Un viaje relámpago al centro del Corazón

Por supuesto que los Reyes Magos existen. ¿Quiénes serían entonces los responsables de que las Navidades se conviertan a menudo en un período tan regalado de sucesos asombrosos, de encuentros y reencuentros impactantes, de hilos nuevos tendidos hacia las almas desde la tornasolada madeja de sus destinos? Este período, con una solera mitológica que trasciende en mucho la iconografía cristiana, se convierte con facilidad en un crisol mágico donde se acelera la transformación vital. Claro que lo primero que pasa cuando el Anima Mundi se despereza es que empieza a llover materia prima. Es decir: boñigas. Que no se desilusione nadie al darse cuenta de que el principal cometido de Sus Majestades es repartir carbón. Que no cunda el desaliento al saberse que el misterio de los Magos tiene mucho que ver con el Caganer. Todo regalo de luz empieza con un obsequio de sombras. Ojo siempre a eso.

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Las sicigias Anima/Animus, Hillman/Giegerich – II

Introducción

Idea primigenia, imagen primigenia. Filosofía e imaginación

La intuición de Jung era muy plástica, muy gráfica. Como en la mayoría de paragnostas, su modo más común de captación extrasensorial era la visión. Es ésta una forma de mediumnidad directamente relacionada con el soñar. Luego emprendía, al igual que con los sueños, toda la tarea de destilación racional. Como resultado tenemos, por un lado, una materia prima, la vivencia interna, llena de símbolos estáticos y dinámicos e interacciones inteligentes con personajes, vamos a decir, daimónicos, y por otro un edificio teórico, formado por inferencias y amplificaciones lógicas. Una construcción atravesada de nuevo por la intuición, por una captación extrasensorial, pero esta vez de tipo abstracto, intelectual (el insight). Este proceso vertebra la creación del Libro Rojo y desde ahí engendra lo que llamamos Psicología analítica. Advirtamos de camino que, por más exótico que sea el punto de partida, el objeto de estudio, no hay aquí nada diferente del proceso científico típico: primero el fenómeno, que siempre tiene un alcance más o menos particular, local, y luego la abstracción, que, más o menos regalada de intuición, de inspiración, siempre conlleva una vocación matemática decididamente universal, a la caza del noúmeno (el proceso cognitivo humano, con agrado o a regañadientes, siempre acaba caminando hacia la metafísica). 

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Las sicigias Anima/Animus, Hillman/Giegerich – I

De regreso después de un largo, largo intervalo… Espero puedan dispensarme. He estado muy ocupado en la práctica junguiana, es decir, viviendo anécdotas y experiencias vitales que han reclamado toda mi energía y atención. La materia prima es la vida y frente a ella la teoría, las lecturas y las escrituras, deben esperar. Más en mi caso, que no soy capaz de caminar y mascar chicle al mismo tiempo.

Han pasado muchas cosas en este tiempo de interés general. Entre ellas, que han fallecido tres junguianos ilustres, todos en octubre y por este orden: Mario Jacoby, Enrique Eskenazi y James Hillman. El malfario de los pájaros negros del 2011 se ha cebado también con esta vocación. Descansen en paz los tres, de regreso al Océano arquetípico. Un recuerdo especialmente cariñoso a Don Enrique, con quien este blog tendrá ya para siempre un deuda contraída, al albergar, a él gracias, algunos de los más enconados, interesantes y prolíficos debates que hemos tenido aquí hasta ahora. A James Hillman no me une ninguna relación directa, pero siempre lo sentí bastante cercano después de pasar en México una temporada aprendiendo y trabajando con uno de sus discípulos más directos.

Antes de abandonar este barco a su suerte había comenzado un artículo que, precisamente, alude directamente a los dos. Es un artículo sobre las psicologías de Giegerich y de Hillman, que abunda en la tenaz polémica abierta con Don Enrique y trata de ir más allá. Ahora que estoy de nuevo por aquí me he planteado si continuarlo o no, a tenor de lo ocurrido. Finalmente he decidido que sí. Publico hoy la introducción.

Un abrazo a todos. Gracias por seguir ahí.


 Las sicigias Anima/Animus, Hillman/Giegerich

Prólogo

Empezaremos diciendo, con Yandell, que un junguiano es alguien que a la vez que persigue su propio sendero, encuentra útil la obra de Jung en relación a sí mismo. Ese propio sendero no se refiere a una vocación meramente profesional ni a un desarrollo solamente intelectual. La Psicología junguiana no es una rama académica, no es una “carrera”, no es una disciplina técnica ni un marco teórico. Puede ser todo eso, claro que sí, pero siempre se trata de mucho más. La Psicología junguiana se autodefine a sí misma con su caro término individuación. Individuación es todo, porque es el vivir en sí: es ciencia y es arte, es pensamiento y es amor. Es lo objetivo y lo subjetivo. Es pensar y es actuar. Es política, es filosofía, es comer y respirar. Es matemáticas y es biología. Es la profesión, y es el ocio. Libros y fiestas. Errores y aciertos. Nacer y morir.

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De cómo el “pensamiento positivo” engañó a América y al mundo

Me acaban de enviar un artículo que ha traducido y publicado Enrique Eskenazi en su blog, recogido desde The Observer. Se trata de una interesante crítica al movimiento del Pensamiento Positivo. Hace tiempo que tengo ganas de ensayar sobre esto, así que copipego el artículo más abajo y avanzo antes algunas apreciaciones mías al respecto.


Un recalcitrante optimismo

Son los caracteres intuitivos los que se elevan a mirar el bosque cuando el árbol que tienen delante de la nariz está ardiendo. Los que escriben libros como “La enfermedad como camino”. Los que piensan al lado de “lo esencial es invisible a los ojos” cosas como “no hay mal que por bien no venga” o “la muerte es sólo el principio”. Los que dicen por todos lados que una crisis es una oportunidad. Los que se hacen corresponsales de guerra y les parece más estimulante que peligroso. Los que no sabrían que hacer en una vida libre de épicas, de tragedias griegas. Los que consideran que “bueno, malo… ¿quién lo sabe al final?”, y ven en cada bache, cada contrariedad de la vida, lo mismo que en cada ayuda y cada buen momento: una parte en un proceso global más amplio. Son los pueri, que, con su facilidad natural para ser líderes, hacen a menudo de su forma de vivir y entender el mundo doctrinas en las cuales embarcan a los demás. Y venden muy bien sus ideas, en parte, porque no son nunca del todo incorrectas ni absurdas. Pero se olvidan constantemente de que cada carácter tiene su propio don y su propia limitación a la hora de concebir la verdad y vivir de acuerdo a ello. Si el puer cae en un pozo, quizás sueñe que en dos días llegará el rescate, y quizás así ocurra en realidad. Seguramente tratará de convencer de la buena nueva a los que cayeron con él. Pero los demás estarán en su derecho de rechazar una esperanza que para ellos consiste sólo en llamarle blanco a lo que es indiscutiblemente negro.

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Ken Wilber vs. Jung – II

Hace unos días que ha caído casualmente en nuestras manos la transcripción de una entrevista a Ken Wilber donde muy explícitamente plantea su controversia con Carl Jung. Reconozco que no la conocía, y no he logrado aún descifrar el nombre completo de la entrevistadora, una tal EZ (Edith…), ni tampoco la fecha y el lugar de la publicación original (que parecen recientes), aunque queda claro que la interviú en sí tuvo lugar en algún momento de 1984.

Lo tomaremos como una réplica a lo vertido en la primera parte de este artículo, y pasaremos luego a responderlo aquí, después de publicar el fragmento que nos interesa:

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