Encontrar espíritus afines es una de las alegrías más importantes que puede darte el agridulce juego de vivir. Al menos así lo siente mi corazón (claro está que cada pecho prioriza de modo distinto sus placeres…). Agradezco, y mucho, que una serie de cirunstancias fortuitas me hayan conducido a conocer el pensamiento del catedrático de Evolución Humana y Ecología en el Departamento de Biología de la Universidad Autonoma de Madrid, Máximo Sandín. Publico hoy en el blog varias conferencias y entrevistas de este bravo intelectual, y en confianza digo que mientras miraba algunos pasajes determinados me he sentido azorado, al sentir como si yo mismo me estuviera desnudando delante de la cámara. Ha sido una curiosa experiencia especular de orgullo/vergüenza ajena.














