<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss version="2.0"
	xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"
	xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/"
	xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"
	xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"
	xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/"
	xmlns:slash="http://purl.org/rss/1.0/modules/slash/"
	>

<channel>
	<title>Bitácora de la Odisea &#187; Heráclito</title>
	<atom:link href="http://www.odiseajung.com/blog-jung-odisea/tag/heraclito/feed/" rel="self" type="application/rss+xml" />
	<link>http://www.odiseajung.com/blog-jung-odisea</link>
	<description>El diario del largo y turbulento periplo</description>
	<lastBuildDate>Tue, 31 Jan 2012 15:31:00 +0000</lastBuildDate>
	<language>en</language>
	<sy:updatePeriod>hourly</sy:updatePeriod>
	<sy:updateFrequency>1</sy:updateFrequency>
	<generator>http://wordpress.org/?v=3.3.1</generator>
		<item>
		<title>Nassim Haramein, egregio Puer Aeternus. Un caso perfecto</title>
		<link>http://www.odiseajung.com/blog-jung-odisea/2010/08/nassim-haramein-egregio-puer-aeternus-un-caso-perfecto/</link>
		<comments>http://www.odiseajung.com/blog-jung-odisea/2010/08/nassim-haramein-egregio-puer-aeternus-un-caso-perfecto/#comments</comments>
		<pubDate>Thu, 19 Aug 2010 12:55:07 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Raúl Ortega</dc:creator>
				<category><![CDATA[Ciencia y Mito]]></category>
		<category><![CDATA[Editoriales]]></category>
		<category><![CDATA[Noticias]]></category>
		<category><![CDATA[Astrobiología]]></category>
		<category><![CDATA[Astrofísica]]></category>
		<category><![CDATA[Ciencia]]></category>
		<category><![CDATA[Física cuántica]]></category>
		<category><![CDATA[Heráclito]]></category>
		<category><![CDATA[Nassim Haramein]]></category>
		<category><![CDATA[Pitágoras]]></category>
		<category><![CDATA[Platón]]></category>
		<category><![CDATA[Puer Aeternus]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.odiseajung.com/blog-jung-odisea/?p=1141</guid>
		<description><![CDATA[Voy a mostrar hoy un ejemplo adecuado, un modelo perfecto, de una personalidad deficientemente comprendida y definida por la misma psicología que se percató de su existencia: la junguiana]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Voy a mostrar hoy un ejemplo adecuado, un modelo inmejorable, de una personalidad deficientemente comprendida y definida por la misma psicología que se percató de su existencia: la junguiana. En su obra, por lo demás tan magistral como nos tiene acostumbrados, &#8220;<a href="http://www.odiseajung.com/psicologia-analitica-jung/glosa.php?tit=bibliografias-escuela-Zurich#frz">El Puer Aeternus</a>&#8220;, ni siquiera la gran von Franz logró perfilar con la suficiente presteza las directrices principales de este especial carácter. Empeñada, como tantos otros psicólogos analíticos, en usar ejemplos en realidad poco adecuados, como son la personalidad y vida de Antoine de Saint-Exupéry, su investigación no convence del todo, y adolece de poner demasiado énfasis en la exposición de los rasgos sombríos e inadaptados del carácter (como hace el Eneagrama a la hora de definir los eneatipos) y de no desvelar con claridad la incógnita fundamental: cuáles son las funciones superiores, es decir, el destino, el motor, <em>para el </em>que y <em>por el </em>que este tipo de seres existen.</p>
<p><span id="more-1141"></span></p>
<p>Nassim Haramein es un muy buen monitor de esquí. Es monitor de submarinismo. Es un crítico agudo de las teorías que esgrime la actual Física Teórica sobre la esencia del Universo, y es el creador de, nada más y nada menos, una Teoría Unificada (el Santo Grial de la ciencia contemporánea) sustentada por un cuerpo matemático coherente. Vivió en Canadá, ahora en Hawai (del hielo al fuego), vivió solo dentro de una furgoneta, en casas prestadas por amigos, y recorrió un buen trozo de mundo con sus hippies maneras. Autodidacta y alejado del entramado institucional de la ciencia, dirige ahora a un grupo de científicos (<a href="http://www.theresonanceproject.org/personnel.html">The Resonance Project</a>) que secundan sus argumentos, los cuales proceden de altos estratos en el stablishment, como la doctora Elizabeth Rauscher, física nuclear e ingeniera, consultora de la Nasa y de la marina americana (la von Franz de Nassim).</p>
<p>El radical fundamental que define al Puer Aeternus es el ser <em>hijo prístino de la Madre</em>, y esa esotérica expresión incluye los motivos principales sobre los que gira el estudio del Puer llevado a cabo por la Escuela de Zurich: hijo, niño, y Madre, Diosa, Arquetipo. Se trata de personas con una fuerte conexión intuitiva con las imágenes e ideas primigenias, con la fuente, la madre, de la filosofía. Lo inconsciente conforma su conciencia, sus pensamientos, de un modo explícito. Dotados al mismo tiempo de una vigorosa función intelectual, sin la cual las grandiosas ideas primigenias nacen algo deformadas por prematuras, su meta, su Self, es convertirse en epifanías del Logos (un nombre quizás más adecuado para Inconsciente Colectivo).</p>
<p>La intrusión de gigantescas ideas mítico-filosóficas empieza muy pronto en la infancia. Esto ocurre en todos los tipos, pero es un hecho fundamental en el caso de los Pueri. A lo inconsciente no le parece necesario que el ego tenga que formarse e informarse durante muchos años en una escuela para recibir el primordial adoctrinamiento, y nos obliga a decir que la espiritualidad y la inquietud científica son tan precoces como el sexo. Este cordón umbilical entre el ego y el Arquetipo no se rompe nunca en el caso del Puer (a no ser que se malogre la individuación), y esta circunstancia es la principal razón de que tachemos a estos tipos, intutitivamente, de &#8220;niñería crónica&#8221;. Es algo tan hondo que se refleja en la fisiología: el Puer parece envejecer más lentamente que el resto. En el momento de la charla que voy a publicar a continuación Nassim tiene 42 años, y no aparenta llegar aún a la treintena. En realidad, esto ocurre siempre que un carácter tenga a la intuición como una de sus funciones superiores, y ésta esté suficientemente desarrollada, aún sin llegar a crear el complejo caracterológico que llamamos Puer Aeternus propiamente. La intuición es una especie de elixir de la eterna juventud, que se bebe jugando y soñando, algo que ya saben hacer muy bien los críos. La función intutitiva no permite que se creen sólidas máscaras mundanas, &#8220;su reino no es de este mundo&#8221;, así que el intuitivo parece disponer siempre de un alma joven, con cierta pureza primordial, que tiende a no desgastarse en superfluas complicaciones propias de eso que llamamos madurez (para este tipo el matrimonio y la maternidad a menudo significan poco más que enojosos eventos sociales). El cuerpo refleja todo esto. Por otra parte, esta carencia de máscara sólida se significa en la práctica en una inadaptación a los complejos y cansinos protocolos sociales. Nassim no aguantó más decepción con la escuela a los 16 años, y la abandonó. La intuición, siempre exploradora de verdades globales y de la realidad de los sistemas complejos, en un mundo como el nuestro, reduccionista en esencia, y cada día más lastrado de protocolos y requerimientos, sale huyendo en cuanto puede. Nunca antes una cultura fue tan inhóspita para ella. Pero no sólo huyendo del árido <em>status quo</em> veremos al Puer viajando. El arquetipo central en la individuación es el Viaje del Héroe, y quien está cerca del fuego intuitivo, está cerca de una estación de trenes.</p>
<p>Como comprobarán los poquitos que se animen a mirar los videos, el suizo regresa una y otra vez a hablar de su infancia. Da en efecto la impresión de niño grande. Vamos a amplificar un poco más la relación entre la intuición y la niñez: aquella vive gozosa en los inicios de las cosas; es un ángel mercurial que rige todo cruce de caminos, siendo el cruce el lugar del que nacen, del que parten, los senderos. La intuición es capaz de informar de lo que va a resultar de una relación entre dos personas a los cinco minutos de conocerse, cuando aún ni siquiera saben los protagonistas que van a pasar 30 años juntos. Si tenemos en cuenta que la infancia es el primer cruce de caminos de la vida, la bellota de la existencia, comprenderemos que en cuanto empieza el pequeño intuitivo a balbucear los <em>por qués</em> y <em>para qués</em> su función intuitiva lo llenará de contenidos e información iluminadores, procedentes de los arquetipos. <em>Recuerdos del futuro, </em>ideas grandilocuentes sobre los misterios de la vida y el sentido de todo conmocionan y marcan el ánimo, para siempre, del pequeño intuitivo. Es como si justo antes de empezar la peregrinación por la vida el alma se subiera a una altísima cima desde la que otea todo el camino que va a recorrer, y atisba además el leitmotiv que va a impulsarla por todo el derrotero. Podríamos decir que el Omega se desvela a sí mismo en el Alfa, y jugando con esta idea llegaremos a darnos cuenta de por qué precisamente es el Puer Aeternus inseparable del Sabio Anciano. Mitema Padre-Hijo/Puer-Senex. Cuando alguien en consulta me pregunta acerca de cuál es su mito, le digo que es algo que ya le desveló su infancia, que tiene que recordar, y con lo que tiene que reencontrarse.</p>
<p>Comprobemos qué diferente es tratar la supuesta fijación infantil del Puer de esta manera con aquello de dar vueltas una y otra vez alrededor del complejo materno y la madre personal, o el complejo paterno y el padre personal (el enfoque de la escuela arquetipal). Por supuesto que la diosa arquetípica y la madre personal tienen un istmo a través del cual pueden comunicarse. Por supuesto que los progenitores, madre y padre, pueden recargarse hasta acomplejar al hijo, siendo ese un problema universal en el desarrollo psicológico, como es un problema universal la relación amorosa. Pero tengo que decir que es en el Puer donde menos se dan esas fijaciones emocionales con los padres, precisamente, porque la intuición es una afilada hacha que corta de un tajo las relaciones interpersonales, especialmente las que se dan en familia. Otra historia es que la proverbial inadaptación social del Puer a menudo le conduzca a necesitar un mecenas que le llene el buche, y si falta el mecenazgo, con facilidad recurre a parasitar a familiares o amigos, con frío oportunismo. Si en el cuento personal falta el hada madrina, echa mano de madre (o sucedáneo). Hasta donde sabemos Haramein no ha sufrido gravemente este problema. Cuenta con recursos propios y mecenas de sobra. Es un Puer lo suficientemente exitoso en su producción creativa como para robar para sí un trozo de mundo, que ha modelado a imagen y semejanza, sin tener que aburguesarse. Ése es el provechoso y saludable camino del gurú, una excelente &#8220;salida profesional&#8221; para el Puer Aeternus. Aunque también puede ocurrir que el éxito del Puer le desadapte aún más: si encuentra una verdad que aún nadie puede entender, no le cuajará ninguna secta, y estará obligado a una soledad zoroástrica.</p>
<p>Aquí podríamos empezar a tratar ese otro misterioso asunto consustancial a esta naturaleza: la muerte prematura. Hasta en eso se ríe el Puer de la ciencia moderna, con su compulsivo esmero en alargar la vida (a menudo he comparado la biografía Puer con la efímera pero trascendental existencia de un espermatozoide). Si observamos el asunto de un modo distante y global, podríamos decir que en esencia se trata de que si la intuición no es fijada por medio de otras funciones, más pesadas, ella (que, como hemos dicho, parece amar tanto la promisoria vitalidad de los comienzos como odia la terrible posibilidad de un final estanco y rutinario) ejerce su predilección llevándose antes que después el alma del poeta de regreso a la Madre, en su globo de helio. En la práctica esto puede darse a través de un proceso similar al anoréxico: el Puer llega a descuidar fatalmente las necesidades vitales terrenas para perseguir sus sueños y sus etéreas pasiones. Pero si nos ponemos algo más prolijos, en algunos casos podemos ver muertes prematuras que se producen justo después de grandes logros creativos, de influencia colectiva. Es como si una misión estuviera cumplida. Un mensaje es enviado, y el mensajero ya no es más útil. En este sentido diríamos que El Principito estrelló el avión de Antoine. El Principito: el libro más leído en el mundo después de la Biblia. Ahí es nada.  </p>
<p>La paradoja niño-anciano que sustenta al Puer ya vimos que lo mantiene físicamente fresco, pero al mismo tiempo tenemos en él a un ser que con siete años ya es un alma vieja. Su metabolismo psíquico es muy acelerado. Un cuerpo que parece envejecer con retardo, un alma que aprende, crece y se reproduce rápido. Que puede conducir a la personalidad a una verdad prematura, a una comprensión demasiado extraterrena de las cosas. A convertirse en un pez fuera del agua, que fallece inapelablemente.</p>
<p>Sin embargo, el enfoque más plausible de este problema se da al analizar la muerte Puer no como hecho literal, sino como mitema. Siendo el Puer en esencia un barco azotado por los tormentosos vientos de la individuación, no se nos puede pasar por alto que el tema central del Viaje del Héroe es la Muerte-Renacimiento.  Es una personalidad que, como ninguna otra, está obligada a atravesar profundas transformaciones, en pos de una progresiva sublimación y diferenciación. El asunto es que los mitemas incluyen la posibilidad de la somatización y la literalización, y si alguien es atrapado por el campo gravitatorio del motivo arcano 13 (La Muerte), para qué engañarnos: éste puede concretar su poder físicamente. Especulo que si hiciéramos estadísticas sobre este tema saldrían más altas las cifras de bellos y lozanos cadáveres entre los Pueri de estilo artístico que entre los filosófos, porque la expresión meramente artística (imagen primigenia) es un escalón menos diferenciada que la expresión espiritual (idea primigenia). El Puer artista es más apegado, más adictivo, que el científico, y por ello su modo de ser es más denso, menos flexible, menos permeable, a la transformación. El riesgo de caña quebrada por el viento es mayor. De todos modos, nadie puede eludir un destino si éste está escrito en la roca.</p>
<p>En la biografía de Jung se da un hecho crucial relacionado con estas cosas, en el paso que hay entre la producción artística basada en imágenes primigenias que el Libro Rojo muestra y el corpus filosófico, basado en ideas primigenias inferidas desde ahí, que es la Psicología Analítica en sí misma. Él mismo cuenta cómo fue tentado una y otra vez por la sirena a permanecer como Puer artístico y abandonar el esmero intelectual, y cómo venció en esa pugna. Seguramente estaba en juego en mitad de aquello no sólo el desarrollo adecuado de una personalidad, sino incluso la duración física de ésta.</p>
<p>Tengo que decir que a veces la tensión entre arte y filosofía es en más de un modo similar a la que se da entre ciencia y religión.</p>
<h4>Los padres del Puer: presocráticos, pitagóricos y Platón</h4>
<p>Es realmente maravilloso contemplar una y otra vez cómo la ontogénesis actual del pensamiento Puer viaja en paralelo con la filogénesis del pensamiento occidental en general. En la infancia el encuentro con la imaginería arquetípica empieza teniendo un marcado talante presocrático: el Puer niño es conducido a especular sobre si el elemento primordial de la Naturaleza es el agua, el aire, el fuego&#8230; Cosas así. Se trata de inspiraciones especiales que se dan en el contexto de cierta alteración de la conciencia, que tienden a conducir al ego una y otra vez hacia una apreciación metafísica de la verdadera naturaleza de las cosas. Podemos decir, de un modo claro y contundente, que se trata de los arquetipos atrayendo hacia sí la atención del ego, diciendo algo así como &#8220;la realidad no es como parece. Míranos, estamos aquí&#8221;. La falta de conocimientos físicos y químicos facilita la metaforización del mensaje inconsciente en elementos familiares a los sentidos, que es el lenguaje favorito de los arquetipos (siendo los avances en química, en realidad, una interferencia en la comunicación entre ego e inconsciente). Estamos hablando de una tendencia alquímica, metafísica, natural, y a estas alturas sólo un estúpido podría seguir manteniendo que la alquimia es una química infantil, que la mitología es una ciencia larvaria y que los presocráticos pertenecen al estado pueril de la ciencias naturales. La función de estas preocupaciones no es averiguar la composición molecular y concreta de las cosas, sino descubrir leyes generales y sistémicas sobre el sentido del existir. Por eso las formulaciones filosóficas de un Heráclito siguen teniendo plena vigencia hoy día, y en general las ideas primigenias de estilo presocrático siguen destilando sabiduría altamente compleja y diferenciada. Su vocación es alcanzar la <em>iluminación</em>, no el Nobel de Química, aunque pueden llegar a convertirse en las inspiraciones nucleares responsables también de los avances históricos en las Ciencias Naturales. Y, en la biografía del Puer, la piedra angular sobre la que luego desarrollar una teoría astrofísica revolucionaria, como es el caso de Nassim.  </p>
<p>En un desarrollo típico, llegarán pronto, concomitando con estas ideas, la fascinación por los misterios numéricos y geométricos, repitiendo la vocación pitagórica. Se trata ahora de la abstracción matemática como áscesis para acercarse a la divinidad. Sazonando este proceso evolutivo de las funciones pensantes e intuitivas entrelazadas como las dos serpientes del caduceo, se darán múltiples experiencias paranormales que le darán al Puer la prueba fehaciente de que existen dimensiones y planos de realidad genuinos más allá del mundo sensorial, convirtiéndolo en un platónico de pura raza. El Puer es por naturaleza esoterista, y tiene una inmediata afinidad con lo mistérico y lo religioso. No lo olvidemos ni por un instante: todo aquello que expresa la realidad de lo inconsciente, la realidad arquetípica, el Más Allá, es el mundo natural del Puer. El matemático y el físico teórico son los científicos más cercanos al gurú y al teólogo, así que es obvio que un Puer que acabe diferenciando su pensamiento hasta la ciencia contemporánea, y que sienta una fuerte vocación hacia ella, se convertirá en un físico teórico con muchísima más probabilidad que en un técnico o un ingeniero. De todo este conjunto de universales cosas ya veréis de qué manera Haramein es un ejemplo flagrante.</p>
<p>La mayor parte de la gente se escandaliza en cuanto Nassim comienza a mezclar meditación trascendental, misterios de las pirámides, OVNIs, matemáticas y física cuántica. Pero esta mezcla es tan apropiada, tan profundamente genuina, como la relación entre un Jung, con sus escritos sobre mitos y religión, y un físico teórico consumado como es Wolfgang Pauli. Por supuesto que no todos los Pueri alcanzan a mezclar en su debida proporción y con verdadera coherencia las cosas, pero el intento camina en una virtuosa dirección. Lo más importante que voy a decir en este artículo es que la obra del Puer es la piedra angular sobre la que podría tejerse la reconciliación entre la Ciencia y la Religión. Ésta era la meta de Jung, precoz para su época, aunque quizás para todas. Uno de los obstáculos más grandes que nos encontramos en este arduo camino es el pecado de <em>psicologismo</em>, que cometen también demasiados psicólogos junguianos. Para entender la relación entre el mito, el arquetipo, y la realidad física, tenemos que comprender que los mismos arquetipos están empeñados en transmitirnos, desde niños, que ellos no sólo son las fuentes de nuestro ser, la base de nuestra psicología, sino también la estructura sobre la que se teje el Cosmos en su totalidad.  </p>
<p>Por supuesto, además de ser estos videos un documento privilegiado sobre la psicología Puer, son lo que pretenden ser: una muy buena exposición de la verdadera situación en la que se encuentra la Ciencia en la actualidad, llena de errores garrafales, imprecisiones, chapuzas y falacias, y de cómo reacciona ante ello Nassim de un modo del que cabe decir, sin quererme ahora mojar más, muy ingenioso.  </p>
<div></div>
<div class="align_cnt"><p style="text-align:center;font-size:1.17em;font-weight:bold">[Ver este vídeo en la página original]</p></div>
<p>&nbsp;</p>
<div><p style="text-align:center;font-size:1.17em;font-weight:bold">[Ver este vídeo en la página original]</p></div>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.odiseajung.com/blog-jung-odisea/2010/08/nassim-haramein-egregio-puer-aeternus-un-caso-perfecto/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>6</slash:comments>
<enclosure url="http://video.webislam.com/files/2010/04/nassim-haramein_rogue-valley_1-2.mp4" length="392493703" type="video/mp4" />
<enclosure url="http://video.webislam.com/files/2010/04/nassim-haramein_rogue-valley_2-2.mp4" length="510122936" type="video/mp4" />
		</item>
		<item>
		<title>Platón, Descartes, Kant, Jung. De la solidez del Pensamiento &#8211; II</title>
		<link>http://www.odiseajung.com/blog-jung-odisea/2009/05/platon-descartes-kant-jung-de-la-solidez-del-pensamiento-2/</link>
		<comments>http://www.odiseajung.com/blog-jung-odisea/2009/05/platon-descartes-kant-jung-de-la-solidez-del-pensamiento-2/#comments</comments>
		<pubDate>Tue, 05 May 2009 02:52:20 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Raúl Ortega</dc:creator>
				<category><![CDATA[Ciencia y Mito]]></category>
		<category><![CDATA[Editoriales]]></category>
		<category><![CDATA[Aristoteles]]></category>
		<category><![CDATA[Heráclito]]></category>
		<category><![CDATA[Platón]]></category>
		<category><![CDATA[problema de los universales]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.odiseajung.com/blog-jung-odisea/?p=288</guid>
		<description><![CDATA[¿Hacia qué nuevos universos nos conducirá el abrir cualquiera de esas innumerables puertas que permanecen selladas hoy con nuestra ignorancia? La mayoría de ellas aún no sabemos ni que están ahí; tanto es nuestro desconocimiento.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h3 style="text-align:center;display:inline-block;display:block">Segunda parte</h3>
<h5 style="display:inline-block;display:block">Filosofía clásica</h5>
<p>No nos va a resultar necesario detenernos mucho en la exposición del pensamiento de filósofos tan populares como los que se dan aquí. Por algo se llaman clásicos. Nuestra cultura se ha ocupado bien en divulgar sus tesis a lo largo de la Historia.</p>
<p>- <strong>Platón</strong>: Unos 32 años después de Demócrito, en el siglo IV a.c., nace este coloso, que continuará y engrandecerá la línea ya seguida por un Pitágoras o un Parménides. <span id="more-288"></span>En los libros VI y VII de La República reproduce diversas alegorías para tratar de explicarnos sus teorías gnoseológicas y ontológicas (la caverna, la línea dividida), que podríamos resumir así: el conocimiento obtenido a través de lo empírico es una ilusión, pues lo sensible es sólo simulación, reflejo, pero no realidad, y lo llamaremos <em>dóxa </em>(opinión). Dentro de la dóxa, de todas formas, discernimos dos niveles de acierto y realidad: la <em>eikasía, </em>que es la pura conjetura ilusoria, y la <em>pístis,</em> que son las creencias, y los enunciados de lo que se conviene en llamar sentido común. El conocimiento obtenido a través de la recta razón, el mundo de lo inteligible, se corresponde con la genuina realidad, y lo llamamos <em>epistéme</em>, Ciencia. Volvemos a distinguir dentro de ésta dos niveles de profundidad: la <em>diánoia,</em> pensamiento discursivo, que tiene que representarse, materializar de algún modo los contenidos de su intelección (el matemático que dibuja triángulos para trabajar sobre ellos), y la <em>nóesis,</em> la razón pura, capaz de atisbar lo que está detrás incluso de cualquier representación o metaforización (&#8220;[...] <em>descienden hasta una conclusión sin servirse para nada de lo sensible, sino de Ideas, a través de Ideas y en dirección a Ideas hasta concluir en Ideas</em>&#8220;). Platón, en la diánoia, está planteándose qué ocurre, por ejemplo, con las concreciones geométricas o las artísticas. Intuye que son inmanentes, por ser eso, figuraciones, concreciones, luego participantes de cierta falsedad (según su modelo), pero sabe que aluden directamente a algo que está detrás, trascendente, conceptualmente puro y no figurativo. Me parece obvio que está reflexionando de un modo tácito sobre las representaciones simbólicas. Sus alegorías son, de hecho, diánoia. Mi opinión desde hace tiempo sobre el Arte en particular y la representación simbólica en general (el sueño, por ejemplo) ha ido convergiendo hasta ponerse en paralelo con la misma línea del conocimiento/realidad de Platón, en relación a estos puntos. Planteo que quizás el auténtico a priori sea la Idea Primigenia, y no la Imagen Primigenia. Es decir, que la Idea es una autorrepresentación del Arquetipo en la conciencia humana más cercana a su esencia que la Imagen. Siguiendo este hilo me suelo definir lo artísitico como una forma de epistéme embrionaria, en desarrollo hacia lo filosófico. Sin embargo, tenemos que tener mucho cuidado de no confundirnos reduciendo la Imagen y el Arte a conceptos que podrían ser con respecto al significado original meros <em>flatus vocis </em>(esto ocurre siempre que tratamos de introducir el símbolo dentro de los límites de nuestro pensamiento, en lugar de extender esos límites hasta tocar su alma). La Idea Primigenia es un contenido obviamente no ajeno a la intelección, pero tampoco al cuerpo, ni al corazón. Así, el Arte, el Símbolo, por sí solos, alcanzan a intuir el Sentido, y llegar hasta la Idea Primigenia, sin embargo, provoca la expansión de consciencia, donde el Sentido pasa a ser vivenciado, penetrando en el Yo a través de la experiencia del Significado. Se trata de la <em>comprensión</em>, exactamente en el sentido original del término: <em>Abrazar, ceñir, rodear por todas partes [una cosa]</em>. De este modo, podríamos plantearnos una Physis que se conoce penetrando en la psique desde la percepción (sensorial) al concepto, aunque en alto grado estén indisolublemente unidos, y una realidad arquetípica que se aprehende en un movimiento simétricamente inverso, que penetra en nosotros desde el remoto concepto a la más cercana percepción (imaginal). Pero sólo estoy repitiendo de un modo lingüísticamente engorroso la Idea Primigenia de que la realidad total es el Verbo y su encarnación, y que a través de la visión interior y la reflexión tratamos de tocar el Verbo, y a través de los sentidos tratamos de tocar su manifestación.</p>
<p>Mas toda esta reflexión puede estar afectada de demasiada subjetividad, procedente de una predominante función intelectual que busca en la última realidad una imagen que le resulte familiar. Podríamos inversamente argüir que la Idea, a través de ese poder que tiene para tocar la conciencia y transformarla, nos está revelando, precisamente, que es más modesta y está más cerca de lo humano que su hermana la Imagen. Hay que llamarse a prudencia y no tratar de zanjar apresuradamente esta nueva versión del huevo y la gallina. Obviamente, hay y habrán muchísimos cabos sueltos en relación a la ontología de lo arquetípico. Desarrollaré otro ejemplo: así como en nuestra cognición de la Physis descubrimos que existe de base, ya mezclada, mucha conceptualización (no percibimos los objetos en sí, sino lo que de ellos nos resulta inteligible), en nuestra percepción de las así llamadas <em>realidades del alma</em> no existen sólo conceptos y símbolos abstractos, esas cosas, aunque tan vivas, tan inorgánicas. Hay entes &#8220;concretos&#8221;, que es como percibimos, por ejemplo, a los personajes y las cosas del sueño. Que estos entes &#8220;concretos&#8221; del psiquismo suelan ser diánoia (imágenes componiendo símbolos, imágenes reflejando ideas) nos tranquiliza el ánimo, pero a veces se cuela alguno que se resiste inquietantemente a ser tratado sólo como representación imaginal, y parece incluso reclamar el derecho a disfrutar de cierta extensión espacial y temporal (si no relativas a este mundo, a algún otro). A muchas de las sombras de Platón les sucede algo parecido; reivindican a gritos su peso y su voluminosidad, por más que se esfuerce él en acallarlas. Dicho de otro modo: lo que ocurre con Platón y, en general, con los realistas y racionalistas, es que perciben el mundo sensorial como si fuera un sueño (el gran teatro del mundo), y de un modo totalmente espontáneo y natural, abordan ese sueño con una interpretación, de tal modo que es esto, interpretar (la Razón), y no el sueño en sí, lo importante a fin de cuentas de la cuestión. El empirista reclama que lo sensorial, si es un sueño, lo es desde luego muy vívido, y de una naturaleza tal de la que es imposible despertar. Y exige categoría de realidad genuina (última y única) para todas esas &#8220;sombras&#8221; que nos abordan en él. Pues bien, algunas experiencias con lo Inconsciente, algunas de las &#8220;sombras&#8221; que nos tropezamos de vez en cuando ahí, parecen necesitar un tratamiento más bien de índole empirista, y se resisten a ser despachadas con &#8220;sólo&#8221; la interpretación racional. ¿En qué lugar entre la Imagen y la Idea Primigenias colocamos a estas &#8220;criaturas&#8221;?</p>
<p>Regresando a Platón: esta doctrina suya que acabamos de exponer a menudo se nombra como Realismo Exagerado. No creo que pusiera el filósofo muchas pegas al sustantivo, pero habría que oírlo en relación al adjetivo. &#8220;El de las espaldas anchas&#8221;, de hecho, a veces agarraba unos enojos terribles. Con Heráclito sólo se encontraba a medias indispuesto (el de Éfeso por un lado ponía el acento en el devenir -lo cual contravenía la eternidad reinante en su Mundo de las Ideas-, pero por otro postulaba el Logos como rector del cambio, más allá de él, e incluso egregio interlocutor del filósofo -lo que posiblemente fue basamento inspirador de sus propias tesis, aunque le costara admitirlo-), pero de Demócrito bien sabía que significaba filosóficamente su némesis, y su sentimiento pedía obrar en consecuencia: llegó a confesar que le hubiese gustado quemar todas las copias de la obra de su colega que se hallaban circulando. Fácilmente el carácter se agria apostando por la defensa de tesis que no se pueden demostrar en el mercado, a la luz pública y democrática (por ello su Estado ideal debía ser gobernado por filósofos, los interlocutores de sus Diálogos), y esa frustración puede a veces conducir al empleo del empírico estacazo. Justamente el estilo literario de Platón, dialéctico, denota que realmente tenía mucho interés en convencer a los demás. Pero la intuición platónica debía husmear con acierto que se encontraba ante Demócrito con un hueso duro de roer, que había atisbado, como él mismo había hecho (sólo que desde la antípoda del mismo Universo) verdades esenciales sobre lo Real. Platón y Demócrito son dos &#8220;súper premios Nobel&#8221;, y así la Historia se lo reconocerá a estos dos coetáneos. Por cierto, no es raro que sendos representantes conspicuos de direcciones gnoseológicas divergentes solapen sus biografías. Es un baile de opuestos, un juego de la Complexio Oppositorum, muy interesante: Demócrito/Platón, Platón/Aristóteles, Tomás/Ockham, Descartes/Locke, Pascal/Descartes, Freud/Jung, por ejemplo. No se puede argüir apresuradamente que esto ocurre así sólo por un principio de acción-reacción, fundamentado en las competitividad, celo y animadversión interpersonales. El intelecto es en esencia crítico, violento y dialéctico; la publicación de unas ideas siempre provoca la movilización de las contrarias. Pero esas cualidades, por más que predispongan a la batalla, no son capaces por sí solas de engendrar la genialidad, la cual siempre se desarrolla en el marco de un destino innato. Cada una de estas figuras es una individualidad tan marcada y genuina, y un talante, talento y destino tan opacos a cualquier modo de alienación, que es imposible explicarlos sólo a partir del encuentro con otra, o su obra. Más bien parecen trenes que, circulando su propia e instransferible vía, son dispuestos por el azar para que crucen sus raíles en algún punto. Para cruzar espadas o intercambiar algunas mercancías. Decimos azar significando, por supuesto, Inconsciente Colectivo.</p>
<p>- <strong>Aristóteles</strong>: Forma una pareja con Platón parecida a la que formó Jung con Freud. Primero como discípulo, a la sombra del maestro, luego tomando impulso y desarrollando la propia e independiente escuela, en algunos puntos continuadora de lo aprendido, en muchos lugares crítica, reformista e incluso opuesta, en conjunto distinta y distante. La predisposición hacia la Biología de este pensador va a sellar de un modo imposible de obviar toda su filosofía. Así, donde Platón encuentra en la Matemática una inspiración excelsa para pensar en mundos ultraterrenos supraordinados a lo sensible, sintiendo que el intelecto comienza a contemplar en ella el alma en estado puro, separada, de las cosas (la Geometría como esencia morfológica de todo lo creado, las leyes matemáticas como el espíritu rector ante el que todo lo extenso se doblega), Aristóteles no puede hallar lo mismo. Platón, con total seguridad, reflexiona, sobre todo, alrededor de cuerpos inertes (con sus más que menos definidas rectas, planos y ángulos), y Aristóteles no puede dejar de pensar en plantas y animales. Ya la Geometría tiene serias dificultades con las chocantes morfologías y texturas de lo vivo, pero el problema se hace mayúsculo cuando queremos contener en una fórmula numérica las calidades orgánicas, que se extienden más allá de cantidades tales como peso y volumen.</p>
<p>Cuando el pensador a lo largo de la Historia se ha querido representar lo que existe, para pensar luego sobre ello, ha solido cometer un error antes de abordar siquiera el primer planteamiento. Ha escogido como ejemplos de realidad sensorial o bien artefactos familiares de su entorno, o bien la imagen de la Naturaleza <em>in toto</em> que parece obtenerse de mirar el grandioso cielo. El pensar filosófico está lleno de imágenes de sillas, mesas y casas, cuando se dirige a lo inmediato, y de esferas trazando rutas geométricas perfectas a través del cielo cuando quiere representarse el Cosmos. Todo esto engaña a la razón. La realidad no es tan simple. Son ejemplos mal escogidos. La Ciencia tardó siglos en salir de su confusión optimista acerca de lo que creía saber, por haber caído en la misma trampa. Pensaba que describir correctamente nada menos que el Sistema Solar, dar cuenta de las leyes que interrelacionan los planetas con sus órbitas y poder predecir con exactitud sus posiciones para cualquier momento futuro era prueba de que su conocimiento acerca de la Physis había encotrado las llaves de las puertas del mismísimo Cielo. Con la irrupción de la Teoría del Caos, sin embargo, el Sistema Solar pasó a convertirse en un excepcional y aberrantemente simple sistema físico (es más complicado entender el por qué de su sencillez que su funcionamiento). La Naturaleza es muchísimo más compleja. Predecir la posición planetaria ha perdido mucho mérito.</p>
<p>Digamos ahora, de pasada, que suele ser regla común que los racionalistas provengan de espíritus simpatizantes con las Matemáticas, así como el empirista suele forjarse desde la tropa de conciencias atraídas por las Ciencias Naturales (sobre todo cuando son menos teóricas que descriptivas), y creo que todo lo expuesto hasta ahora facilita mucho entender el por qué. La Biología en este contexto hay que tratarla aparte, como caso, en mi opinión, extremadamente interesante e importante. Cuando el biólogo tiene un pensar extravertido, y frente a la Naturaleza su postura es observar y anotar, su tendencia hacia el más crudo escepticismo empirista es muy fuerte. Pero si tiene tendencias introvertidas, meditativas, a poco que aplique este pensar matemático, abstractivo, a las impresiones que producen en él sus amados organismos vivos, se produce con mucha facilidad un giro decidido hacia la Psicología, es decir, hacia la ciencia del alma. Alma, anima<em>, </em>es lo que da vida y aliento. Es decir, la esencia de lo vivo. Simplificando, diremos que el rector de los matemáticos es el espíritu (<em>animus</em>, <em>nous</em>), el de los naturalistas, en general, la materia, y el de los &#8220;biólogos teóricos&#8221;, como acabamos de decir, el alma.</p>
<p>Alma es un ligamento entre espíritu y cuerpo (la materia), un ente mediador, y Aristóteles, nuestro &#8220;biologista&#8221;, trata de adoptar una postura intermedia en nuestro dilema de los universales. Lo intenta, aunque, pienso, al final, no lo logra.</p>
<p>Define lo que es real como O<em>usía</em>, la Substancia, aquello que Es y Existe. Substancias son todas las cosas que nuestra conciencia inventaría en el mundo: los cuerpos. Que están compuestos esencialmente de <em>hylé</em> y <em>morfé,</em> materia y forma<em> </em>(subrayo: un &#8220;biologista&#8221; jamás se dejaría atrás la <em>morfé</em>). Después de definir la substancia, que es la categoría fundamental del ser, categoriza sus propiedades, que son los predicados que la acompañan: cantidad, cualidad, relación, espacio relativo, tiempo, posición, condición, producción, pasión. La última, la pasión, se refiere directamente a la actividad de los organismos vivos (que bebe, que caza).</p>
<p>Aristóteles critica y rechaza el mundo de las Ideas, aduciendo que es una duplicación innecesaria de la realidad, que precisaría (muy ingenioso) una duplicación también de la investigación ontológica (¿las ideas tienen a su vez materia y forma?). Él no siente, como Platón, que la abstracción alcance un saber sobre realidades que están más allá y antes de las cosas sensoriales. Siente, con criterio nominalista, que la abstracción sólo diferencia y desgaja una cualidad presente en lo sensible, que a ello pertenece y de ello nunca debe escapar. Sin embargo, le concede a la Idea el seguir conteniendo significados capitales sobre la esencia de lo real y, así, ésta pasa a convertirse en su ontología en la fundamental morfé, la forma (atención a esto: en la filosofía de Platón, la forma implícitamente es una condición esencial de lo materialmente existente -reconocemos en sus formas la existencia de las sombras-. Lo que ocurre es que rápidamente adquiere vida propia, y deja atrás lo substancial. Aristóteles hace algo así como llamar al orden al pensamiento platónico, y obligarlo a recular, hasta llegar al mundo de las cosas otra vez, desde el que partió). Además, la morfé sigue participando de cierta cualidad etérera, heredada desde la Idea. Para este pensador, lo decididamente &#8220;mundano&#8221; es la materia, lo que se toca. Claro: la forma, lo menos sustancioso de la substancia, aunque la tratemos de circunscribir a lo concreto, está saltando siempre hacia la abstracción y la universalización. ¿De dónde habría sacado Platón su inspiración si no?</p>
<p>Todo esto es lo que llamamos el intento mediador de Aristóteles, entre un puro nominalismo materialista y el realismo extremo de su mentor. Es posible que Aristóteles creyera que le hacía suficiente justicia a la Idea reconvirtiéndola en morfé, porque a él lo único que le interesó siempre de aquel concepto fue su relación con las cosas sensoriales, como esencia de ellas. Luego, al parecer, nada importante se ha perdido. Hemos logrado argumentar que no sólo existen &#8220;átomos y vacío&#8221;, y con eso el mundo de las Ideas debe estar satisfecho. Pero lo cierto es que, al reencarnarse, la Idea tiene que renunciar a la valiosa unidad, y multiplicarse. Confundirse de nuevo con las impurezas que son las diferencias individuales, con el esfuerzo que había supuesto la sublimación saneadora. Y lo que significa la pérdida más grave para la intuición abismal de los realistas: la idea primitiva (¿o deberíamos decir Idea Primigenia?) acerca de la existencia de almas y espíritus independientes desaparece de nuevo del horizonte del conocimiento. Porque ya es momento de decir que, <em>casualmente</em>, los postulados sobre el alma y lo físico de estos dos autores corren respectivamente en estricto paralelo. Así es: Platón tiene una concepción pitagórica del alma, como entidad que vive &#8220;encerrada en la cárcel del cuerpo&#8221;, que es ontológicamente ditinta y que aspira a separarse de él (cosa que ocurre, de hecho, en la muerte física). Exactamente como concibe la Idea. Aristóteles es explícito: el alma es al hombre como la forma a la substancia. ¿Qué tenemos, entonces, aquí? Pues dos pensamientos que proyectan en la Physis sus intuiciones acerca de la constitución de la propia alma. Mejor dicho: dos conciencias que se explican el Mundo y el Hombre según su amplitud y estructura, que es algo más que la profundidad y agudeza del pensamiento. Ya puedo adelantar el tipo de consideraciones que pretendo mostrar en este artículo: la posición nominalista o realista frente a lo existente va a depender de las relaciones que tenga la conciencia con las realidades del alma. También podremos llegar a ver con claridad que el pensador realista ha confundido a lo largo de toda la Historia su referencia última, reduciendo a la Razón (cuyo enorme poder dentro de él lo ciega) todo su mundo psíquico, y contraponiendo ésta a la experiencia de los sentidos, cuando, en realidad, la oposición verdadera es fenómeno físico <em>versus</em> fenómeno psíquico. El cual abarca un universo entero más allá de la mera estructura del pensamiento y las Matemáticas.</p>
<p>A la luz de estas nuevas claves podemos ver en qué medida las filosofías de estos dos grandes giran alrededor de lo psíquico. Incluso cuando parecen interesadas por otras cosas. Platón desplazándose rápidamente desde el alma hacia lo espiritual, esa otra realidad concebida desde siempre aparte y más allá de lo material, y Aristóteles, tal y como teníamos previsto, en su tipología clásica de biólogo introvertido, acercándose decididamente a la esfera de la Psicología, así como nos es hoy familiar entenderla: concibiendo la psique como una entidad orgánica, entrelazada substancialmente con el cuerpo. No como un élan o éter incrustado a duras penas en lo físico, sino como esencia de la materia viva. Llega a realizar una clasificación por tipos del alma (vegetativa, sensitiva y racional), un estudio de las funciones de cada clase y una investigación sobre los órganos de los sentidos. Cuando se ocupa del grave agüjero que hay en la filosofía de su mentor en relación al movimiento, el devenir (Platón no se preocupa de explicar cómo ocurre el cambio en las substancias, siendo las Ideas a las que imitan fijas e inmóviles), establece las cuatro causas del ser: &#8220;[...] <em>La primera es la esencia, la forma propia de cada cosa, porque lo que hace que una cosa sea, está toda entera en la noción de aquello que ella es; y la razón de ser primera es, por tanto, una causa y un principio. La segunda es la materia, el sujeto; la tercera el principio del movimiento; la cuarta, que corresponde a la precedente, es la causa final de las otras, el bien, porque el bien es el fin de toda producción.</em>&#8221; Pues bien, la cuarta causa es nada más y nada menos que lo teleológico, el propósito de la substancia, que también impregna sus ideas sobre el paso de la potencia al acto. El &#8220;para qué&#8221;, constantemente olvidado por nuestra Ciencia, para la que todo lo real &#8220;viene de&#8221; (causa-consecuencia), pero no &#8220;va a&#8221;. Otra vez, lo teleológico es una intuición que sobreviene fuertemente al observar los organismos animados, y lo que para él se convertirá en un principio universal, de lo físico y lo psíquico (vitalismo), creo que no es difícil entrever que se trata en su origen de una intuición de la libido.</p>
<p>Rondando tanto, consciente e inconscientemente, el punto arquimédico del dilema de los universales, que es la psique, entendemos aún mejor cómo adquiere su filosofía esos tintes mediadores. Pero, como ya he apuntado, es una mediación ficticia; cosas esenciales de un polo se han perdido, y, en Aristóteles, al final, no hay auténtica síntesis ni unión de opuestos. Esto no puede darse objetivando al alma como principio vital y colocándola de cara al mundo que penetra por los sentidos. Esto sólo puede hacerse desde la postura de Sujeto, no para entenderse sólo como ser pensante, sino basculando entre lo que se percibe &#8220;afuera&#8221; y lo que se percibe &#8220;adentro&#8221; (esas comillas son muy necesarias). Platón piensa, pero intuye más que piensa, y su filosofía quiere abrirse hacia un mundo que él percibe como orden implicado, substrato de lo sensible pero ontológicamente a la vez distinto, donde de vez en cuando se cruza de repente un ente desencarnado por el camino. Un mundo que siglos después alguien llamaría Inconsciente Colectivo. Aristóteles nos sigue proponiendo un Cosmos donde la psique y su dinámica tienen un lugar privilegiado, pero rechaza todo lo que sobre la estructura de esa psique habíamos avanzado ya. Cuando esboza su principio cósmico vitalista, está caminando hacia una verdadera mediación, ya que es un modo de espiritualismo, pero su imposibilidad de trascender el hilemorfismo (&#8220;todo es hylé-morfé y vacío&#8221;) le priva de abrirse hacia lugares más profundos de la realidad. El vitalismo es en sí mismo la intuición de una fuerza misteriosa que todo lo impregna y que todo lo mueve; o sea, como dije arriba, es una intuición de la dinámica inconsciente. Pero se resiste a rebasar sus límites, habitando una conciencia seducida por lo inmanente. En cierto sentido, Aristóteles me recuerda a Freud.</p>
<p>También hay que señalar que en su concepción del Universo lo biológico no puede obviarse al hablar de lo físico, porque lo vivo está ahí, tan sólido como una roca. Es una postura que parece obvia, pero en la práctica la Física se ha desentendido durante mucho tiempo del misterio de la vida. Hoy, sin embargo, ya existe una Astrobiología, heredera fiel del legado aristotélico.</p>
<p>Veamos ahora algunas interesantes implicaciones del problema de la forma en nuestra Ciencia, que ya esbocé al pasar por Demócrito.</p>
<p>Aunque el filósofo esté muy acostumbrado a relacionar universales y abstracciones con la categoría de la morfé, lo cierto es que la hylé se presta igual de bien a la generalización. De hecho, es el modo básico de enfrentarse a la realidad que tiene nuestro aparato científico: hablamos de la materia, pero no en relación a éste o aquel cuerpo, sino de la materia, en sentido universal. Esto hasta cierto punto es necesario, pero a partir de un lugar nos puede confundir. Como hemos repetido hasta la saciedad, cuando nos introducimos en la Biología es mejor no dejarse atrás mucho tiempo a la morfé. Pero, de hecho, lo hacemos: si bien la Genética ha logrado avanzar mucho en la comprensión de los procesos de sintetización de proteínas, los &#8220;ladrillos de la vida&#8221;, poco o nada sabe de cómo se organizan esos compuestos para crear un órgano con la forma concreta que debe tener. Es un agujero en el conocimiento escandaloso, pero parece que nuestra orgullosa Genética es inasequible al desaliento. Sencillamente se obvia el problema, se despacha con un &#8220;<em>patrones complejos de interacción físico-química no comprendidos plenamente todavía</em>&#8220;, se habla poco de ello, y ya está. El biólogo Rupert Sheldrake, sin embargo, retoma el asunto desde ahí y elabora con él su celebérrima hipótesis de los &#8220;campos morfogenéticos&#8221;, que tanto nos gusta a los que también nos gustan los arquetipos. Las ideas de Sheldrake son revolucionarias desde todo punto de vista, incluso el ontológico, lo que nos anima a seguir reflexionando en esto: ¿Hacia qué nuevos universos nos conducirá el abrir cualquiera de esas innumerables puertas que permanecen selladas hoy con nuestra ignorancia? La mayoría de ellas aún no sabemos ni que están ahí; tanto es nuestro desconocimiento.</p>
<p><br class="spacer_" /></p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.odiseajung.com/blog-jung-odisea/2009/05/platon-descartes-kant-jung-de-la-solidez-del-pensamiento-2/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>3</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Platón, Descartes, Kant, Jung. De la solidez del Pensamiento</title>
		<link>http://www.odiseajung.com/blog-jung-odisea/2009/04/platon-descartes-kant-jung-sobre-la-solidez-del-pensamiento/</link>
		<comments>http://www.odiseajung.com/blog-jung-odisea/2009/04/platon-descartes-kant-jung-sobre-la-solidez-del-pensamiento/#comments</comments>
		<pubDate>Thu, 30 Apr 2009 22:22:44 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Raúl Ortega</dc:creator>
				<category><![CDATA[Ciencia y Mito]]></category>
		<category><![CDATA[Editoriales]]></category>
		<category><![CDATA[Demócrito]]></category>
		<category><![CDATA[Heráclito]]></category>
		<category><![CDATA[Pitágoras]]></category>
		<category><![CDATA[problema de los universales]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.odiseajung.com/blog-jung-odisea/?p=250</guid>
		<description><![CDATA[A estas alturas de la Historia nos puede parecer obsoleto el debate de los universales, que ocupó a la Filosofía muy explícitamente en la Edad Media, pero, en realidad, su esencia enraíza en uno de esos problemas nucleares filosóficos que estuvieron presentes ya en las primeras discusiones entre los grandes pensadores]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h3 style="text-align:center;display:inline-block;display:block">Primera parte</h3>
<p>A estas alturas de la Historia nos puede parecer obsoleto el debate de los universales, que ocupó a la Filosofía muy explícitamente en la Edad Media, pero, en realidad, su esencia enraíza en uno de esos problemas nucleares filosóficos que estuvieron presentes ya en las primeras discusiones entre los grandes pensadores, continuaron estándolo después y siguen ahí planteados y planteándose hoy día. <span id="more-250"></span>Me atrevería a decir que el litigio alrededor de los universales es el hilo más sólido que enhebra la continuidad de la Filosofía a través de todos los tiempos, un asunto que vertebra sectores tan fundamentales de ella como la Gnoseología y la Ontología al mismo tiempo. Obviamente, el tránsito de las eras ha vestido a sus protagonistas de tantas diversas maneras como transformaciones en el modo y el estilo de traer el tema a colación les ha ido imponiendo. Pero son cambios muy accesorios y accidentales. En nuestra época, por ejemplo, su <em>modus vivendi</em> es el conflicto entre Ciencia y Fe, sujeto y objeto, conciencia y realidad. Por un lado, sí, ciertos planteamientos se han vuelto sutilmente diferentes. Por otro, básicamente, se trata del mismo dilema, idéntico a sí mismo, de siempre.</p>
<p>Mi modo favorito de exponer este problema es aquel en que se expresó a lo largo del intervalo histórico donde más popular se hizo, entre los siglos XII y XIV. No es una elección caprichosa de mi parte. Este modo de abordarlo quizás tan ingenuo, a la vez que tan directo y apasionado, es el que más nos ayuda a entrever la realidad de que estamos tratando con <em>ideas primigenias.</em> En modesto apoyo de lo cual también debo decir que, sin que haya podido nunca establecer ningún tipo de influencia externa previa, en mi infancia yo mismo me detuve varias veces a pensar y repensar vehementemente acerca de estas cuestiones, en exactamente los mismos términos en los que se las planteó la Escolástica. Momentos de reflexión que quedaron grabados como vivos recuerdos. Fue una gran sorpresa encontrarme después con estas disquisiciones en los libros de Historia.</p>
<p>Enunciémoslo así:</p>
<p>Porfirio, neoplatónico del siglo III d.c., se pregunta en la <em>Introductio in Praedicamenta,</em> si existen los géneros y las especies en sí mismas o sólo en el pensamiento, y en caso que existan, si son corpóreas o incorpóreas, si están separados de las cosas sensibles o se encuentran entre ellas. Él sólo plantea las preguntas, y Boecio (siglo IV d.c.), que traduce al latín su obra, contesta que los géneros y las especies no existen por sí mismos, no son sustancias, que el universal (el género, la especie) es un concepto de algo que existe fuera de la mente y que es incorpóreo, pero que cohabita con las cosas sensibles unido a los accidentes individuales corpóreos y separado a la vez en tanto que concepto formulado por la mente humana. La porfía estalla en su plenitud en el siglo XII, con los <strong>nominalistas </strong>proclamando que la única realidad existente es el individuo (este hombre, ese perro, aquel caballo) y que el universal (el nombre común y genérico de las cosas) es un <em>flatus vocis</em> (sonido fonético), y los <strong>realistas</strong> defendiendo la realidad ontológica de los universales, exactamente al estilo platónico, como entidades que están antes y fuera de las cosas.</p>
<p>Sí, lo sé. Un <em>flatus vocis</em>, en conjunto, parece todo esto al primer golpe de vista. Una variación más del coloquio sobre el sexo de los ángeles. Un entretenimiento de infantes introvertidos aburridos. Pero démosle otra oportunidad. Examinemos más profundamente qué tenemos en juego: por un lado, está aquella postura que sólo siente como legítimos y verdaderos los datos recabados a través de los sentidos. Seguramente a la mayoría le resultará inmediatamente simpática, y muy chocante su contrincante, con su peregrina idea de tomar palabras por realidades trascendentales. Pero démonos cuenta de que <strong>el universal es un primario, sencillo e inmediato ejercicio de abstracción</strong>. O sea, un primer paso desde la realidad sensorial al pensamiento. Si somos nominalistas ¿estamos acusando al pensar de hacer desde su primer ejercicio vana y fútil metafísica?</p>
<p>Lo que se pone en juego en el debate de los universales es el valor de la esencia misma del pensar. Si la abstracción no nos puede conducir en el fondo a una, quizás subjetivamente útil, pero errónea concepción de la realidad.</p>
<p>En la formulación actual de este género de dilemas estamos acostumbrados a enfrentar el pensar científico, cernido sobre los objetos sensoriales, con el pensar metafísico, perdido en las nubes de la imaginación. Pero aquí ponemos en tela de juicio el pensar científico también, enfrentándolo a la directa e inmediata sensación. Tengamos en cuenta que la mayoría de lo que consideramos hitos en la historia de la Ciencia se producen a través, no del ejercicio de la observación, sino de la abstracción. No son heroicidades de los sentidos, sino de la razón. Grandes avances de la Ciencia son leyes formuladas matemáticamente: ley de la gravedad de Newton, teoría de la relatividad de Einstein, ley de gases de Boyle-Mariotte, principio de Arquímedes&#8230; O son concepciones revolucionarias acerca del mundo sensorial, como el modelo heliocéntrico de Copérnico, las cuales de todos modos son alcanzadas a través del puro razonar y matematizar (sin dudas, alguno habrá que se le ocurra como gran avance científico una creación tecnológica revolucionaria, como el automóvil o el ordenador. Le tendría que señalar que estamos hablando de Ciencia como Conocimiento, y que ninguna creación tecnológica significa saber más sobre los fundamentos de la realidad. Los barcos ya flotaban desde mucho antes de nacer Arquímedes).</p>
<p>El gran científico, como cualquier filósofo, no es un acumulador de datos sensoriales. No siente que &#8220;la verdad esté ahí afuera&#8221;. Lo que percibe a través de sus sentidos es lo mismo que puede ver cualquier necio. Es más: necesita muy pocos estímulos sensoriales. Se alimenta de escasos &#8220;mordiscos de realidad&#8221;. A Newton le bastó una simple y banal manzana. La Humanidad ha contemplado a lo largo de su historia millones de manzanas, sin avanzar más allá del conocimiento de que se caen, y están ricas. Newton, experimentando la caída de <em>una</em> manzana (concreta, temporal) deduce una ley que parece adecuarse a <em>todos</em> los cuerpos del Cosmos (universal), para <em>siempre (</em>eterna). Es un salto descomunal, que no necesitó siquiera para darse ningún laboratorio de experimentación. El laboratorio de Arquímedes fue una bañera. Seguramente, la usaba incluso poco. Einstein era un adolescente demasiado ensimismado para fijarse siquiera en los objetos de alrededor. Imaginaba cosas acerca de espejos, velocidades, luz. La Teoría de la Relatividad nace al mundo después de ser gestada por una fantasía. Desde la mente hacia la mente. Pero, entonces ¿Dónde queda la realidad?</p>
<p>El valioso legado del Hombre de Ciencia son pensamientos expresados como fórmulas matemáticas. Son <em>entes</em> del Mundo de las Ideas platónico. Kant llegará a decir: &#8220;todas las ciencias teóricas de la razón contienen juicios sintéticos a priori como principios&#8221;. O sea, que los juicios sintéticos a priori son el fundamento mismo de las ciencias. Un juicio sintético a priori es una afirmación sobre lo real previa (a priori) a la experiencia sensorial, dicho un poco rudamente. Aunque sería con Hegel con quien los juicios a priori, las <em>categorías</em> kantianas, retornasen al olimpo metafísico, las afirmaciones de Kant sobre la Ciencia se parecen ya demasiado a la formulación de los supersticiosos realistas escolásticos acerca de la ontología del universal, como entidad que está antes y fuera de las cosas.</p>
<p>Cuando parecía que el nominalismo era el gran avalista del conocimiento científico, empujando al Hombre a volcar su atención hacia el siempre franco y honesto mundo de la realidad externa objetiva, liberándolo de su cárcel de fantasías y superstición, de repente se revuelve y lo muerde, traicionándolo. En lugar de seguir haciéndole favores al hombre de ciencia, le obliga a preguntarse (y a nosotros con él) cosas tales como:</p>
<p>¿Existe la ley de la gravitación, igual que existen las manzanas y los planetas? ¿Un vector de fuerza es algo real? ¿Existen el tiempo y el espacio, o son dimensiones artificiales de la abstracción?</p>
<h5>¿Cuál es la categoría ontológica de la Matemática? Un problema ejemplar.</h5>
<p>Este asunto merece un apartado propio. Partamos de que es inconcebible Ciencia sin Matemática, y que aquella se porta frente a ésta tratándola como si fuera un objeto real: la observa, la analiza, la investiga. La convierte en objeto de conocimiento, más allá de usarla como sujeto de conocimiento. En realidad, la mima. Se sorprende y se maravilla de su comportamiento a menudo, exactamente como si fuera un organismo con vida propia. Se abisma ante sus misterios, como ante un agujero negro o el ADN. Siendo en sí misma la esencia del proceso de abstracción, y un espejo fiel del proceso mismo del pensar en general, podemos tomar el problema ontológico matemático como el epítome de todas las preguntas que nos estamos planteando. Kant también se lo tomó así, dicho sea de paso. Vamos a ver ahora, precisamente, un mini resumen acerca de cómo se han enfrentando a estos galimatías los pensadores a lo largo de la Historia.</p>
<h5>Una larga y enconada trifulca</h5>
<p>Antes, un excurso.</p>
<p>Al contemplar en perspectiva la documentación que atesoramos hoy sobre la historia del pensamiento racional, que es la historia de los grandes filósofos y científicos, hay algo que debe resultarnos curioso. La Antropología concibe la adquisición de inteligencia humana como una consecución que, con toda evidencia, está ahí, como las patas del guepardo o las alas del halcón, para producir una más efectiva y exitosa adaptación al medio. La dirección del esfuerzo pensante se entiende evolutivamente, en pos de una ganancia adaptativa, ya sea porque conduzca a un avance tecnológico o a cualquier otra ventaja favorecedora de la supervivencia y enriquecedora de la vivencia. Antropológicamente entendemos el pensamiento como un arma de progreso. Por si no es bastante evidencia hacer el balance general de la expansión y auge de nuestra raza a lo largo de las eras a golpe de arma, técnica y máquina, podemos enfocar la mira en algún período histórico especialmente demostrativo de todo esto, como la entusiasmada Ilustración, donde avance científico, explotación de recursos, riqueza y bienestar social se hicieron definitivamente una piña indiferenciable. A la Antropología no pueden caberle dudas, por tanto, de que el genuino <em>homo sapiens</em> es un científico e ingeniero, cuyo volumen craneal ha crecido a favor de la comprensión, para la dominación y explotación, de la naturaleza circundante. Tiene que explicarse cualquier otro tipo de producción intelectual humana a lo largo de los siglos, o bien como producto inmaduro propio de unas balbuceantes funciones aún en período de entrenamiento y ejercitación (pensamiento mágico, mitología, religión en general), o bien como curiosos apéndices, efectos secundarios y colaterales, de las nuevas aptitudes conseguidas (arte, amor). Sin embargo, una de las primeras cosas que ocurren cuando el intelecto humano comienza a desplegar todo su maduro potencial, a través del pensamiento libre y ya plenamente lúcido de los primeros genios de la Razón, es que, justo al mismo tiempo en que se empieza a abocar diligentemente hacia la naturaleza, como es su deber biológico, se empieza a enroscar sobre sí mismo para auto cuestionarse. El Logos, precisamente allí donde se halla favorecido por el más alto coeficiente intelectual, comienza precozmente a replantearse su fundamento, su alcance y su legitimidad (incluso con tanto tiempo perdido que contrarrestar, tanto artilugio por inventar, y tanta sugerente manzana alrededor gritando &#8220;¡mira cómo caigo!&#8221;). Por ejemplo, el siciliano Gorgias, en el siglo V a.c., afirmaba que no existe realidad alguna, que si existiera no se podría conocer, y que si se conociera no se podría comunicar ¿Una función otorgada en pro de la pragmática adaptabilidad, empleándose en algo tan contraproducente como es discutirse sus propios fundamentos? Esto es algo así como si un halcón (y precisamente el más rápido) se cuestionara su facultad de volar, o el sentido de hacerlo. Estamos tentados de calificarlo, desde el punto de vista antropológico, como involutivo. No se trata ya de un replegarse desde la bañera a las matemáticas. Se trata del pensar replegado sobre sí mismo, antes incluso de poner el pie en el agua. Si alguna cosa puede ser la reflexión por antonomasia, debe ser esto.</p>
<p>Podría parecernos quizás un mero y eventual ejercicio de duda metódica muy necesario precisamente en unos tiempos en que había que limpiar mucho residuo aún del pensamiento supersticioso, y en los que el ser humano necesitaba colocarse justo en la orilla contraria de la fe, la orilla del total escepticismo, para balancear su posición cognitiva antes de emplearse a fondo en la auténtica tarea que le quedaba por delante. Algo hay de eso. Pero lo cierto es que el Logos sigue hoy, en nuestros ya asépticos días, dirigiéndose una y otra vez hacia los mismos lugares, a poco que se descuide. Bastan unos pocos ingredientes esenciales (cierta facultad, cierto carácter) para que el proceso de abstracción en la mente moderna vuelva a abismarse en las mismas consideraciones de un modo totalmente espontáneo y natural, por sí mismo y sin que medie ninguna finalidad compensadora pedagógica. Los pensamientos siguen hoy, como siempre, sumergiéndose, aunque sea a duras penas, en sí mismos, desnudándose de accidentes en todo lo que pueden, como empujados por una llamada a la transformación que los reclama desde su origen, allí donde se encuentran sus fundamentos. Lo que yo llamo la &#8220;revolución de la conclusión contra las premisas&#8221;.</p>
<p>De hecho, hoy coexisten una Ciencia, que se preocupa por conocer la realidad, una Ingeniería, que se ocupa de aprovecharla y una Epistemología (Gnoseología), por encima de ambas (más perspicaz, más profunda), que más que coetánea parece comportarse a veces como anterior (filogenética, ontogenética y ontológicamente), y que se sigue preocupando, sin gratuito optimismo, de qué es eso de la realidad, y qué es eso del conocimiento. Por supuesto, el epistemólogo siempre sufre más a la hora de ganar un sueldo y adaptarse al medio.</p>
<p>Nuestra época ha presenciado ya cómo la misma materia, flagrantemente desde el laboratorio experimental, nos puede obligar a replantearnos nuestras actuales concepciones básicas gnoseológicas. &#8220;Este hombre, ese perro, aquel caballo&#8221; no son, de entrada, ni tan reales ni tan inatacables como entidades básicas de nuestro conocimiento (&#8220;Este hombre, ese perro, aquel gato de Schrödinger&#8221;). Pero, sin necesidad de sofisticados instrumentos, al puro estilo de los físicos teóricos clásicos, el espíritu humano desnudo también sabe innatamente, y así viene haciendo desde hace mucho, adentrarse por los mismos vericuetos, y hacer descubrimientos de aún más trascendental alcance en el laboratorio cuántico del alma.</p>
<p>En definitiva, quizás la Antropología esté entendiendo mal la esencia evolutiva humana como una búsqueda incansable de seguridad a través de la mejora en la adaptación al ambiente, en una visión tecnológica de la Historia alrededor de nuestro ingenioso intelecto, a pesar de las apariencias. Porque más bien pareciera, profundizando desde otro ángulo, que el Hombre siempre se ha sentido mejor adaptado al medio que a sí mismo, y muy poco más inquieto por lo que ve que por lo que piensa, siente, imagina y presiente. Una de las primeras preocupaciones del ser pensante parece ser eso mismo, ser pensante. La gacela, el águila, viven felices sus maravillosos dones. Se nos antoja que desde que el simio recibió un voluminoso cerebro, no vive para otra cosa que para adaptarse a las consecuencias. Lo cual está bien lejos de ser un juicio original.</p>
<p>Pasemos, ahora sí, al recuento de hechos:</p>
<h5>Filosofía presocrática</h5>
<p>Arrancamos desde el siglo VI a.c. con la preocupación por la constitución primigenia de la Naturaleza (Physis), plenamente presente en Tales y Anaximandro, desde el siglo anterior, y las primeras críticas explícitas al conocimiento. Ejemplos:</p>
<p>- <strong>Jenófanes</strong>: <em>No hay ni habrá un hombre que haya conocido lo claro o haya visto cuantas cosas digo acerca de dioses y de todo. Pues aunque llegara a expresar lo mejor posible algo acabadamente, él mismo no lo sabría; lo conjetural, en cambio, se extiende sobre todo<br />
</em>- <strong>Heráclito</strong><em>:</em> <em>Se engañan los hombres acerca del conocimiento de las cosas visibles, de la misma manera que Homero, que fue el más sabio de todos los griegos. A él, en efecto, unos niños que mataban piojos lo engañaron, diciéndole: &#8220;cuantos vimos y atrapamos, tantos dejamos; cuantos ni vimos ni atrapamos, tantos llevamos&#8221;.<br />
Ni aun recorriendo todo camino llegarás a encontrar los límites del alma; tan profundo logos tiene.<br />
Siendo el logos común, casi todos viven como si tuvieran un logos particular.</em> <br class="spacer_" />- <strong>Zenón de Elea</strong>: Para demostrar, en apoyo de Parménides, que no existe movimiento (en efecto, el movimiento es una cualidad conflictiva), que el tiempo no transcurre y que el espacio tiene una dudosa validez, ingenia sus famosas aporías.<br />
- Los <strong>Sofistas</strong> (V a.c.): Ya tenemos a Gorgias referenciado. Añado la celebérrima cita del agnóstico Protágoras: <em>El hombre es la medida de todas las cosas, de las que son en cuanto que son, de las que no son en cuanto que no son.</em></p>
<h5>Demócrito, Parménides y Pitágoras</h5>
<p>Hay que mencionarlos aparte, pues en ellos el dilema que nos ocupa se diferencia bastante y se van aclarando y acalorando las posiciones:</p>
<p>-<strong>Parménides</strong>: Nos habla ya abiertamente, aunque no de un modo tan conciso como luego lo haría Platón, de dos vías del conocer: la <em>verdad</em> , que es el noble camino de la razón, y la <em>opinión</em>, que es el ruín camino del conocimiento sensorial. Esto para él, desde luego no es mera retórica. Su filosofía parte de unos juicos ontológicos a priori (nada que es puede no ser, y el ser es y el no-ser no es), y en tanto la realidad sensorial parezca no adecuarse a ellos, la errónea es la realidad sensorial. Además, era materialista, o sea, estamos hablando de una filosofía que pretende hacer ciencia física. Podríamos decir que Parménides resolvería la dicotomía de los universales de un modo bien <em>sui-generis:</em> sencillamente el recto pensar es, <em>per se</em>, el fiel reflejo de lo real, así que si es recto pensar en los universales, son ellos los que existen, materialmente existen, y la multiplicidad individual que creen ver los sentidos, en realidad, es una ilusión. En efecto: como su lógica no podía concebir que algo se transformara en otra cosa, porque dejaría de existir, para él un absurdo, y como su lógica no permitía la existencia del vacío, concluyó que el mundo en realidad es un ente macizo y eterno, y esto que vemos, en constante movimiento y cambio, una mentira sensorial. Algunos de sus exégetas concluyen que se trata todo de una confusión con el significado del verbo ser, que en Parménides queda adscrito unilateralmente al uso existencial y nunca al predicativo. Es posible que algo así se de. Pero yo creo que estaba, por un lado, barruntando como podía la idea de que algo hay en la física que siempre permanece, y precisamente hoy son tópicos la ley de la conservación de la materia y la ley de la conservación de la energía. Su discípulo Demócrito, sigo creyendo que retomando el mismo hilo subyacente, precisamente fue el que postuló la esencia atómica de la naturaleza. Justo aquello que menos padece el cambio, y más permanece. Por otro lado, trate alguien de imaginar la existencia de un Universo tan grande como el que ahora conocemos, pero&#8230; vacío.<br />
En Parménides tenemos al primer científico teórico en que el pensamiento (en él literalmente), se cosifica.</p>
<p>-<strong>Demócrito</strong>: Su concepción de lo real está basada en la sola existencia de átomos y vacío, jugando, como Parménides, con la dupla Ser/No-Ser, aunque en él no es sólo posible, sino necesaria, la existencia del vacío. Es una visión mecanicista y decididamente nominalista: existen las partes, mas los conjuntos y el todo, no. Sin embargo, está claro que él no tiene en mente cuerpos vivos en ningún momento, sino sólo inertes (una tendencia que sigue presente en la ciencia contemporánea), así que, a diferencia de Aristóteles, que es el primer gran biólogo de la Historia, la forma le importó poco (en biología la morfología es crucial), y por eso en su abismal pensamiento pudo analizar y triturar los objetos hasta la última consecuencia, sin sentir en ningún momento que violaba ninguna esencia fundamental. En un giro, al que estamos muy acostumbrados hoy, la sustancia fundamental del ser es la materia, abstraída de todo lo demás, y todas las otras cualidades, epifenómenos y accidentes que <em>no son</em>. Cualquier sustancia compuesta al triturarse cambia mucho sus cualidades organolépticas, así que supongo que teniendo esa imagen en mente pudo decir: &#8220;por convención el color, por convención lo dulce, por convención lo salado, pero en realidad sólo existen átomos y vacío&#8221;. Desde esta postura desapegada de los sentidos, que trata de mantenerse fiel a Parménides en lo posible, tiene explicación la leyenda según la cual acabó arrancándose los ojos, para seguir razonando mejor, sin distracciones. Sin embargo, citado por Galeno, se replica a sí mismo así: &#8220;¡Oh, mísera razón que tomas de nosotros [los sentidos] tus certezas! ¿Tratas de destruirnos? Nuestra caída, sin duda, será tu propia destrucción.&#8221; Perfectamente acorde declaración con lo que aquel pensamiento directamente heredero del nominalismo, el empirismo, defendería muchos siglos después.</p>
<p>-<strong>Pitágoras</strong>: Es el paradigma de lo que queremos decir con pensamiento solidificado. Codo con codo con Platón, es el mejor ejemplo de inteligencia donde, sin solución de continuidad, se da el salto desde la abstracción a la Metafísica. Con la escuela pitagórica caben pocas dudas al plantearse qué categoría ontológica tuvieron en ella las Matemáticas: el Número es el principio de todas las cosas. En cita de Diógenes Laercio (III d.c.), la cosmogonía pitagórica nos dice esto: <em>El principio de todas las cosas es la mónada o unidad; de esta mónada nace la dualidad indefinida que sirve de sustrato material a la mónada, que es su causa; de la mónada y la dualidad indefinida surgen los números; de los números, puntos; de los puntos, líneas; de las líneas, figuras planas; de las figuras planas, cuerpos sólidos; de los cuerpos sólidos, cuerpos sensibles, cuyos componentes son cuatro: fuego, agua, tierra y aire; estos cuatro elementos se intercambian y se transforman totalmente el uno en el otro, combinándose para producir un universo animado, inteligente, esférico, con la tierra como su centro, y la tierra misma también es esférica y está habitada en su interior. También hay antípodas, y nuestro ‘abajo&#8217; es su ‘arriba&#8217;. </em>La línea lógica subyacente es que si todo lo visible se puede medir y comparar al respecto de sus medidas, y se comprueba que se atiene a reglas de proporción, siendo la Matemática la matriz de las leyes de proporción eternas y universales, entonces lo visible, lo creado, es hijo subordinado y contingente de ella, que es lo inmanente. Puede resultar chocante que algo tan de todos modos prosaico, y tan inerte, como la cantidad acabe convirtiéndose en el fundamento de una personalidad religiosa como la del pitagórico, pero lo podemos entender mejor si pensamos que Pitágoras era también músico y poeta. Los versos tienen métrica, el ritmo es proporción y el sonido de las notas está directamente relacionado con estas o aquellas medidas en la física del instrumento. De este modo, la Matemática se empieza a convertir en pie de rey no sólo del reino de la cantidad, sino también de la calidad, lo emocional y lo intangible: el reino de las musas.</p>
<p>Aunque me extenderé en esto más abajo, me gustaría adelantar aquí algunas consideraciones. Cuando la mera razón, fría y despegada, crea dogmas sobre el Cosmos, concibe una Physis a imagen y semejanza de ella: inerte y mecánica, automática como la lógica. La lógica es relojera, y crea relojes. El problema es que el relojero, si no tuviera amigos, mujer e hijos, libros de poesía y algunos discos, llevaría una vida muy incompleta y muy triste. El conflicto que se trae el Logos con el Mito no se basa sólo en que expulse del Universo a los espíritus. Radica también en que expulsa los sentimientos. No es sólo un enfrentamiento entre <em>cualidades</em> de lo real, es también entre <em>cantidades:</em> la Razón tiende a concebir mundos más pequeños y parciales, no <em>holísticos</em> (diríamos hoy). La navaja de Ockham sesga demasiada pulpa de la fruta de lo real. Pero el Hombre es un Todo, o No-Es (yo apuesto a que al Cosmos le pasa lo mismo, y si es un reloj, debe ser un reloj con alma y corazón). Es por esto que pasan los siglos y ser científico no trasciende de ser una vocación, a veces una mera elección profesional, y no una apuesta vital completa como es ser, por ejemplo, monje o sacerdote (cuando realmente se es). Con la galopante especialización disciplinar agudizamos este problema. La Ciencia, por sí misma, es incapaz de reproducir un código de vida tal y como sí expresa una y cualquier sagrada escritura, aunque siga siendo esa la esperanza del cientificista aún hoy. Para hacer eso tiene que reconvertirse, cuanto menos, en filosofía. Pero ésta tratará de hacer su oficio, y llenará el vacío entre los átomos de consideraciones sobre el sexo, la política, el arte, la ética, la vocación. Entonces es como meterle una astilla entre las ruedas dentadas al perfecto reloj. No; es más sencillo dejar las cosas como están: busquemos la Teoría del Todo concienzudamente&#8230; Hasta la hora de comer. Y luego al cine, o de tiendas con la familia.</p>
<p>Newton en las horas libres de su oficio de genio histórico llegó a escribir bastante más del doble sobre Alquimia y Teología que de Ciencia. Faraday daba sermones como presbítero sandemaniano todos los domingos. Maxwell asistía asiduamente a un club de conversación llamado &#8220;Los Apóstoles&#8221;, donde exponía sus ensayos sobre el misterio divino que la Ciencia no destierra. Darwin, reconocido juerguista en su juventud, dudó mucho antes de escribir &#8220;El Origen de las Especies&#8221;, y aún así omitió reflexiones&#8230; para no enfadarse con su mujer. Yo lo entiendo: ¿de qué vale saber de dónde venimos, si nuestra esposa es bastante más difícil de tratar que una mona? En definitiva, la Ciencia deja demasiado tiempo libre. Que tiene que ser ocupado con eso tan irracional que llamamos vivir.</p>
<p>Todo esto queda bellamente resumido en una anécdota contada por Diógenes Laercio en la biografía del gran astrónomo Tales de Mileto. Cuando iba camino de un buen observatorio para contemplar las estrellas, cayó a un pozo. Al pedir ayuda a una vieja, ésta le respondió: &#8220;<em>¿Cómo pretendes, Tales, saber acerca de los cielos, cuando no ves lo que está debajo de tus pies?&#8221;</em>.</p>
<p>Kant, sin embargo, dice: “<em>Dos cosas llenan el ánimo de admiración y respeto, siempre nuevos y crecientes, cuanto con más frecuencia y aplicación se ocupa de ellos la reflexión: el cielo estrellado sobre mí y la ley moral en mí</em>”. Esa es la dirección correcta hacia la Totalidad. La filosofía pitagórica fue muy completa: unificó el estudio lógico de las esferas celestes y terrestres (objeto) con la conmoción poética del corazón (sujeto), y de repente surgió como <em>Tertium non Datur</em> (el tercero imposible) el ejército de los Números transfigurados en símbolos mitológicos. Así, no fue difícil dar el siguiente obvio paso y llegar hasta la puntillosa ética de una forma religiosa de vivir, donde los conceptos de áscesis y pureza eran la piedra angular: vegetarianismo, vida contemplativa (<em>bios teoretiós</em>), superación de los deseos y necesidades carnales en todo lo posible&#8230; Como ya veíamos venir, el abandonarse a la exaltación del entusiasmo místico a poco que se diera la oportunidad se convirtió en un precepto más.</p>
<p>Postulamos ahora que existe una relación directa, que debiera resultarnos muy obvia, entre la facultad abstractiva del pensamiento y el ascetismo que universalmente se suele imponer en la ética espiritual. Cuando el pensamiento se abstrae, se retira del objeto y refluye al interior, participando de la misma dinámica libidinal que sostiene al asceta. La abstinencia vegetariana o sexual está comprometida directamente con el razonamiento necesario para obtener el teórema de Pitágoras, como la hipotenusa compromete a los catetos. Pero ¿ésta es la última explicación? ¿toda la historia de la espiritualidad se reduce a una ridícula escenificación de las facultades del pensamiento introvertido? Dejemos esta pregunta aquí, sólo por el momento.</p>
<p><br class="spacer_" /></p>
<p><br class="spacer_" /></p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.odiseajung.com/blog-jung-odisea/2009/04/platon-descartes-kant-jung-sobre-la-solidez-del-pensamiento/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>4</slash:comments>
		</item>
	</channel>
</rss>

