben ser como él, y deben padecer las mismas frustraciones. Si es de rasgo genial, como nuestra heroína lo era, antes que tarde se percata, sin embargo, que toda política es por definición una disquisición superficial, un velo más a rasgar, no importa qué matiz tenga. Pues lo que busca no es el camino para muchos, sino su propia senda al interior de la Tierra, debajo de la Polis y sus masas. Un camino que tiene que recorrer solo, en un mano a mano personal con su individual destino. Para salir de su opresión no necesita cambiar el mundo. Necesita perder el miedo a enfrentarse a solas con él&#8230; y que la mayoría de edad legal rebaje lo suficiente el poder de veto que la familia puede ejercer en su contra.</p>
<p>Dicho de otro modo: lo que busca en el fondo es la aventura de lo Inconsciente, que lleva siempre hacia misterios religiosos. Pero la conciencia tarda un tiempo en madurar lo suficiente para discernir entre la meta de cambiar el mundo y la de buscar lo que hay detrás de él. De todos modos, la aventura de lo Inconsciente, como toda aventura religiosa, conlleva implícitas consecuencias políticas. Sea maduro, en el camino de vuelta, sea verde, antes de lograr ir, el <em>duende</em> metido en política siempre obliga al entorno a replantearse seriamente sus fundamentos culturales.</p>
<p><strong>El amor y la magia negra</strong>. Siendo el matrimonio la ancha avenida que introduce a los hombres de pleno en la marabunta de lo social, no es nada extraño que el <em>duende,</em> a la entrada o a la salida, tenga problemas con esto, tal y como la etérea intuición siempre tiene problemas con el concretismo de la sensación. En las mujeres de este tipo, como Alexandra, la maternidad suele quedarse como instinto muy rezagada, a favor de la forma artística e intelectual de la creatividad. La cercanía de conciencia e inconsciente, interconectados fuertemente a través del cordón umbilical de la intuición, dota a este tipo de personas, hombres y mujeres, de una constitución andrógina, lo cual es en muchos casos razón añadida para que no se produzcan ligazones pasionales profundas, las cuales necesitan de una pareja polarizada, que se unifique mediante el magnetismo de los opuestos. El modelo normal de relación es entonces la amistad y el compañerismo espiritual, y no la pareja, de connotaciones siempre mucho más corporales e instintivas. Por eso no nos debe extrañar que Alexandra se sintiera más cómoda con su marido cuando sólo intercambiaba con él pensamientos, y que pudiera realmente tenerlo en tan alta estima sin sentir la necesidad de su presencia física en ningún momento después de su partida. Es obvio que en un hombre distante, de poderoso intelecto, como es un ingeniero, ella pudo proyectar mejor su espiritual <em>Animus</em> que teniéndolo delante, en carne y hueso<em>.</em> El <em>Logos</em> transmitido por correo era para ella un válido esperma.</p>
<p>Cuando el <em>duende</em> se casa, a pesar de todos estos óbices, lo hace de todos modos atrapado en las leyes clásicas del amor, sobre todo cuando esto ocurre en la primera mitad de su vida, en una época de pre-madurez de su personalidad. Alexandra escoge un hombre poderoso, como el cánon femenino más básico impone. Escoge un hombre terrenal, que compensa su polarización espiritual. Y escoge un hombre intelectual, donde puede proyectar sin problemas la función intelectual, que queda en su carácter a la sombra de la inconsciencia, trayéndola hacia la luz. Como la intuición se alía con gusto con el intelecto, y el <em>duende</em> tiene esa constitución andrógina donde el <em>Animus (</em>si es mujer) está desde siempre muy presente en la conciencia, el pensar en este tipo de personas no aparece jamás demasiado atrasado con respecto al sentimiento.</p>
<p>En lo físico, el terreno de la sensación, el <em>duende </em>se muestra ascético y hasta rudo. El desdén hacia la delicadeza sensorial y la presencia de un <em>Animus</em> que es en sus aspectos primitivos un atleta temerario dota a la mujer de este tipo de una capacidad inigualable para la resistencia y el riesgo, lo cual es un apoyo esencial en su sed de aventuras.</p>
<p><strong>El viaje</strong>. Desplazarse al extranjero es el correlato extravertido de penetrar los contenidos foráneos a los que se abre la conciencia cuando mira hacia lo Inconsciente. Por eso el viaje del <em>duende</em> es siempre una peregrinación, una odisea iniciática, y jamás turismo. El <em>duende</em> pertenece a la estirpe de los profetas, y nadie lo es en su tierra. Dejando atrás a su familia, la encuentra. Dejando atrás su país, halla su patria.</p>
<p><strong>El tulpa</strong>. Fascinante ¿verdad? En el episodio de la creación de esta entidad tenemos a esta tipología desarrollando al máximo sus facultades mediúmnicas, que a menudo no son, como en otros tipos, pasivas, sino, como queda claro en este caso, activas, con una participación bastante grande del control consciente. Sin embargo, aunque se nos diga que fue un producto sólo del pensamiento dirigido, o sea, una creación de la voluntad, no podemos creer de ninguna manera eso, al comprobar la autonomía e independencia que este contenido expresó clara e irritantemente. Sin tratar de profundizar en la esencia material de esta criatura, podemos decir que su comportamiento fue idéntico al de otros contenidos procedentes de lo Inconsciente, donde a medias la conciencia da forma e influye en sus modos de expresión y a medias es mero canal que permite la aparición del contenido abismal y extraño a ella. Es exactamente lo que se espera en terapia junguiana de la imaginación activa, aunque la solidificación de esta entidad sobrepase sus expectativas. Más que crear al tulpa, Alexandra lo parió. Esto ocurre constantemente en cualquier tipo de producción psíquica creativa. El hombre rápidamente se apropia de la patente de lo creado, y legítimamente siente que, desde luego, algo ha participado en ello. Pero, en realidad, su involucración suele ser a veces no más meritoria que la de aquel que abre una puerta. Gurdjieff decía: &#8220;<em>todo lo que el hombre cree hacer en realidad se produce, como la lluvia</em>&#8220;. Se concreticen o no, yo nunca fui partidario de jugar irreflexivamente a invocar contenidos inconscientes. Ya bastente tiene la conciencia con lidiar con los que se cuelan sin avisar, y Alexandra era precisamente de las que tenían bastante abiertas las puertas. El contenido abismal siempre sigue el mismo patrón de comportamiento: se aparece a la conciencia en forma inocente e inofensiva, para irse convirtiendo a pasos agigantados en un grave problema. Podemos observar este mismo modelo avisado una y otra vez en las leyendas de <strong>pactos con el Diablo</strong>, desde las que también aprendemos la importancia que tiene la participación de la conciencia, su voluntad y su apetito, en las manifestaciones más contundentes de lo Inconsciente. Como se suele decir: &#8220;<em>Ten cuidado con lo que deseas&#8230;&#8221;</em></p>
<p style="text-align: center;"><img class="size-full wp-image-334 aligncenter" title="alexandra-david-neel" src="http://www.odiseajung.com/images_blog/2009/05/alexandra-david-neel.gif" alt="alexandra david-neel" width="198" height="300" /></p>
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