Cuentan que Napoleón, después de tener noticia de la “Exposition du système du monde”, abordó a su autor, el físico Pierre Simon Laplace, con este cuestionamiento: «Me cuentan que ha escrito usted este gran libro sobre el sistema del universo sin haber mencionado ni una sola vez a su Creador». A lo que Laplace, como ateo y típico producto de la revolución ilustrada francesa, contestó: «Sire, nunca he necesitado esa hipótesis». Hawking ha vuelto a armar revuelo mediático, afirmando exactamente lo mismo, en el contexto de publicitar lo que con total seguridad pretende (y va a conseguir, con estas efectivas campañas de marketing) que sea su próximo multimillonario éxito editorial: “The Great Design”, un libro meramente divulgativo, escrito al alimón con Leonard Mlodinow, que parece aportar tan poca novedad a la Ciencia como estas declaraciones sobre la divinidad que venimos escuchando desde los recalcitrantes positivistas desde hace dos siglos.
7 septiembre, 2010
19 agosto, 2010
Nassim Haramein, egregio Puer Aeternus. Un caso perfecto
Voy a mostrar hoy un ejemplo adecuado, un modelo inmejorable, de una personalidad deficientemente comprendida y definida por la misma psicología que se percató de su existencia: la junguiana. En su obra, por lo demás tan magistral como nos tiene acostumbrados, “El Puer Aeternus“, ni siquiera la gran von Franz logró perfilar con la suficiente presteza las directrices principales de este especial carácter. Empeñada, como tantos otros psicólogos analíticos, en usar ejemplos en realidad poco adecuados, como son la personalidad y vida de Antoine de Saint-Exupéry, su investigación no convence del todo, y adolece de poner demasiado énfasis en la exposición de los rasgos sombríos e inadaptados del carácter (como hace el Eneagrama a la hora de definir los eneatipos) y de no desvelar con claridad la incógnita fundamental: cuáles son las funciones superiores, es decir, el destino, el motor, para el que y por el que este tipo de seres existen.














