Psicología - Jung - Psicología Analítica - Junguiana

20 mayo, 2011

Las hijas de la Luna. O de las pesadillas de Giegerich

Filed under: Editoriales — Etiquetas: , , , , — Raúl Ortega @ 14:20

Cuando aquella chica entró por primera vez en nuestra coqueta librería esotérica, a la sazón sita en los aledaños de la Plaza de la Alfalfa de Sevilla, me llamó poderosamente la atención que su interés la dirigiera a hojear, saltando graciosamente de uno a otro (como siguiendo un hilo mágico), justo los libros que yo consideraba más interesantes e intensos de la colección que ofrecíamos al público. Era muy joven, no más de veinte años, lo cual le prestaba a su buen gusto más valor. Rápidamente se hizo asidua del establecimiento, y acabamos avanzando una incipiente amistad. Compartida con su novio, otra persona con excelentes dotes intuitivas, espirituales. De más o menos la misma edad. Ambos procedentes de los estratos más modestos de la sociedad (él era gitano), resultaban por ello redobladamente conspicuas sus capacidades, sus finas sensibilidad e inteligencia, y su férreo compromiso con el camino espiritual. Me era muy reconfortante su contacto. Se me antoja decir hoy que parecían una versión especialmente joven y bella de los piadosos Filemón y Baucis. A diferencia de Fausto, yo sentía ante ellos una genuina y espontánea reverencia.

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19 agosto, 2009

El sistema cardiovascular del espíritu

Filed under: Editoriales, Music is the best — Etiquetas: , , , , , , — Raúl Ortega @ 16:45

[...] Aparentemente, el “espíritu” llega siem­pre desde lo alto. Para esa concepción espíritu significa liber­tad suprema, un flotar sobre las profundidades, una liberación de la prisión de lo ctónico y por lo tanto un refugio para todos los timoratos que no quieren “llegar a ser”. Pero el agua es terrenalmente palpable, es también el fluido del cuerpo regido por el impulso, es la sangre y la avidez de sangre, es el olor animal y lo corpóreo cargado de pasiones. Lo inconsciente es esa psique que va desde la claridad diurna de una conciencia espiritual y moral hasta ese sistema nervioso denominado sim­pático desde mucho tiempo atrás. Este sistema, que gobierna la percepción y actividad muscular como el sistema cerebro-espi­nal y por eso no puede controlar el espacio circundante, pero que mantiene en cambio el equilibrio vital sin valerse de órga­nos sensoriales y que siguiendo secretos caminos no sólo nos da noticias sobre la naturaleza íntima de otra vida sino que tam­bién provoca en ella un efecto interno. En ese sentido es un sis­tema extremadamente colectivo, es la verdadera base de toda participation mystique. La función cerebro-espinal, por lo con­trario, alcanza su culminación en la separación de las cualida­des específicas del yo, y como el medio en que se despliega es sólo el espacio, a través de éste capta invariablemente superficialidades y exterioridades. El sistema cerebro-espinal vivencia todo como exterior, el simpático vivencia todo como interior.

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