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	<title>Bitácora de la Odisea &#187; Jung</title>
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	<description>El diario del largo y turbulento periplo</description>
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		<title>Inauguración de la filial de la Fundación C. G. Jung en Buenos Aires</title>
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		<pubDate>Thu, 26 Jan 2012 14:48:23 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Raúl Ortega</dc:creator>
				<category><![CDATA[Noticias]]></category>
		<category><![CDATA[James Hillman]]></category>
		<category><![CDATA[Jung]]></category>
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		<category><![CDATA[Psicología analítica]]></category>
		<category><![CDATA[Silvia Tarragó]]></category>

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		<description><![CDATA[Dentro de la trayectoria de la psiquiatría y de sus maneras de intervención, la familia profesional del psicoanálisis siempre fue, ya desde el principio, una familia extraña y compleja. No tuvimos madre. Sólo padres y tíos. Luego llegaron algunas tías jóvenes, que se convirtieron en bisa]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Silvia Tarragó</strong>, presidenta de la <a href="http://fundacioncarlgjung.blogspot.com/" rel="nofollow" target="_blank">Fundación C. G. Jung</a>, nos anuncia con esta circular la inminente inauguración de la filial porteña de esa institución, que será dirigida por nuestra querida inagotable <strong>Nora Galliano</strong>:</p>
<div style="background: #E9E9E1;">
<p><img class="aligncenter" title="Buenos Aires" src="http://t3.gstatic.com/images?q=tbn:ANd9GcRp9S7_sLqEPquOYxxJY0Ymq6w_wI2tw9-vF3pBXU3zF4iXUJwM" alt="" width="261" height="193" /></p>
<p>Dentro de la trayectoria de la psiquiatría y de sus maneras de intervención, la familia profesional del psicoanálisis siempre fue, ya desde el principio, una familia extraña y compleja. No tuvimos madre. Sólo padres y tíos. Luego llegaron algunas tías jóvenes, que se convirtieron en bisabuelas sin lograr ser matriarcas. Debemos recordar que esos primeros fundadores resolvieron sus diferencias y rivalidades de un modo tradicionalmente &#8220;femenino&#8221;, o sea : o guardando silencio y trabajando solos, o lanzando mensajes envenenados a la propia comunidad profesional. Este fue el clima anímico de la constitución de esta manera de atender al sufrimiento psíquico que nosotros ejercemos y que parece que aun perdura. Ninguno de nosotros conocimos a Freud, ni a Lacán, ni a Jung&#8230;. Somos sus herederos. Hemos seguido la tradición y todos la sufrimos.</p>
<p><span id="more-2281"></span>Los junguianos siempre hemos sido los hijos díscolos y rebeldes de esta familia. Rechazados por la ortodoxia psicoanalítica, hemos comprobando una y otra vez que las críticas que han perdurado son frecuentemente ciegas, porque han seguido sosteniéndose generalmente no en un conocimiento riguroso del cuerpo teórico que desarrolló C. G. Jung sino en un fondo de prejuicio difamatorio. Bien es verdad que el movimiento &#8220;new age&#8221; descubrió a Jung a mediados del siglo pasado, pero casi fue peor que la distancia psicoanalítica, porque por lo menos estos últimos, si bien no habían leído a Jung, no le atribuían cualidades profesionales tan desorbitadas que le dejaban casi fuera del ámbito de la psiquiatría, empeorando enormemente el conocimiento sobre su rigurosa obra. También sabemos, como colofón, que la mayoría de programas universitarios de psicología , empobrecidos por su acomplejada necesidad de justificarse con el mito de lo supuestamente &#8220;científico&#8221;, ya ni tan siquiera le nombran. Debido a este contexto nos sigue pareciendo casi &#8220;milagroso&#8221; que se mantenga vivo el conocimiento de Carl Gustav Jung; y es debido a esta complicada trayectoria que mantenemos el empeño, entusiasta y obcecado, de seguir contribuyendo a divulgar el rico y profundo contenido de su obra.</p>
<p>La Fundación C. G. Jung de España es modesta en sus recursos, aunque se nos ocurrió que lo que sí podíamos hacer era intentar tender siempre algunos &#8220;puentes&#8221;. &#8220;Puentes&#8221;, por ejemplo, entre la obra completa de Jung o el Libro Rojo, que no estaban traducidos al castellano, animando y empujando para que se iniciaran dichas traducciones y su correcta edición; o entre los escritos de otros autores junguianos como Hillman, Von Franz, López Pedraza, etc&#8230; Y bastantes personas interesadas que nunca habían oído hablar de ellos, organizando seminarios y conferencias donde pudieran acceder a ese conocimiento. Y así seguimos&#8230; Puentes, puentes&#8230; Que permitan seguir dando a conocer su obra.</p>
<p>Ahora el puente que se nos ha ocurrido es un poco largo: otro lado del mar&#8230; Muy cerca entre nosotros, todos nosotros, que somos pocos en el mundo de habla hispana. Y no sabemos donde nos llevará esta aventura, pero es una apuesta que intenta otra vez tender puentes. Esta vez entre la &#8220;Fundación&#8221; española y &#8220;Jung Buenos Aires&#8221;, entre todos los que estamos detrás de todo este empeño&#8230; ¡Barcelona, Madrid, Buenos Aires!</p>
<p>Ya ven,  ese sigue siendo nuestro modesto objetivo: seguir abriendo vías entre Jung y sus lectores, analistas junguianos o personas fuera del ámbito clínico sencillamente interesadas en leer y conocer, en serio, la obra de este valiente, incansable y conmovedor erudito.<br />
Buenos Aires, allá vamos&#8230; No habrá mas penas ni olvidos.</p>
<p><strong>Silvia Tarragó. Fundación C. G. Jung de España.</strong></p>
</div>
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		<title>Las sicigias Anima/Animus, Hillman/Giegerich &#8211; II</title>
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		<pubDate>Sat, 17 Dec 2011 16:12:52 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Raúl Ortega</dc:creator>
				<category><![CDATA[Editoriales]]></category>
		<category><![CDATA[Noticias]]></category>
		<category><![CDATA[anima]]></category>
		<category><![CDATA[animus]]></category>
		<category><![CDATA[James Hillman]]></category>
		<category><![CDATA[Jung]]></category>
		<category><![CDATA[Psicología analítica]]></category>
		<category><![CDATA[Wolfgang Giegerich]]></category>

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		<description><![CDATA[La intuición de Jung era muy plástica, muy gráfica. Como en la mayoría de paragnostas, su modo más común de captación extrasensorial era la visión. Es una forma de mediumnidad directamente relacionada con el soñar. Luego emprendía, al igual que con los]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h4>Introducción</h4>
<h4>Idea primigenia, imagen primigenia. Filosofía e imaginación</h4>
<p>La intuición de Jung era muy plástica, muy gráfica. Como en la mayoría de paragnostas, su modo más común de captación extrasensorial era la <em>visión</em>. Es ésta una forma de mediumnidad directamente relacionada con el soñar. Luego emprendía, al igual que con los sueños, toda la tarea de destilación racional. Como resultado tenemos, por un lado, una materia prima, la vivencia interna, llena de símbolos estáticos y dinámicos e interacciones inteligentes con personajes, vamos a decir, <em>daimónicos</em>, y por otro un edificio teórico, formado por inferencias y amplificaciones lógicas. Una construcción atravesada de nuevo por la intuición, por una captación extrasensorial, pero esta vez de tipo abstracto, intelectual (el <em>insight</em>). Este proceso vertebra la creación del Libro Rojo y desde ahí engendra lo que llamamos Psicología analítica. Advirtamos de camino que, por más exótico que sea el punto de partida, el objeto de estudio, no hay aquí nada diferente del proceso científico típico: primero el <em>fenómeno</em>, que siempre tiene un alcance más o menos particular, local, y luego la abstracción, que, más o menos regalada de intuición, de inspiración, siempre conlleva una vocación matemática decididamente universal, a la caza del <em>noúmeno</em> (el proceso cognitivo humano, con agrado o a regañadientes, siempre acaba caminando hacia la metafísica). </p>
<p><span id="more-2078"></span>Con este primer ejemplo quiero subrayar que lo inconsciente interfiere en la conciencia, desde adentro (hablando sólo de la interacción puramente psicológica -dejando ahora de lado cosas como la sincronicidad y los fenómenos asociados-), a través de dos lenguajes: la fantasía, con sus símbolos y <em>dramatizaciones</em>, y el pensamiento abstracto, comúnmente encarnado en un código verbal. Ambos fenómenos suelen darse inextricablemente unidos, y así normalmente ocurre en el sueño, que suele tener actores, escenarios y un guión, como el teatro. El sueño comienza a recrear sus mundos con material procedente de la vigilia, como un espejo de ésta, y la conciencia diurna está llena de formas, diálogos y pensamientos. Por ello, hasta cierto punto, es superfluo y hasta estúpido detenerse a analizar ambos planos, como queriendo separar banda sonora e imágenes en una película. Sin embargo, desde la misma praxis nos puede llegar la necesidad de tomarnos más en serio su diferenciación. Un fenómeno conspicuo de intromisión sólo verbal de contenidos inconscientes lo tenemos remitiéndonos otra vez a la Parapsicología: lo que ésta reconoce como <em>escritura automática</em>, que es una <em>videncia sin ver</em>. En ella la intuición aprehende directamente conceptos, ideas, obviamente articulados según una sintaxis, un lenguaje. Por supuesto, como siempre ocurre dentro de todo discurso, los conceptos se refieren por aquí y por allá a escenas, cosas e imágenes, se dirigen hacia fenómenos concretos en un punto y en el siguiente tratan de abstraerse aún más, etc. Nada que no conozca hasta la saciedad la literatura. Como el mismo sueño empieza a enseñarnos, los distintos modos intuitivos suelen asociarse, y el parapsicólogo bien sabe con qué facilidad se aglutina dentro de un solo caso toda la parafernalia paranormal. Por ello, Jung también participa de este tipo de percepción extrasensorial, de intuición; un caso paradigmático es la elaboración de <em>Siete sermones a los muertos</em>.</p>
<p>Estas dos caras de lo inconsciente son rastreables en la casuística clínica, y se corresponden en las psicosis a las alucinaciones visuales, por un lado, y a las auditivas, por el otro. En el TOC, a las fantasías y a los pensamientos obsesivos. También es inspirador jugar con la idea de que es precisamente la tensión entre estas dos cualidades lo que diferencia a un Freud, con su hincapié en los sueños, de un Lacan, con el suyo en el lenguaje.</p>
<p>Los contenidos de lo inconsciente pueden ser triviales, locales, personales y concretos o profundos, universales, colectivos y altamente abstractos (lo que se corresponde con la distinción onirocrítica típica entre <em>sueño falso</em> o <em>pequeño</em> y <em>sueño verdadero</em> o <em>grande</em>). Las formaciones plásticas de la segunda categoría se corresponden con la imaginería mitológica, y la Psicología analítica las llama imágenes primigenias. Las formaciones racionales más elevadas se corresponden con las formulaciones filosóficas, místicas y esotéricas de todos los tiempos, y proponemos llamarlas <em>ideas primigenias</em>. Imágenes e ideas primigenias parecen estar en la antesala de la esencia última del arquetipo.  </p>
<p>Lo arquetípico conserva todos los atributos y excelencias, todo el <em>mana</em>, de la imagen primigenia, expresado en la paralela fenomenología de la idea primigenia. Es ésta un pensamiento último, irreductible, una formulación trascendente que funciona como un sol alrededor del cual se aglutina el resto de pensamientos y preocupaciones. En cuanto el Logos pretende superar al Mito, porque le resulta obsoleto, falso o incompleto, aparece en su máximo esplendor la idea primigenia, tratando de restaurar el sentido de todo, de reescribir la cosmogonía. Por eso podemos reconocerla con facilidad entre, por ejemplo, los presocráticos. Heráclito es paradigmático al respecto, con sus estremecedoras intuiciones: &#8220;<em>No a mí, sino habiendo escuchado al Logos, es sabio decir junto a él que todo es uno</em>&#8220;<em>. </em>Ese pensamiento, por sí solo, contiene mucho de lo que estoy tratando de decir en este capítulo. Por supuesto, damos por hecho que ha aparecido en su conciencia tal que así, no precedido de un símbolo del cual se deriva. Podemos hacerlo, porque hoy día sigue sucediendo de ese modo.</p>
<p>Los aforismos de Heráclito parecen escritos al alimón con Lao-Tse. Realmente es una <em>coincidencia</em> maravillosa. Al griego lo consideramos un ancestro del pensamiento científico y al chino el padre de uno de los más prestigiosos monumentos religiosos. Siglos después, un Hegel volverá a encontrar en su alma algunas pinceladas de este mismo tipo de pensamiento arquetípico, y, a partir de ello, apostará por descender hacia el mundo y lo concreto. A Jung le ocurre lo mismo, pero trata de reconstruir una escalera hacia el cielo. Es obvio que a cierta profundidad de la psique se vuelve ocioso distinguir ciencia de mito. Sólo el peso de una pluma va a desequilibrar la balanza en uno u otro sentido, en su descenso hasta la conciencia egoica.</p>
<p>Aunque, como estamos viendo, la epifanía racional sea algo tan genuino y propio del arquetipo, un fenómeno con demostradas autonomía e identidad, el junguiano tiene tan presente la imaginería mitológica que llega a usar indistintamente los conceptos de arquetipo e imagen primigenia, en menoscabo de la idea, lo que nos parece injusto. Por supuesto, nada de lo que hemos explicado hasta aquí le es ajeno, pero lo alumbra de manera tenue. Sin embargo, este olvido atiende a ciertas justificaciones. Una de ellas es obvia: el analista trabaja asiduamente con imaginería onírica; ésta es la materia prima más abundante de su laboratorio (por cierto, qué interesantes serían los estudios centrados en los sueños de ciegos). La idea en estado puro, diferenciada, es un ejemplar bastante más raro. Otra es la idiosincrasia individual de Jung, que, siendo un enorme filósofo, es al mismo tiempo un egregio <em>ensoñador (</em>como diría Castaneda). Ya esbozamos al principio que sus facultades mediúmnicas de tipo visionario eran poderosas. La atracción que sobre él ejercía la imaginación y, por ende, la producción plástica, era de tal grado que a duras penas pudo sobreponerse a ella y subordinarla al mundo racional. De aquí procede, por ejemplo, la <em>numinosidad</em> que para él tenían los abstrusos símbolos mudos de la alquimia. Todo esto, como no puede ser de otro modo, colorea toda su teoría y su práctica. Hablando de esto último, es posible predecir que un junguiano con más predisposición hacia la idea pondría menos énfasis en ciertas técnicas, como, por ejemplo, la imaginación activa, y más en otras relacionadas con la reflexión, el debate y la dialéctica (¿<em>pensamiento activo</em>?<em>)</em>.</p>
<p>Pero no es sólo Jung, sino todos, quienes sentimos instintivamente ante la inmediatez y viveza de la imagen un impacto que no produce la teofanía en forma de idea. El encuentro de la conciencia con la imagen es revulsivo, como el encuentro con Eros. Las flechas del Logos penetran y hacen su efecto de otro modo, más sutil.</p>
<h4>Significante y significado</h4>
<p>El sueño tiene la necesidad de hacer creer al yo que está envuelto en una vivencia real, genuina, irreductible, en el mismo sentido en que lo es la vivencia del mundo externo. Esto lo logra fácilmente a través de la <em>sensorialidad</em> inherente a las imágenes. El impacto es tan profundo que la conciencia primitiva suele considerar que, en los sueños, el alma abandona el cuerpo y entra en otro mundo, tan real como éste, sito en otra dimensión.</p>
<p>Paralelamente, el arte de interpretar sueños existe desde las culturas más antiguas, y esta visión de lo onírico, sin embargo, traslada su realidad desde lo literal a lo simbólico. Es decir: lo convierte en un mero lenguaje. </p>
<p>Sospecho que desde el principio de los tiempos hasta hoy mismo a la conciencia, incluso la individual, no le cuesta mucho oscilar entre ambos modos de sentir y presentir el contenido inconsciente. El intérprete antiguo no tenía problemas en considerar ciertas manifestaciones oníricas como reales (la epifanía de tal dios o tal otro), y apuesto que hasta el más pragmático psicoanalista actual se ha encontrado alguna vez o bien con un sueño que le resulta sospechosamente literal, que enojosamente se resiste a encajar en su teoría puramente lingüística, o bien con unos significantes cuya interpretación se resiste a descender desde chocantes concepciones metafísicas. Entre los intérpretes junguianos esto es común, porque no puedes pertenecer a este colectivo si tu experiencia con los sueños es muy distinta a la de su fundador, y Jung es un avezado lingüista, que habla constantemente de símbolos y de su hermenéutica, pero que de repente deja escrito en su diario personal aquello tan turbador de &#8220;<em>nosotros somos reales y no símbolos</em>&#8220;. El junguiano debe estar familiarizado con lo parapsicológico, aquello que atestigua el fenómeno que parece darse en la intersección entre lo psíquico y lo real, reclamando solidez y consistencia para el mundo interior.</p>
<p>Caminar sobre la lomera que hace justicia a ambos modos de entender lo inconsciente, y en la correcta proporción, es muy complicado. Se suele resbalar con facilidad hacia uno u otro alero. La vertiente literalista va olvidándose progresivamente de que aquello que es símbolo no es más que significante, y, por lo tanto, precisa urgentemente de interpretación, a la búsqueda del significado. Avanza desde el arte hacia la idolatría, la adoración de iconos, que es lo que más irrita a un cientifista moderno e incomoda a protestantes y gnósticos. Es el mundo supersticioso del amuleto, del talismán, que, como el amor, se regodea en el mecanismo narcisista de la proyección. Está lleno de antropomorfizaciones, de hombres alados y de viejos barbudos. Atascada en las referencias subjetivas y locales acaba convocando los reinos de taifas de las &#8220;once mil vírgenes y santos&#8221;, y es el fundamento de todo politeísmo en general. El junguiano Hillman, que resbala en esta dirección, tomando el politeísmo como referente religioso se olvida de algo crucial: que con ello sirve a la maldición de la Torre de Babel. Sólo liberando al arquetipo de sus formulaciones parciales, locales, personales y concretistas a través de la interpretación, de la gnosis, podrían todos los dioses y todas las religiones entenderse realmente entre ellos. Bien sabe el taoísta que las cosas, según sus oposiciones y diferencias, tienden a convertir una convivencia separada, por más respetuosa que se obligue a ser, en una batalla campal. Lo único que convoca verdadera relación es lo común, en pos de la unidad.</p>
<p>Creo que sólo con lo expuesto se ve claro que la dirección literalista está presidida por el anima. Es una dirección femenina: hacia lo viviente, lo encarnado, lo concreto e individual. Hacia la forma particular. Es la rectora de la proyección animista, capaz de insuflarle vida a las frías estatuas de mármol. Como una niña pequeña, no tiene problemas en ver alma en los peluches y los dibujos. Como diosa del amor trata de comprimir el encuentro entre gigantescos arquetipos sobrehumanos en mitad de relaciones personales, con nombres propios. Es el espacio íntimo, silencioso, introvertido y reservado por el cual el arquetipo penetra en la conciencia como imaginación y deseo, disfrazándose según la idiosincrasia del ego. En sus formas superiores se corresponde con la videncia y en sus formas inferiores con la fe ciega.</p>
<p>Deslizarse por la otra vertiente es ir cayendo cada vez más hacia el seco pozo del reduccionismo. Al primer paso nos tropezamos con el <em>psicologismo</em>, donde el arquetipo ya no es otra cosa que estructura de la mente humana. Lo mítico como forma en que la psique imagina sus propias categorías kantianas, como representación de sus estructuras universales, de su mecanismo interno común. El arquetipo es entonces como una fórmula abstracta, construida con lenguaje poético en vez de números, que describe los fundamentos de la mente, la <em>res cogitans</em>, así como la <em>res cogitans</em> define al universo, la <em>res extensa</em>, a través de fórmulas matemáticas. El plano psicoide,  junto con toda la parafernalia parapsicológica (todo lo que delata las autonomía y sustancia propias del arquetipo, lo <em>daimónico</em>, con su vida inteligente y actuante más allá de la mente), o bien es prudentemente obviado en términos racionalistas (porque es un fenómeno elitista, raro y escaso, en contra del afán por lo universal y repetible, lo público, general y popular), o bien en sensatos términos empiristas (no debe haber ningún sexto sentido, pues con los cinco &#8220;sentidos comunes&#8221;, que son comunes a todos, ya debe ser suficiente), o bien, aún más abajo en esta pendiente gnoseológica, es rechazado con explícita saña por el <em>escepticismo</em>, que es la esperanza ciega de que todos los misterios del cosmos quepan en la mirilla de un telescopio y en una probeta, al alcance de todos y de cualquiera. Si, a pesar de los pesares, hubiere de aceptarse la realidad paranormal, la fe se deposita en que todo eso sea explicable algún día a través de caprichosas cualidades aún por descubrir de las partículas y los tejidos cerebrales.</p>
<p>Cuando los sueños dejan de ser ventanas hacia lo metafísico, y se quedan encerrados en lo puramente psíquico, la psique, el alma, ya no tiene más objeto del que ocuparse que el mundo físico, el fisiológico y ella misma. Si los símbolos parecen referirse a otros mundos es por su consustancial primitivismo y su descuidada y vanidosa subjetividad; nada que no corrija una consecuentemente reductiva interpretación. Pero aún el alma puede conservar entidad, cierta realidad propia, como vaho sutil que anima lo inerte. El siguiente paso es identificar al alma con la sustancia del pensamiento y convertirla en mente, en una cosa que cabe en un punto, en una realidad inextensa. Es decir, virtual, en contraposición con lo verdaderamente real: la <em>res extensa</em>. Entonces ocurre rápidamente, justo después, que el alma se transforma en una propiedad más de la materia, de lo extenso. En este camino extravertido hacia lo público, lo común, lo social y lo científico, los sueños se van olvidando cada vez más. Al final de este proceso, toda la verdad, incluso la psicológica, se busca ahí afuera. A la luz pública y ante los ojos de todos. La ciencia, en su afán de objetividad, acaba rechazando todo conocimiento que no pueda ser consensuado, tratando de eludir así, ingenuamente, el factor sujeto en sus ecuaciones (ya observe sólo una conciencia, ya observen muchas, el sujeto siempre formará parte de la ecuación). Esto espanta de su &#8220;horizonte de sucesos&#8221; todos los hechos del hombre interior, inherentemente intransferibles, indemostrables; eventualmente irrepetibles. Las psicologías con sueños e inconsciente no pueden aspirar a más estatus que el de pseudociencias (al ocuparse de una pseudorrealidad). Lo subjetivo se venga haciendo que el conocimiento científico siga dependiendo de esa figura individual y solitaria que es el genio. Todos miramos hacia el mismo universo, con los mismos ojos, pero sólo unas pocas almas algo ven. Invocada o no, la intuición, la musa, la madre de todos los sueños, sigue siendo la piedra angular de todos los tipos de conocimiento.</p>
<p>Pensamiento es abstracción, y abstracción es generalidad. Es la adoración a las leyes universales que atesora y persigue la ciencia, en alianza con la producción mercantil (lo que describe por sí solo nuestro paradigma), lo que está globalizando, homogeneizando, el planeta. El sueño de todo pensamiento es convertirse en único, y la ciencia está consiguiendo cumplirlo a pasos agigantados. Galileo debería haber soñado también aquello de <em>in hoc signo vinces</em>. Pero todo este &#8220;éxito&#8221; ¿a qué precio? El mundo interior informa hoy, a voces, con sus horribles síntomas, que la realidad no cabe en la cajita espaciotemporal que le estamos construyendo. Descartes aún se negaba a considerar que todo el ser universal cabía en la res extensa. Nosotros no.</p>
<p>Giegerich se pasea por estos parajes de un modo peculiar. En su indesconocible calidad de filósofo racionalista (así como era su admirado Hegel) no tiene problemas en aceptar que la realidad se fundamenta en patrones y leyes abstractas, y que la conciencia, gracias a las intuiciones intelectuales y el esfuerzo lógico, es capaz de captarlos. Esta definición, hasta aquí, no excluye ni a la Física con sus matemáticas ni a la Psicología analítica con sus arquetipos, y Giegerich se va a situar justo entre ambas: considera que, en efecto, el arquetipo informa de la estructura de la psique, pero no de ningún plano ontológico más allá de ella y de lo físico. Es decir: abjura de lo inconsciente colectivo. Exactamente como hizo Aristóteles con su maestro Platón, Giegerich rechaza duplicar el ser del mundo, tal como sí postula Jung. Al creer en el arquetipo como psique universal y objetiva, y tener presente sólo lo inmanente, la conclusión lógica es inapelable: inconsciente colectivo, conciencia colectiva y mundo forman una mezcla inextricable compuesta por la misma sustancia. La psique objetiva, el arquetipo, no es más que la lógica interna del mundo y la mente, el fundamento de la cultura y las sociedades. Esto, obviamente, es el más paradigmático panteísmo: los dioses son el mundo, el mundo son los dioses. De hecho, el panteísmo es la religiosidad con la que coquetea a menudo la intuición racionalista, un peldaño por debajo antes de regresar a la escolástica y reformular cosas como el <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Argumento_ontol%C3%B3gico" rel="nofollow" target="_blank">argumento ontológico</a>. Esta forma religiosa cree que los sistemas se sustentan en un orden implicado, que se puede llegar a sentir como sagrado, pero no en que el sistema sea algo más que la suma de sus elementos. No hay fantasmas en la máquina.</p>
<p>El panteísmo es el particular y disparatado modo de concebir Giegerich conceptos como psicoide y Unus Mundus. Es tan obstinado en él que confunde constantemente liturgia y rito con arquetipo, lo externo con lo interno. Así como en Hillman símbolo y arquetipo, significante y significado, alma y espíritu, se confunden, en el alemán se indiferencian los hechos y los actos con los arquetipos. Por eso se impacienta con el mundo interior, del que sospecha, como un científico, que sólo puede conducir a la vía muerta de lo caprichosamente subjetivo. Cuando en un sueño aparece una imagen primigenia, empapada en su paradigmático arcaísmo, no puede colegir otra cosa que el tratarse del improcedente recuerdo de una cultura, de un modo de vivir y pensar, hace mucho inoperante, muerto. Por ello trata de desecharla, empujando siempre a la conciencia hacia algo moderno y mundano.  </p>
<p>Todo esto se corresponde nítidamente con el carácter del animus. La pasión por la lógica, por el pensamiento discursivo y su muleta favorita, el lenguaje, es de su absoluta incumbencia. Es regente de la abstracción, de lo genérico, lo impersonal, lo objetivo y lo colectivo. Necesita conocer (ciencia), y hacer que los conocimientos creen cosas (tecnología, artesanía). Es un inventor progresista e incansable. Puede ser frío como un cuchillo, capaz de matar y despedazar cualquier cosa para descubrir cómo funciona. Es la interpretación, el análisis y la iconoclastia. Es el interés por los sistemas, las estructuras, las jerarquías y lo público, y, como tal, un político, un organizador de sociedades y empresas. Un soldado que se integra en su división como una abeja en su colmena, capaz de dar la vida por la idea de patria. Es la puerta a través de la cual el arquetipo presenta sus facetas colectivas, y llena la conciencia de inquietud intelectual hacia todos los mundos. En su forma superior se corresponde con el sabio, el iluminado, y en estratos inferiores con el cientificismo.</p>
<h4>El recto camino</h4>
<p>Mantenerse firme allí en lo alto, a los lomos de ambos caballos, es lo único interesante. El sendero no es rígido y recto, zigzaguea, y es imposible que no sea así. Cuando Jung habla indistintamente de arquetipo e imagen primigenia, o llama arquetipo a cualquier formación simbólica, sin preocuparse de más, se inclina en una dirección. Cuando en su libro <em>Un mito moderno. De cosas que se ven en el cielo </em>se desentiende rápido de todas las pruebas a favor de la solidez psicoide del fenómeno OVNI, y habla demasiado de <em>no más que</em> proyecciones y representaciones, hace <em>psicologismo</em>, inclinándose en la otra. O cuando permite que se extienda por doquier el concepto de arquetipo como mera herencia: &#8220;<em>Son en cierto sentido los sedimentos de todas las experiencias de la serie de antepasados</em>&#8221; (como si algo como la premonición o la sincronicidad pudieran surgir de algún sedimento caído desde la conciencia). Sin embargo, una afirmación como &#8221;<em>Todo lo que decimos de los arquetipos son ilustraciones o concretizaciones que pertenecen a la conciencia. Pero sólo en esta forma podemos hablar de arquetipos. Hay que tener siempre conciencia de que lo que entendemos por arquetipo es irrepresentable</em>&#8220; resulta bastante centrada. Aquí tenemos algo implícito muy importante: cuando desvestimos al arquetipo de todo disfraz contingente, y desenmascaramos a la imagen primigenia, lo que sigue quedando es una idea primigenia, que sigue conservando toda la numinosidad del arquetipo. Este fue el camino que emprendió el Logos en Grecia cuando los griegos empezaron a desproyectar el cielo de sus clásicos dioses. Comenzaron a desnudarlos, y antes de que el proceso llegara demasiado lejos, rodando por el alero opuesto, lo que surgieron fueron místicas altamente depuradas. Un proceso similar ocurrió en la religión hindú, lo que dio lugar a los Upanishads como reinterpretación de los Vedas. Trato de subrayar con esto que la razón no es en absoluto una enemiga de la religión. Como pasa con las armas, depende para qué se use.</p>
<h4>Un poco de ontología</h4>
<p>A lo largo de este capítulo hemos tratado de diferenciar, con puntillosidad de animus, pensamiento e imaginación, para darnos cabal cuenta de lo que ya avisé al principio: que la mayor parte del tiempo es superfluo y hasta estúpido tratar de hacerlo, porque, al menos en ese tiempo, ambas cosas son lo mismo. La conciencia puede pensar apoyándose en imágenes o en palabras, y la intuición trae información desde lo inconsciente igualmente de un modo u otro. Puede que prefiramos los jeroglíficos a las palabras, o el texto a los dibujos; que nuestra feminidad se incline por el arte en lugar de la filosofía, o que nuestra masculinidad prefiera la ciencia a la religión, pero para el hermeneuta, para el gnóstico que busca siempre el significado detrás de los significantes, el noúmeno detrás de los fenómenos, de las apariencias, todo es lo mismo: conocimiento e información. Sobre la psique, siempre. Del mundo más acá y de aquel de más allá, a veces.</p>
<p>La famosa autista <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Temple_Grandin" rel="nofollow" target="_blank">Temple Grandin</a>, reconocida ingeniera, nos cuenta así lo indistinta que puede llegar a ser la imaginación del pensamiento:</p>
<p><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif;">&#8220;Cada uno de mis pensamientos está representado por una imagen. Cuando pienso en un perro veo una serie de imágenes de perros concretos, como el de mi vecino. No existe en mi mente un concepto verbal generalizado para esa palabra. Me formo el concepto mirando rasgos comunes a todos los perros y no a los gatos. Por ejemplo, todas las razas diferentes de perros tienen el mismo tipo de nariz. Mi proceso de pensamiento va desde las imágenes concretas al concepto genera, mientras que la mayoría de la gente piensa de lo general a lo específico. Yo no tengo en mi cabeza conceptos vagos, abstractos o basados en el lenguaje, sólo imágenes específicas</span></p>
<p><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif;">Cuando hago mis diseños, puedo ver imágenes de video en movimiento, en tres dimensiones, del equipo para ganados. Puedo visualizarlo en el ordenador de realidad virtual que está en mi imaginación.</span></p>
<p><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif;">Los pensadores visuales que son expertos programadores informáticos me han contado que pueden ver el programa en su totalidad y entonces escribir el código de cada apartado. Es casi como si tuviera dos consciencias. Las imágenes son mis pensamientos reales y el languaje actúa como un narrador. Yo narro a partir de los videos y diapositivas que veo en mi mente. Por ejemplo, mi narrador (lenguaje) podría decir: “Yo puedo diseñar eso”. Entonces veo un video del equipo que estoy diseñando en mi imaginación. Cuando la respuesta correcta surge en mi cabeza, es un video de una pieza acabada del equipo. En este momento, mi narrador dice: “Entendí cómo hacerlo”. En mi mente no hay subconsciente. Las imágenes están pasando constantemente a través de la pantalla del ordenador de mi imaginación. Puedo ver procesos de pensamiento que otros han tapado con lenguaje. No necesito lenguaje ni para ser consciente ni para pensar.&#8221;</span></p>
<p> El psiquiatra  <a href="http://en.wikipedia.org/wiki/Simon_Baron-Cohen" rel="nofollow" target="_blank">Simon Baron-Cohen</a> define el autismo como una <em>supermasculinización</em> de la psique, lo cual me parece muy atinado. En Grandin tenemos, por ende, a una mujer <em>supermasculinizada</em>, que hace ciencia y tecnología pensando en imágenes, como los artistas. Un <em>totum revolutum</em> que nos disuade de sobreanalizar, de sobrediferenciar, demasiado, ciertas cosas. Sí que tenemos que tener siempre presente que el pensamiento imaginal remonta el vuelo con dificultad más allá de lo inmediato, y que el pensamiento verbal avanza con más facilidad más lejos. Sin embargo, esto es una cuestión de grado, porque la imagen primigenia está tan alta en la escala cognitiva que su información supera en mucho todo esa razón de andar por casa que suele atesorar la conciencia, así como las imágenes alquímicas aluden a cosas que trascienden todos los discursos químicos. Mas, insisto: imagen e idea primigenias ambas son filosofía, construida sobre diferentes lenguajes. Ojo: la mayor parte del tiempo. </p>
<p>Por hacer un poco de filogénesis, diré que por mucho que retrocedamos en el tiempo y en la evolución siempre encontramos en la psique imaginación y pensamiento. Hasta donde sabemos, todos los animales superiores sueñan, y en unos términos muy similares a los nuestros. Por otro lado, si una abeja no abstrajera ¿cómo podría saltar indistintamente de una flor a otra al alimentarse?</p>
<p>Y ahora que nos hemos deslizado de nuevo hacia el animus y hemos convertido lo inconsciente en lenguaje, reculemos hacia el justo medio, antes de que nos convirtamos en lacanianos. Lo primero es subrayar que insistiendo en la necesidad de interpretar los símbolos, incluso los más elevados y sagrados, lo que trato es de mover la conciencia más allá del alma, hacia el espíritu, hacia el grandioso arquetipo del Significado, indistinguible del Self. Nada que ver con ningún modo de reduccionismo. Lo segundo es obvio: ¿y qué pasa esa &#8220;menor parte del tiempo&#8221;, cuando la imagen parece bastante más pesada que la información, por profunda y densa que sea ésta? Estamos hablando de lo daimónico (duendes, espectros, extraterrestres&#8230;) y de las visiones extáticas (y demás material relacionado con estados alterados de conciencia). Pues, de momento, nada nuevo: hay que seguir interpretando. La comprensión de este tipo de fenómenos, si da en el clavo, regala a la conciencia un torrente dorado de sabiduría y energía. La asimilación de algo así es lo que convierte a una conciencia vulgar con una experiencia extraordinaria (lo que no es del todo raro) en una conciencia extraordinaria (que sí lo es). Hasta donde creo entender, Ramana Maharshi alcanzó la iluminación a través de &#8220;sólo&#8221; un ataque de pánico. Pero, en estos casos, por más que el Logos desenmascare a las formas, el poso de consistencia queda. Fueron estos fenómenos, y todos los concomitantes (sincronicidad, precognición, etc.), los que obligaron a Jung a postular el aspecto psicoide del arquetipo: que es de una sustancia tal que no habita en el mismo espaciotiempo en que vive inmersa la conciencia, pero que interacciona igualmente con ésta y aquel. Una entidad metafísica que es fuente de vida física y de conciencia. En lenguaje mitológico: un daimon solar.</p>
<p>Arquetipo como psicoide e inconsciente colectivo como metafísico nos disuaden de tratar lo espiritual, lo religioso, como mera ideología, como protociencia que en lenguaje tan poético como torpe trata de explicar el mundo natural (aunque a menudo incurra en eso). No se trata de una forma inspirada de filosofía racionalista; es un paso más allá, que hay que dar en dirección hacia el mundo interior, el único lugar desde el que asomarnos directamente, aún a duras penas, a ese otro lugar. El junguiano llegó a decir, con Schopenhauer, que la conciencia toca por dentro un mundo tan real como el de afuera, ambos tan cargados de apariencia y mentiras como de verdad. Ya sabemos que Giegerich, con su panteísmo, vuelve a dar un paso atrás.</p>
<p>Ahora bien, podríamos conformarnos con la idea de que la realidad última del arquetipo es la de <em>sustancia preformadora</em>, una materia exótica, una energía rara, que modela la psique y el mundo según su lógica interna y su inteligencia. Un <em>alma del mundo</em>, propiamente hablando, tal como la concebían los estoicos. Esta es la naturaleza implícita en el concepto de <em>campo morfogenético</em>. Mitológicamente estaríamos hablando de un dios de lo vivo, un espíritu de la vegetación, una diosa de la fertilidad. Es el Eros de Freud, y el anima de Jung. Por este camino alcanzamos una especie de panteísmo teísta, que, en cierta manera, le devuelve alguna <em>razón práctica</em> a Giegerich: ¿para qué obsesionarse en demasía con lo interno, si lo interno mismo mira hacia el mundo? En este punto, él, Hillman y Jung (por un momento), llegan a estar de acuerdo. El alemán por prosaico, el americano por fiel servidor de la vitalista anima y el suizo cuando dice (parafraseo): &#8220;los dioses a sus cosas y los mortales a las nuestras&#8221;. Todo esto es verdad, pero sólo hasta cierto punto. ¿Qué significa lo divino cuando la lógica interna del arquetipo apunta hacia la mística, el áscesis, lo paradigmáticamente espiritual? ¿Qué hacemos con los dioses de los muertos? ¿Qué con el Tanatos? La libido ascética nos obliga a mirar las cosas de otro modo. La idea de arquetipo como campo morfogenético no nos es suficiente. Si así fuera, la propia lógica interna del arquetipo se disolvería en el absurdo, pues al atraer desde lo más profundo del inconsciente toda la libido para sí, y no para las cosas, estaría convocando un viaje de la conciencia hacia una especie de tautología, no distinto de un viaje a la nada (&#8220;me libero del mundo para comprender que es sólo eso lo único importante&#8221;).</p>
<p>El arquetipo ascético puede reconocerse universalmente con mucha facilidad y es el distintivo más común con el que comprendemos la esencia de la espiritualidad (&#8220;mi reino no es de este mundo&#8221;). En realidad, basta con atender sólo a esta realidad flagrante, y usar la pura lógica, sin necesidad de apoyarnos en ninguna experiencia paranormal, para inferir que el arquetipo tiene que ser distinto a y tan consistente como la <em>physis</em>, y que está ahí construyendo otros mundos además de éste, donde también está llamada a habitar la conciencia.</p>
<h4>Forma y significado </h4>
<p>Allá arriba, por encima del tejado donde tratamos de sostenernos, la tensión entre materia y espíritu sigue existiendo, por más que tratemos de acercarlos. La eterna pugna entre Logos y Eros, alma y significado, animus y anima, idea e imagen primigenias. Un escolástico debate sin fin sobre si la sustancia última del Cosmos (¿o decimos del Self?) son las cosas que lo forman o el orden y el sentido en el que se relacionan. Un intríngulis implícito en el debate entre empiristas y racionalistas, que el pobre Kant trató de solventar con un esfuerzo sobrehumano que aún así, como es <em>lógico</em>, no fue suficiente. Pitagóricos, platónicos, estoicos, neoplatónicos, gnósticos y Jung oscilan más o menos ecuánimemente entre uno y otro, entre Anima Mundi y Pneuma. El Kybalion, con su idea primigenia &#8220;todo es mental&#8221;, es más pneumático, lo mismo que la mística oriental cuando habla de <em>Maya</em>, que extiende la ilusoriedad de la forma desde el mundo físico al espiritual. Descartes es paradigmático en esta dirección con su &#8220;pienso luego existo&#8221;, colocando el pensar en el origen de la creación, sospechando tanto de las formas sensoriales como de las oníricas. De todos modos, ya hemos hablado de la tendencia racionalista en general.</p>
<p>Alrededor de este &#8220;huevo o gallina&#8221; gira todo este capítulo, y lo hará aún una vez más. Hasta aquí hemos abordado el problema apoyándonos en los fenómenos internos, en la realidad del alma. Ahora lo haremos a partir del pensar racional: las matemáticas. Será un ejercicio de <em>pensamiento activo</em>. Necesito para ello un excurso.</p>
<p>Las matemáticas, como representación de un proceso cognitivo, acaban reflejando tanto al objeto del conocimiento, la<em> res extensa</em>, como al sujeto del conocimiento, la <em>res cogitans</em>. Dicho sea de paso, un espejo de ambas cosas, mundo y conciencia, lastrado de severas imperfecciones y limitaciones. Como autorretrato de las categorías lógicas de la conciencia evidencian tal grado de abstracción, introversión y áscesis que no nos debe extrañar que en otro tiempo, en Occidente, se significaran como un genuino camino hacia el espíritu, paralelo a la meditación o el yoga orientales. Aún a día de hoy, a poco que se descuide, el matemático sigue siendo empujado por ellas en esa misma dirección, pues en todo lo que se van vaciando del mundo, aunque no sea jamás del todo, se van llenando de arquetipo. Por ello podemos decir, sin necesidad de abusar del pitagorismo, la numerología o la cábala, que la matemática, detrás de sus aparentemente fríos y vacíos teoremas, conjuntos y ecuaciones, no sólo nos informa del espacio y de la mente, también lo hace de lo inconsciente colectivo. Quizás no sea demasiado ridículo decir que la matemática, tal y como se estudia hoy en la escuela, expresa ya en sí una mitología. Siguiendo este hilo, insto a meditar en las interesantes relaciones entre la aritmética y la geometría, con el propósito de que nos proporcionen poderosas intuiciones sobre la constitución interna de los arquetipos.</p>
<p>La aritmética representa la lógica en sí, el pensar que puede extenderse hasta el infinito pero que aún no se mueve de ningún sitio. Infinitos números huecos, amontonados unos contra otros dentro de un punto, como letras que no forman ninguna palabra. Un punto inextenso y, por ende, amorfo. Es en alto grado un lenguaje que sólo informa de sí mismo. De hecho, la filosofia &#8220;como aritmética&#8221; cae constantemente en la tarea de pensar sobre el pensar, de repensar el lenguaje, y, por eso, a poco que se descuide, se vuelve tautológica: no informa de nada más que de aquello que fue introducido de antemano. Para florecer, expandirse y ser de verdad útil, los números necesitan de una estructura. De la geometría, con sus sensuales formas. A través de ella la matemática se empieza a llenar de datos, se encarna, toma cuerpo, pasa a habitar un espacio, una extensión, una realidad. Adquiere existencia. Con la geometría, el saber matemático sí ocupar lugar. Al unir el pensamiento a la <em>res extensa</em>, al dotar a los pensamientos de forma, al materializarlos, la unión entre el Logos y el mundo es posible, y pueden nacer las ciencias naturales.</p>
<p>Con estos razonamientos tan kantianos la intuición nos cuenta que hemos proyectado en la aritmética el símbolo de lo que es pero no existe, la sabiduría en sí, un dios retirado de la creación. La geometría es la metáfora de lo que comienza a existir, el primer paso de un pensamiento creador. La matemática, como símbolo del arquetipo, lógica y geometría unidas, lo refleja como una existencia que, aún abstracta, es eso: existencia. Desencarnada, pero no vacía. Sin peso, pero con forma y sustancia, con alma. La idea primigenia es, pues, la mente del arquetipo, su sentido, su conciencia; el arquetipo como matriz irrepresentable, pero pensable. El significado. La imagen primigenia simboliza su <em>corporalidad</em>, el atributo de su realidad efectiva y diferenciada. Su <em>protomateria</em>, eso que sustenta su carácter psicoide. A través de ambas cualidades el arquetipo se demuestra daimon, fantasma: como algo real, <em>sólido</em>, gracias a lo cual interviene inteligentemente en el mundo. Como espectro burlón mueve cosas que deberían estar quietas, o abduce almas disfrazado de ser de otro planeta. Como campo morfogenético es la mente de Dios que diseña las estructuras cósmicas, desde lo inerte a lo viviente, en todos los universos posibles. </p>
<p>La idea primigenia aspira hacia el Uno. La imagen primigenia también, pero adora demorarse en todo lo demás. Ambos principios son irreductibles mutuamente, y sólo se diluyen en el Uno, en el Tao.</p>
<p>Si me reconociera más en la tradición esotérica hindú que en la griega, en lugar de estar hablando de aritmética y geometría lo estaría haciendo de Shiva y Shakti, pues me estoy refiriendo exactamente a la misma cosa. Si hubiese querido posar más <em>fashion </em>habría quizás abusado del binomio onda-partícula. Como mi gran preferencia es lo junguiano, prefiero seguir hablando de animus y anima.</p>
<p>Después de haber dado todo este giro urobórico podemos volver a la cuestión del <em>recto camino. </em>Subrayemos que una psicología junguiana se pierde de sí misma antes que después si se parcializa en una u otra dirección. De hecho, toda unificación de animus y anima tiene un sentido ascendente, escatológico, en dirección al Self, y todo movimiento que se diferencie hacia uno u otro es descendente. Es decir, una <em>caída</em>. El arquetipo de la caída es un mitema poderoso, con una estructura muy reconocible. En el hinduísmo es el tránsito en cuatro fases desde los luminosos orígenes, el Satya Yuga, hasta el tenebroso Kali Yuga. Dentro de la breve historia de la Psicología analítica parece haberse convocado, en miniatura, este mismo proceso: desde la doctrina del Self proclamada por Jung, hasta la doctrina del Dios Dinero proclamada por Giegerich.</p>
<p>Continuará&#8230;</p>
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		<title>Las sicigias Anima/Animus, Hillman/Giegerich &#8211; I</title>
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		<pubDate>Mon, 05 Dec 2011 17:04:21 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Raúl Ortega</dc:creator>
				<category><![CDATA[Editoriales]]></category>
		<category><![CDATA[Noticias]]></category>
		<category><![CDATA[anima]]></category>
		<category><![CDATA[animus]]></category>
		<category><![CDATA[Enrique Eskenazi]]></category>
		<category><![CDATA[James Hillman]]></category>
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		<category><![CDATA[Psicología analítica]]></category>
		<category><![CDATA[Wolfgang Giegerich]]></category>

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		<description><![CDATA[Empezaremos diciendo, con Yandell, que un junguiano es alguien que a la vez que persigue su propio sendero, encuentra útil la obra de Jung en relación a sí mismo. Ese propio sendero no se refiere a una vocación meramente profesional ni a un desarrollo solamente]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>De regreso después de un largo, largo intervalo&#8230; Espero puedan dispensarme. He estado muy ocupado en la práctica junguiana, es decir, viviendo anécdotas y experiencias vitales que han reclamado toda mi energía y atención. La materia prima es la vida y frente a ella la teoría, las lecturas y las escrituras, deben esperar. Más en mi caso, que no soy capaz de caminar y mascar chicle al mismo tiempo.</p>
<p>Han pasado muchas cosas en este tiempo de interés general. Entre ellas, que han fallecido tres junguianos ilustres, todos en octubre y por este orden: <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Mario_Jacoby" target="_blank">Mario Jacoby</a>, <a href="http://homepage.mac.com/eeskenazi/Menu11.html" target="_blank">Enrique Eskenazi</a> y <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/James_Hillman" target="_blank">James Hillman</a>. El malfario de los pájaros negros del 2011 se ha cebado también con esta vocación. Descansen en paz los tres, de regreso al Océano arquetípico. Un recuerdo especialmente cariñoso a Don Enrique, con quien este blog tendrá ya para siempre un deuda contraída, al albergar, a él gracias, algunos de los más enconados, interesantes y prolíficos debates que hemos tenido aquí hasta ahora. A James Hillman no me une ninguna relación directa, pero siempre lo sentí bastante cercano después de pasar en México una temporada aprendiendo y trabajando con uno de sus discípulos más directos.</p>
<p>Antes de abandonar este barco a su suerte había comenzado un artículo que, precisamente, alude directamente a los dos. Es un artículo sobre las psicologías de Giegerich y de Hillman, que abunda en la tenaz polémica abierta con Don Enrique y trata de ir más allá. Ahora que estoy de nuevo por aquí me he planteado si continuarlo o no, a tenor de lo ocurrido. Finalmente he decidido que sí. Publico hoy la introducción.</p>
<p>Un abrazo a todos. Gracias por seguir ahí.</p>
<hr />
<h2 style="text-align: center;"> Las sicigias Anima/Animus, Hillman/Giegerich</h2>
<h4>Prólogo</h4>
<p>Empezaremos diciendo, con <a href="http://psychiatrists.psychologytoday.com/rms/name/James_Yandell_MD,PhD_Berkeley_California_72465" rel="nofollow" target="_blank">Yandell</a>, que un junguiano es alguien que a la vez que persigue su propio sendero, encuentra útil la obra de Jung en relación a sí mismo. Ese propio sendero no se refiere a una vocación meramente profesional ni a un desarrollo solamente intelectual. La Psicología junguiana no es una rama académica, no es una &#8220;carrera&#8221;, no es una disciplina técnica ni un marco teórico. Puede ser todo eso, claro que sí, pero siempre se trata de mucho más. La Psicología junguiana se autodefine a sí misma con su caro término <em>individuación</em>. Individuación es todo, porque es el vivir en sí: es ciencia y es arte, es pensamiento y es amor. Es lo objetivo y lo subjetivo. Es pensar y es actuar. Es política, es filosofía, es comer y respirar. Es matemáticas y es biología. Es la profesión, y es el ocio. Libros y fiestas. Errores y aciertos. Nacer y morir.</p>
<p><span id="more-1857"></span>Habiendo dejado claro qué significa &#8221;sendero&#8221;, redefinamos ahora a un junguiano como alguien que en su propio desarrollo vital, entendido en todos y cualquiera de sus aspectos, encuentra en las formulaciones junguianas sólidos referentes.</p>
<p>La literatura junguiana es el diario de un explorador. Es la descripción de paisajes por momentos demasiado exóticos a la razón, difícilmente inferibles, deducibles, desde una experiencia vital alejada de ellos. Incomprensibles, para un observador o estudioso que transite un camino diferente al que holló Jung. Por lo tanto, remarquemos que a un junguiano no le basta para serlo con leer los mapas que legó el suizo. Ni aún lo haya hecho con lupa, y una y otra vez. Tiene que ser, él a su vez, un viajero por ese mismo mundo. Si no es así, creerá saber de qué está hablando, cuando en realidad no tiene la menor idea. En lo mejor, sólo algo que resuena parecido como un lejano rumor. Se sentirá cercano y hasta cómplice de Jung, cuando en verdad vive atrapado en el espejismo de su proyección.</p>
<p>En cierta manera, esta problemática ya la contempló el psicoanálisis freudiano, al obligar a sus practicantes a atravesar un largo análisis ellos mismos antes de ocuparse de su clientela, tratando así de vivificar con la experiencia la inorgánica teoría. Pero lo freudiano se ocupa de cosas normales, de lugares comunes, de asuntos accesibles a todos (aunque para unos sean problemáticos y para otros no), y lo junguiano se abre, lo cual es su vocación desde el origen, hacia todo lo psíquico que está más allá. Es una psicología plenamente ocupada de lo <em>paranormal</em>. Un viento especialmente caprichoso que sopla cuando y donde quiere, imposible de convocar, de atrapar, dentro de una consulta. Aunque alarguemos el tratamiento por lustros. Y no sólo por esto: estos días se está haciendo universalmente famoso, gracias al cine, el sombrío escándalo de las relaciones del joven Jung con Sabina Spielrein. Sobre este tema, que trataremos con más amplitud en otro lugar, rescato al hilo ahora uno de sus más fascinantes significados: ya en los balbuceos del constructo junguiano la psique misma (¿qué si no?) dejó claro que los procesos más valiosos para la Psicología analítica serían aquellos que se dan en rebeldía contra los métodos preestablecidos, los que suceden más allá de los protocolos. Lo inconsciente es por definición el pelo en la sopa o, mejor, el elefante en la cacharrería, y una cacharrería es la consulta del obediente terapeuta, o el pulcro laboratorio del investigador.</p>
<p>Lo junguiano se cimenta sobre todo aquello que ha seguido siendo por generaciones ajeno al psicoanálisis, &#8220;la oscuridad ocultista&#8221;, porque era un mundo completamente ajeno a Freud. Y se cimenta sobre una injerencia inconsciente que inaugura, digámoslo así, la técnica <em>antipsicoanalítica</em>, el <em>antidiván</em>, la <em>antiacademia</em>, que se revela como el legítimo modo de llegar hasta lo más profundo de él. La individuación, que es la única verdadera terapia, cura, lleva eones pasándose por el forro toda otra técnica que no sea el vivir intensamente todo lo que haya que vivir. Para bien y para mal, para salud o para enfermedad. Aunque suene enojosamente paradójico.</p>
<h4>La genuina experiencia junguiana</h4>
<p>Nada más empezar mi propia singladura por los mundos de la Psicología analítica cayó en mis manos una cita del analista <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Edward_F._Edinger" rel="nofollow" target="_blank">Edward F. Edinger</a>, la cual sigo considerando, décadas después, la más certera definición de lo que es el sendero junguiano, de lo que es la experiencia nuclear alrededor de la cual se articula todo el edificio de la Psicología analítica:</p>
<blockquote><p><em>En el inconsciente existe un centro transpersonal de conciencia latente y de oscura intencionalidad. El descubrimientos de este centro, que Jung denominó Self, es como el encuentro con una inteligencia extraterrestre. Las enfermedades, los sucesos, el desarrollo de la vida y las coincidencias a partir de entonces son el medio a través del cual el Self se expresa. Ya no nos encontramos solos en el Cosmos y la Psique. Descubrimos al Ser Inmortal que hiere y que cura, que tira por tierra y que levanta, que hace lo pequeño y lo grande; en definitiva, al Uno que nos hace enteros</em></p></blockquote>
<p> Acabo de cometer adrede la ridiculez de llamar a algo así &#8220;experiencia junguiana&#8221;. Por supuesto que esto es un universal, un eterno, algo que no pertenece en exclusividad ni a Jung ni a los junguianos, de ninguna de las maneras. Pero quiero remarcar así que, si bien esta experiencia no tiene por qué convertirte en junguiano (gracias a Dios), sin esta experiencia es imposible empezar a entender algo tan básico para la Psicología analítica como es el arquetipo (y un par de nociones básicas y esenciales más).</p>
<p>De esa experiencia que acabo de traer a colación lo que se colige inmediatamente es que la libido arquetípica se comporta como el I Ching, o cualquier otro oráculo: se preocupa y ocupa del futuro, no del pasado. Empuja hacia adelante, no hacia atrás. Es pura teleología. La conciencia arquetípica, esa que parece extraterrestre, aparenta actuar con pleno entendimiento de cómo son las cosas ahora mismo, en el presente, y de cómo habrán de ser, proveyendo caminos, oportunidades y señales hacia el mañana. Lo arquetípico es en sí la vocación por el porvenir. Es el reino de la adivinación. ¿Qué ha pasado para que la mayor parte de la gente, sin embargo, haya acabado entendiendo lo arquetípico como nación de la memoria, como reino de los vestigios del pasado, como un asunto de momias relacionado por sobre todo con la arqueología? Jung ayudó mucho a que todo esto pasara, porque el aspecto arqueológico del arquetipo (que es real, que es cierto) tiene cabida en el paradigma académico, y el aspecto viviente, actuante y oracular, ninguna. Así que hizo hincapié demasiado a menudo en lo primero. El propio nombre usado quiere conscientemente albergar esta oportuna ambigüedad: el prefijo αρχη-, arjé-, en arquetipo, suena antes que nada relativo a lo arcaico, como origen en sentido temporal, y sólo después relacionado con origen en sentido ontológico (como el <em>eidos</em> de Platón). Un junguiano, de acuerdo a la experiencia primordial, debe tener claro que es lo segundo lo que categoriza correctamente la idiosincrasia de un arquertipo, y que lo primero llega en realidad después, complementando lo anterior con el atributo de una universalidad que se extiende por lo espacial y lo temporal (lo ubicuo y eterno). Si nos empeñamos en hablar demasiado de los arquetipos como herencias del pasado, entonces, congruentemente, deberíamos decir de asuntos como el sexo que eso mismo son.</p>
<p>Es enojoso comprobar una y otra vez como muchos, por otro lado brillantes, intelectuales, fuera del círculo de esta psicología, malinterpretan el concepto de arquetipo (piénsese en un Wilber, por ejemplo). Es triste ver cómo la fama de lo arquetípico, y con ella la de Jung y lo junguiano, se extiende por doquier, sólo para esparcir por todos los rincones ideas erróneas sobre todo ello. Pero más chocante es aún si todo eso ocurre dentro del propio círculo de la Psicología analítica.</p>
<p>Por otro lado, señalemos que, curiosamente, Edinger no hace alusiones ni a los sueños ni a la imaginación. No se preocupa de ningún hecho, vamos a llamarlo, interior, subjetivo. Es más: parece hablar de cosas que poco tienen que ver con la psicología, que entendemos comúnmente como la ciencia que se ocupa de lo que está encapsulado en el interior de los individuos, como el cerebro lo está dentro del cráneo. Enfermedades, accidentes, coincidencias&#8230; Todo eso ocurre ahí afuera, en el mundo exterior. No, no es justo. Edinger debería haber incluido alguna reseña al mundo interior. Pero tampoco es justo lo que hace desde hace rato un nutrido grupo de junguianos: desentenderse de todo lo objetivo hacia lo que se extiende también lo arquetípico con firme determinación. Desentenderse de lo psicoide, lo cual es la piedra angular desde la que la Psicología analítica puede y debe intervenir en la Física, en la Biología, en las ciencias &#8220;duras&#8221; de nuestro paradigma actual. Si tenemos en cuenta que una sincronicidad (lo cual es un hecho bastante &#8220;duro&#8221;) aporta a la individuación tanto como un gran sueño, y más que una serie completa de sueños menores, y si tenemos en cuenta, como Edinger y Jung tenían claro, que lo que nos sucede en la vida, ahí afuera, informa tanto, o más, de lo inconsciente como lo que pasa en nuestro interior, empecinarse en psicologías demasiado centradas en lo subjetivo, lo imaginal, lo onírico, lo interior, resulta una torpe parcialidad. Demorarse demasiado en la fantasía, en las formas plásticas del lenguaje interior y en los sentimientos personales concomitantes, en detrimento de la hermenéutica, del pensamiento, del significado, puede estrechar demasiado el camino desde lo personal a lo universal, lo cual es la esencia de la Psicología analítica, y el tránsito desde el arte a la filosofía, la cual siempre implica una epifanía más completa del arquetipo, una simbiosis más efectiva, viviente y actuante, de lo inconsciente y la conciencia (un patrón de conducta tiene que ser vivido, realizado, no sólo contemplado, adorado). Tengamos presente que, si bien los motivos míticos universales no son, desde luego, infrecuentes en la fantasía, si el estrato colectivo apareciera en ella de un modo tan común y evidente como sí lo hace el estrato personal y trivial, hace mucho que todos los analistas freudianos se habrían reconvertido a junguianos. Es más: la fantasía es, incluso plena de símbolos mitológicos, algo muy personal, incluso aislante. Tomada cruda, tal cual, difícilmente encontrará el camino hacia los grandes mundos exterior e interior. Sin la alqumia del analizar, del pensar, difícilmente conectará con la esencia colectiva del arquetipo, eso que quiere sacar al individuo de su burbuja e integrarlo en un organismo mayor, en pro de ese Uno que asimile el afuera y el adentro y a los demás con uno mismo. Como hacer arte, enamorarse, soñar y meditar, hacer filosofía, ciencia, sociología y política también son estadios inapelables en el proceso de individuación, aunque sean sólo de camino hacia el fin último: el torreón del sabio ermitaño.</p>
<p>No basta con pintar, revivir y dramatizar las fantasías. Hay que pensar e interpretarlas. En la dirección del pensamiento, de lo impersonal y lo objetivo, la individuación actúa tratando de socavar desde los cimientos nuestras actuales creencias alrededor de la biología, la física y las matemáticas. Tratando de provocar activamente la renovación de la cultura. Detenida en la contemplación de las fantasías puede sentirse bastante satisfecha, pero no pasará nunca de ser una satisfacción estrecha, demasiado afectada de narcisismo, autoerótica.</p>
<p>El siguiente artículo tratará de cómo el primer &#8220;cisma&#8221; junguiano, el &#8220;pensamiento junguiano de segunda ola&#8221;, la Psicología arquetipal de James Hillman, comete el error de priorizar la fantasía, el arte y lo subjetivo en menoscabo del pensamiento, la ciencia y lo colectivo, y de cómo el segundo &#8220;cisma&#8221; junguiano, el &#8220;pensamiento junguiano de tercera ola&#8221;, el ideario de Wolfgang Giegerich, se hace consciente de estas carencias, trata de rectificarlas, pero se empantana en las suyas propias, al no comprender qué es realmente y cómo funciona un arquetipo.  Expondremos a la vez un hecho fascinante: que la psicología arquetipal se construye sobre un pensamiento que niega al Self por estar poseído por el anima, lo que Giegerich trata de compensar esgrimiendo un pensamiento poseído por el animus, que sigue sin incluir, propiamente, al Self. Los dos &#8220;cismas&#8221; forman una perfecta sicigia, necesitando ambos, en su parcialidad, corregirse mutuamente, complementándose. En este dibujo arquetípico se prefigura el <em>tertium non datur</em>, el correspondiente Tao, como el retorno del Self, de Dios, al ámbito de la Psicología analítica, lo que significa en la práctica una necesaria restauración, una revalidación, del pensamiento junguiano originario. </p>
<p>Continuará&#8230;</p>
]]></content:encoded>
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		</item>
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		<title>Marie-Louise von Franz. Tres entrevistas</title>
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		<pubDate>Thu, 05 May 2011 14:50:02 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Raúl Ortega</dc:creator>
				<category><![CDATA[Editoriales]]></category>
		<category><![CDATA[Noticias]]></category>
		<category><![CDATA[Jung]]></category>
		<category><![CDATA[Marie Louise von Franz]]></category>

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		<description><![CDATA[El entrevistador Hein Stufkens y el productor de cine Philip Engelen fueron a Küsnacht a entrevistar a Marie-Louise von Franz en inglés acerca de su pasada relación con Wolfgang Pauli. Partes de la entrevista aparecieron en la serie]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h4><img class="aligncenter" title="Marie-Louise von Franz" src="http://3.bp.blogspot.com/_gb2MvBdmNRI/RhdlU046t-I/AAAAAAAAAHs/G6pgbRrne5M/s320/Explorar0016.jpg" alt="Marie-Louise von Franz" width="214" height="320" /></h4>
<h4>1.-<br />
Original <a href="http://herbert.vanerkelens.nl/jungian-psychology/127-interview-with-marie-louise-von-franz" target="_blank">aquí</a>. Traducción:<br />
Raúl Ortega y Myriam Rozengurt</h4>
<div style="background: #E9E9E1;">
<p>El entrevistador <strong>Hein Stufkens</strong> y el productor de cine <strong>Philip Engelen</strong> fueron a Küsnacht a entrevistar a <strong>Marie-Louise von Franz</strong> en inglés acerca de su pasada relación con <strong>Wolfgang Pauli</strong>. Partes de la entrevista aparecieron en la serie documental “<strong>Passions of the Soul</strong>”, que fue transmitida por IKON por primera vez en noviembre de 1991.</p>
<h3>Wolfgang Pauli, lo femenino y los peligros del mundo moderno</h3>
<p>Una entrevista con Marie Louise Von Franz realizada por Hein Stufkens y Philip Engelen, IKON-television, Küsnacht, Noviembre de 1990.</p>
<p>Herbet van Erkelens (EDITOR).<br />
Desde: Harvest. Journal for Jungian Studies, Vol. 48 No. 2, 2002.</p>
<p><strong><span id="more-1772"></span>Hein Stufkens</strong>: Me gustaría hablar con usted acerca de Wolfgang Pauli. Usted lo conocía muy bien. ¿Qué clase de hombre era él?</p>
<p><strong>Marie-Louise von Franz</strong>: Es difícil de decir. Tenía un carácter muy complicado. Él era muy inteligente, muy honesto en su pensamiento, pero por lo demás era sólo un &#8220;niño grande&#8221;, muy inmaduro en sus sentimientos. No estaba seguro de sí mismo, y era fácilmente influenciable. No tenía la certeza de sentir. Usted sabe, una mujer reacciona más a la naturaleza global de un hombre que sólo a su mente. Este hombre me daba la impresión de ser como un niño grande.</p>
<p><strong><strong>H.S.</strong></strong>: ¿Y usted era su terapeuta? ¿Cuál era su relación?</p>
<p><strong><strong>v.Fr.</strong></strong>: Un día vino a verme y quería hablar de sus sueños conmigo, pero él no quería hacer terapia. Así que quería y no quería escuchar lo que yo tenía que decir. Él  quería mantener una discusión meramente teórica, un juego mental de ping-pong. Pero la terapia va un poco más profundo que un juego de ping-pong. Yo tenía la esperanza de que él se diera cuenta de que eso no funcionaba. Es por eso que poco a poco  todo acabó en un punto muerto. Porque él no quería comprometerse.</p>
<p><strong>H.S.</strong>: Así que usted se decepcionó en más o en menos&#8230;</p>
<p><strong>v.Fr.</strong>: Yo fui escéptica desde el principio. Traté de ayudarlo, a pesar de mi escepticismo. Lo intenté, porque veía que él corría un gran peligro. Vi que había perdido el camino interior. Uno no sabe lo que va a suceder en esa situación, pero intuye que algo horrible va a suceder. Más tarde resultó ser cáncer.</p>
<p><strong>H.S.</strong>: ¿Usted cree que usted significó mucho para él?</p>
<p><strong>v.Fr.</strong>: No lo sé. Sus sentimientos eran muy poco claros.</p>
<p><strong>H.S.</strong>: Pauli le dedicó su &#8220;Piano Lesson&#8221; a usted. ¿Cómo se sintió al respecto?</p>
<p><strong>v.Fr.</strong>: Me sentí muy triste, porque la solución de la “Piano Lesson” no es, a diferencia de lo que el Sr. van Erkelens ha dicho, una solución. Pauli regresa a la pura mundanalidad y el ánima tristemente toca una melodía en el piano, sola en lugar de acompañada. El anillo que él me está ofreciendo allí, por así decirlo, se suspende [en el aire] y el maestro, a quien nosotros llamaríamos el Self, desaparece. Así que la Piano Lesson termina muy decepcionantemente. Me entristece, al igual que todo el asunto me pone triste. Si quiere que resuma la relación: traté de hacerlo reaccionar y no tuve éxito.</p>
<p><strong>H.S.</strong>: Pero lo femenino o el anima jugaban un gran rol en sus sueños&#8230;</p>
<p><strong>v.Fr.</strong>: Sí. Él siempre se burlaba de lo femenino en sus relaciones personales, en su sentimiento. Al igual que muchos intelectuales. Así que en contraste lo femenino estaba sorpresivamente presente en sus sueños.</p>
<p><strong>H.S.</strong>: ¿Por qué cree que Pauli a principios de 1954 salió de la psicología profunda y empezó a estudiar biología y a discutir la teoría evolutiva con Max Delbrück, que había abandonado la física por la biología? ¿Por qué hizo eso? ¿Fue una especie de escape?</p>
<p><strong>v.Fr.</strong>: En mi opinión, fue un escape. Cuando la cosa se puso difícil, huyó. Usted pudo observar eso desde un principio. Sus primeras palabras fueron &#8220;no quiero terapia&#8221;, cuando él me propuso hablar de sus sueños. Siempre decía que los junguianos son estúpidos y que la terapia no es el verdadero sentido de la psicología junguiana. Que debía tornarse en filosofía o en ciencia. Siempre dejaba afuera lo personal. Admito que la terapia es una parte desagradable de la psicología. Uno tiene que sacar a la luz todos los rincones oscuros y todas las insuficiencias. Y eso desagradaba a Pauli. En la ciencia se puede ser un gran hombre y las insuficiencias personales permanecen ocultas bajo la alfombra. Son susurradas por los colegas, pero no existen oficialmente. Bueno, en la terapia estas cosas sí surgen.</p>
<p><strong>H.S.</strong>: ¿Cómo se sintió usted al respecto cuando él abandonó el trabajo que había comenzado, es decir, tender un puente entre la psicología profunda y la física cuántica?</p>
<p><strong>v.Fr.</strong>: Yo no soy una misionera de la psicología junguiana. Así que cuando vi que lo dejó, pensé: &#8220;bueno, eso es todo&#8221;. Empecé a aburrirme y pensé: &#8220;él puede discutir sus asuntos con Delbrück y otros biólogos&#8221;. Me aburrí y sentí que mi tiempo era demasiado precioso.</p>
<p><strong>H.S.</strong>: Eso me suena un poco cínico ¿Estoy en lo cierto?</p>
<p><strong>v.Fr.</strong>: Sí. Se podría llamar de esa manera. En ese momento yo estaba ciertamente muy triste. Mirando hacia atrás creo que perdí mi tiempo.</p>
<p><strong>H.S.</strong>: ¿Usted invirtió mucho en él?</p>
<p><strong>v.Fr.</strong>: En ese momento me dio un montón de problemas. Era un interlocutor muy agotador, porque era rápido y profundo e intenso. Por lo general, caminábamos alrededor de dos o tres horas en el bosque. Y entonces yo terminaba agotada. Hice un esfuerzo real. Cuando algo así no funciona, una se molesta. Una piensa: &#8220;que se vaya al infierno&#8221;.</p>
<p><strong>H.S.</strong>: ¿Y luego usted continuó el trabajo de cerrar la brecha entre la psicología y la física?</p>
<p><strong>v.Fr.</strong>: Entonces seguí mis propios intereses. Traté de hacerlo yo misma en lugar de tratar de hacer que otros lo hagan.</p>
<p><strong>H.S.</strong>: ¿De qué manera cree usted que este trabajo deba continuarse? Y ¿quién cree usted que debe hacerlo?</p>
<p><strong>v.Fr.</strong>: No conozco a esos otros jóvenes esperanzados que vayan a continuar con esto. Deben existir, pero no sé dónde están. Pero creo que el gran avance ya fue hecho, realmente, por Jung, cuando creó el concepto de sincronicidad. El trabajo que ahora queda por hacer es avanzar en eso. Es como un rayo de intuición. Pero ahora tendría que definirse todo en detalle, y explorarse empíricamente. Esto podría ocupar a un montón de gente con buenas mentes.</p>
<p><strong>H.S.</strong>: Hubo un físico que me dijo que, en su opinión, el trabajo, de hecho, se continúa en todas partes donde dos personas se amen de verdad en una relación personal. ¿Está de acuerdo con eso?</p>
<p><strong>v.Fr.</strong>: Por supuesto. En general, usted no puede experimentar su propio inconsciente sin un amor contrasexual, ya que éste es el que constela lo inconsciente. Es la constelación más poderosa de lo inconsciente. Es entonces cuando se lo puede explorar, cuando está constelado. Cuando nada ocurre en tu vida y estás en tu aburrimiento cotidiano generalmente no aparecen nuevas ideas.</p>
<p><strong>H.S.</strong>: ¿Cuál es el lugar de la individuación en una relación amorosa?</p>
<p><strong>v.Fr.</strong>: En una relación amorosa, como Jung dijo una vez, se arriesga todo. Usted se pone a sí mismo sobre el tapete, se detiene el juego de poder y el tratar de dominar o conquistar a la otra persona. Si uno logra realmente amar a la otra persona, si realmente los dos se relacionan, suceden, a continuación, toda clase de milagros. Pero, al principio, las etapas son de un estado general de ceguera posesiva, de ilusiones o falsas expectativas, de decepciones, de recriminaciones. Uno tiene que trabajar todo esto desde el principio. Y así es como te vuelves más consciente. Yo no digo que esto sea agradable. Así que si usted no ama a la otra persona, huirá después de un tiempo.</p>
<p><strong>H.S.</strong>: ¿Y eso es lo que Pauli hizo?</p>
<p><strong>v.Fr.</strong>: Sí. A veces creé escenas, cuando yo pensaba que él estaba realmente en el camino equivocado. Entonces él hacía comentarios jocosos y me decía que yo era más bonita cuanto más me enojaba. Él no me tomaba en serio. Yo daba un golpe en la mesa y decía: &#8220;Estoy hablando en serio. Éste es un punto peligroso&#8221;. Pero él sólo se burlaba de esto. Tenía una visión patriarcal sobre las mujeres. Las mujeres eran las cosas agradables para jugar, pero no algo a tomar en serio. Eso sí que fue una de las dificultades.</p>
<hr />
<h4>ANEXO: El sueño de Pauli de la danza cuadrada</h4>
<p>&#8220;En la víspera del sueño él se divertía organizando diversos esquemas de su propia vida. Los muestra en forma de triángulos dobles (estrellas de seis puntas) en cuyos puntos se inscriben los elementos esenciales de su vida interior. Entonces soñó:</p>
<p>Una mujer china (elevada a la categoría de &#8220;diosa de la sabiduría&#8221;) está presente con dos hombres. [Uno de ellos es el maestro, el otro su "sombra" en la figura de un físico contemporáneo. Nota del Editor.] Yo soy el cuarto. Ella me dice: &#8220;Usted nos ha de permitir jugar todas las combinaciones imaginables de ajedrez.&#8221;</p>
<p>En una fantasía posterior durante un estado de semi-vigilia una voz numinosa anuncia al soñador: &#8220;En tus dibujos un elemento es perfectamente correcto y otro transitorio y falso. Es cierto que el número de líneas es de seis, pero es falso señalar seis puntos. Mira aquí:&#8221;</p>
<p><img class="aligncenter size-full wp-image-1773" title="sueño_Pauli" src="http://www.odiseajung.com/images_blog/2011/05/sueño_Pauli.jpg" alt="" width="400" height="170" /></p>
<p>Y vi un cuadrado con las diagonales claramente delimitadas. &#8220;¿Puedes ver ahora por fin los cuatro y los seis? Cuatro puntos espaciales y seis líneas o seis pares de líneas por cada cuatro puntos. Son las mismas seis líneas que existen en el I Ching. Allí el seis, que contiene el tres como factor latente, es correcto. Ahora observa el cuadrado más de cerca: cuatro de las líneas son de igual longitud, las otros dos son más largas. Ellas están “irracionalmente relacionadas”. No existe una figura con cuatro puntos y seis líneas iguales. Por esta razón la simetría no puede ser estáticamente producida y se recrea un baile. La coniunctio se refiere al intercambio de los lugares en esta danza. También se puede hablar de un juego de ritmos y giros. Por lo tanto los tres, ya contenidos de forma latente en el cuadrado, deben ser expresados de forma dinámica. (Franz, 1974, 108-109)</p>
<hr />
<p><strong>H.S.</strong>: Pero en sus sueños se tomaba lo femenino en serio…</p>
<p><strong>v.Fr.</strong>: La figura del anima, la figura china de la Sofía. Él la tomaba en serio. Esa fue una figura compensatoria para él que trató de inculcarle lo femenino. Pero incluso entonces no la tuvo en cuenta lo suficiente. Por ejemplo, yo publiqué en Número y Tiempo el sueño en el que la mujer china dice que no es la estrella de seis puntas sino la danza cuadrangular el símbolo real del Sí mismo. Él nunca trabajó en esto más allá. No recogió estas sugerencias ni trabajó con ellas tal como Jung nos entrenó para que lo hiciéramos. Si yo hubiera tenido un sueño así habría seguido profundizando en esa idea durante semanas y semanas.</p>
<p><strong>H.S.</strong>: ¿Habló usted con Jung sobre los sueños de Pauli?</p>
<p><strong>v.Fr.</strong>: No. Pauli no quería que yo hiciera eso. Eso fue una cosa extraña. No sé por qué me dijo eso. Así que le dije, bueno, vamos a dejarlo así. Yo pensaba hacerlo a sus espaldas, si yo no entendía los sueños, pero los entendía. Un poco al menos, en ese momento.</p>
<p><strong>H.S.</strong>: ¿Cuál fue la razón por la que Jung y Pauli no se comunicaron nunca más?</p>
<p><strong>v.Fr.</strong>: Pauli tenía miedo de Jung. Él lo evitaba. Podría haberse analizado con Jung. Jung lo habría hecho. Pero Pauli no quería. También fue un pequeño truco: ni demasiado caliente ni fuera del ruedo.</p>
<p><strong>H.S.</strong>: ¿Qué le asustaba?</p>
<p><strong>v.Fr.</strong>: Pauli tenía miedo del contenido de sus sueños. Le asustaba sacar conclusiones de lo que sus sueños le decían. Ellos decían por ejemplo que debía dar la cara por la Psicología junguiana en público. Y a esto le temía como al infierno. Cosa que entiendo. Se movía en los círculos más altos de la física. Eran muy burlones, cínicos y celosos de él. Si él se hubiera levantado para defender los sueños y las cosas irracionales, esto habría provocado una risa infernal. Y no tenía las agallas para hacerle frente a eso. Así que fue realmente trágico.</p>
<p><strong>H.S.</strong>: Ellos se hubieran burlado de él?</p>
<p><strong>v.Fr.</strong>: Ellos estaban celosos de él y de su premio Nobel. Por lo que se habrían reído y burlado de él. Y él lo sabía. Así que él tenía miedo, un miedo comprensible. Pero que bloqueaba el avance.</p>
<p><strong>H.S.</strong>: Ya veo. Muchas gracias. ¿Hay más preguntas?</p>
<p><strong>Philip Engelen</strong>: Usted estaba hablando sobre el peligro. Sobre que Pauli no reconoció el peligro en el que él estaba. ¿A qué tipo de peligro se refiere?</p>
<p><strong>v.Fr.</strong>: El inconsciente es un espíritu de la naturaleza dentro del hombre. Es como el maestro que Pauli describe en su imaginación activa o Mercurio. Él te puede llevar muy fácilmente por el sendero hacia abajo del jardín para luego terminar en un desierto o en problemas. Se necesita una gran habilidad para tratar con el inconsciente correctamente. Así que la gente tiene miedo de él.</p>
<p>[Aquí el grabador de repente de rompe]</p>
<p><strong>P.E.</strong>: Tal vez pueda repetir su idea sobre el peligro en el mundo de hoy.</p>
<p><strong>v.Fr.</strong>: No lo puedo repetir, pero lo diré de otra manera. Bueno, Jung vio que el peligro era inminente. Pero el peligro que se mira de frente no es tan malo como el peligro que se pasa por alto. Él siempre utilizaba una similitud: si usted no hace caso de una plaga de virus, se propagará como loca. Si la tenemos en cuenta, podemos hacer algo contra ella. Así que quería que la humanidad encarara el peligro. Y es por eso que pintó un panorama sombrío. Trató de conmocionar al público, porque todo el mundo habla sobre el peligro y luego toma una taza de té y no hace nada.</p>
<p><strong>P.E.</strong>: ¿Cree usted que la psicología junguiana tiene una respuesta al peligro en el mundo de hoy?</p>
<p><strong>v.Fr.</strong>: En mi opinión, sí. La única respuesta posible es un cambio de actitud. Un cambio radical de actitud no se produce sin un shock.</p>
<p><strong>P.E.</strong>: ¿Qué tipo de cambio?</p>
<p><strong>v.Fr.</strong>: Bueno, dejar de contaminar, dejar de exagerar la tecnología y el intelectualismo. Tomar los problemas morales más en serio. La ciencia es hoy en día completamente inmoral. Y la industria es totalmente inmoral. Cambiar nuestro sistema económico, cambiar nuestro punto de vista político, encontrar el camino de regreso a una actitud religiosa hacia la vida, a una vida más simple. Y así sucesivamente.</p>
<p><strong>P.E.</strong>: ¿Qué quiere decir con una actitud religiosa?</p>
<p><strong>v.Fr.</strong>: Saber que usted es un piojo en un universo desconocido y que tiene que respetar totalmente y venerar las fuerzas que le han creado y que le dirigen desde dentro.</p>
<p><strong>P.E.</strong>: ¿También significaría eso un renacimiento de la iglesia?</p>
<p><strong>v.Fr.</strong>: No necesariamente. La religiosidad es más amplia que una institución. Un hombre primitivo que venera a un árbol no es un miembro de una iglesia, pero es religioso.</p>
<p><strong>P.E.</strong>: ¿Y el mundo moderno no es religioso?</p>
<p><strong>v.Fr.</strong>: No, ellos piensan que se pueden meter todo en el bolsillo. Y si algo peligroso se acerca, todo lo que hacen es crear una comisión para estudiarlo y luego metérselo en el bolsillo. Ellos donan unos pocos millones de dólares para un proyecto de investigación que se ocupe del tema. Y nunca lo hace.</p>
<p><strong>P.E.</strong>: Muchas gracias por esta entrevista.</p>
<p>Herbert van Erkelens © 2010</p>
<p>Nota del editor:</p>
<p>Esta entrevista apareció por primera vez en el Yearbook of the Dutch Interdisciplinary Society for Analytical Psychology, 13 (1997) 67-75. Después en Harvest. Journal for Jungian Studies, vol. 48 N º 2, 2002. En el momento de la entrevista Marie-Louise von Franz ya estaba gravemente enferma. Su voz era débil. Así que fue difícil hacer una transcripción de la cinta. Algunas mejoras se han realizado en cuanto a la gramática se refiere. Pero las irregularidades idiomáticas se han conservado.</p>
<p>REFERENCIAS:</p>
<p>Erkelens, Herbert van, &#8216;Wolfgang Pauli&#8217;s dialogue with the spirit of matter&#8217;, Psychological Perspectives, Issue Twenty-Four, Spring/Summer 1991, 34-53.</p>
<p>Franz, Marie-Louise von, Number and Time. Reflections Leading toward a Unification of Depth Psychology and Physics, Northwestern University Press, Evanston, 1974.</p>
</div>
<h4>2.-<br />
Original <a href="http://www.cgjung.net/mlvf/int_mlvf.htm" rel="nofollow" target="_blank">aquí</a>.</h4>
<div style="background: #E9E9E1;">
<h3>Marie-Louise von Franz. Una entrevista de Rolande Biès. 1978.</h3>
<p><strong>R. B.- ¿Cómo se sitúa usted en relación a Jung?</strong></p>
<p><strong>MLvF</strong>.- Yo empecé a los dieciocho años por un análisis con él y lo ayudé a traducir los textos latinos y griegos de la alquimia. Llegué a ser su alumna. Es así que he asistido al nacimiento de sus obras después de sus sesenta años. Le debo todo.</p>
<p><strong>R. B.- ¿De donde viene su interés por los cuentos de hadas? ¿Qué importancia tienen para usted?<br />
</strong><br />
<strong>MLvF</strong>.- Una escritora me pidió que le ayudara a escribir un libro sobre los cuentos de hadas. Cuando ya llevaba mil páginas, resultó que no quería una interpretació n junguiana, entonces continué sola y me he especializado en la interpretació n psicológica. Así he descubierto que los cuentos de hadas son representaciones arquetípicas del inconsciente colectivo, las más fecundas, las más variadas y las más fundamentales de todos los mitos. Ellas nos entregan una “anatomía comparada” del alma humana colectiva. Y además son bellas, y hablan directamente a todo el mundo.</p>
<p><strong>R. B.- Usted ha colaborado en todas las grandes obras alquímicas de Jung. ¿ Qué lugar considera que ocupa la alquimia en la totalidad de su obra?</strong></p>
<p><strong>MLvF</strong>.- Cuando Jung descendió a las profundidades de su inconsciente (después de su separación de Freud), produjo un enorme material simbólico que no parecía tener analogías con los mitos conocidos. Por sus sueños fue conducido a la alquimia y allí descubrió todos los paralelos a sus experiencias. Estas últimas no eran entonces imágenes subjetivas, ellas constituían un largo sueño colectivo humano, un sueño que compensa y completa lo que falta en nuestro mito oficial cristiano y que explica el desarrollo de las ciencias naturales. Para él (y para mí) el mito de la alquimia es el mito del occidente, el de la era de Acuario, el mito que podría sanar nuestros problemas actuales.</p>
<p><strong>R. B.- ¿Qué significa la alquimia para el hombre contemporáneo?<br />
</strong><br />
<strong>MLvF</strong>.- Nuestro mundo consciente oficial sufre de un conflicto entre la religión cristiana y las ciencias naturales (a menudo materialistas y racionales). Los símbolos de la alquimia reúnen estos dos mundos. Aparecen espontáneamente en muchos sueños modernos. El paciente de “Psicología y Alquimia” era un físico. En el simbolismo de la alquimia se encuentra anticipada una reunión del mundo del alma y de la materia.</p>
<p><strong>R. B.- ¿Qué piensa usted del paralelo entre la psicología de Jung y la física nuclear?<br />
</strong><br />
<strong>MLvF</strong>.- Las hipótesis fundamentales de la física son imágenes arquetípicas, es decir, energía, partículas, etc. Son entonces en último análisis imágenes psíquicas (mentales). Al contrario, si se desciende hasta las capas más profundas del inconsciente, se llega a una capa que no es puramente psíquica, sino que parece reflejar hechos fisiológicos, o más bien atómicos. Es como si uno se aproximara a una realidad única por dos costados diferentes, que no es psíquica ni tampoco material, el “misterio del ser o de la vida” que trasciende nuestra comprensión. Porque los modelos que el hombre se hace se reencuentran, ya sea que se aproximen desde el costado material o el psíquico.</p>
<p><strong>R. B.- ¿Cuál es, a este respecto, el sentido del gran libro “Números y Tiempo”, que Jung le confió antes de morir, para que usted lo escribiera en su lugar?</strong></p>
<p><strong>MLvF</strong>.- Jung solamente me dio algunas notas que él había tomado sobre las cualidades individuales de los primeros cinco números, pero ha dejado alusiones indicando que había allí una continuación de la idea de la sincronicidad. El resto, lo he ensamblado y clarificado tanto como he podido. Lo que me ha ayudado, sobre todo, es el descubrimiento que en la China antigua los números estaban ligados naturalmente a la idea de la sincronicidad. Son probablemente los “Naturkonstanten” del unus mundus, del ser psíquico y de la materia.</p>
<p><strong>R. B.- Si se quisiera renovar la enseñanza práctica de la psicología de Jung para el hombre de la calle ¿qué diría usted?<br />
</strong><br />
<strong>MLvF</strong>.- En el pasado, era natural para todo hombre tomar en consideración sus sueños, vea la Biblia , por ejemplo. Ciertos sueños han decidido el destino de la humanidad. El sueño es la voz del instinto humano, que puede darnos un consejo en situaciones donde la pura razón no es suficiente; por ejemplo, puede indicar el futuro. En nuestro mundo moderno, la naturaleza ya no es el más grande de los peligros para el hombre, ahora lo es el hombre mismo por el estado de su alma. Por ejemplo, la bomba atómica, el terrorismo, las locuras políticas (como el nazismo), etc. Jung muestra un camino que nos permite evitar estos peligros.</p>
<p><strong>R. B.- ¿Cómo ve usted el porvenir de la escuela junguiana?<br />
</strong><br />
<strong>MLvF</strong>.- Como la psicología de Jung comienza a ser muy conocida, ella atrae oportunistas, ambiciosos, oficiosos, que quieren representarla sin aplicarla a ellos mismos. Hay ahí un gran peligro. Jung preveía que serían más bien los que sufren, los que buscan, los que ensayan de vivir con su sabiduría, los que la mantendrían con vida. Puede ser que debamos pasar por una catástrofe general antes de que Jung sea descubierto por los sobrevivientes, si es que los hay…</p>
<p><strong>R. B.- ¿Qué mensaje dirigiría usted a los jóvenes, aquí y ahora?</strong></p>
<p><strong>MLvF</strong>.- El mensaje de los hippies: “Do your own thing” [haz lo tuyo], pero en un nuevo sentido. Que se apliquen a su alma personal, que se dejen conducir por sus sueños hacia una creatividad nueva que podría hacer revivir nuestra cultura occidental en una forma nueva, donde el hombre libre esté colocado al centro, viviendo en armonía con la naturaleza, en lugar de explotarla y destruirla. La actitud fundamental es una actitud de amor, no de poder.</p>
</div>
<h4>3.-<br />
Original <a href="http://marie-louisevonfranz.com/b/vm1/" rel="nofollow" target="_blank">aquí</a>.</h4>
<div style="background: #E9E9E1;">
<p>A petición de la <strong>Foundation for Jungian Psychology</strong>, <strong>Françoise Selhofer </strong>hizo una película hermosa e impresionante sobre <strong>Marie-Louise von Franz</strong>, en el otoño de 1982, en <strong>Bollingen</strong>. En la película, Marie-Louise von Franz nos da idea de su vida, de su encuentro con CG Jung y el trabajo que más tarde hicieron juntos, así como de su comprensión de la psicología junguiana. Ella habla de cómo evolucionó su propio trabajo y sobre la forma en que trabaja. En respuesta a otras preguntas, habla de la interpretación de los sueños, la creatividad, la sincronicidad, la alquimia y sobre los graves problemas de nuestro tiempo. Al final de la entrevista ella expresa su profunda preocupación por el colapso de nuestras cultura y civilización. Algunas esperanzas de renovación, ella cree, se pueden encontrar en los descubrimientos de Jung, es decir, en el contacto positivo con los poderes creativos del inconsciente y con nuestros sueños, nuestras raíces psíquicas. Sólo allí podemos encontrar las respuestas constructivas que nos ayuden a resolver las cuestiones aparentemente insolubles con las que nos enfrentamos hoy en día.</p>
<p>De la entrevista: &#8220;Como todos nosotros, tengo la impresión de que nuestra cultura y su civilización están en una etapa final, que han entrado en una etapa de decadencia. Creo que o encontramos una renovación, o de lo contrario es el final. Y sólo puedo ver esta renovación a partir de lo que sale de lo que Jung descubrió, a saber, en nuestra toma de contacto positivo con la fuente creativa del inconsciente y los sueños. Éstas son nuestras raíces. Un árbol sólo puede renovarse a través de sus raíces. Por esta razón, mi mensaje es para instar a todos a volver a esas raíces psíquicas internas, porque sólo ahí es donde las sugerencias constructivas se encuentran, el cómo enfrentarse a los enormes dilemas: la bomba atómica, la superpoblación. Ésta es la mejor manera de resolver todos los problemas que parecen insolubles&#8221;.</p>
<div></div>
<div class="align_cnt"><p style="text-align:center;font-size:1.17em;font-weight:bold">[Ver este vídeo en la página original]</p></div>
</div>
]]></content:encoded>
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		<title>Conversaciones con Giegerich</title>
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		<pubDate>Wed, 20 Apr 2011 08:34:22 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Raúl Ortega</dc:creator>
				<category><![CDATA[Ciencia y Mito]]></category>
		<category><![CDATA[Editoriales]]></category>
		<category><![CDATA[Historia y Mito]]></category>
		<category><![CDATA[Enrique Eskenazi]]></category>
		<category><![CDATA[James Hillman]]></category>
		<category><![CDATA[Jung]]></category>
		<category><![CDATA[Wolfgang Giegerich]]></category>

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		<description><![CDATA[Enrique Eskenazi lleva tiempo haciendo una gran labor en la divulgación del ideario de esta nueva lumbrera del "junguismo" que es Wolfgang Giegerich. Al final, todos regresamos al pensamiento hindú, al griego y/o al alemán]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="aligncenter" title="Wolfgang Giegerich" src="http://1.bp.blogspot.com/_JcACkWcDLaI/TOru4zBlS0I/AAAAAAAAAHE/V3g9dXK_HUI/s400/eranos%2B27.jpg" alt="" width="319" height="400" /></p>
<p><a rel="nofollow" href="http://eeskenazi.blogspot.com/" target="_blank">Enrique Eskenazi</a> lleva tiempo haciendo una gran labor en la divulgación del ideario de esta nueva lumbrera del &#8220;junguismo&#8221; que es <a rel="nofollow" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Wolfgang_Giegerich" target="_blank">Wolfgang Giegerich</a>. Al final, todos regresamos al pensamiento hindú, al griego y/o al alemán, al parecer unidos en su común vocación por la abismal profundidad a través de una atávica y especial <em>aura catena</em> diferenciada dentro de lo indoeuropeo. La lucidez y agudeza de este pensamiento, de rasgos tan prometeicos, sólo es alcanzada por anglosajones, franceses y latinos a través de puntuales genialidades. A duras penas.<span id="more-1721"></span></p>
<p>En efecto, Giegerich es de esa raza de pensadores que agarran el toro por los cuernos y, así, analiza los asuntos fundamentales que incumben a lo junguiano sin andarse por las ramas. Las últimas consecuencias, los fines, y las raíces, las bases, de la construcción filosófica junguiana es su principal interés. Lo trascendente de lo trascendente. El espíritu, hablando en plata. Hillman, por poner un ejemplo de una forma de pensar distinta, baila de puntillas y remolonea cuando tiene que acercarse al espíritu. Por eso crea una filosofía-psicología descentrada, es decir, sin centro. Algo <em>artístico-sentimental</em>. Claro que toda la producción hillmaniana gira alrededor de lo esencial, pues la intuición busca el centro espiritual como el imán el polo norte, pero él prefiere que aparezca todo bajo la forma, digámoslo así, de un secreto a voces. Si no, tendría que responsabilizarse por algo peliagudo cuyo abordaje reclama voto pitagórico, kantiano o de fakir: años de vida ascética contemplativa. Lo cual es bastante antiamericano.</p>
<p>Sin embargo, no he encontrado aún que Giegerich diga algo sobre lo esencial que sea certero, o, al menos, novedoso. En lo mejor, lo que hace es ahondar más con el afilado arado de su mente en un surco que ya está trazado. Se replantea una y otra vez los básicos, tratando de ser original, y lo único que hace es girar una rueda que ya está muy desgastada. Alcanza a plantear cuestiones que lo junguiano ya ha contestado. En lo peor, las flechas de su pensamiento-intuición dan en cualquier sitio menos en el centro de la diana. Al final, Giegerich se convierte en otra promesa más de la filosofía que no acaba de encontrarle el centro, el <em>lingam</em>, a su mandala. Supera a Hillman en aspiración y ambición (intelectuales), pero no consigue recorrer ni la mitad de su camino.</p>
<p>Así, al menos, lo veo yo. Para descubrir cómo lo perciben ustedes les animo a leer al menos este artículo publicado en la web de Don Enrique: <a rel="nofollow" href="http://homepage.mac.com/eeskenazi/gieg_finsig.html" target="_blank">El Fin del Significado y el Nacimiento del Hombre</a>. Como todo pensador que lo es esgrime su espada con ansia de hacer sangre, ya sea en enemigos o compañeros de armas, y, sobre todo, buscando el corazón de la autoridad, el padre: Jung. En realidad, todos los junguianos pensadores lo hacemos. Pero es inútil el esfuerzo cuando te autoproclamas junguiano no por seguir a Jung, sino por ser ese un adjetivo de significado bastante accesible con el que nos hacemos reconocer públicamente ciertas personas que en nuestra propia, íntima, intransferible e insobornable experiencia, siguiéndonos a nosotros mismos, hemos visto cosas similares. Te cortarías tu propia rama, esa en la que estás sentado. Quiero decir que cuando no se trata de creer en la gravedad por leer a Newton, sino por caerse de culo, tratar de contradecir al maestro sistemáticamente puede convertirse hasta en contraproducente. Pero, bueno, no es inútil sino necesario el ampliar, comprobar, delimitar, fijar, puntualizar y pulir las consideraciones que los otros, incluido Jung, y nosotros mismos, tenemos al respecto de todo aquello que abarca la psicología analítica. Esa es la fuente de muchos de los grandes y honrosos logros en la ciencia, en el conocimiento. La <em>individuación </em>de muchos filósofos ha consistido en añadir una nota a pie de página en un texto de Platón, parafraseando a Whitehead. Nada más, y nada menos. Y todo eso empieza con la dialéctica, con la crítica, con el replanteamiento de todo, con la espada desenvainada y la empatía guardada en un saco sellado. Incluso en contra del amado maestro, incluso en contra de uno mismo. A mí no me parece que Giegerich vaya a alcanzar el sueño de todo discípulo aventajado: convertirse en el Eisntein del Newton de turno, en el Aristóteles de un Platón, en el Jung de un Freud, y armar así una revolución copernicana en su campo, pero subrayo que ni falta que hace. Es suficiente con seguir profundizando, según manden el pensamiento y el destino. Y eso es lo que voy a tratar de hacer yo a continuación comentando párrafos del incisivo alemán que me parecen de especial importancia:</p>
<div style="background: #E9E9E1;">
<p><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 1.1em;">Una de las voces más persuasivas que durante el último siglo planteó la cuestión del &#8220;significado de la vida&#8221; o como también podríamos decir, la cuestión del significado &#8220;mítico&#8221;, &#8220;religioso&#8221;, o &#8220;metafísico&#8221; (1), fue la de CG Jung. Sus ideas se movieron entre dos polos. Por un lado, estaba su implacable diagnóstico de que &#8220;evidentemente ya no tenemos ningún mito&#8221; (Jaffé, 1989, p. 171), o &#8220;nuestro mito ha enmudecido y ya no da respuestas&#8221; (p. 332), hoy &#8220;permanecemos con las manos vacías, confundidos y perplejos&#8221; (ibíd.), y &#8220;ya no hay dioses a los que podamos invocar&#8221; (Jung, 1964, § 598). Jung (1954a), incluso llegó tan lejos como para afirmar que &#8220;sería mucho mejor afirmar humildemente nuestra pobreza espiritual, nuestra carencia de símbolos–en vez de simular un legado del cual no somos los legítimos herederos&#8221; (§ 28). Jung fue muy consciente de que &#8220;el hombre moderno vive consigo mismo en soledad&#8221;, &#8220;donde en la fría luz de la conciencia, la desnudez vacía del mundo alcanza a las mismas estrellas&#8221; (§ 29). (2) El otro polo del pensamiento sobre el significado sale a primer plano cuando al citado diagnóstico de que &#8220;no, evidentemente ya no tenemos ningún mito&#8221;, Jung inmediatamente reacciona con la sorprendente pregunta, &#8220;Pero entonces ¿cuál es tu mito? ¿Cuál es el mito en el que vives?&#8221; Jung no aceptó el &#8220;no&#8221; como respuesta. En su opinión, el significado es indispensable, y la pérdida de significado en los tiempos modernos es la razón final de toda neurosis. La neurosis se debería a la falta de significado y a la falta de objetivo en la vida de todos aquellos que la padecen. (3) &#8220;Todo es banal, todo es ‘nada sino’; y esa es la razón por la cual las personas están neuróticas&#8221; (Jung, 1939, 18 627). &#8220;Como veis, el hombre está necesitado de una vida simbólica —verdaderamente necesitado&#8221; (ibíd., 18 625).</span></p>
<p><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 1.1em;">Ambas cosas, por un lado el diagnóstico de la pérdida de significado y la idea de la urgente necesidad de significado (que se unen en aquella frase de Jung que dice: &#8220;no podemos ni siquiera meternos en la cabeza el que ningún mito vendrá a nuestra ayuda a menos de que tengamos la urgente necesidad de uno&#8221; [Jaffé, 1989, p. 332f.]) no son nada nuevo. Ya se habían experimentado y ya se había luchado con ellas de diferentes modos, por lo menos durante cien años antes de Jung. En el siglo XIX no sólo se había descubierto lo que se conoce bajo el lema de &#8220;nihilismo&#8221;, definido por Nietzsche como la falta de objetivos, la falta de respuestas al &#8220;¿Para qué?&#8221;; sino que también se había intentado desesperadamente, siempre con nuevos planes utópicos, proporcionar un nuevo objetivo final para la vida. Para mencionar sólo tres ejemplos, Kierkegaard había propuesto un salto hacia la fe, Marx había prometido la sociedad comunista, y Nietzsche había puesto todas sus esperanzas en la ansiada llegada de lo que él imaginó bajo el nombre simbólico de &#8220;Dionisos&#8221;, que vendría e inspiraría a &#8220;Ariadna&#8221;, el Alma abandonada, lista para recibir a Dionisio, poniendo fin así a la esterilidad que se había alcanzado en el siglo XIX. (4)</span></p>
<p><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 1.1em;">1. La Auto-Contradicción Inherente en la Búsqueda de Significado</span></p>
<p><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 1.1em;">Uno podría pensar que el diagnóstico de la pérdida de significado es la causa, mientras que la búsqueda de significado es el resultado; además, que la pérdida de significado es la &#8220;enfermedad&#8221;, mientras que la búsqueda de significado sería la cura. Pero, la &#8220;pérdida de significado&#8221; por un lado, y la &#8220;búsqueda de significado&#8221; por el otro, se han de considerar, más bien, como las dos caras de una misma moneda. Así como el sentimiento de la pérdida de significado es lo que crea un anhelo de significado, también, y del mismo modo, la idea de la necesidad de un mayor significado es lo que hace que la vida aparezca intolerablemente banal y &#8220;nada segura&#8221;, simplemente &#8220;maya, en comparación con aquella cosa que hace que tu vida sea significativa&#8221; (Jung, 1939, § 630). Cuanto más se añora el significado, más banal se vuelve la vida, mientras más banal uno sienta que es la vida, más dirá con Jung, &#8220;Todo mi ser estaba buscando algo todavía desconocido que pudiera conferir significado a la banalidad de la vida&#8221; (Jaffé, 1989, p. 165). No hay aquí dos fenómenos, sino sólo uno. La búsqueda de significado es el opuesto de sí mismo.</span></p>
<p><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 1.1em;">Es lo que hace que la realidad se vuelva aquello mismo sin sentido que se intenta vencer; es el síntoma o la enfermedad mismos, cuya cura pretende ser. El deseo de significado se engaña respecto a sí mismo. ¿Cuál es la ilusión? La búsqueda de significado busca algo que no puede ser buscado, porque cualquier búsqueda destruiría lo que pretende obtenerse. El significado no es una entidad que podría tenerse, ni es un credo, una doctrina, una visión del mundo, ni tampoco algo como el tesoro tan difícil de conseguir de los cuentos de hadas. No es semántico, no es un contenido. El significado, en el caso de que existiese, sería, ante todo, un hecho implícito de la existencia, un a priori. Nunca puede ser la respuesta a una pregunta; por el contrario, es una indiscutible e incuestionable certeza anterior a cualquier posible cuestionamiento. Es el estado de tener base [groundedness] de la existencia, es un sentido de encastramiento [embeddedness] en la vida, de un estar contenido en el mundo—incluso podríamos llegar a decir una adentridad en tanto que lógica de la existencia como tal. El significado de la vida es tan auto-evidente como la adentridad del agua lo es para los peces.</span></p>
<p><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 1.1em;">El mito, la religión, la metafísica—nunca fueron respuestas a cuestiones explícitas y angustiosas sobre el significado de la vida, tales como cuando, por ejemplo, William James en 1897 planteó la pregunta &#8220;¿Vale la pena vivir la vida?&#8221; No, fueron meramente la articulación o la formulación concreta, en forma imaginal y, en el caso de la metafísica, la explicación, bajo el modo del pensamiento, de la forma de la adentridad existente de hecho, o del poseer base de la existencia propia de cada situación histórica respectivamente. Los cuentos de los mitos, las prácticas religiosas, las doctrinas o los dogmas, los elaborados sistemas de la metafísica, expresaban en diferentes modos la lógica que de hecho gobernaba la vida vivida de la gente. Eran la auto-expresión en la conciencia del significado que había entonces. Por esta razón, los mitos, los rituales y la metafísica, simplemente decían—y celebraban—la verdad. Esa era su tarea. Así como el pez nunca hubiera podido cuestionar seriamente la falta o no de sentido de estar en el agua, así, desde la época del mito, hasta el final de la era de la metafísica, es decir, a través del tiempo de Hegel y Schelling, el hombre no podría posiblemente, con toda sinceridad, haberse planteado seriamente la pregunta &#8220;¿Vale la Pena Vivir?&#8221; como una pregunta real, sino meramente retórica.</span></p>
<p><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 1.1em;">Si en el siglo XIX la cuestión del significado y del valor de la vida súbitamente—o poco a poco —se hizo posible, y de hecho, entonces se volvió una pregunta seria y urgente más que posible, es porque tuvo que haber tenido lugar un cambio radical en el modo de estar-en-el-mundo del hombre. El hombre tuvo que haberse salido de su previo y absoluto contenimiento en la vida, de modo que ahora se le ha capacitado y, a la vez, se le ha obligado a ver la vida como si ella estuviera fuera, pues sólo de este modo puede, en primer lugar, volverse temática y problemática la totalidad de la vida. Ahora, con la cuestión acerca del significado y el valor de la vida, la existencia como tal se ha colocado, por así decirlo, enfrente de la conciencia, que es lo opuesto de la adentridad. Ahora, el Hombre, por primera vez, tiene una posición hacia el mundo per se. (5) La cuestión del significado, es la marca de la época moderna después de la conclusión de la edad de la metafísica a comienzos del siglo XIX.</span></p>
<p><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 1.1em;">Ahora podemos entender por qué la búsqueda moderna de significado es necesariamente auto-contradictoria. La búsqueda de un significado es verdaderamente, si bien es de manera oculta la añoranza de un estado de adentridad, pero puesto que la pregunta sobre el valor y el significado de la vida tiene existencia como un todo en su campo de visión, inevitablemente nos coloca afuera y frente a la vida misma. La búsqueda de un significado inadvertidamente tiene que construir aquello que justamente desearía que fuese la lógica o la sintaxis de la vida, como un contenido semántico, como una especie de doctrina de sabiduría, o de credo, o de ideología, y en ultima instancia como un bien de consumo. Esta es la razón por la que hoy el significado existe en una pluralidad de significados diversos en competencia, puestos a la venta en un enorme &#8220;mercado de significados&#8221; por toda una entera &#8220;industria del significado&#8221;, y por lo cual estamos en la posición de consumidores que tienen que tomar sus decisiones y elecciones respecto a estos &#8220;significados.&#8221; (6) Incluso si &#8220;compramos&#8221; un cierto significado y nos emparedamos en él, y nos metemos dentro de él, nada puede deshacer el hecho de que se trata de una adquisición secundaria y que nuestra adentridad en ese significado, si llegara a existir, sería como aquella en una casa que nosotros mismos hemos construido o alquilado, y no ya aquel tipo de adentridad a priori, no elegida e irrevocable, que era lo que realmente se estaba buscando.</span></p>
<p><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 1.1em;">Además de la contradicción intelectual inherente a la cuestión del significado existe también una contradicción emocional: no podíamos ni siquiera desear seriamente encontrar realizado de hecho lo que en verdad está buscando nuestra búsqueda de significado. Porque si de hecho se realizara el tipo de adentridad que se añora, resultaría intolerable e insoportable para el sujeto moderno. Chocaría con nuestra insistencia inalienable en la individualidad emancipada y en la racionalidad libre. Necesariamente sería sentida como un aprisionamiento, como una pesadilla, de la cual ya nos han dado una muestra de lo que podría ser la experiencia de los estadios totalitarios del siglo XX y las sectas fundamentalistas.</span></p>
<p><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 1.1em;">Unos pocos ejemplos podrían servir como ilustraciones sugerentes para evocar al menos cierto sentido inevitable del estar contenido que una vez fue, pero ya no puedo dar aquí una exposición más elaborada para lo que este punto requeriría. </span></p>
</div>
<p>En definitiva, trata de convencernos Giegerich de que la persona aquejada de dolor por la carencia de un sentido elevado en su vivir es un &#8220;malade imaginaire&#8221;, un enfermo imaginario. Mal asunto el tomar ese derrotero por parte de un psicólogo, cuya ocupación es precisamente la neurosis, la depresión y todo ese abanico de &#8220;enfermedades imaginarias&#8221;, de enfermedades de eso inasible que es la psique, tejida con esa gasa etérea de los sueños y la imaginación. A la propuesta de toda esa corriente de la filosofía que considera real sólo lo inmediato, lo sensorial, lo racional que se construye sobre eso y todo el acervo de asuntos que alcanza a valorar el mero sentido común es a la que precisamente responde la psicología profunda trayendo a consideración algo tan extraño, extravagante y <em>sui generis</em> como es lo inconsciente. Algo que, en efecto, para aquella forma de pensar tiene bastante de imaginario. C. S. Lewis contaba en sus memorias que se convirtió al cristianismo pleno de fe, pero en contra de su voluntad. Giegerich parece haber abrazado lo junguiano de un modo parecido.</p>
<p>De igual modo podríamos emplear su argumento para tratar de convencer a la audiencia de que la desesperación por amor es irreal, pues parece proceder de un caprichoso deseo que se empeña en padecer el sujeto, cuando nada hay en él que podamos tildar de verdaderamente necesario. La gente, sin embargo, sigue suicidándose por amor. No soporta su imaginaria carencia.</p>
<p>Como vemos, él es consciente de que los hombres en general sienten <em>horror vacui</em> ante la vida banal del barquero, y, por lo tanto, que Jung es de todo menos un caso único de obsesión idealista y romántica. Nos cuenta otra vez la realidad flagrante ya asumida desde hace rato de que la religión no se crea ni se destruye, sino sólo se transforma: en utopías políticas, en todo tipo de -ismos, en ateísmo incluso, pero llega a la conclusión de que todo eso, a día de hoy, es un anacronismo, un error. Una contingencia prescindible. Habla del mercadillo espiritual actual pero no para contraponer esa tonta manera de buscar la verdad a la legítima forma, sino para romper la mayor y decir que toda búsqueda es en sí tonta. Una y otra vez el pensamiento de este filósofo va a tratar de sostenerse por sí sólo en la racionalidad, en la conciencia, haciendo caso omiso de la conexión que su intuición le proporcionaría con su inconsciente. Por eso no parece comprender en su verdadera implicación lo que él mismo dice. Cuando afirma &#8220;<span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 1.1em;">El significado, en el caso de que existiese, sería, ante todo, un hecho implícito de la existencia, un a priori</span>&#8221; no parece darse cuenta de que está aludiendo precisamente al arquetipo, algo que, a pesar de su desafortunado nombre, estará plenamente vigente mientras el Hombre sea lo que es. Pero quizás le ocurra precisamente que no acaba de darse cuenta de que arquetipo no es un concepto, ni una curiosidad arqueológica, sino una realidad fáctica, un a priori, también de su pensamiento, que, de hecho, existe incólume y omnipotente ahora mismo, aquí mismo. &#8220;<span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 1.1em;">Nunca puede ser la respuesta a una pregunta; por el contrario, es una indiscutible e incuestionable certeza anterior a cualquier posible cuestionamiento. Es el estado de tener base [groundedness] de la existencia, es un sentido de encastramiento [embeddedness] en la vida, de un estar contenido en el mundo—incluso podríamos llegar a decir una adentridad en tanto que lógica de la existencia como tal. El significado de la vida es tan auto-evidente como la adentridad del agua lo es para los peces</span>&#8220;. Si Giegerich no afirmara que el agua es auto-evidente para el pez, como tampoco el océano interior, lo inconsciente, es auto-evidente para nosotros, los hombres-peces, podría captar el sentido tácito de lo que está expresando, de lo que se está diciendo a sí mismo. Si dejara de pensar que el sentido de la vida o es consciente (auto-evidente) o no es, ya que no es así, ni lo fue ni será, razonaría mejor. El que no sea consciente no significa, obviamente, que no exista, así como todos hacemos la digestión aunque no tengamos ni remota idea de ella. Si entendiera la búsqueda idealista, la pregunta romántica, como el intento de elegir la mejor y más sana alimentación para algo de lo que se es apenas consciente, aún siendo un a priori de la existencia (el estómago psíquico), vería como cuadra todo de un modo diferente.</p>
<p>El problema está, de hecho, en la metáfora del pez <em>rodeado</em> de agua. Eso nos muestra que piensa en el sentido de la vida como algo que pertenece eminentemente al entorno cultural, a la ideología, a la religión exotérica. Como decimos: a la conciencia. Está pensando de oficio como filósofo racionalista o, mejor, como extravertido sociólogo. Si pensara como psicólogo usaría otra metáfora, quizás la del ánfora (muy acuariana), donde ese agua brota de dentro hacia fuera. La sociología ha visto que ahí en el exterior se han derrumbado todos los ídolos, pero la psicología los ha vuelto a encontrar perfectamente erguidos buceando adentro. Podemos inventarnos muchos modos culturales, llenos de sus propias modas y creencias, pero el Alma del Mundo no podemos recrearla a capricho.</p>
<p>Yo lo diría así: el Hombre no se inventa su necesidad de conexión con lo Infinito. No es una apuesta racional, es un impulso desde lo inconsciente. Pero la conciencia en su libre albedrío puede ensayar miles de formas erróneas de crear esa conexión. Por eso es pertinente la escrupulosa y responsable búsqueda. Ayer, hoy y mañana.</p>
<p>Por otro lado, es interesante la fijación que tiene con el siglo XIX como origen del <em>razonable </em>nihilismo actual. A la Historia le resulta obvio que el movimiento decidido hacia el humanismo laico, el cientifismo, es muy anterior, y que el XIX representó precisamente una escisión en la personalidad del occidental al aparecer toda esa corriente romántica que quería reencontrarse con la magia medieval en contra de todo el poderoso movimiento racional positivista que estaba triunfando políticamente por doquier, consolidando su paradigma. El XIX como continuador del movimiento que ya estalló en pleno vigor en el XVIII ha dado lugar a esto que tenemos hoy, claro, pero el XIX como contexto del <em>retorno de los brujos</em>, el XIX que inaugura un Goethe, que caracterizan un Wagner, un Poe, un Blake, todas las mesas de oui-ja que pulularon por Europa y toda aquella mediúmnica histeria, es el directo precursor de la psicología profunda en general, de lo junguiano en particular y de la New Age actual. Esto me hace deducir que este siglo es problemático para Giegerich desde dos frentes: como junguiano le cae mal todo lo que tiene de continuador del cientifismo, y como el filósofo racionalista casi en estado puro que es se incomoda ante todos esos rebrotes impetuosos anímicos, procedentes directamente de un subversivo inconsciente, que hacen del romanticismo eso que todos reconocemos.</p>
<div style="background: #E9E9E1;">
<p><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 1.1em;">Cuarto, la adentridad fáctica se veía también en la sumisión resignada e incuestionable del pueblo al destino, a las vicisitudes y rigores de la naturaleza, a los caprichos de los gobernantes, a los caminos inescrutables de Dios.</span></p>
<p><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 1.1em;">Quinto y último, si como pretendía Jung, los primitivos australianos, por ejemplo sacrificaban dos tercios de su vida consciente a lo que él llamó la &#8220;vida simbólica&#8221; (Jung, 1939, § 649) y si la vida pública y privada del pueblo en todas las otras culturas anteriores similarmente tenía su centro en sus cultos, vemos que el mirar hacia arriba era más que una inconsecuente actitud subjetiva, era una realidad práctica. Desde un punto de vista estrictamente financiero, es absolutamente sorprendente, por ejemplo, cuánto invirtieron los Egipcios en sus pirámides y tumbas, lo cual no servía a ningún fin práctico inmediato para la supervivencia. Expresaba su dedicación metafísica a algo mayor, en lo cual la existencia humana estaba contenida como un todo. </span></p>
</div>
<p>Éstas son unas consideraciones que a mí me interesan especialmente. Cuando tienes que analizar cómo es verdaderamente una persona lo primero es tomar nota de a qué dedica su dinero, sus recursos, su tiempo. Lo mismo que un &#8220;te quiero&#8221; no significa nada si no va acompañado de una notoria demostración, lo que las personas definan como sus más altos ideales, si no va acompañado de unas ostensibles preocupación y ocupación en esa dirección, es un engaño y un autoengaño. Por eso es muy fácil saber cuándo Europa, como sociedad, abandona su último mito religioso: cuando deja de construir catedrales. Y ya se da ahí esa pérdida, aunque la inercia y el costumbrismo alarguen por siglos ciertos ademanes culturales procedentes de ese período anterior. Sin que sea óbice para que se sigan dando hasta hoy mismo, como se dieron siempre, poderosas vocaciones particulares o subgrupales.</p>
<p>&#8220;<span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 1.1em;">Vemos que el mirar hacia arriba era más que una inconsecuente actitud subjetiva</span>&#8220;. Precisamente porque quiere argumentar en dirección contraria nos descubre aquí Giegerich que parte de pensar en lo mítico como una mera proyección de lo psíquico, entendido además lo psíquico como algo solamente subjetivo. Claro que el mirar hacia arriba siempre es algo más que una inconsecuente actitud subjetiva. No hace falta demostrar ahora que se trata de otra cosa, encima trayendo argumentos periféricos. Lo junguiano no entiende lo Inconsciente Colectivo como algo interior, como una cuestión sólo de imaginación humana, por más importante que sea ésta para nosotros. En la observancia del mito se están honrando leyes sobre el comportamiento individual y social, y también de la naturaleza y el cosmos. ¿O acaso está traída de los pelos las relaciones de la psicología analítica con la física cuántica, la astrofísica o la biología? Parece que él parte de la idea de que sí&#8230;</p>
<p>&#8220;<span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 1.1em;">La adentridad fáctica se veía también en la sumisión resignada e incuestionable del pueblo al destino, a las vicisitudes y rigores de la naturaleza, a los caprichos de los gobernantes, a los caminos inescrutables de Dios</span>&#8220;. Así era y así es. Antes explícitamente, ahora tácitamente. En contra de lo que cree ver Giegerich, no hay cambio sustancial en la realidad y en el alma en el paso del mundo antiguo al moderno. Hay un cambio dramático, eso sí, en la perspectiva del ego. Que él piensa es evolutivo, y yo, en muchos aspectos (aunque acepto que no en todos), involutivo. Lo diré otra vez: la religión no se crea ni se destruye, sino sólo se transforma. Cuando se transforma el dios en contenido intelectual, el destino en utopía sociopolítica, y el pensamiento mágico pierde la credibilidad, entonces ha ocurrido una grave involución, porque el Hombre se ha apartado lo más que puede de la Naturaleza, parapetándose en el ego. Que se cree libre. Pero es meramente una creencia. Y de las más falaces y peligrosas, aunque a Giegerich no se lo parezca en absoluto.</p>
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<p><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 1.1em;">Todo lo que se ha descrito en relación con la contención metafísica del hombre en la naturaleza durante las edades del mito y de la metafísica ya no existe más. En la era moderna, que comenzó en el siglo XIX, Atlas perdió su trabajo; ya no hay más arriba y abajo en un universo en el cual la tierra ya no es más el centro, ya no hay más Midgard. Las ideas de centro, de arriba y abajo, se han convertido cosmológicamente en sinsentidos. Sin Atlas que constantemente sostenía y separaba al Cielo de la Tierra, los padres del mundo han caído el uno sobre el otro en la positividad, de manera que ha desaparecido la diferencia metafísica entre Cielo y Tierra, así como la diferencia entre la tierra, la luna, el sol, los planetas, y las estrellas. La dualidad esencial de este mundo terrenal, por un lado, y el mundo trascendente por el otro, simplemente se ha ido, estado que se refleja en la búsqueda de una fórmula uniforme del mundo. Ahora hay positivistamente sólo una sustancia metafísicamente homogénea a partir de la cual se construye en su conjunto todo el &#8220;universo&#8221; (¡ya no hay más kósmos!) [...] De modo semejante, las ideas y los conceptos han perdido su estatus previo de última realidad en tanto que &#8220;universales&#8221; en el sentido neoplatónico de la palabra, es decir, en tanto que realidad superior a la del particular y del individuo concreto, que anteriormente sólo poseía realidad en tanto participaba y estaba subsumido, o contenido en un universal. La imagen más clara de esto es la liberación sexual. Anteriormente había una idea muy clara de lo que era &#8220;un hombre&#8221; y &#8220;una mujer&#8221;, así como su verdadera naturaleza y por lo tanto sus papeles en la sociedad. El concepto era physei, es decir, expresaba inmediatamente, o mejor dicho, era la naturaleza y la verdadera realidad de las cosas y de las personas. El individuo particular tenía su verdad y realidad sólo en y a través del concepto, y por esta razón se consideraban &#8220;no reales&#8221;, &#8220;falsas&#8221;, perversas, no verdaderas las conductas que se desviaban de tales definiciones, como por ejemplo la de los homosexuales, a pesar de que de hecho ocurrieran. Hoy en día, lo único real es lo que de hecho ocurre en los individuos en toda su diversidad, y las ideas, los conceptos y los roles son vistos solamente como construcciones humanas. El singular se ha emancipado del concepto universal, el cual hoy, de hecho, se reduce a un flatus vocis o se experimenta como un mero instrumento humano de opresión.</span></p>
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<p>Esto es de una importancia radical. Está muy, pero que muy bien traído. La intuición, por un lado, una y otra vez se recrea en la captación de un cosmos sustentado en pares de opuestos, cuya formulación más honda y paradigmática es el mandala Yin Yang del taoísmo, y, por otro, en la absoluta realidad de lo sistémico, en la tangibilidad de los <em>universales</em>, tema que empecé a desarrollar prolijamente <a href="http://www.odiseajung.com/blog-jung-odisea/2009/04/platon-descartes-kant-jung-sobre-la-solidez-del-pensamiento/" target="_blank">aquí</a>. El pensamiento positivista, por el contrario, es esencialmente reduccionista, <em>democritiano</em>: &#8220;todo lo que hay son átomos y vacío&#8221;. Trata de encontrar la última realidad en un elemento, el más simple posible. Es unívoco. Entonces las escalas de valores se pierden. No hay, en efecto, arriba y abajo, así que vale todo y no vale nada. No puede ver diferencias sustanciales entre una casa de citas y una pirámide, pues la realidad última que ve en ambas es el ladrillo. Por cierto, nótese que acabo de recrear una dualidad en mi concepción del asunto ahora mismo.</p>
<p>Debe sernos obvio, tal y como traté en el artículo antes citado, que estas dos formas de crear conciencia y cultura giran sobre sí mismas históricamente y que en ningún caso puede verse el reduccionismo como una evolución de la visión sistémica. El reduccionismo en realidad no crea cultura, la deconstruye. Todo período de deconstrucción, de decadencia y reconstrucción, es reduccionista. Se desmontan los edificios ladrillo a ladrillo para volver a construirlos otra vez, con una forma nueva. La visión junguiana de las cosas viene como respuesta a nuestro particular período de decadencia. Es el aire acuariano que sopla desde el futuro. Justificar la permanencia en una etapa reduccionista es un pecado contra el auténtico devenir histórico.</p>
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<p><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 1.1em;">El culto de los antepasados ha sido reemplazado por la adoración de la niñez y la juventud; en lugar de la orientación hacia el conocimiento de los antepasados muertos, de los ancianos sabios del pasado, y en vez del cultivo y el respeto por la tradición, la modernidad se caracteriza por la necesidad de originalidad individual y por la constante innovación, así como el deleite en la irreverencia y en la provocación (¡arte moderno!)</span></p>
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<p>Hay que entender que una época reduccionista está a la espera del Superhombre, el Salvador, el Héroe, cuya epifanía comienza, naturalmente, con el Puer. Si esa energía Puer no logra materializar los valores del Padre, del Anciano, todo queda en rebeldía sin causa, en revolución que es involución y en una proliferación desmedida de arte basura. El Puer es aquella fuerza que viene a destronar al destronador Saturno, el demiurgo, el regente en los períodos deconstructivos, para devolver el reino al abuelo Urano. Medítese en estos símbolos.</p>
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<p><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 1.1em;">Amenazar con los horrores del vacío es una estrategia usual de aquellos que insisten en el significado. Otra estrategia favorita para el mismo propósito consiste en interpretar el cambio que ha ocurrido en términos de una psicología de la culpa. El cambio es visto como una caída, como una decadencia, como un error, como una enfermedad; se debe a nuestra culpa, a nuestra Hybris, a nuestro descuido y a nuestro olvido. Es todo culpa nuestra. Occidente ha dilapidado su herencia espiritual, decía Jung (ibid.). Hemos sido demasiado racionalistas, o demasiado patriarcalistas, o demasiado unilaterales. De modo que ahora, con esta concepción tenemos que humillarnos y volvernos hacia el desconocido inconsciente como la verdadera fuente del significado.</span></p>
<p><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 1.1em;">Esta estrategia opera con una escisión estructuralmente neurótica entre el alma y el ego, el alma y el intelecto racional. Sigue la idea de que &#8220;omne bonum a deo, omne malum ab homine.&#8221; (14) Incluso si el mismo Jung ocasionalmente estaba dispuesto a afirmar que &#8220;estoy convencido de que el creciente empobrecimiento de los símbolos tiene un significado&#8221; (Jung, 1954a, § 28), esto implicaría que el empobrecimiento de los símbolos es un desarrollo necesario en la historia, o en la historia de la alquimia del alma, y no nuestro hacer, sin embargo su posición dominante era la de que esto era culpa nuestra. </span></p>
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<p>Otra vez regresamos a la paradoja de Prometeo. El jaleo del pecado original. Debería saber Giegerich que no va a desatar ese nudo gordiano cortando y obviando una de las dos mitades en esta dialéctica. Prometeo es un héroe salvador y un pecador. Judas, en cierto modo, es lo mismo también. Que alguien gracias a una gran desgracia, por ejemplo, un atentado terrorista, encuentre su auténtico lugar en la vida, no exculpa a los terroristas de su terrible acto. ¿O sí? Bueno, si en vez de terroristas les llamamos revolucionarios, porque nos adherimos a su causa&#8230; Qué lío, sí. Todo esto es bastante complicado para la razón. La mejor postura es, por ende, la de Jung, que oscila entre las dos. Pero tratemos de simplificar el problema usando una metáfora esclarecedora: no hay error ni culpa en que el Sol se oculte por la noche, eso tiene que pasar así. Necesita renovarse. El error está en salir gritando por las calles con una vela que el Sol se ha muerto y no existe más, y convencerse y convencer al barrio de que hay que aprender a vivir en la oscuridad. Es el error más simple que existe, un sumar dos más dos igual a cinco. Es, sencillamente, mala ciencia. Visto así, no es tan complicado el juicio.</p>
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<p><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 1.1em;">Claramente, el encastramiento del hombre en la naturaleza ha terminado. Pero puesto que el sentido de &#8220;significado&#8221; no era sino otra cosa que la adentridad, es obvio porqué en los dos últimos siglos se tuvo que experimentar una pérdida de significado, (13) un sentimiento de alienación y de nihilismo. Como Jung (1939g) dijo, el &#8220;alma se ha vuelto solitaria, está extra ecclesiam y en un estado irredento&#8221; (§ 639). De modo semejante el alma ya no está solo extra ecclesiam, sino que está extra naturam. Con esta visión hemos regresado a nuestra discusión, y hemos proporcionado un sutil contrapunto al diagnóstico inicial de Jung cuándo afirmó, &#8220;No, evidentemente, ya no tenemos ningún mito.&#8221;</span></p>
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<p>Aquí vemos a Giegerich coqueteando con el paradigma psicoecológico: cuando el alma está fuera del mito, está también afuera de la naturaleza. Exacto. Por eso una vida sostenible, como se suele decir ahora, no puede ser si es <em>extra ecclesiam</em>. Ésta es la formulación más simple de este paradigma.</p>
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<p><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 1.1em;">Como modelo general para tal interpretación podemos apoyarnos en una concepción de Jung, muy diferente sin embargo, que parece más bien aislada en su obra y que parece no haber tenido consecuencias en su pensamiento ulterior. En su enfoque de los símbolos que se encuentra en la sección &#8220;Definiciones&#8221; de su Tipos Psicológicos (1971) (15) Jung escribe:</span></p>
<p><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 1.1em;">&#8220;En tanto un símbolo sea una cosa viviente, es una expresión para algo que no puede caracterizarse de ningún otro modo mejor. El símbolo está vivo sólo en tanto está preñado de significado. Pero una vez que su significado ha nacido fuera de él, una vez que se ha encontrado una expresión que formula la cosa buscada, esperada, o adivinada de manera mejor que el símbolo aceptado hasta el momento, entonces el símbolo ha muerto, es decir, sólo posee significación histórica. Podríamos continuar hablando de él como un símbolo, bajo el supuesto tácito de que estamos hablando de él como era antes de que hubiera nacido de él la mejor expresión&#8230; Para toda interpretación esotérica, el símbolo está muerto, porque el esoterismo ya ha dado de manera muy ostensible una expresión mejor, por lo cual el símbolo se vuelve meramente un signo convencional para asociaciones que ya son más y más cabalmente conocidas en otro contexto. Sólo desde el punto de vista exotérico el símbolo es una cosa viva&#8221;. (§ 816)</span></p>
<p><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 1.1em;">Aquí, por lo que respecta al significado de un símbolo, Jung opera con la imagen de la preñez y del nacimiento, y por lo que toca a la interpretación del símbolo, con las ideas de la perspectiva exotérica y esotérica. El símbolo es sólo la forma embrionaria inconclusa de un determinado significado. En la medida en que el símbolo está vivo, su significado aún no ha nacido, no ha visto plenamente la luz del día. El nacimiento del significado, a la vez, significa la muerte de su antigua forma embrionaria, es decir, la muerte de la forma del símbolo, y significa que su significado ha recibido una mejor expresión. La muerte de un símbolo, en tanto equivale al nacimiento de una formulación mejor de aquello de lo que habla, no implica que deba enfocarse como una catástrofe intolerable. Se trata de una transformación que ciertamente va acompañada de una pérdida, pero en última instancia es una ganancia, un progreso, al igual que lo es el nacimiento en el caso del embarazo biológico. Por lo tanto, así es precisamente el destino del significado, nacer a partir de su forma de mera preñez original (implícito, Ansichsein). </span></p>
<p><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 1.1em;">El movimiento de la mente que interpreta, en cambio, es el opuesto del movimiento del significado. En tanto que el significado aún está oculto en el vientre del símbolo, la mente lo ve o lo adivina desde fuera; esto es lo que Jung llama el punto de vista exotérico de la mente. El nacimiento del significado a partir del símbolo, va de la mano de la iniciación de la mente en el significado de modo que entiende el significado desde dentro mismo y es plenamente consciente de él; el significado se ha vuelto así explícito, comprendido conceptualmente (= la perspectiva esotérica), lo cual, sin embargo, equivale naturalmente a la pérdida de su mística. Se ha vuelto por lo tanto, desmitologizado y desacralizado y ahora es meramente un contenido común de la conciencia (como diría Jung, se ha vuelto un &#8220;signo convencional&#8221;).</span></p>
<p><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 1.1em;">De modo que tenemos que entender que la &#8220;adentridad del significado&#8221; (= cuando el símbolo viviente aún está meramente preñado con su significado) y un &#8220;punto de vista exotérico&#8221; son descripciones de la misma situación desde lados opuestos.</span></p>
<p><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 1.1em;">Este pasaje de Jung acerca del símbolo es uno de los raros momentos en que Jung se eleva a un verdadero pensamiento dialéctico en términos de una superación hegeliana.</span></p>
<p><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 1.1em;">Jung habló aquí de la historia o del destino del significado de los símbolos individuales. En el caso de la muerte de un símbolo individual a través de la transición de la conciencia individual de un punto de vista exotérico hacia uno esotérico, podría ocurrir que esta pérdida fuese compensada por la emergencia de un nuevo símbolo que está preñado con un significado diferente, de modo que aparezca una nueva fascinación. Esto es lo que de hecho ha ocurrido en la historia muchas veces; ha habido numerosos períodos de crisis cultural, en que los viejos dioses o símbolos habían perdido su convicción y los nuevos todavía no habían fascinado a la gente, pero iban emergiendo lentamente. Estos tiempos de transición fueron tiempos de sufrimiento empírico y temporal por la pérdida de sentido, mientras que la adentridad lógica fundamental continuaba, incluso en el período de su ausencia empírica. Este tipo de cambio y de problema podría compararse a la inquietud durante una mudanza, cuando uno ya no está en la casa antigua y todavía no se ha mudado a la nueva casa.</span></p>
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<p>Esto es trascendental. Estamos diferenciando <em>imágenes primigenias</em> de <em>ideas primigenias</em>, los símbolos de los contenidos filosóficos, las formas de la no-forma dentro de la fenomenología del espíritu, la imaginería del sueño de su interpretación. Muchas veces he denunciado que Jung y los junguianos se ocupan poco de tratar y traer a colación el asunto de las <em>ideas primigenias</em>. Una idea primigenia es por ejemplo aquello de &#8220;los universales son entidades reales. No son meras abstracciones lingüísticas, <em>flatus vocis</em>&#8220;. La religión está llena de imágenes primordiales y la filosofía de ideas arquetípicas. La cita de Jung no es muy correcta, por incompleta, y el comentario de Giegerich es directamente desafinado y desafortunado. Jung habla de los casos en que la idea primigenia desplaza a la imagen, lo cual es la dirección de la <em>gnosis</em>: desde la visión hacia la comprensión. Desde el sueño a la interpretación. Pero la <em>numinosidad</em> no se agota en ese proceso, ni mucho menos, cosa que Giegerich deduce apresuradamente desde las palabras de Jung, cuando no dan ningún pie a eso. Nada se vuelve &#8220;desmitologizado y desacralizado&#8221; (qué barbaridad&#8230;), ya que la energía trascendente que portan las ideas primigenias (las formulaciones metafísicas) es superior incluso a la de las imágenes. Por eso el dominio de la gnosis, del conocimiento esotérico, es el nivel superior de todas las formas místicas. Pero hay que añadir a las disquisiciones de Jung que no siempre una imagen agota su <em>numen</em> en la expresión de una idea metafísica contenida en ella. Hay imágenes que son como una matriz de significados, que irradian en tantas direcciones y afectan tantas áreas que resultan de validez prácticamente eterna, por más que destilemos desde ellas profundos pensamientos (invoquemos las figuras del Tarot, por ejemplo). Aún más: hay imágenes que parecen tener consistencia propia, como los difuntos que aparecen a veces en los sueños, y que son irreducibles <em>in toto</em> a una expresión mental, a una concepción que los reduzca a lenguaje, a representación. Son como <em>símbolos-cosa</em>. A veces cosas, sin más. Pensemos en la Astrología, por ejemplo. Esta misma semana he obtenido magníficos ejemplos del poder fáctico, objetivo, que puede animar la representación de un ídolo, incluso aunque ya no se crea desde hace siglos en él.</p>
<p>Por lo tanto, ni pasar de la imagen al significado intelectual que le es inherente la desacraliza, ni la inmanencia tiene por qué infectar a los símbolos, incluso aunque se crea que están muertos y vacíos ya de toda su trascendencia, ni es mero lenguaje todo lo que la psique ve más allá de los órganos de los sentidos. Otra cosa es la cuestión de la renovación de los símbolos y las ideas a lo largo de la Historia de una cultura, ese ocultarse para volver a salir del Sol que hablábamos antes. Tengo que decir que esta muerte y renacimiento de los dioses es un asunto que afecta mucho más a la vertiente exotérica que a la esotérica. Ahí afuera, en las sociedades y su literalismo inmanente, la gente y sus guías intelectuales cada tanto tiempo se decepcionan de que las promesas míticas jamás se cumplan, de que las tierras prometidas que todos los mitos pregonan sigan sin materializarse aquí abajo. También se hace necesario que cada cierto tiempo el mito se transforme para adaptarse a, para albergar, las nuevas creaciones tecnológicas y las nuevas adquisiciones culturales. Es así como decepcionados de los ángeles de antaño pasamos a ver hoy extraterrestres. Sin embargo, en el mundo del esoterismo se habla de <em>filosofía perenne</em>, de tradición. Se es consciente de que la enseñanza gnóstica es fundamentalmente la misma hoy y 10.000 años atrás. Hoy hablamos de arquetipos y de inconsciente, antes de Logos, o de Shiva. Es lo mismo. Existe una depuración, una amplificación, una traslación, una cierta evolución, en la gnosis, cierto. Pero el concepto de arquetipo, repito, contiene la idea de lo ancestral en paralelo con las de actualidad y vigencia.</p>
<p>Muchas cosas cambian, mientras que otras no.</p>
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<p><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 1.1em;">De modo que cuando el hombre nace en un sentido literal, no ha nacido en absoluto. Meramente ha intercambiado el útero biológico de la madre por un segundo útero, el útero espiritual, el saco amniótico de la mente, de las imágenes y los significados. El hombre no ha nacido directamente en su entorno. Ha &#8220;nacido&#8221; en su ser mente y alma. Un poco como los astronautas que realmente no se aventuran al espacio exterior, sino que permanecen en sus trajes espaciales o en sus naves espaciales que los protegen del espacio exterior, de modo semejante, el hombre, aún cuando literalmente y biológicamente ha nacido en su entorno, está lógicamente vestido en su traje espacial, o podríamos decir en su traje ambiental, o si se quiere decir así, está vestido en sus imágenes, ideas, conceptos y palabras. Cuando dije que el hombre nació en su ser mente y alma, esto fue un poco prematuro. La idea de que nació en un traje espacial de imágenes es más correcta. Hace evidente que la persona en el traje espacial y el traje espacial mismo en principio son separables como dos &#8220;sustancias&#8221; distintas. El hombre pre-moderno en tanto que individuo estaba en la mente y en el alma. Vivía fundamentalmente encapsulado en sus imágenes y concepciones. La mente y el alma estaban afuera, a su alrededor, en el mundo. Como hemos visto, las ideas y los conceptos eran inmediatamente reales, eran hipóstasis en el sentido Neoplatónico. Eran la verdadera naturaleza de las cosas. Por el otro lado, hay una limitación en la imagen del traje espacial. Porque sugiere algo demasiado rígido. De modo que, cambiemos a otra imagen y digamos que el hombre estaba flotando en la mente y en el alma como en su segundo líquido amniótico. </span></p>
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<p>El movimiento junguiano es la respuesta que se ha dado dentro de la historia del pensamiento a las formulaciones de una Ilustración, de un Nietzsche, de un Freud: puedes pretender matar a Padre y Madre, a Diosa y Dios, pero sólo destruyes su apariencia. Puedes quemar iglesias, pero la religión continúa intacta. Puedes despreciar la metafísica en los libros y en la cultura, pero sigue formando parte de tu sangre. Puedes quitarte el rígido traje espacial, pero sólo para descubrir que el traje espacial es también tu esqueleto.</p>
<p>En esoterismo hablamos del segundo nacimiento, el que de verdad convierte al Hombre en adulto, y emancipa de ese traje rígido espacial que significan la familia carnal y la cultura en general en la que tuvo lugar el primer nacimiento. Pero seguimos tratando con Padre y Madre celestiales, con Shiva y Shakti, pues la libertad del ego no significa en realidad nada que no sea la capacidad de ponerse al servicio de todo eso que está por encima de él y frente a lo cual tiene que rendir cuentas como hijo obediente.</p>
<p>Es obvio que Giegerich tiene un concepto lineal del tiempo. Ve la evolución filogenética humana como una línea evolutiva ascendente, y la compara con la ontogénesis individual, el viaje del feto al viejo. Pierde de vista completamente el aspecto circular del tiempo, el Ouroboros, la cadencia del Samsara. Ni siquiera se da cuenta de que este período iconoclasta de la Humanidad ya lo atravesaron los hombres muchas veces antes. Muchas veces ha ocurrido ya que el Hombre se sintiera primero libre al destrozar sus viejos ídolos y luego desolado. Rebuscando desesperadamente los añicos para volver a rearmar las piezas. Debemos tener claro que la razón científica es un instrumento tecnológico prodigioso, que, en ese aspecto, supera al pensamiento mágico, el cual no tiene ninguna pretensión de ser ni industrioso ni industrial. Pero el pensamiento mágico es una instancia más adulta, más madura y más evolucionada que aquel en todo lo demás. Digo algo así, rompedor y retante, para que se note que la inconoclasia no es una característica propia sólo del pensamiento cientifista.</p>
<p>El Hombre moderno, en ese pretendido estado de madurez histórica, sin embargo no hace otra cosa que mirar hacia su niñez en busca de traumas y disfuncionalidades para entender la amargura de su vida adulta. Ve el mundo igual a los 15 que a los 95 años. Las mujeres modernas son caprichosas como niñas mimadas y los hombres sensibleros y cobardes como niños débiles y asustadizos, ambos irresponsables y narcisistas. Malcriados. No hacemos más que protestar exigiendo a mamá Estado que nos mime, que nos done, que nos ampare. Toda nuestra pretendida libertad se deshace en el miedo enfermizo con el que nos enfrentamos a los rigores de la vida. Nos hemos convertido en tan dramáticamente ingenuos que queremos conjurar con nuestras ruidosas declaraciones sobre lo que creemos que son nuestros derechos universales las universales y arduas responsabilidades que nos impone la madre naturaleza.</p>
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<p><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 1.1em;">El animal se ve llevado desde dentro de sí mismo por instintos, como empujado por detrás. Esto es fundamentalmente inconsciente, tiene sus leyes contenidas en sus mecanismos de liberación, incorporados físicamente e innatos, siempre empujándolo como por detrás suyo. El hombre, por contraste, tiene el equivalente de los instintos, las leyes o la lógica de su naturaleza humana y de su vida, ya no en sí mismo en forma de mecanismos de liberación, sino, fuera de sí mismo, como en el horizonte del mundo en el que vive (en el cosmos, en las estrellas, en las cosas y acontecimientos de la naturaleza) y los tiene en la forma de figuras y mensajes divinos. Y el conocimiento acerca de la lógica de su naturaleza le llega al hombre fundamentalmente más tarde, a posteriori, en parte como visiones espontáneas, revelaciones o apariciones, en parte como algo que se lee en el mundo, en parte y mayormente a través del antiguo almacén tradicional de imágenes y concepciones del pueblo que han sido transmitidos y llenados de vida en cada nueva generación. Este es el motivo por el cual el hombre es fundamentalmente consciente, por naturaleza e inalienablemente, por tanto: las &#8220;leyes&#8221; de su naturaleza, están delante de su mente, tienen la forma del conocimiento para él; las ve ahí afuera (percibidas mítica o imaginalmente) en el mundo natural como si fuera un espejo. Él es &#8220;sobreanimal&#8221;, hombre, humano, porque ha abandonado el adentro inconsciente (los instintos) a cambio de tener sus &#8220;leyes&#8221; ahí afuera en la forma de un horizonte que lo envuelve, y porque ha abandonado la naturaleza mecánica de las leyes naturales arraigadas en el cuerpo individual a cambio de la forma del conocimiento de sus &#8220;leyes&#8221; de manera mental, nocional, conceptual, cultural y comunal. El antiguo símbolo de los árboles que tienen sus raíces en el cielo y que crecen hacia la tierra, podría reflejar justamente la inversión que aquí se está discutiendo. </span></p>
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<p>Párrafos muy lúcidos en lo que tienen de obvio, problemáticos cuando se lanza a argumentar otra vez apoyado en su leitmotiv &#8220;lo instintivo es inconsciente y lo espiritual consciente&#8221;, aunque aquí concede al menos que la conciencia de sus designios espirituales &#8220;<span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 1.1em;">le llega al hombre fundamentalmente más tarde, a posteriori</span>&#8221; (o sea, que antes era algo inconsciente). La cuestión es que todo el mundo sabe cabalmente desde muy pequeño lo que tiene que hacer cuando tiene hambre y sin embargo se tardan a veces décadas en comprender lo que un sueño te envió en clave simbólica acerca de lo que deberías hacer con tu vida. Los hindúes dirían que se tardan miles de reencarnaciones en hacerse consciente del espíritu. Señalemos la obviedad de que si <span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 1.1em;">&#8220;el hombre [...] tiene las leyes o la lógica de su naturaleza humana y de su vida [...] fuera de sí mismo&#8221;,</span> eso ni quita que esté al mismo tiempo empujado por los instintos, como cualquier otro animal, ni convierte al <span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 1.1em;">&#8220;cosmos, las estrellas y las cosas y acontecimientos de la naturaleza&#8221;</span> en algo consciente, comprensible y legible (hoy o lo más tardar pasado mañana) como sí lo es un código moral o penal. El verdadero misterio, eso abismal e ignoto, está en el plano espiritual del arquetipo, en la formulación intuitiva, en el mito y el símbolo, aunque sea desde ahí desde donde se construye la máxima complejidad y esplendor de eso que llamamos conciencia. Pero lo hacemos a duras penas, abriéndonos paso en una densa bruma, discutiendo interminablemente (con nosotros mismos y los demás) sobre las leyes morales, científicas y metafísicas que vamos barruntando. La zona instintiva en sí, sin embargo, es bastante accesible. Tengamos presente que mientras Freud creyó descubrir que lo inconsciente estaba cargado de misterios sexuales, la realidad es que el sexo en sí no tiene misterio ninguno como instinto, y todo el del mundo como depositario de una gigantesca carga espiritual, mítica, que le subyace. Esto no lo vio Freud precisamente porque le era inconsciente esa parte, mas no la biológica, claro. Así que no tuvo más remedio que representarse lo banal como trascendente.</p>
<div style="background: #E9E9E1;">
<p><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 1.1em;">Además: ¿realmente lo vuelve a uno neurótico la falta de “la cosa única”, el significado? Sostengo aquí que no hay ni un sólo caso dónde la falta de significado en la vida fuera causa de enfermedad. Usando una figura de pensamiento nietzscheana, digo que “es un fallo filológico: uno confunde continuamente la explicación con el texto”. El sufrimiento por la falta de significado y de dirección es “una formulación, no una causa” (Nietzsche, 1956, p. 306ff., # 953) de la neurosis. Es la expresión de una pretensiocidad neurótica, una demanda de pomposidad metafísica. Es el engaño de que la vida sólo es vida si, como en las carreras de perros, hay la salchicha o algo que perseguir sin nunca poder alcanzarla. Por lo tanto una persona que busca esa cosa única preciosa, el significado, “es como una bestia sobre un suelo desnudo obligado a girar en círculo por un espíritu maligno, mientras a su alrededor hay hermosos prados verdes”.</span></p>
<p><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 1.1em;">Jung se negó a ver ésto. Ciertamente, vio el peligro de una búsqueda inútil. Una vez dijo que “en mis muchos viajes he encontrado gente que estaba dando ya su tercer vuelta al mundo—ininterrumpidamente. Sólo viajando, viajando, buscando, buscando.” A una mujer así, Jung le preguntó, “‘¿Para qué? . . . ¿Qué está tratando de hacer con esto?’ Y me sorprendí cuando miré en sus ojos—los ojos de un animal acorralado, cazado. . . . Casi poseída.” Pero luego continúa “¿Y por qué estaba poseída? Porque no vive una vida que haga sentido. La suya es una vida totalmente, grotescamente banal, completamente pobre, sin significado, sin sentido en absoluto. Si muriera hoy, nada habría ocurrido, nada habría desaparecido— porque ella no es nada. Pero si pudiera decir, ‘Soy la hija de la Luna. Cada noche tengo que ayudar a la Luna, mi Madre, a que cruce el horizonte’ —¡ah, entonces sería otra cosa! Entonces estaría viva, entonces su vida haría sentido, y haría sentido en toda su continuidad, y para toda la humanidad” (Jung, 1939, § 630). Y, podríamos añadir, entonces estaría curada.</span></p>
</div>
<p>¿De qué estamos hablando entonces, Giegerich? ¿Tú has atravesado una neurosis? ¿Has profundizado en ella? ¿Tienes experiencia real, personal, de lo que significa <em>individuación</em>? ¿En qué te basas para hablar así? ¿En tu mente lógica? Sólo con este párrafo el autor nos obliga a pensar que todo lo que &#8220;escribe es pura paja&#8221;, parafraseando a Tomás de Aquino. Pero sirve para escribir libros y redactar entradas en blogs. Así que seguimos con la cháchara:</p>
<div style="background: #E9E9E1;">
<p><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 1.1em;">Pues la adentridad en la situación pre-moderna también había sido contenimiento en el lenguaje. Cuando uno tiene el propio lugar lógico dentro del lenguaje, las palabras como hechos concretos (como sonidos fonéticos), como medios fácticos de expresión, pasan totalmente inadvertidas. Las palabras hacen su trabajo, pero no se saltan a primer plano. El hombre aquí está completamente entregado al significado de los sonidos; se demora únicamente en las ideas o en las cosas y acontecimientos aludidos por el lenguaje, usando las palabras y sus sonidos solamente como algo para saltar al reino del significado. (19) La conciencia flota en los significados. Las palabras y la gramática, es decir, el lenguaje como tal, se daban por supuestos, un poco como un pez que toma el agua como el elemento de su vida por supuesto. Aunque las palabras, las sílabas, los sonidos del lenguaje, por supuesto, no hacen su función como ciegos agentes silenciosos, sin embargo se vuelven audibles sólo para morir inmediatamente y, porque sólo desvaneciéndose como sonido pueden realizar su trabajo como portadores de significado. La muerte o la superación de las palabras como sonidos es el significado de la frase. Este y el hecho de que la conciencia más o menos viviera exclusivamente con su significado, es por lo cual las palabras, las frases, las imágenes poéticas, son aquí inmediatamente lo verdadero y lo real. (20) Ellas son Sachen selbst [las cosas mismas]. La invocación que en el siglo XX hace Husserl, &#8220;Hay que volver a las cosas mismas,&#8221; no hubiera hecho ningún sentido aquí. El lenguaje aquí, es en sí mismo simbólico (en el sentido en que Jung habla de una vida simbólica), si no epifánico (por supuesto epifánico en el nivel mental o lógico, no experiencialmente o religiosamente). Esta naturaleza simbólica del lenguaje, sobrevivió incluso en la emancipación explícita de la mente en el pensamiento filosófico durante el curso de la Edad Media en la que hubo la gran disputa acerca del Realismo de los universales y la emergencia del Nominalismo.</span></p>
</div>
<p>Aquí regresa a sus preocupaciones sobre la forma y la no-forma, el significante (símbolo) y el significado (la idea filosófica), pero reduciéndolo todo al final, significante y significado, a epifenómenos psíquicos, a <em>viento</em> intelectual. Aquí casi se autodefine <em>nominalista</em>. Se nota mucho que sólo ve mente, pensamiento, razón, delante de sus narices, y que estos, los suyos, lo tientan a sólo ver en el mundo objetos individuales y separados, la primaria percepción de los sentidos, lo opuesto al pensamiento mágico, platónico, junguiano, sistémico. Olvida que el Logos no son meras palabras como constructos de nuestro intelecto (tan humanas, demasiado humanas), ya que las <em>ideas primigenias</em>, las ideas metafísicas, arquetípicas, tienen vida propia. Alteran el talante, el carácter, y el destino. Son mágicas: si se invocan pasan cosas extrañas.Es más: <em>aunque no se invoquen, están presentes</em>, como los duendes. Por supuesto que su epifanía no es solamente a nivel mental, o lógica, sino que es fundamentalmente experiencial y religiosa. Me atrevo a decir: la naturaleza, desde antes de que existiera el hombre, desde el principio, es, en sí, la epifanía del pensamiento de los arquetipos. Este mundo está hecho de palabras.</p>
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<p><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 1.1em;">Por supuesto, &#8220;Dios ha muerto&#8221;, como dijo Nietzsche, y por supuesto, &#8220;Ya no hay dioses a los que podríamos invocar para que nos ayuden&#8221;, como dijo Jung. ¿Cómo podría haber dioses, cómo mirar hacia arriba si no hay ni arriba ni abajo en el sentido metafísico, ni hay ningún Atlas que sostenga el Cielo y lo mantenga apartado de la Tierra, y si el hombre esencialmente mira hacia abajo al planeta Tierra y a sí mismo desde el espacio exterior? Los dioses sólo pueden ser para el pez que nada dentro del agua, para una conciencia que todavía está contenida en el saco amniótico de sus imágenes y de sus ideas que aún son percibidas como sustancias, como hipóstasis Neoplatónicas, como la verdad de la naturaleza misma, como cosas-en-sí mismas</span></p>
</div>
<p>Vuelve a la carga. Y yo: lo junguiano precisamente es un recolocar las cosas en ese orden que se perdió después de la Edad Media, un volver a darle trabajo a Atlas: el mundo aquí, lo inconsciente colectivo allá, el cielo allí, la tierra debajo, los hombres caminando entre ellos&#8230; ¿Qué triunfo podría esperar el neoplatonismo más grande que el redescubrimiento de la naturaleza, el redescubrimiento de los arquetipos? Giegerich sigue pensando que lo arquetípico es solamente psicológico, subjetivo, imaginal.</p>
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<p><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 1.1em;">Una vez que el hombre ha aprendido a interferir con la naturaleza misma, y por lo tanto a superarla, haciéndose cargo de ella, una vez que el pez ha emergido de las aguas y se ha trasmutado en Acuario, toda la lógica o el modo de mirar hacia arriba, como tal, se han acabado. E ipso facto la misma noción de &#8220;dios&#8221; se ha vuelto imposible, en tanto que los dioses no son sino, figuras personificadas imaginales, en las que se han congelado y se han vuelto objetivas para la conciencia las diversas formas de mirar hacia arriba o de adoración. Acuario mira hacia atrás desde arriba, a las aguas desde las cuales ha emergido, y mira desde arriba al pez en las aguas, cómo un elemento perimido y descartado de su historia previa. La condición de posibilidad de lo sagrado, de lo numinoso, de los misterios de la vida simbólica, del mito y la religión—cada uno de ellos tomado de acuerdo a su determinación suprema—ha desaparecido.</span></p>
<p><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 1.1em;">¿Porqué los símbolos y las ideas religiosas son obsoletos, porqué los rituales, en el mejor de los casos, son bienes de consumo, porqué las prácticas religiosas no son más que una afición (elevada, espiritual)? Porque están fundamentalmente superados [sublimados]; ya no tienen ninguna tarea lógica para la conciencia. La tarea que la religión tuvo una vez, ya se ha cumplido. El &#8220;significado&#8221; con el que una vez estuvo preñada la religión, ha nacido de ella, ya se ha encontrado la &#8220;mejor expresión&#8221;: la conciencia ha captado el mensaje que se había proyectado fuera como su contenido, como símbolos en el sentido de Jung. La religión había sido la representación objetiva en forma imaginal o conceptual de la lógica interna de la existencia humana. Pero ahora la conciencia ha integrado su contenido anterior dentro de sí misma, como la forma de su constitución lógica. Mientras que antes la conciencia había tenido su verdad o su lógica, su self y su esencia superior, ahí afuera como sus contenidos objetivos e ipso facto había tenido que mirar hacia arriba, esta verdad entre tanto, ha vuelto a casa a la conciencia misma; así como un terrón de azúcar se disuelve en el café, así lo que anteriormente se había visto como una sustancia sólida se ha disuelto en la forma misma de la conciencia. De este modo, aparentemente ha desaparecido, pero aún sigue allí: sólo ha desaparecido como objeto concreto visible (o imaginal), pero en cambio está presente como una cualidad: la dulzura del café, la forma lógica de la conciencia, sus categorías. La conciencia se ha reconocido a sí misma, su propia estructura, en sus contenidos previamente proyectados o extrayectados. Los ha comprendido como el auto-retrato de la mente. </span></p>
</div>
<p>Qué forma tan curiosa de definir las funciones de Acuario&#8230; Von Franz dice algo opuesto: Acuario, conscientemente, alimenta a lo inconsciente vertiendo agua en él. Así, von Franz y Jung acabaron sus días tratando de hacerle entender a los teólogos católicos que ellos habían encontrado una vía de renovación de su religión, un ánfora desde la que verter nueva agua en el ya seco cauce. Pero, como el mismo cristianismo sabe: no sirve de nada verter vino nuevo en odre viejo. Es cierto que nuestra prometeica ciencia, nuestro prometeico interferir en la naturaleza misma es un rasgo acuariano. Pero el mito de Acuario no se detiene ahí, así como el mito prometeico no se detiene en el robo del fuego sino que se continúa en el mitema del castigo divino. Ni Prometeo ni Lucifer desbancan a los dioses primigenios. La psicología junguiana tampoco, evidentemente. En la perspectiva de Giegerich, sin embargo, afectada de psicologismo, del reductor &#8220;no es más que cosas de la mente&#8221;, pareciera que la revelación junguiana viene a asestar la puntilla esotérica a la estocada mortal que el positivismo ilustrado había asestado ya a todo el aparato exotérico de lo religioso. Se olvida que Jung se construyó un torreón (¡el retorno de la catedral!), donde vivía como en la Edad Media. Se olvida que Jung se acabó comportando en la vida como un arcaico mago, hierofante, como si hubiera reencarnado tres mil años atrás. Se olvida que la interpretación de sueños convierte al profesional en el antiquísimo sacerdote del serapeo. La <em>katoché</em>, los ascéticos votos que abrazaban los oniromantes griegos y egipcios podrán ser vistos por la conciencia actual como rancios y retrógrados, pero, al contrario, para nada están obsoletos. En definitiva, se olvida de que la individuación saca al hombre de este tiempo y lo lleva al <em>illo tempore</em>, desde el que hablar del pasado y el futuro de la religión se vuelve paradójico&#8230;</p>
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<p><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 1.1em;">Por lo tanto, predicar aún la religión con honestidad -en lugar de verla, apreciarla, y estudiarla de manera estrictamente histórica- significa llevar leña al monte. Es como regalar un manual de lectura a un universitario, o si consideramos el carácter opresivo y embrutecedor de tales esfuerzos, es como tratar de comprimir un adulto dentro de una cuna.</span></p>
</div>
<p>Léase lo anterior.</p>
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<p><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 1.1em;">Los dioses no se han vuelto enfermedades, como nos querían hacer creer Jung y Hillman, sino que se han vuelto recuerdos, recuerdos de modos previos de la manera del hombre de ser-en-el-mundo. He hablado de &#8220;vidas pasadas&#8221; y de &#8220;elementos descartados y caducos&#8221;. También podría hablar de lo que se ha vuelto obsoleto. Empero, esto necesita alguna precisión. Lo que ha sido descartado no son los elementos y los contenidos mismos, sino, su o nuestra pretensión de existir en el status de una realidad presente de numinosidad, de misterios sagrados. Esto habían sido para el pez. Para Acuario, aún están aquí y ciertamente incluso como fuente de inspiración, pero sólo en Mnemosyne. Son presencias históricas. </span></p>
</div>
<p>Si él no cree a Jung y a Hillman, seguro que a mí tampoco, pero yo afirmo lo mismo que ellos. Ni Freud pudo evitar acercarse a la Psique y empezar a hablar poseído por la mitología griega, obsesionado por su numinoso Edipo por aquí y por allá. ¿Ésa es la actitud que el filósofo quiere que vuelva a tener la Piscología profunda? ¿La de los mitos como mera inspiración, digamos artística? Pues que despierte, porque lo junguiano es justo lo que ocurre si empiezas a desenterrar viejas tumbas jugando a las metáforas con la religión. Ya ocurrió esa evolución, no podemos regresar atrás. Y si regresamos, será para volver a llegar a este mismo lugar. ¿A cuento de qué algo es fuente de inspiración si no está cargado de una energía genuina, actual y eficaz? Para Acuario, lo junguiano es el referente, lo que estaba agazapado detrás del coqueteo diletante, llamémoslo así, de lo freudiano, ese &#8220;casi sí pero no&#8221;.</p>
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<p><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 1.1em;">No hay más que un modo en que la religión puede aún hoy ser una realidad presente y no sólo un bien de consumo o una afición. Bajo las condiciones de la modernidad el precio por dar a la religión el status de realidad presente, es sin embargo, que tiene que reducirse al grado cero de sí misma, la religión sin ninguna dignidad, sin ningún contenido sustancial, y sin ninguna apercepción consciente. ¿Dónde se muestra hoy la religión como una realidad presente? Sólo en los actos momentáneos de ciertos crímenes irracionales, absurdos: en la action directe de los bombardeos, por ejemplo, el caso de Unabomber y los disparos de los institutos Columbine and Erfurt, en ciertos casos de abuso sexual y de asesinato de niños, etc. Aquí, lo numinoso es una realidad inmediata, como un tremendum irrumpiendo a través de la indiferencia y la &#8220;banalidad&#8221; de la vida cotidiana, y como un poder abrumador &#8220;religiosamente observado&#8221; por los individuos que cometen éstos crímenes, quienes usualmente abandonan por su pasión cualquier esperanza de felicidad futura. Pero lo numinoso es aquí una realidad sólo por un breve instante, sin ningún contenido sustancial dignificado, totalmente abstracto y absolutamente ciego, que no trae la menor recompensa espiritual (bendición, iluminación, experiencia de significado) para nadie. Es tan sólo la caparazón vacía de la religión, es decir, la forma desnuda, abstracta de lo sagrado, y como tal, la forma legítima de religión como realidad viviente hoy en día.</span></p>
</div>
<p>¿En qué quedamos? Justo el filósofo acababa de decir que los dioses no se han vuelto enfermedades, para correr a decir inmediatamente que lo religioso lo volvemos a encontrar hoy en la sombra morbosa del hombre actual. En su neurosis, en sus brotes psicóticos, en los raptos de su voluntad por impulsos altamente coercitivos, en todo lo que la sociedad define como enfermo, como patológico, como inaceptable.</p>
<p>Dicho de un modo más preciso, cuando lo religioso desaparece de la directriz cultural la esfera del amor y el odio se cargan con una numinosidad extra. Se esfuma la observancia hacia los rituales sagrados y se multiplica en la sociedad la obsesión por los rituales del sexo y la guerra. Es falso que desaparezca toda esperanza de felicidad futura: el amor y sus mieles son la única gran promesa que sostiene la vida de las personas cuando se ha perdido la fe en todo lo demás. Otra cosa es si esa fascinadora promesa es tan engañosa como la del Reino de Dios en la Tierra o no.</p>
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<p><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 1.1em;">Por lo tanto, el temor de que a través de la muerte de Dios el hombre se infle, o que a través del hecho de que con los enormes avances de la física nuclear y de la biología genética junto con las correspondientes tecnologías, ahora haya en las manos humanas increíbles poderes para crear y destruir -el miedo que el hombre se haya vuelto semejante a &#8220;Dios&#8221; o &#8220;igual a Dios&#8221; carece de fundamentos. Encontramos este miedo expresado en Jung: &#8220;Nunca antes se le dio a manos del hombre un poder tan absoluto de destrucción. Es un poder semejante a los ‘dioses’ que ha caído en manos humanas. La dignitas humani generis se ha dilatado hasta una grandiosidad verdaderamente diabólica&#8221; (Jung, 1973b, p. 225, a Pater Lucas Menz, 22 de Febrero de 1955). (26) Este miedo, además de no tener fundamento, se contradice a sí mismo; implica que no se permite que ocurra en absoluto el dejar a atrás el mirar hacia arriba como tal, que es el mensaje específico de la afirmación de &#8220;la muerte de Dios&#8221;; que en cambio se imagina una mera transferencia: el hombre se concibe como mirando todavía hacia arriba, sólo que ahora en lugar de mirar a Dios, se mira a sí mismo, y de manera semejante se asigna ahora un aura y una luminosidad a sí mismo. No ocurre que la dignitas humani generis se haya dilatado hasta una grandiosidad verdaderamente diabólica, sino que Jung emplea categorías infladas con las cuales interpreta el cambio histórico, un cambio que observa adecuadamente. Lo que está inflado y mistifica es la conciencia que usa términos como &#8220;diabólico&#8221; y &#8220;semejante a los dioses&#8221; para este avance tecnológico y para el avance de la conciencia. La adquisición del poder destructivo y creativo que ahora está en las manos del hombre sólo es cuantitativamente diferente de la conquista del fuego y de la invención del arco y de la flecha por el hombre primitivo, pero no cualitativamente. No se trata que el avance prehistórico sea inofensivo, y que el de hoy sea diabólico. </span></p>
</div>
<p>Yo retaría a Giegerich a realizar un experimento: asistir a una fiesta disfrazado de Superman, donde sobre todo se dedique, aparte de a beber mucho, a realizar pomposas, titánicas, declaraciones sobre el poder de la raza humana. Luego, que observe lo que ocurre en los días siguientes. Que esté pendiente de los accidentes, espero que no graves, pero siempre significativos, que podrían sobrevenirle &#8220;casualmente&#8221;&#8230; Pensar que los griegos se inventaron a capricho el pecado de hybris es una temeridad, la hybris en sí misma. Giegerich lo ve todo como si fuera un adolescente recién emancipado que piensa que el mundo es un pastel que está ahí para dejarse comer, porque todavía no ha sentido el lacerante aguijón de la responsabilidad. Pero la Humanidad ya está gravemente herida por eso mismo. Muchos de los agoreros pronósticos proféticos sobre nuestro desmesurado crecimiento en número, voracidad y destructividad son una realidad hoy. Se habla en ciencia, no ya sólo en esoterismo, de la &#8220;línea de no retorno&#8221;, traspasada la cual el equilibrio entre nuestro orgulloso crecimiento y la obligada responsabilidad para con el cosmos y sus leyes ya no puede ser recuperado. Giegerich se inventa un más allá del bien y del mal en la ciencia, y parece estar convencido de que todo lo que puede hacerse e inventarse <em>debe</em> hacerse e inventarse.</p>
<p>En verdad, es imposible detener a través de consideraciones morales la orgía tecno-científica a la que nos hemos lanzado. Es tan difícil como coartar el impulso de un criminal sexual. Estoy convencido de que todo esto forma parte de un plan predestinado. Pero eso no significa que no haya que pagar las consecuencias, y que el destino no tenga prevista a su vez la saturnal catastración de nuestra uraniana expansión actual.</p>
<div style="background: #E9E9E1;">
<p><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 1.1em;">Gran parte de lo que se ha dicho acerca de la idea de la muerte de Dios se aplica también a la idea de la pérdida de significado. Si realmente escucháramos a lo que dice, comprenderíamos que el significado ya no es más un asunto importante. Como asunto o como noción está muerto y acabado. Ni siquiera podríamos hablar de su pérdida, porque entonces secretamente lo resucitaríamos y nos aferraríamos a ello como si fuera una categoría lógica a la que sólo por accidente hoy le ocurriera estar empíricamente vacía</span><br />
<span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 1.1em;">Este vacío, entonces, crearía necesariamente una aspiración, una obsesión con la búsqueda de un significado. Pero el vacío es sólo el resultado del hecho de que se ha refrenado reductivamente esta pérdida en el estatus de un acontecimiento semántico, y por lo tanto como algo particular. El vacío, y con él la adicción, desaparecen inmediatamente si se permite a la &#8220;pérdida&#8221;, experimentada inicialmente como semántica, que infecte y penetre la sintaxis de la conciencia como tal. La &#8220;pérdida&#8221; experimentada quiere volver a casa a la conciencia, ser integrada en ella; quiere &#8220;iniciar&#8221; a la conciencia en la &#8220;pérdida&#8221; como su nueva verdad, iniciación que significaría una transformación de la conciencia como un todo a través de su descomposición y reconstitución. Pero con mucha frecuencia la gente prefiere un gran e interminable sufrimiento empírico/semántico a la transformación lógica, a la iniciación que podría ocurrir de una vez y para siempre. </span></p>
</div>
<p>No acaba de comprender este pensador la historia, la Historia. No ve que ya pasamos por un riquísimo período laico-cientifista en los siglos precedentes a nuestra era cristiana, y que lo inconsciente colectivo reaccionó tal y como vemos que reaccionó, exactamente igual que está reaccionando ahora. No ve eso tan crucial, y creo que esa es la razón fundamental por la que se ve obligado a hablar del sentido como si fuera no más que una categoría lógica, un producto mental, un significante vacío de significado. En definitiva, es un junguiano que, en efecto, parece creer que los arquetipos no son más que categorías lógicas y/o metáforas poéticas. Definitivamente, se nota en Giegerich el germen de su carencia y ceguera: no ha pasado por ese gran e interminable sufrimiento empírico del que habla, al parecer, sólo de oídas, y sobre el que sólo razona mental y teóricamente. Un junguiano sin libro rojo <em>no puede ser más que</em> un discípulo freudiano, un psicólogo empapado del espíritu de su época. Por muchos destellos de intuición que tenga.</p>
<div style="background: #E9E9E1;">
<p><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 1.1em;">En cierto modo, por lo que toca a la metafísica, he regresado al estado de los cazadores y los recolectores. Metafísicamente, vivo al día. En una popular novela del siglo XIX de Karl May, el narrador—solo en el vacío de una pradera en el Lejano Oeste—se encuentra con otro jinete solitario. Cuando a éste se le dice que el narrador es un autor que escribe novelas sobre sus viajes para que las lean otras personas, encuentra esto muy cómico, porque tal cómo dice, él ni soñaría en cazar para otra gente, sino sólo para su propio sustento. Esta no es una escena muy inteligente. Pero sin embargo, la idea está bien captada. Tengo que vivir mi vida por mi propia cuenta, incluso con respecto a mis verdades y mis valores. </span></p>
</div>
<p>&#8220;Metafísicamente, vivo al día&#8221;. Yo lo entiendo así: Giegerich, metafísicamente, vive en nuestros días (empapado del espíritu de nuestra época). Por otro lado, brillantes giros de la intuición están presentes en este párrafo, porque mis metáforas favoritas de los buscadores, de los pueres, esos peregrinos, son precisamente los cazadores recolectores prehistóricos o los llaneros solitarios del Lejano Oeste. Dos de mis películas favoritas son, por ello, &#8220;En busca del fuego&#8221; y &#8220;Los siete magníficos&#8221;, siendo que la segunda se ocupa abierta y explícitamente del problema del desarraigo puer. Giegerich, pues, está en el camino correcto, aunque ni sabe aún dónde está realmente. Sólo le falta dejar de perder el tiempo escribiendo libros y concentrarse más en la caza de su mamut/bisonte blanco. A la espera de esa trascendental experiencia metafísica que anda buscando.</p>
<div style="background: #E9E9E1;">
<p><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 1.1em;">La referencia a los cazadores y recolectores y a vivir al día no debiera sugerir que encuentro mis valores en la calle como cosas ya listas para ser consumidas, o en el mercado “allá afuera” como mercancías, ni que pudiera declararse como mi verdad cualquier impulso momentáneo. A fin de encontrar mi verdad y mi verdad, hablando alquímicamente, tengo que percibir y observar como el homo totus mis reacciones más sinceras, enfocando en el logos como el alma de mi mundo. </span></p>
</div>
<p>No te preocupes, yo te entiendo.</p>
<div style="background: #E9E9E1;">
<p><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif; font-size: 1.1em;">La magia, es decir, la relación simpatética con el mundo, el modo de adentridad metafísica, es algo que nosotros sólo conocemos de oídas. Ya hace tiempo que cada uno de nosotros está frente a una naturaleza “alienada”, superada (sublated) y cada uno de nosotros es una persona sola, y metafísicamente desnuda. </span></p>
</div>
<p>Qué torpe es nuestro amigo, cuando se empeña&#8230; El pensamiento mágico es, hoy día, el eje sobre el que se vertebra, sin ir más lejos, mi propia vida. Ser un cazador-recolector significa para muchos junguianos y para mí mismo algo más que una metáfora, y estoy convencido que así será también para Giegerich, seguro que en breve. Que no se asuste demasiado cuando redescubra a Madre Naturaleza en sus verdaderos esplendor y gloria, que es la que tuvieron los dioses de todos los tiempos y todas las vidas. Reaparecerá ante sus ojos el Cosmos hoy negado: Cielo arriba, Tierra abajo, y nosotros caminando en la tierra media como por encima del filo de una navaja.</p>
<p>Y así podríamos seguir&#8230; Pero, de momento, lo voy a dejar aquí. Creo que es suficiente. Sólo una cosa más: Giegerich juega constantemente en su ensayo con la metáfora del pez, consciente de que quiere referirse al eón de Piscis, ese que queda atrás, que se vuelve obsoleto, frente al avance evolutivo que significa la llegada del nuevo eón de Acuario. A mí, sin embargo, me resulta tentador analizar esto como lapsus: en su pretensión de sacar al pez de su <em>adentridad</em> en el océano, postula entonces que el Hombre no tiene más remedio que acostumbrarse a vivir como pez fuera del agua&#8230; Ah, qué interesante: me acabo de dar cuenta que mientras pasaba los días construyendo este artículo he estado ejerciendo en paralelo de perfecto aguador. Mi hermana me dejó a cargo del acuario de sus tortugas, el cual hay que vaciar frecuentemente para rellenarlo con agua limpia de nuevo. El aguador garantiza que la necesaria adentridad no se pierda&#8230;</p>
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		<title>Ecopsicología 1 &#8211; El principio femenino podría originar una nueva cultura</title>
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		<pubDate>Fri, 25 Feb 2011 16:54:16 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Raúl Ortega</dc:creator>
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		<description><![CDATA[La escritora Elizabeth Debold ha analizado en la revista What is Enlightenment? el papel del principio arquetípico femenino, o de lo divino femenino, en una posible transformación del mundo. La modernidad ha conllevado una]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>A esto es lo que yo llamo <em><a href="http://www.odiseajung.com/blog-jung-odisea/2011/02/de-como-el-pensamiento-positivo-engano-a-america-y-al-mundo/" target="_blank">pensamiento creador</a></em> (aunque estoy investigando el tema del poder psicotrónico y prometo publicar cosas al respecto): hoy llega a mi bandeja <em>azarosamente</em> un artículo perfecta continuación de lo que estuvimos comentando ayer <a href="http://www.odiseajung.com/blog-jung-odisea/2011/02/de-como-el-pensamiento-positivo-engano-a-america-y-al-mundo/comment-page-1/#comment-607" target="_blank">aquí</a> y <a href="http://www.odiseajung.com/blog-jung-odisea/2011/02/de-como-el-pensamiento-positivo-engano-a-america-y-al-mundo/comment-page-1/#comment-610" target="_blank">aquí</a>:</p>
<div style="background: #E9E9E1;">
<h2><a rel="nofollow" href="http://www.tendencias21.net/El-principio-femenino-podria-originar-una-nueva-cultura_a2156.html" target="_blank">El principio femenino podría originar una nueva cultura</a></h2>
<h3><em>Elizabeth Debold denuncia que “añadir mujeres” a los cargos públicos no termina con el patriarcado</em></h3>
<h4>La escritora Elizabeth Debold ha analizado en la revista What is Enlightenment? el papel del principio arquetípico femenino, o de lo divino femenino, en una posible transformación del mundo. La modernidad ha conllevado una radicalización de los valores masculinos, mientras que lo femenino sigue condicionado por las propias exigencias del patriarcado. La receta de “añadir mujeres y agitar”, en referencia al hecho de sumar mujeres a cargos públicos, quizá no solucione los desequilibrios. Según Debold, es una revisión de lo divino femenino, con sus luces y sombras, lo que podría generar un nuevo espacio cultural donde se dé otra forma de cooperación entre hombres y mujeres. Pero para ello se necesita un gran esfuerzo que, por su importancia y necesidad dados los tiempos que vivimos, debe ser considerado como sagrado</h4>
<h5>Por Yaiza Martínez</h5>
<p><span id="more-1501"></span></p>
<p>a escritora feminista norteamericana <a rel="nofollow" href="http://www.elizabethdebold.com/">Elizabeth Debold</a>, autora de la obra <a rel="nofollow" href="http://www.libroverde.com/product/11895/0/461/1/La-Revolucion-En-Las-Relaciones-Madre-Hija.htm">La revolución en las relaciones madre e hija</a>, reflexiona en un <a rel="nofollow" href="http://www.wie.org/j39/divine-feminine.asp?ifr=hp-art">artículo</a> publicado por la revista <a rel="nofollow" href="http://www.wie.org/?ifr=util">What is Enlightenment?</a> acerca de la posibilidad de crear un nuevo contexto ético y espiritual que equilibre nuestro mundo actual hiper-masculinizado, a través de la reverencia a lo femenino sagrado.</p>
<p>Es decir, Debold se cuestiona si sería posible cambiar un mundo en el que el patriarcado se ha generalizado y polarizado hasta tal punto que se ha vuelto incluso peligroso para nuestro entorno. La autora comenta que la receta actual que se sigue para alcanzar un supuesto cambio cultural en esta dirección suele ser del tipo “añadir mujeres y agitar”, en referencia a la tendencia a tratar de equilibrar el número de hombres y de mujeres presentes en la vida pública. ¿Pero pueden estas medidas por sí solas transformar el ethos básico de nuestra cultura, y cambiar el curso de la historia?</p>
<p>Tal vez no. Según Debold, en los últimos veinte años, algo profundo se ha empezado a agitar en el interior de las mujeres, una intención de cambiar la cultura desde sus raíces. El objetivo: generar un nuevo contexto espiritual y ético que equilibre la situación planetaria a través del culto a lo femenino sagrado, que ha sido identificado por diversos grupos de mujeres de distintas maneras.</p>
<p>Algunos de estos grupos definen lo femenino divino como únicamente relacionado con el rol biológico de la madre. Otros, por el contrario, hablan de un “principio femenino” dinámico de la psique humana que es además un aspecto fundamental del mundo. Por último, otros grupos reclaman la recreación de rituales de culto a antiguas diosas, para que la divinidad femenina se vuelva más visible y consciente.</p>
<p><strong>Inmanencia de lo divino</strong></p>
<p>El elemento común a casi todos estos grupos es la sensación de que lo sagrado no debe encontrarse en un dominio trascendente, sino que es inmanente a la vida. Por tanto, señala Debold, estas formas de espiritualidad celebran el propósito humano de unificarse con la naturaleza y con los demás, por lo que a menudo festejan el cuerpo, la sexualidad y las relaciones. De esta forma, se está desarrollando un fenómeno sin precedentes: nunca antes en la historia de Occidente las mujeres habían insistido activamente en que la dimensión sagrada de la vida era un reflejo de su propio género, explica la autora.</p>
<p>Y es que muchos de los males del mundo actual proceden de la radicalización, desarrollada en la modernidad, de algunos de los aspectos de lo masculino, como la separación entre racionalidad y empatía, la competitividad, la jerarquización del poder sobre los demás, etc. Pero, ¿qué significaría que lo femenino fuera la solución?, se pregunta Debold. Demasiado fácil resultaría volver a caer en una nueva polarización, en la que señaláramos lo masculino como “malo” y lo femenino como “bueno”.</p>
<p>Evidentemente, existe el deseo común de ir más allá del patriarcado y evolucionar como comunidad humana, e incluso sobrevivir como tal gracias a la aplicación de nuevos valores sociales. Pero la cuestión es: ¿cómo crearemos esa cultura post-patriarcal y qué relación tendría ésta con el principio femenino?</p>
<p>Debold escribe, “la mayoría de estas nuevas vías espirituales se basan, de manera implícita o explícita en el innovador trabajo teórico del psiquiatra <a href="http://www.odiseajung.com/psicologia-analitica-jung/jung-biografia-wiki.php" target="_blank">Carl G. Jung</a> (1875-1961)”.</p>
<p>Jung estableció la teoría de que toda la humanidad comparte un área psíquica denominada <a href="http://www.odiseajung.com/psicologia-analitica-jung/glosa.php?tit=inconsciente-colectivo" target="_blank">inconsciente colectivo</a>, y que lo femenino y lo masculino son principios ontológicos tan profundos y arraigados en esa área, que tienden a ser vistos como inherentemente sagrados.</p>
<p><strong>Exigencias sociales</strong></p>
<p>Jung relacionó a lo femenino con Eros (emoción) y lo masculino con Logos (intelecto). Generalmente, parece que lo masculino está vinculado a la aserción, al enfoque directo e intenso, mientras que lo femenino lo está a la receptividad, la contención y la empatía. Estas características se relacionan con los roles reproductivos que hombres y mujeres han desplegado desde tiempos inmemoriales.</p>
<p>Y, aunque lo femenino y lo masculino no sean únicamente atributos de mujeres y hombres respectivamente, la experiencia de ser inherentemente distintos desde el punto de vista corporal ha marcado la cultura y la psique humanas.</p>
<p>Debold señala que sus investigaciones a lo largo de los años sobre la vivencia del cuerpo femenino por parte de las mujeres le han demostrado que, según van madurando, las mujeres aprenden a desconectarse de sí mimas para tratar de pasar por una estrecha puerta: tener éxito, ser atractivas, sentirse seguras…</p>
<p>Estas exigencias sociales provocan que las mujeres oculten a menudo ciertos sentimientos (como la ira o la vulnerabilidad…), se desconecten de su sexualidad, y renuncien a su propia perspectiva de la realidad.</p>
<p>Por otro lado, las mujeres están especializadas en nutrir y existir en relación, dados los miles de años que han dedicado sobre todo a reproducirse, lo que las condiciona profundamente. Considerando todas estas limitaciones de las mujeres, ¿cómo se podría traer verdaderamente a la luz el principio femenino para dar lugar a una nueva cultura?</p>
<p>El ideal femenino actual incluye el ser buena, hermosa, atractiva, compasiva, dadora y afectiva. Es decir, que sigue uniendo aspectos de la mujer muy valorados dentro del patriarcado (como la sexualidad y la maternidad). Otra asunción general es que las mujeres no han hecho “nada” por desarrollar la cultura en la que estamos inmersos, es decir, que son las “víctimas” del patriarcado.</p>
<p><strong>Luces y sombras</strong></p>
<p>Pero no sólo son los aspectos “buenos” o positivos los que deben ser contemplados según Debold, a la hora de recrear lo divino femenino. La autora señala que la mayoría de los enfoques populares a este principio abarcan sólo superficialmente su “lado oscuro”: los aspectos de lo divino femenino inconscientes, reprimidos o negados.</p>
<p>Ese lado oscuro no resulta nada atractivo pero, según la autora, hasta que no se reconozca, las mujeres seguirán proyectando su sombra en los hombres, manteniendo así intacta la división entre ambos géneros propiciada por el patriarcado.</p>
<p>Por tanto, el objetivo (y la posible solución) podría ser desarrollar una conciencia que incluyera la herencia biológica y cultural y que también la trascienda, es decir, un espacio cultural nuevo y libre de relación en el que se catalice una cooperación también nueva entre hombres y mujeres.</p>
<p>Las sombras y las luces de lo divino femenino se convertirían en una nueva expresión de lo femenino divino que quizá pudiera equilibrar la situación del planeta, contrarrestar los abusos derivados de la hiper polarización de la modernidad. Dada la importancia del principio femenino para la transformación del mundo, este esfuerzo en sí mismo debiera ser también considerado como sagrado.</p>
</div>
<p>Si algo tenía que aparecer que encajara con la charla de ayer entre Taztel y yo, era este artículo. Vamos, que ni al pelo. Bien, ya vemos: en esto estamos. Pero ¿qué es esto, realmente?</p>
<p>Considero un insulto a la inteligencia en general, y a la de la mujer en particular, y muchísimas mujeres están de acuerdo conmigo (como este artículo muestra), esos engendros legislativos inyectados en los estados modenos desde la cúspide de <em><a href="http://www.odiseajung.com/blog-jung-odisea/2011/02/david-icke-desde-la-conspiranoia-al-gnosticismo/" target="_blank">Illuminati</a> </em>que domina los organismos internacionales, como la &#8220;Ley para la igualdad efectiva de hombres y mujeres&#8221; que se aprobó en España en 2007. En lugar de vigilar que se cumplan escrupulosamente los derechos que nuestra Constitución ya otorga, desde hace mucho tiempo, indiscriminadamente, a hombres y mujeres frente a lo público, este tipo de injerencias sociales se basan en las mismas consignas que pretenden erradicar: que las mujeres por sí solas son débiles para competir en sociedad, y necesitan ayuda extra. Se cuela otra vez, y justo en mitad de los adalides de lo contrario, el principio cortés y rancio de &#8220;las mujeres y los niños primero&#8221;, que debía ser, sin embargo, el mayor agravio para una postura realmente feminista. Vuelve a tratarse a la mujer como sexo débil, falto de competitividad y eficiencia públicas. Que es justo de lo que se le acusa al patriarcado.  El patriarcado, eso que se demoniza por un lado, y se sirve por otro a pie juntillas, como ya apunté y subraya este artículo. Es una locura filosófica todo esto. Un ladrillo más en el muro de la apatía ideológica y el nihilismo, además de serlo en ese que aisla a hombres de mujeres, enajenándolos reciprocámente. Y, lo que es peor: es una locura <em>psicoecológica, </em>que corre, como muchas otras posturas aberrantes modernas, hacia la enajenación de nosotros mismos.</p>
<p>Una tarde paseaba, con unos amigos, entre las ruinas de Monte Albán, allá en el bellísimo México, y noté que alguien nos seguía. Finalmente, encaramos al perseguidor y le preguntamos qué quería. Nos dijo que estaba allí para pedirnos responsabilidades como españoles, conquistadores, por la pobreza de su país. Si a mí me dan a elegir entre la &#8220;pobreza&#8221; mexicana y la &#8220;riqueza&#8221; española&#8230; De hecho, ya elegí en su momento. Por eso estaba allí. Mi regreso a la vieja Europa, este monstruoso proyecto de espaldas a la riqueza de los sueños, fue a regañadientes. Pero mis baremos en ese sentido son demasiado extraños al paradigma con que los <em>Illuminati</em> modernos han infectado a la sociedad global, y dejemóslos de lado ahora. El tema es que esa persona representa el absurdo pensamiento de que el estado socioeconómico del México actual es el directo heredero de lo que pasaba hace 200 años. Pasando por alto dos siglos de responsabilidades propias en el asunto. Con la actitud de la mujer en sociedad pasa exactamente lo mismo. Nadie se pregunta en serio qué quieren hacer las mujeres realmente con su vida (a excepción de Freud y cuatro más). Nadie se pregunta en serio las verdaderas razones por las que las proporciones de participación pública tienden a ser las que son, aunque se tiendan mil alfombras rojas para que sean de otra manera.</p>
<p>Todos los músicos estamos hechos a la realidad flagrante de que hay poquísimas mujeres instrumentistas (bajistas, guitarristas, baterías, etc.), pero todo el mundo sabe por qué: no les interesa. Sencillamente. Y a mucha honra. Cantar sí, y das una patada a una pared y salen diez vocalistas. Espero que a ninguna mente brillante se le ocurra aplicar la ley de igualdad también a los grupos musicales. Pero es que vamos camino de cosas así&#8230;</p>
<p>Por supuesto, puedes reprogramar una sociedad. Esa es la tarea de los <em>Illuminati</em>. Repetir una y mil veces una consigna hasta que hipnotizas a la comunidad. Entonces les dices a tus víctimas: &#8220;¿Ves? tú realmente eras así, desde el principio. Pero la cultura anterior no te lo permitía&#8221;. W es una psicopedagoga curtida en los lemas del paradigma occidental moderno. Se empeñó en aislar a su hijo desde que nació de toda relación empática con símbolos guerreros, usando para ello todo el arsenal de que disponía según su formación. Finalmente, a los tres años, el niño, cada vez más obsesionado con las armas, logró hacerse con su primera pistola de juguete. ¡Un niño aries! ¿Quién podría enajenar a Marte, dios de la guerra, de su temperamento natural? Esto nos enseña que, en el fondo, no hay por qué preocuparse demasiado. La vida se abre camino. La naturaleza genuina se abre camino. Todas nuestras utopías racionales perecerán tarde o temprano frente a la realidad a-racional, que es en sí todo lo viviente. La cuestión es que el mecanismo se retrase y pasemos el punto de no retorno. Espeluznante posibilidad. De momento, todo sigue un curso natural esperanzador. Este artículo demuestra que las cosas están queriendo ordenarse ya. Que la verdad empieza a presentirse en otra dirección, en otro camino, hacia otro paradigma. Lo siento, <em>Illuminati</em>. Lumbreras de pacotilla de la filosofía moderna occidental.</p>
<p>Ahora debería, como es mi naturaleza, lanzarme a criticar todos los puntos en que disiento de la perspectiva que plantea Debold sobre el asunto de la diosa. A ello voy. Ya esbocé mi postura sobre esto en los comentarios aludidos al principio. Me reiterare:</p>
<p>La comprensión del principio femenino, el Eros, como el reservorio de las aptitudes y actitudes alrededor de la receptividad, la contención y la empatía (función sentimental), es en sí de Perogrullo. Ya que alude tanto Debold a Jung y los arquetipos, debería continuar hacia un lugar más importante y decisivo, situado más allá: la Diosa es el camino hacia Las Madres: el Inconsciente Colectivo. Sin intuición, sin muerte y renacimiento, sin conversión, sin deconstrucción mental, sin conexión con lo<em> infinito</em>, no hay renovación en la cultura. <strong>Los misterios de Eleusis</strong>, que giraban en torno a las gigantescas diosas <strong>Deméter</strong> y <strong>Perséfone</strong>, son la guía arquetípica de un renacer espiritual y filosófico, eso que llamamos <em>iniciación</em>. En estos ritos lo femenino se separa de sus referencias corporales, del orbe de los instintos, de la reproducción y la fertilidad meramente natural para convocar un tránsito de hombres y mujeres indistintamente al incorpóreo más allá, donde se une en androginia al Logos (vamos a decirlo ahora así). Pero no pierde sus atributos psicológicos: el iniciado es el <em>efebo</em> de Dios. Es, por definición, el amante sumiso ante el falo divino, a menudo violador (recordemos a <strong>San Juan de la Cruz</strong>). Se necesita, por tanto, todo el acervo de cualidades psicológicas femeninas para conectarse con lo infinito y renovarse. Hombres y mujeres deben ser úteros vacíos donde la simiente arquetípica engendre el nuevo Niño Dios redentor.</p>
<p>La Diosa como guía en la iniciación aparece en otros capítulos mitológicos relevantes, como el mito de <strong>Inanna</strong>, del que me volveré a ocupar en un artículo próximo (por alusiones, como verán). Inanna descendió a los infiernos, como Deméter en su forma de Perséfone (en mi interpretación, ambas son la misma diosa). Inanna, adelanto, es una simbolización andrógina: ella es diosa del amor y de la guerra a la vez, como una conjunción de Atenea y Afrodita en la misma diosa. Deméter-Perséfone, Inanna, son en realidad, como <strong>Sekhmet</strong> (la gran apocalíptica, la mejor representación de la sombra de la diosa), diosas-dioses. Como dios-diosa es <strong>Orfeo</strong>, el patrón de otro poderoso mito iniciático como es el rescate de Eurídice, otro descenso a los infiernos, a Las Madres. A Orfeo lo define muy bien la carta del Tarot &#8220;rey de copas&#8221;: un hombre con atributos femeninos (la copa), lo mismo que a Inanna la &#8220;reina de espadas&#8221;, una mujer con atributos masculinos (la espada). El rey de copas une a Orfeo con la figura del<strong> Rey Pescador</strong>, y así saltamos al majestuoso símbolo del<strong> Santo Grial</strong>, uno de los más importantes para nuestra cultura, si no el que más. El Santo Grial es la diosa invocada casi exclusivamente por sus cualidades espiritualizadoras, iniciadoras, conectoras con el Mundo Arquetípico. Lejos quedan en él la pareja, la familia, los embarazos. Aunque existe toda una línea esotérica que regresa a todo eso nuevamente partiendo de él, muy famosa mediáticamente. Estarán ya todos pensando, supongo, en Dan Brown, y todas las teorías de las que se hace eco sobre el matrimonio de Jesús, su descendencia, etc. En descargo de estas exégesis digo que es muy difícil sostenerse en lo puramente espiritual en el entorno de la diosa. Siempre se tiende a la encarnación, a la literalización, a la corporalización, a la inmanencia. Al Yin. Le pasa a Debold también. Acercarse al Eros y escapar de la <em>tentación sexual</em> es complicado. Pero es importante que aprendamos a separar sexualidad y espiritualidad (Eros y Logos), tanto como lo es unirlas. Si no lo hace el feminismo, por ejemplo, y no lo hace para nada, porque precisamente hace suyo el paradigma epicúreo y hedonista de la revolución sexual, en un grito unísono de &#8220;mujeres y sexo al poder&#8221;, entonces, de nuevo, está cayendo en la más disolvente de las contradicciones. Porque todo lo que tiene el feminismo moderno de impulso hacia el Logos, hacia la intelectualización, hacia la <em>androginización</em> de la mujer, es coartado por una serpiente gorda y lustrosa (bien alimentada desde <em>Illuminatilandia</em>) que sale al paso, obligando a la mujer a retornar a sus instintos primarios en torno a la satisfacción del varón (como dice la junguiana feminista Polly Young: &#8220;el querer ser deseadas sin saber bien qué desear&#8221;) y la maternidad. Platón dice &#8220;Eros es un poderoso demonio&#8221;. Jung dice: &#8220;La serpiente no quiere sernos útil&#8221;. Ella es lo dado, la materia prima, cruda, insobornable en su estado original. Nadie, ni <em>Illuminati</em> ni feministas, la podrán usar sin ser usados por ella. <em>Temerle es el principio de la sabiduría</em>.</p>
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		<title>Libro Rojo. Conferencia de Bernando Nante en el Museo Malba de Buenos Aires</title>
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		<pubDate>Wed, 01 Dec 2010 23:19:47 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Raúl Ortega</dc:creator>
				<category><![CDATA[Noticias]]></category>
		<category><![CDATA[Bernando Nante]]></category>
		<category><![CDATA[Jung]]></category>
		<category><![CDATA[Liber Novus]]></category>
		<category><![CDATA[Libro Rojo]]></category>
		<category><![CDATA[Malba]]></category>

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		<description><![CDATA[Recomiendo ver y escuchar atentamente esta conferencia dictada por el doctor Bernando Nante en el salón de actos del Museo Malba de Buenos Aires, el pasado 9 de diciembre de 2009]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Recomiendo ver y escuchar atentamente esta <a href="http://www.odiseajung.com/psicologia-jung-multimedia/media_2.php?tit=libro-rojo-conferencia-museo-malba">conferencia dictada por el doctor <strong>Bernando Nante</strong></a> en el salón de actos del Museo Malba de Buenos Aires, el pasado (muy pasado, sí, pero el contenido sigue gozando de absoluta vigencia) 9 de diciembre de 2009. Tema: por supuesto, el <strong>Liber Novus</strong>, el <strong>Libro Rojo</strong>, que por aquel entonces recién disfrutaba de sus primeras ediciones en alemán e inglés.</p>
<p>Recuerdo que sería finalmente la editorial El hilo de Ariadna, para Malba &#8211; Fundación Constantini, quien llevaría a cabo la proeza, culminada hace sólo unas semanas, de sacar a la calle la publicación en lengua castellana.</p>
<p>Bernando Nante es doctor en Filosofía y especialista en las relaciones entre la religión, la psicología y la filosofía, sobre todo a través del prisma junguiano. Su brilllante curriculum puede ser visitado <a rel="nofollow" href="http://www.vocacionhumana.org/_31/quienes.html" target="_blank">aquí</a>.</p>
<p>La página original donde aparece el video es <a rel="nofollow" href="http://www.vocacionhumana.org/_31/institucional.html#instlibrorojo" target="_blank">ésta</a>. Insto a todos los interesados en esta conferencia a que se den un buen paseo por <a rel="nofollow" href="http://www.vocacionhumana.org">la web de la Fundación Vocación Humana</a>, creada y liderada por Nante.</p>
]]></content:encoded>
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		<title>Conferencia en Madrid por la publicación del Libro Rojo en castellano</title>
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		<pubDate>Fri, 19 Nov 2010 11:09:01 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Raúl Ortega</dc:creator>
				<category><![CDATA[Noticias]]></category>
		<category><![CDATA[Jung]]></category>
		<category><![CDATA[Liber Novus]]></category>
		<category><![CDATA[Libro Rojo]]></category>
		<category><![CDATA[publicado en castellano]]></category>

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		<description><![CDATA[He colgado en Multimedia la conferencia que se dio en Madrid el pasado 10 de noviembre con motivo de la publicación del Libro Rojo en castellano. Ponentes: Bernardo Nante, Victoria Cirlot, Enrique Galán Santamaría y Valentín Romero.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>He colgado en <a href="http://www.odiseajung.com/psicologia-jung-multimedia/media_2.php?tit=libro-rojo-conferencia-madrid">Multimedia</a> el audio de esta conferencia, que ya anunciamos aquí:</p>
<h4>Fecha: 10 de noviembre de 2010. 19:30 horas.<br />
Lugar: Madrid. Auditorio Recoletos – Fundación Mapfre. Paseo de Recoletos 23, 28004. Tlf. 915816100.<br />
Organiza:  Malba – Fundación Constantini (Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires). <br />
Presentan: Bernardo Nante, Victoria Cirlot, Enrique Galán Santamaría, Valentín Romero.</h4>
<p>El zapatófono usado para la grabación no va muy fino, así que el audio deja mucho que desear. Menos es nada. Propongo a los interesados escuchar haciendo alarde de toda su concentración&#8230;</p>
]]></content:encoded>
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		<item>
		<title>El Libro Rojo ya publicado en castellano</title>
		<link>http://www.odiseajung.com/blog-jung-odisea/2010/11/el-libro-rojo-ya-publicado-en-castellano/</link>
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		<pubDate>Wed, 03 Nov 2010 10:25:54 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Raúl Ortega</dc:creator>
				<category><![CDATA[Editoriales]]></category>
		<category><![CDATA[Noticias]]></category>
		<category><![CDATA[Jung]]></category>
		<category><![CDATA[Liber Novus]]></category>
		<category><![CDATA[Libro Rojo]]></category>

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		<description><![CDATA[Bueno, pues ya está. Todo dentro de las fechas previstas desde hace tiempo. Cuesta una pasta, eso sí, y pesa 4 kilos. Es de esas pertenencias que no caben en la maleta cuando, tarde o temprano, toque emigrar]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Aquí está:</p>
<p><a rel="nofollow" href="http://www.alfaomega.es/index.php?mdl=item&amp;id=9789872354619">http://www.alfaomega.es/index.php?mdl=item&amp;id=9789872354619</a></p>
<p>La presentación oficial se hará en España la próxima semana, en dos actos:</p>
<h4>Fecha: 10 de noviembre de 2010. 19:30 horas.<br />
Lugar: Madrid. Auditorio Recoletos &#8211; Fundación Mapfre. Paseo de Recoletos 23, 28004. Tlf. 915816100.<br />
Organiza:  Malba &#8211; Fundación Constantini (Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires). <br />
Presentan: Bernardo Nante, Victoria Cirlot, Enrique Galán Santamaría, Valentín Romero.</h4>
<h4>Fecha: 11 de noviembre de 2010. 19 horas.<br />
Lugar: Barcelona. Librería la Central del Raval. Calle Elisabets 6, 08001. Tlf. 34-902884990.<br />
Organiza:  Malba &#8211; Fundación Constantini (Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires).<br />
Presentan: Bernardo Nante, Victoria Cirlot, Silvia Tarragó, Valentín Romero.</h4>
<p>Bueno, pues ya está. Todo dentro de las fechas previstas desde hace tiempo. Cuesta una pasta, eso sí, y pesa 4 kilos. Es de esas pertenencias que no caben en la maleta cuando, tarde o temprano, toque emigrar. Ley de vida. Quizás, por eso, se hace necesario preguntarle a los responsables si piensan sacar una edición dvd, como hicieron los americanos. Lo haremos.</p>
<p>El comentarista Xabier Lozano nos ha revelado una muy buena referencia para ir profundizando en el análisis de la obra. Se trata de un artículo de <strong>Enrique Galán Santamaría</strong>, compañero que fue otrora de alguna que otra aventura y desventura de éste que les escribe (qué recuerdos, sueños, pensamientos&#8230;). Recomiendo su lectura. Está publicado aquí: <a rel="nofollow" href="http://www.geocosmos.es/libro-rojo-de-c-g-jung-liber-nous-enrique-galan/">http://www.geocosmos.es/libro-rojo-de-c-g-jung-liber-nous-enrique-galan/</a>.</p>
<p>Para empezar por algún lugar nuestro propio análisis, adelanto ahora que uno de los pasajes celebérrimos del Libro, el encuentro entre Jung, Elías y Salomé, conforma el arquetipo nuclear, fundamental, que los freudianos barruntaron en su Complejo de Edipo. Para profundizar en el verdadero entendimiento de esta constelación de personalidades y energías libidinales, desde esta perspectiva supraordinada, insto a la lectura de mi añejo pero aún no demasiado rancio ensayo <a href="http://www.odiseajung.com/jung-psicologia-ensayos/ensayo.php?tit=Ortega-de-nuevo-Edipo-I">De nuevo, Edipo. La actualidad de una ilusión</a>.</p>
<p>Nada más de momento. Que no es poco.</p>
]]></content:encoded>
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		</item>
		<item>
		<title>Jung en la BBC. Subtitulado en castellano</title>
		<link>http://www.odiseajung.com/blog-jung-odisea/2010/05/jung-en-la-bbc-subtitulado-en-castellano/</link>
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		<pubDate>Sun, 23 May 2010 11:23:09 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Raúl Ortega</dc:creator>
				<category><![CDATA[Editoriales]]></category>
		<category><![CDATA[Historia y Mito]]></category>
		<category><![CDATA[Noticias]]></category>
		<category><![CDATA[BBC]]></category>
		<category><![CDATA[Face to Face]]></category>
		<category><![CDATA[Hugh Burnett]]></category>
		<category><![CDATA[John Freeman]]></category>
		<category><![CDATA[Jung]]></category>

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		<description><![CDATA[Entre los años 1959 y 1962 la BBC produce y emite un programa de entrevistas, Face to Face, ideado por Hugh Burnett, que invita a destacadas personalidades del mundo cultural internacional, como son, por ejemplo, Evelyn Waugh, Henry Moore, Bertrand Russell y...  Carl Gustav Jung]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Entre los años 1959 y 1962 la BBC produce y emite un programa de entrevistas, Face to Face, ideado por Hugh Burnett<strong>,</strong> que invita a destacadas personalidades del mundo cultural internacional, como son, por ejemplo, Evelyn Waugh, Henry Moore, Bertrand Russell y&#8230;  Carl Gustav Jung. La entrevista a Jung fue realizada por el presentador del programa, John Freeman, en el primer año de emisión, trasladándose a la residencia del anciano psiquiatra en Küsnacht para encontrarse con él. </p>
<p><span id="more-1011"></span></p>
<p>Nuestra querida colaboradora Myriam Rozengurt, traductora de la Universidad del Salvador de Buenos Aires, se ha tomado amablemente la molestia de hacerse cargo de la traducción al castellano de la interviú, a partir de la cual generamos unos subtítulos que hemos incrustados en el video original.</p>
<p>El documento no tiene desperdicio. Lo recomiendo encarecidamente.</p>
<p><a href="http://www.odiseajung.com/psicologia-jung-multimedia/media_2.php?tit=carl-gustav-jung-bbc-en-castellano">Jung en la BBC (1959). Subtitulado en castellano</a>.</p>
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