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	<title>Bitácora de la Odisea</title>
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	<description>El diario del largo y turbulento periplo</description>
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		<title>Inminente publicación del Libro Rojo en castellano. Comunicado oficial</title>
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		<pubDate>Sun, 21 Feb 2010 13:46:13 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Raúl Ortega</dc:creator>
				<category><![CDATA[Editoriales]]></category>
		<category><![CDATA[Noticias]]></category>
		<category><![CDATA[Jung]]></category>
		<category><![CDATA[Liber Novus]]></category>
		<category><![CDATA[Libro Rojo]]></category>
		<category><![CDATA[Rote Buch]]></category>

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		<description><![CDATA[Por iniciativa de Soledad Costantini, el MALBA (Museo Latinoamericano de Arte) - Fundación Costantini, Buenos Aires, editará en castellano El Libro Rojo de C. G. Jung ]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="aligncenter size-full wp-image-847" title="Liber_Novus_dual_golden_scarab" src="http://www.odiseajung.com/blog-jung-odisea/../public/wordpressblog/uploads/2010/02/Liber_Novus_37.jpg" alt="Liber_Novus_dual_golden_scarab" width="300" height="299" /></p>
<p>Hace rato que estaban en marcha las negociaciones editoriales al respecto, con muy optimista pronóstico, y hace unos días se llegó de hecho a buen puerto y se pudo hacer el anuncio oficial:</p>
<h3>Por iniciativa de Soledad Costantini, el MALBA (Museo Latinoamericano de Arte) &#8211; Fundación Costantini, Buenos Aires, editará en castellano El Libro Rojo de C. G. Jung, bajo el cuidado, traducción y comentario de Bernardo Nante y un equipo de estudiosos de la Fundación Vocación Humana, Buenos Aires. La publicación tendrá la misma calidad que la original; incluirá el  facsímil del bello manuscrito alemán con todas sus ilustraciones, el estudio y las notas de su editor Sonu Shamdasani, a los cuales se sumarán los comentarios de Bernardo Nante.</h3>
<p><span id="more-844"></span></p>
<p>Dicho de otro modo: eminentes cocineros (y pinches) de la <em>Nouvelle Cuisine Jungienne</em> argentina, con el apoyo inestimable de algunos colegas a este lado del charco (concretamente de la <strong>Fundación C.G. Jung de España</strong>) ya nos tienen casi preparado un <em>elefante asado</em> (para pillar la metáfora, leer <a href="http://www.odiseajung.com/blog-jung-odisea/index.php/2009/10/the-holy-grail-of-the-unconscious-sarah-corbett-new-york-times-libro-rojo/">aquí</a> -concretamente en la sección <strong>Los sueños alrededor-</strong>) adecuado al estómago del público que digiere en la lengua de Cervantes.</p>
<p>Muchas gracias a todos ellos por su esfuerzo y enhorabuena por su buen gusto y <em>savoir faire</em>.</p>
<p>Ahora sólo nos falta conocer las fechas aproximadas en las que podemos contar con este exquisito menú servido en casa.*<br />
*<strong> Ya tenemos algunas fechas: octubre &#8211; noviembre del corriente.</strong></p>
<p><img class="aligncenter size-full wp-image-848" title="Liber_Novus_Eliah_&amp;_Salome" src="http://www.odiseajung.com/blog-jung-odisea/../public/wordpressblog/uploads/2010/02/Liber_Novus_9.jpg" alt="Liber_Novus_Eliah_&amp;_Salome" width="300" height="272" /></p>
<h4>Unas reflexiones</h4>
<p>Han pasado ya más de cuatro meses desde que se anunciara oficialmente la publicación del Rote Buch, el diario (muy) íntimo de Jung. Al tratarse de la plasmación de una interacción bastante directa de una conciencia humana con el Inconsciente Colectivo, no debería extrañarnos que el asunto con mucha facilidad irradiase influencia, consciente y, sobre todo, inconsciente, hacia todos. Incluso hacia la ingente mayoría de personas totalmente ajena a estos hechos, me atrevería a decir. Ya vimos cómo los <a href="http://www.odiseajung.com/blog-jung-odisea/index.php/2009/10/the-holy-grail-of-the-unconscious-sarah-corbett-new-york-times-libro-rojo/">sueños iniciales</a> de los primeros exploradores, junguianos y no, expertos y legos, exponían sin ambages las secuelas lógicas de su exposición directa a tan candente material. Incluso tratamos un poquito el asunto de la relación de todo esto, o no, con el arquetipo de &#8220;<a rel="nofollow" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Tutankamon#La_maldici.C3.B3n_de_Tutankam.C3.B3n">la maldición del faraón</a>&#8220;. Seguramente estemos envueltos en todo un hito en la historia de la Humanidad.</p>
<p>Sea como sea, el hecho es que mi propia vida ha cambiado mucho desde entonces. El llamativo giro que tomaron mis cosas no más que a los pocos días del anuncio de la publicación puede tomarse, desde la razón, como una mera coincidencia, sin más. O no. A partir de la primera premisa no nay nada más que decir, pero contando con la segunda, el mensaje que he ido destilando al respecto en este tiempo reza más o menos así: los diarios se escriben. Ser leídos desde luego no es su principal vocación. Los diarios incitan el fluir de la vida, el correr de la sangre, a que la aventura personal esté presente. Nadie vive (ni aprende, ni crece, ni se <em>individúa</em>) a través de experiencias ajenas, y nada pasa esencial en la vida de un mero espectador. No me interpreten mal; no quiero decir que sea una mala idea (al contrario) el ocuparse en la esmerada y cuidadosa publicación de algo así y en su concienzuda lectura. De hecho, supongo que para algunos de los implicados en la aventura de la edición eso va a formar parte de las páginas más interesantes en su propio diario personal. Pero trato de expresar que esa obra está ahí, a la luz ahora, antes que para otra cosa, para decirnos que cada uno debe escribir su Rote Buch, y empujarnos a ello. Al menos eso es lo que me ha parecido honestamente leer en él, antes de leerlo. Nada sirve de sustituto a la hora de <em>labrar la piedra</em>, a la hora del <em>hacer</em>. Investiguemos a fondo las conversaciones de Jung con la serpiente, ahora que tenemos la mejor oportunidad, pero ¿para qué si no hablamos cada uno de nosotros, cara a cara, con ella también?</p>
<p>Mi humilde consejo es, por lo tanto, que ninguna lectura les distraiga de tomar el caótico y ruidoso tren del destino en el momento exacto, en el <em>Kairos</em>, pues nunca hay garantías de que nos regale una segunda oportunidad. El mejor lugar para leer siempre es una estación. Con la maleta lista al lado, para hacer lo que se tenga que hacer. Para escribir el más grande libro, el diario personal, con la pluma de los propios pies en el polvo del camino.</p>
<p><br class="spacer_" /></p>
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		<title>Nueva entrada en Ensayos: artículo de J.A. Delgado sobre la película Avatar</title>
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		<pubDate>Mon, 25 Jan 2010 11:00:51 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Raúl Ortega</dc:creator>
				<category><![CDATA[Ciencia y Mito]]></category>
		<category><![CDATA[Editoriales]]></category>
		<category><![CDATA[Avatar]]></category>
		<category><![CDATA[Días extraños]]></category>
		<category><![CDATA[James Cameron]]></category>
		<category><![CDATA[milenarismo]]></category>
		<category><![CDATA[Titanic]]></category>

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		<description><![CDATA[Creo que todos estamos enterados ya del gran pollo que está armando esta super producción hollywoodiense. José Antonio ha redactado un excelente artículo al hilo y yo me he ocupado de insertarle el prólogo. Aunque el tema da para mucho más que todo eso ]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Creo que todos estamos enterados ya del gran pollo que está armando esta super producción hollywoodiense. José Antonio ha redactado un excelente artículo al hilo y yo me he ocupado de insertarle el prólogo. Aunque el tema da para mucho más que todo eso que hemos empezado a apuntar ahí. Esperamos, por lo tanto, que haya debate al respecto que nos incite a todos a ir desgranando aspectos.</p>
<p>Aquí está: <a href="http://www.odiseajung.com/jung-psicologia-ensayos/ensayo.php?num=5">AVATAR: una interpretación de su simbología arquetípica</a></p>
<p>Que lo disfruten.</p>
]]></content:encoded>
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		<title>Traducción al castellano de &#8220;The Holy Grail of the Unconscious&#8221;, el artículo de Sarah Corbett en The New York Times sobre la publicación del Libro Rojo</title>
		<link>http://www.odiseajung.com/blog-jung-odisea/index.php/2009/11/traduccion-castellano-the-holy-grail-of-the-unconscious-sarah-corbett-new-york-times-libro-rojo/</link>
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		<pubDate>Thu, 12 Nov 2009 20:07:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Raúl Ortega</dc:creator>
				<category><![CDATA[Editoriales]]></category>
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		<category><![CDATA[Myriam Rozengurt]]></category>
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		<description><![CDATA[Myriam Rozengurt, traductora científico-literaria de la Universidad del Salvador de Buenos Aires, regala a Odisea del Alma esta impecable traducción del famoso artículo ]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Myriam Rozengurt</strong>, traductora científico-literaria de la <strong>Universidad del Salvador de Buenos Aires, </strong>regala amablemente a Odisea esta impecable traducción del famoso artículo, <a href="http://www.odiseajung.com/blog-jung-odisea/index.php/2009/10/the-holy-grail-of-the-unconscious-sarah-corbett-new-york-times-libro-rojo/">ya comentado en este hilo</a>, de <strong>Sarah Corbett</strong>, alrededor del <strong>Libro Rojo</strong>:</p>
<p><br class="spacer_" /></p>
<h3 class="align_cnt">El Santo Grial de lo Inconsciente</h3>
<p><span id="more-744"></span></p>
<p><br class="spacer_" /></p>
<h4>Por Sarah Corbett<br />
Publicado: 16 de Setiembre de 2009</h4>
<p>Esta es la historia de un libro de casi 100 años de edad, forrado en cuero color rojo, que ha pasado el último cuarto de siglo guardado secretamente en una caja de seguridad en un banco de Suiza. El libro es grande y pesado y su lomo está grabado con letras en oro que dicen “Liber Novus”, palabras en latín que significan “Libro Nuevo”. Sus páginas están hechas de papel pergamino grueso color crema y repletas de pinturas de criaturas de otro mundo y con diálogos manuscritos con dioses y demonios. Si usted no conociera el origen del libro, podría confundirlo con un tomo perdido del medioevo.</p>
<p><img class="alignleft size-full wp-image-746" title="20jung-190" src="http://www.odiseajung.com/blog-jung-odisea/../public/wordpressblog/uploads/2009/11/20jung-190.jpg" alt="20jung-190" width="190" height="281" />Y, sin embargo, entre las duras tapas del libro, se revela una historia muy moderna. Es la siguiente: Un hombre entra en la mitad de su vida y pierde su alma. El hombre va en busca de su alma. Después de muchas aventuras y también de muchas penurias instructivas – que tuvieron lugar íntegramente en su mente – él se vuelve a encontrar con su alma.</p>
<p>Algunas personas creen que nadie debería leer el libro, y otros tantos opinan que todos debieran leerlo. La verdad es que nadie realmente sabe nada. La mayor parte de las cosas que se han dicho sobre el libro- lo que es, lo que significa – es producto de adivinanzas, ya que desde la fecha en que fue comenzado en 1914 en una pequeña ciudad de Suiza, parece ser que sólo una docena de personas han logrado leerlo o tan sólo darle una mirada.</p>
<p>De aquellos que sí lo vieron, al menos una persona, una mujer educada de origen inglés a la que le permitieron leer el libro en los años 20, pensaba que encerraba una sabiduría infinita – “Existen personas en mi país que lo leerían de punta a punta sin detenerse siquiera a respirar”, escribió – mientras que otra persona famosa, del ámbito literario que le dio una hojeada poco tiempo después, lo consideró fascinante y preocupante a la vez, y llegó a la conclusión que se trataba del trabajo de un psicótico.</p>
<p>Entonces durante la mayor parte del siglo pasado, a pesar del hecho de que se piensa que es un trabajo fundamental de uno de los más grandes pensadores del siglo, el libro ha existido en gran parte sólo como un rumor, acariciado detrás de los enredos de su propia leyenda – venerado y buscando una solución a dicho acertijo sólo desde la distancia.</p>
<p><img class="alignleft size-full wp-image-747" title="20jung-190-b" src="http://www.odiseajung.com/blog-jung-odisea/../public/wordpressblog/uploads/2009/11/20jung-190-b.jpg" alt="20jung-190-b" width="190" height="121" />Es por ello que una noche lluviosa en noviembre de 2007, tomé el vuelo en Boston y atravesé las nubes hasta que desperté en Zurich, llegando a la puerta del aeropuerto alrededor de la misma hora a la en que la sucursal principal del Union Bank of Switzerland, ubicada en la elegante Bahnhofstrasse de la ciudad, frente a Tommy Hilfiger y cerca de Cartier, abría sus puertas ese día. Un cambio estaba en camino: el libro, que había pasado los últimos 23 años encerrado dentro de una caja de seguridad en uno de los subsuelos del banco, estaba siendo envuelto en un manto negro y cargado en un maletín discreto con ruedecitas. Luego, fue trasladado pasando por los guardias, hacia la luz del sol y hacia el aire frío y claro, donde fue introducido en un coche que estaba esperando y se perdió en la ciudad.</p>
<p><strong>ESTO PODRÍA SONAR</strong>, imagino, como el comienzo de una novela de espionaje, o como una aventura en un banco de Hollywood, pero es principalmente la historia sobre la genialidad y la locura, al igual que sobre la posesión y la obsesión, con un objeto &#8211; este inusual y viejo libro – deslizándose entre ellas. Además, hay un montón de Jungianos involucrados, una especie de pensadores que siguen las teorías de Carl Jung, el psiquiatra Suizo y autor del gran libro de tapas de cuero color rojo. Y, los Jungianos, casi por definición, tienden a entusiasmarse cada vez que algo que se encontraba previamente oculto se revela, cuando algo que se encontraba bajo tierra sale a la luz.</p>
<div style="float: left; width: 190px; margin-right: 8px; background-color: #fff;">
<p><img title="20jung_2-190" src="http://www.odiseajung.com/blog-jung-odisea/../public/wordpressblog/uploads/2009/11/20jung_2-190.jpg" alt="20jung_2-190" width="190" height="158" /><br />
<span style="font-size:0.7em;">COMPARTIENDO EL LEGADO. De izquierda a derecha, Peter y Andreas Jung y Ulrich Hoerni, nietos de Carl Jung, en la casa de Jung en Küsnacht, Suiza.</span></p>
</div>
<p>Carl Jung fundó el campo de la psicología analítica y junto con Sigmund Freud, fue el responsable de popularizar la idea de que la vida interior del ser humano era merecedora no sólo de una simple atención sino de una exploración minuciosa y dedicada – una noción que ha llevado desde entonces a millones de personas a la psicoterapia. Freud, que comenzó siendo el mentor de Jung y que luego se convirtió en su rival, en general veía a la mente inconsciente como un depósito de deseos reprimidos, que luego, podían ser codificados, divididos en patologías y finalmente tratados. Jung, con el tiempo, comenzó a ver a la psique como un lugar inherentemente más espiritual y fluido, un océano en el cual se podía pescar para alcanzar la iluminación y la sanación.</p>
<p>Tanto si lo hubiera querido como si no, Jung – que se llamaba a sí mismo científico – es recordado en la actualidad más como un icono contra-cultural, un propulsor de la espiritualidad fuera de la religión y el último campeón de los soñadores y buscadores en todo el mundo, que ha provocado que se ganase tanto el respeto póstumo como el ridículo póstumo. Las ideas de Jung llevaron a la fundación del test de personalidad de Myers &#8211; Briggs ampliamente utilizado e influyó en la creación de Alcohólicos Anónimos. Sus principios centrales – la existencia de un inconsciente colectivo y el poder de los arquetipos – se han infiltrado en los amplios dominios del pensamiento de la Nueva Era mientras que han permanecido en mayor medida en los límites de la corriente psicológica.</p>
<p>Un gran hombre con anteojos de marco de metal, una sonrisa fuerte y con una tendencia a lo experimental, Jung estaba interesado en los aspectos psicológicos de las sesiones espiritistas, de la astrología, de la brujería. Él podía ser jocoso y también impaciente. Era un orador dinámico, un interlocutor enfático. Tenía un famoso atractivo magnético hacia las mujeres. Mientras trabajó en el hospital psiquiátrico de Burghölzli, Jung escuchaba atentamente los delirios de los esquizofrénicos, y creía que estos tenían las claves tanto para las verdades personales como para las verdades universales. En su hogar, en su tiempo libre, leía con atención a Dante, Goëthe, Swedenborg y Nietzsche. Comenzó a estudiar mitología y las culturas del mundo, aplicando lo que había aprendido al alimento vivo del inconsciente – reclamando que los sueños ofrecían una narrativa simbólica y rica que surgía de las profundidades de la psique. En algún lugar del camino, comenzó a ver que el alma humana – no sólo la mente y el cuerpo – necesitaba un desarrollo y cuidado específicos, una idea que lo llevó al territorio siempre ocupado por poetas y clérigos, pero no por médicos y científicos empíricos.</p>
<p>Jung pronto se encontró oponiéndose a Freud al igual que a la mayoría de su campo, los psiquiatras que constituían la cultura dominante de la época, utilizando el lenguaje de síntomas y diagnosis detrás de los cerrojos de los guardias de los asilos. La separación no fue fácil. A medida que comenzaron a cristalizarse sus convicciones, Jung, quien era en ese momento un hombre ambicioso y exitoso con una familia incipiente, con una práctica privada próspera y con una casa grande y elegante a la orilla del Lago Zurich, sintió que su propia mente comenzaba a tambalear y a deslizarse, hasta que finalmente decayó en lo que se convertiría en una crisis que alteraría toda su vida.</p>
<p>Lo que le sucedió después a Carl Jung se ha convertido, entre los Jungianos y otros doctos, en un tema de controversia y de leyenda constante. Se ha caracterizado por ser una enfermedad creativa, un descenso al bajo mundo, un ataque de insanidad, una auto &#8211; deificación narcisista, una trascendencia, un quiebre a mitad de la vida y un disturbio interior enfrentándose a los comienzos de la Primera Guerra Mundial. Sea cual fuere el caso, en 1913, Jung, que en ese entonces tenía 38 años, se perdió en medio de su propia psique. Él se sentía amenazado por visiones preocupantes y por voces que escuchaba en su interior. Intentaba resolver el horror de parte de lo que veía, se preocupaba en momentos en que estaba, dicho en sus propias palabras, “amenazado por una psicosis” o “cursando una esquizofrenia.”</p>
<p>Él, más tarde, compararía este período de su vida – esta “confrontación con el inconsciente”, como él la llamó – con un experimento con la mezcalina. Él describió sus visiones como surgiendo en forma de una “corriente incesante”. Él las comparó con rocas cayendo sobre su cabeza, con truenos, con lava derretida. “Solía tener que aferrarme a la mesa,” recuerda, “para no caer en pedazos”.</p>
<p>Si él hubiese sido un paciente psiquiátrico, le habrían dicho que tuvo un desorden nervioso y lo habrían estimulado para que no prestara atención al circo que tenía lugar en su mente. Pero, como psiquiatra, y uno decididamente rebelde, él intentó, por el contrario, tirar abajo la pared entre su yo racional y su psique. Durante casi seis años, Jung trabajó para evitar que su mente consciente bloqueara lo que su mente inconsciente trataba de mostrarle. Entre las consultas de sus pacientes, después de cenar con su esposa y sus hijos, siempre que tuviera una o dos horas libres, Jung se sentaba en una habitación repleta de libros en el segundo piso de su casa y realmente inducía las alucinaciones – lo que él llamaba “imaginación activa”. “Para captar las fantasías que me movían subterráneamente tuve,” escribió luego Jung en su libro “Recuerdos, Sueños, Pensamientos”, “por así decirlo, que dejarme caer en ellas.”<a name="Unoholy"></a><a href="#biUnoholy">[1]</a> Se encontró a sí mismo en un lugar liminal, al mismo tiempo repleto de abundancia creativa como de ruina potencial, lugar que se cree iguala los mismos límites que transitan tanto los lunáticos como los grandes artistas.</p>
<p>Jung lo registraba todo. Primero, tomando notas en una serie de diarios pequeños y de color negro, luego, él analizaba e interpretaba sus fantasías, y escribía en un tono profético y majestuoso en el gran libro de tapas de cuero rojo. El libro detallaba un viaje descaradamente psicodélico a través de su propia mente, una progresión vagamente Homérica de encuentros con personas extrañas que tenían lugar en paisajes oníricos cambiantes y curiosos. Escribía en alemán, llenó 205 páginas de gran tamaño con una caligrafía elaborada y con pinturas ricamente coloreadas y con detalles sorprendentes.</p>
<p>Lo que escribió no pertenecía al canon previo de ensayos académicos e imparciales sobre psiquiatría. Tampoco era un diario en el sentido de específico de la palabra. No mencionaba a su esposa, a sus hijos, ni a sus colegas, ni siquiera para tal propósito utilizó ningún tipo de lenguaje psiquiátrico. En su lugar, el libro era una especie de obra teatral de una moralidad fantasmagórica, llevada por el propio deseo de Jung no sólo de trazar un derrotero de entre el pantano de mangles de su mundo interior sino también de llevarse algunas de sus riquezas con él. Fue esta última parte – la idea de que una persona debiera moverse en forma beneficiosa entre los polos de lo racional y lo irracional, la luz y la oscuridad, el consciente y el inconsciente – que le proporcionó el germen de su posterior trabajo y en lo que se convertiría la psicología analítica.</p>
<p>El libro cuenta la historia de Jung tratando de enfrentarse a sus propios demonios a medida que iban emergiendo de las sombras. Los resultados son humillantes, en algunos casos ofensivos. En él, Jung viaja a la tierra de la muerte, se enamora de una mujer que después se da cuenta que es su hermana, queda atrapado por una gran serpiente y, en un momento aterrador, come el hígado de un niño pequeño. (“Trago con esfuerzos desesperantes – es imposible – una y otra y otra vez – casi me desmayo – está hecho.”) En determinado momento, inclusive el diablo critica a Jung como odioso.</p>
<p>Él trabajó en su libro rojo – así simplemente lo llamó él, el Libro Rojo – dentro y fuera durante casi 16 años, mucho después de que su crisis personal haya pasado, pero nunca logró terminarlo. Se inquietaba activamente por su causa, preguntándose si debía publicarlo y enfrentarse al ridículo de sus pares orientados científicamente o si debía colocarlo en un cajón y olvidarse de él. En relación a lo que el contenido del libro significaba, sin embargo, Jung era terminante. “Todos mis trabajos, toda mi actividad creativa,” él solía recordar más tarde, “ha surgido de aquellas fantasías y sueños iniciales.”</p>
<p>Jung evidentemente guardó el Libro Rojo cerrado con llave en un armario de su casa en Zürich, suburbio de Küsnacht. Cuando él murió en 1961, no dejó instrucciones específicas sobre qué hacer con el libro. Su hijo, Franz, un arquitecto y el tercero de cinco hijos, se hizo cargo de la casa y decidió dejar al libro, con sus meditaciones extrañas y sus pinturas elaboradas, donde estaba. Luego, en 1984, la familia transfirió el libro al banco, donde desde entonces se ha convertido tanto en un bien como en una obligación.</p>
<p>Siempre que alguna persona pedía para ver el Libro Rojo, los miembros de la familia decían, sin dudar y a veces sin decoro, no. El libro era privado, aseveraban, un intenso trabajo personal. En 1989, un analista americano, llamado Stephen Martin, que era el editor de un diario Jungiano y que ahora dirige una fundación filantrópica Jungiana, visitó al hijo de Jung (el resto eran hijas mujeres) y preguntó sobre el Libro Rojo. La pregunta encontró una respuesta que lo sorprendió. “Franz Jung, un hombre genial y gracioso, reaccionó en forma brusca, casi con enojo.” Martin luego escribió en su boletín de la fundación, y dijo “en términos inciertos” que Martin “no pudo ver el Libro Rojo y que no imaginaba que alguna vez éste se publicase.”</p>
<p>Y, sin embargo, el secreto Libro Rojo de Carl Jung – escaneado, traducido y conteniendo notas al pie de página – estará en las librerías el mes que viene, publicado por W. W. Norton y tipificado como el “trabajo no publicado de mayor influencia en la historia de la psicología.” Con seguridad es una victoria para algunos, pero, aún es muy pronto para decir para quién.</p>
<p><strong><img class="alignleft size-full wp-image-748" title="20jung_1-190" src="http://www.odiseajung.com/blog-jung-odisea/../public/wordpressblog/uploads/2009/11/20jung_1-190.jpg" alt="20jung_1-190" width="190" height="265" />STEPHEN MARTIN</strong> es un hombre compacto, que usa barba de 57 años de edad. Tiene una inteligencia irreverente, vigorosa, y lo que parece ser un sentido de sorpresa completamente intacto. Si usted llega a tener una conversación con él en cualquier momento antes de las 10 de la mañana, él le hará su primera pregunta – “¿Cómo durmió?” – y, seguramente seguida de su segunda pregunta – “¿Usted soñó?” porque para Martin, al igual que para todos los analistas Jungianos, el soñar ofrece una lectura barométrica de la psique. En su casa en un frondoso suburbio de Filadelfia, Martin guarda cinco libros gruesos llenos de anotaciones e interpretaciones de todos los sueños que ha tenido mientras estudiaba para ser un analista 30 años atrás en Zürich, bajo la tutela de una analista Suiza en ese entonces en sus 70s llamada Liliane Frey-Rohn. En la actualidad, Martin archiva sus sueños en su computadora, pero el sueño de su vida es – como él dice que debería ser el sueño de la vida de todas las personas – tan comprometido como siempre.</p>
<p>Aún cuando algunos de sus colegas en el mundo Jungiano son cautelosos al considerar a Carl Jung como un sabio – una historia de comentarios antisemitas y sus visiones patriarcales acerca de las mujeres causó que muchos se distanciaran de él – Martin lo reverencia sin dudarlo siquiera. Guarda los veinte volúmenes de las obras completas de Jung en un estante en su casa y relee “Memorias, Sueños, Pensamientos” por lo menos dos veces al año. Muchos años atrás, cuando una de sus hijas lo entrevistó como parte de un proyecto para el colegio y le preguntó de qué religión era, Martin, un judío no observante, le contestó, “Oh, querida, soy Jungiano.”</p>
<p>La primera vez que lo vi, en la estación de trenes en Ardmore, Pa., Martín estrechó mi mano y pensativamente tomó mi maleta. “Venga,” me dijo, “la llevaré a ver el santo sudario.” La habitación era acogedora y del tipo de una cueva, con una alfombra gruesa y con las paredes pintadas de un tono de azul profundo y llamativo. Había un sofá estilo de las misiones californianas y dos sillas de respaldo alto y una máquina de café expreso en un rincón.</p>
<p>Varios posters típicos montados de Zürich colgaban de las paredes, junto con fotografías de Carl Jung, con una mirada sabia y de cabellos blancos, y Liliane Frey-Rohn, una mujer de cara redonda que sonreía en forma maternal detrás de un par de anteojos severos.</p>
<p>Martin escogió con ternura varias primeras ediciones de libros escritos por Jung de un estante, los abrió para que yo pudiera ver como habían sido autografiados para Liliane Frey-Rohn, que luego se los dejó en herencia a Martin. Por último, nos encontramos frente a un marco cuadrado que colgaba en una pared distante de la habitación, otro regalo de su anterior analista y la pieza central del arcano Jungiano de Martin. Dentro del cuadro había una tela delicada cuadrada, su textura ya envejecida por los años – un pañuelo doblado con las iniciales “CGJ” bordadas prolijamente en un rincón en gris. Martin dijo, “Ahí lo tiene,” en tono exageradamente pomposo, “El santo pañuelo, el santo sudario nasal de C. G. Jung.”</p>
<p>Además de trabajar como analista, Martin es el director de la Fundación Filemón, que tiene como meta preparar los trabajos no publicados de Carl Jung para que sean publicados, con el Libro Rojo como proyecto central. Él ha pasado los últimos años en forma agresiva, a veces evangelísticamente, juntando el dinero dentro de la comunidad Jungiana para apoyar su fundación. La fundación, a cambio, ayudó a pagar la traducción del libro y el agregado de un trabajo erudito – que consta de una larga introducción y una vasta red de notas al pie de página – escritas por un historiador londinense llamado Sonu Shamdasani, que trabaja como editor general de la fundación y que pasó casi tres años tratando de persuadir a la familia para que accedieran a que publicara el libro y para que le permitieran acceder a él.</p>
<p>Situado el objetivo de la fundación Filemón, excavar y hacer públicos los viejos papeles de C. G. Jung – conferencias que él dio en el Club Psicológico de Zürich o cartas inéditas, por ejemplo – tanto Martin como Shamdasani, que comenzaron la fundación en 2003, han trabajado para entablar una relación con la familia Jung, los propietarios y guardianes notoriamente protectores de las obras de Jung. Martin fue uno más de casi todos los que después fui encontrando y que posteriormente me dirían acerca de trabajar con la familia de Jung. “A veces es delicado,” dijo, agregando a modo explicativo, “Son muy Suizos.”</p>
<p>Lo que probablemente quiso decir con esto es que los miembros de la familia Jung que trabajaron activamente para mantener los bienes de Jung tienden a hacer todas las cosas con mucho cuidado y con un énfasis en la privacidad y el decoro y en ocasiones son tomados por sorpresa por la manera totalmente informal y relativamente descarada con que los Jungianos americanos – que es seguro decir que son los Jungianos más ardientes – se inmiscuyen en los asuntos de la familia. Hay americanos que se presentan y llaman a la puerta de la casa de la familia Jung en Küsnacht sin previo anuncio; americanos que suben la cerca en Bollingen, la torre de piedra que Jung construyó como residencia de verano bien al sur de la costa del Lago Zürich. Americanos que acribillan a Ulrich Hoerni, uno de los nietos de Jung que maneja los asuntos de archivo y editorial a través de la fundación de la familia, casi en forma semanal con diversos tipos de permisos. La relación entre los Jung y las personas que han sido inspiradas por Jung es, casi por necesidad, una compleja simbiosis. El Libro Rojo – que, por un lado describía el auto análisis de Jung y se convirtió en el génesis del método Jungiano y por el otro fue lo suficientemente extraño como para avergonzar a la familia – contenía una cierta carga eléctrica. Martin reconoció el dilema de los descendientes. “Ellos lo poseen pero no lo han vivido,” dijo, al describir el legado de Jung. “Es muy molesto para ellos porque todos sentimos que nos pertenece.” Inclusive el mismo viejo psiquiatra parecía reconocer la tensión. “Gracias a Dios que soy Jung,” se rumorea que dijo cierta vez, “y no Jungiano.”</p>
<p>“Este señor, es un<strong> </strong>bodhisattva,” Martin me dijo un día. “Este es el explorador psíquico más grande del siglo XX, y este libro nos cuenta la historia de su vida interior.” Agregó, “Me da escalofríos de sólo pensarlo.” A esas alturas todavía tenía que darle una mirada al libro, pero para él ese hecho lo hacía aún más tentador. Su esperanza era que el Libro Rojo le diera más “vigor” a la psicología Jungiana, o al menos lo atrajera a él personalmente más cerca de Jung. “¿Lo entenderé?”, dijo, “Probablemente, no. ¿Me desilusionará? Es probable. ¿Será inspirador? ¿Cómo podría no serlo?” Hizo una pausa, parecía estar pensando en todo ello. “Quiero ser transformado por él,” dijo finalmente, “Eso es todo.”</p>
<p><strong>PARA ENTENDER</strong> y decodificar el Libro Rojo – un proceso que él decía que llevaría más de cinco años de trabajo concentrado – Sonu Shamdasani hizo largas caminatas por Hampstead Heath en Londres. Solía traducir el libro por la mañana, luego, caminaba varias millas por el parque durante la tarde, con su mente tratando de seguir el camino del conejo que Jung había forjado en su mente.</p>
<p>Shamdasani tiene 46 años de edad. Tiene cabello negro grueso, un ojo puntilloso por los detalles y una forma de hablar modesta, casi solemne. Es amigable, pero no es dado a la conversación trivial. Si Stephen Martin es – en términos Jungianos – del “tipo sentimental”, entonces Shamdasani, que enseña, en la University College London’s Wellcome Trust Center, Historia de la Medicina y tiene un libro del escritor de teatro Griego Esquilo junto a su sofá para lectura liviana, es del “tipo pensador.” Él ha estudiado psicología Jungiana por más de 15 años y se queda particularmente sin aliento en relación con la psicología de Jung y su conocimiento del pensamiento oriental, al igual que con la riqueza histórica de su época, un período en que la escritura visionaria era más común, cuando la ciencia y el arte estaban más relacionados entre sí y cuando Europa se estaba deslizando en el cataclismo psíquico de la guerra. Él tiende a sospechosar del pensamiento interpretativo que no está anclado por un hecho incontestable – y, en efecto, se ha hecho al hábito de atacar a cualquiera que considere culpable de erudición descuidada – y también mantiene por lo general una actitud neutra hacia Jung. Ambas cualidades hacen de él, en determinados momentos, una extraña compañía tanto entre los Jungianos como entre los Jung.</p>
<p>La relación entre historiadores y las familias de las luminarias de la historia es, casi por naturaleza, una de mutuo desencanto. Un lado trabaja para extraer; el otro para proteger. Uno tira, el otro afloja. Stephen Joyce, el ejecutor literario de James Joyce y el último heredero con vida, ha comparado a eruditos y biógrafos con “ratas y piojos.” Dmitri, el hijo de Vladimir Nabokov, recientemente dijo a un entrevistador que consideraba la posibilidad de destruir la última novela conocida de su padre para rescatarla del “tonto monstruoso” que ya había husmeado en la vida y obra de su padre. La viuda de T. S. Eliot, Valerie Fletcher, ha mantenido activamente sus papeles lejos de las manos de los biógrafos, y Anna Freud, fue, durante su vida, muy selectiva respecto a quien podía leer y tomar nota de los archivos de su padre.</p>
<p>Aún en contra de este telón de fondo, los Jung, liderados por Ulrich Hoerni, el principal administrador literario, se han distinguido por la fuerza de su custodia. A lo largo de los años, han tratado de interferir con la publicación de libros que ellos consideraban negativos o inexactos (incluyendo uno escrito por el premiado biógrafo Deirdre Bair), han intervenido en acuerdos legales con Jungianos y otros académicos sobre los derechos de la obra de Jung y mantuvieron un estado de alta agitación en lo que respecta a la forma en que C. G. Jung es retratado. Shamdasani fue inicialmente cauteloso con los herederos de Jung. “Ellos tuvieron un séquito de personas que se les acercaban y les pedían ver las joyas de la corona,” me dijo en Londres este verano. “Y la respuesta estándar era, ‘piérdete.’ ”</p>
<p>Shamdasani se acercó por primera vez a la familia con el propósito para editar y eventualmente publicar el Libro Rojo en 1997, año que terminó siendo un momento oportuno. Franz Jung, un oponente vehemente de exponer el lado privado de C. G. Jung, había fallecido recientemente, y la familia estaba tratando de evitar la publicación de dos libros ampliamente discutidos y controvertidos escritos por un psicólogo americano llamado Richard Noll, que proponía que Jung era un galanteador, un profeta auto elegido de un culto Ariano que idolatraba al sol y que varias de sus ideas centrales eran plagiadas o basadas en investigaciones falsas.</p>
<p>Mientras que los ataques de Noll podrían haber llevado a la familia a proteger con mayor vigor el Libro Rojo, Shamdasani apareció con los elementos correctos para hacer un trato – dos manuscritos parcialmente tipeados en borrador (sin ilustraciones) del Libro Rojo que él había encontrado en algún lugar. Uno estaba esperando en una estantería en una casa al sur de Suiza, en la casa de la hija mayor de una señora que una vez trabajó haciendo transcripciones y traducciones para Jung. El segundo lo encontró en la Biblioteca Beinecke de la Universidad de Yale, en una caja llena de papeles sin catalogar que pertenecía a un conocido editor alemán. El hecho de que existieran dos copias parciales del Libro Rojo significaba dos cosas – una, que Jung la había distribuido al menos a unos pocos amigos, presumiblemente solicitando una respuesta para una posible publicación; y dos, que el libro, hasta entonces considerado privado e inaccesible, podía, de hecho ser encontrado. El espectro de Richard Noll y de cualquier otro que, ellos temieran pudiera manchar a Jung al querer citar en forma selectiva cualquier parte del libro cobró demasiada importancia. Con o sin la aprobación de la familia Jung, el Libro Rojo – o al menos partes del mismo – es posible que pronto se hiciera público en algún momento cercano, escribió Shamdasani, “probablemente,” de manera ominosa en un informe a la familia, “en forma sensacionalista.”</p>
<p>Durante casi dos años, Shamdasani voló repetidas veces a Zürich, armando su caso con los herederos de Jung. Almorzó, compartió cafés y dio una conferencia. Finalmente, después de muchas y tensas deliberaciones intrafamiliares, Shamdasani recibió un pequeño salario y una copia a color del libro original y le fue otorgado el permiso para proceder a su preparación para la publicación, a pesar de que estaba atado por un acuerdo confidencialmente estricto. Cuando el dinero escaseó en 2003, se creó la Fundación Filemón para financiar la investigación de Shamdasani.</p>
<p>Después de haber vivido más o menos solo con el libro durante casi una década, Shamdasani – que es un amante del buen vino y de los detalles más complejos del jazz – en estos días tiene el aspecto de alguien que, tras haber comenzado a salir de un enorme laberinto, está algo convulsionado. Cuando lo visité este verano en el duplex superpoblado de libros frente al páramo, él estaba agregando su nota al pie de página número 1051 al Libro Rojo.</p>
<p>Los pies de página delinean tanto el viaje de Shamdasani como el de Jung. Estos incluyen referencias a Fausto, Keats, Ovidio, los dioses Escandinavos Odin<a name="Dosholy"></a><a href="#biDosholy">[2]</a> y Thor<a name="Tresholy"></a><a href="#biTresHoly">[3]</a>, las deidades Egipcias Isis y Osiris, la diosa Griega Hecate, textos Gnósticos antiguos, Hiperbóreos Griegos, el Rey Herodes, el Antiguo Testamento, el Nuevo Testamento, Zaratustra de Nietzsche, astrología, el artista Giacometti y la fórmula alquímica del oro. Esto sólo por nombrar algunos. La premisa central del libro, me dijo Shamdasani, fue que Jung se desilusionó con el racionalismo científico – lo que él llamó “el espíritu de la época”- y durante el curso de varios encuentros quijotescos con su propia alma y con otras figuras internas, conoce y aprecia “el espíritu de las profundidades,” un campo que abre las puertas a la magia, la coincidencia, y a las metáforas mitológicas proporcionadas por los sueños.</p>
<p>“Es el reactor nuclear para todas sus obras,” dijo Shamdasani, al notar que los conceptos más conocidos de Jung – incluyendo su creencia de que la humanidad comparte una fuente de sabiduría ancestral que él denominó inconsciente colectivo y el pensamiento de que las personalidades tienen tanto componentes masculinos como femeninos (animus y anima) – tienen sus raíces en el Libro Rojo. El hecho de crear el libro, también llevó a Jung a reformular la manera en que trabajaba con sus clientes, como evidenció una nota que Shamdasani encontró en un libro auto publicado escrito por una antigua cliente, en el que ella recuerda el consejo de Jung de procesar todo lo que sucedía en las zonas más profundas y por momentos aterradoras de su mente.</p>
<p>“Le aconsejaría que escribiera todo de la mejor manera que usted pueda – en un libro hermosamente encuadernado,” la instruyó Jung. “Le parecerá que estará convirtiendo en banales sus visiones – pero usted necesita hacer eso – entonces se librará de su poder… Luego, cuando estas cosas estén escritas en un hermoso libro, usted puede consultar el libro y recorrer sus páginas y para usted será su iglesia – su catedral – los lugares silenciosos de su espíritu donde usted encontrará la renovación. Si alguien le dice que es mórbido o neurótico y usted los escucha, entonces perderá su alma, porque en ese libro está su alma.”</p>
<p><strong>ZÜRICH ES, ANTES QUE OTRA COSA</strong>, una de las ciudades europeas con más propósitos determinados. Las campanas de sus iglesias doblan con precisión; sus trenes entran y salen de las estaciones a un horario exacto. Hay restaurantes de fondue llenos de gente y chocolaterías y nativos saludables que pedalean jovialmente sus bicicletas sobre los puentes de piedra que se extienden sobre el Río Limmat. En verano, los yates se pasean por el Lago Zürich; en invierno, los Alpes brillan en el horizonte. Y durante la hora del almuerzo a lo largo de todo el año, grupos de jóvenes banqueros pasean por la Bahnhofstrasse en sus trajes poderosos y sus relojes carísimos, aparentando ser eternamente conscientes del hecho de que bajo sus pies yacen bóvedas laberínticas repletas de una cantidad deslumbrante y desproporcionada de la riqueza del mundo.</p>
<p>Pero también están, ventilando el esplendor material de la ciudad con su devoción a los sueños, los Jungianos. Alrededor de 100 analistas Jungianos practican en y en los alrededores de Zürich, examinando los sueños de sus clientes en sesiones que se llevan a cabo en pequeñas oficinas acumuladas dentro de edificios en toda la ciudad. Otros pocos cien analistas en entrenamiento pueden encontrarse estudiando en uno de los dos institutos Jungianos de la zona. En más de una oportunidad, me han dicho que, además de ser un destino turístico fantástico y un buen lugar para guardar el dinero, Zürich es una excelente ciudad para soñar.</p>
<p>Los Jungianos están acostumbrados a ser una minoría en casi todos los lugares a los que van, pero aquí, dentro de una ciudad de 370.000 habitantes, ellos han encontrado un cierto y tranquilo punto de apoyo. Zürich, para los Jungianos, está cargada espiritualmente. Es una especie de Jerusalén, el lugar donde C. G. Jung comenzó su carrera, dio seminarios, cultivó un íntimo círculo de discípulos, desarrolló sus teorías acerca de la psiquis y donde luego se convirtió en un señor mayor. Muchas de las personas que se anotan en los institutos son Suizos, Americanos, Británicos o Alemanes, pero algunos son de lugares como Japón y Sudáfrica o Brasil. A pesar de que hay otros institutos Jungianos en otras ciudades alrededor del mundo que ofrecen programas con diplomas, aprender las técnicas de análisis de los sueños en Zürich es algo así como aprender a jugar baseball en el Yankee Stadium. Para el creyente, el lugar en sí mismo conlleva una gracia talismánica.</p>
<p>Al igual que yo, Stephen Martin voló a Zürich la semana en que el Libro Rojo fue sacado de su hogar en la caja de seguridad del banco y llevado a un pequeño estudio fotográfico cerca de la casa de la ópera para ser escaneado, página por página, para su publicación. (Se incluirá en la parte posterior del libro una traducción al inglés del libro junto con la introducción y las notas al pie de páginas realizadas por Shamdasani.) Martin ya se tomó la costumbre de visitar Zürich varias veces al año para “malcriarse con las salchichas y para renovarse” y para atender los asuntos de la Fundación Filemón. Durante mi primera mañana allí, caminamos alrededor de las partes antiguas de la ciudad, antes de ir a ver el Libro. Zürich hacía que Martin se volviera nostálgico. Fue aquí donde conoció a su esposa Charlotte, y aquí donde entabló una relación casi tan importante como esa con su analista, Frey-Rohn, levándose a sí mismo y a sus sueños dos o tres veces por semana a la oficina de ella durante varios años.</p>
<p>Entrar en terapia es una parte central del aprendizaje por medio de la acción, del entrenamiento Jungiano, que normalmente toma alrededor de cinco años y también incluye tomar cursos de folklore, mitología, Psicopatología y religiones comparativas, entre otros. Es, dice Martin, del tipo de una “disciplina basada en un tutor.” A él le gusta mucho marcar su propio pedigrí conferido, ya que la misma Frey – Rohn se analizó con C. G. Jung. La mayoría de los analistas conocen sus ascendientes directos en linaje. Esa mañana, Martin y yo estábamos pasando frente a un café cuando vio a otro analista Americano, alguien que conoció en el colegio y que desde entonces se había establecido en Suiza. “Oh, ahí está Bob,” dijo Martin alegremente, dirigiéndose hacia donde estaba ese señor. “Bob se entrenó con Liliane,” me explicó, “y eso nos hace una especie de hermanos.”</p>
<p>El análisis Jungiano gira en gran medida en torno al hecho de escribir tus sueños (o dibujarlos) y traerlos al analista – alguien que está bien preparado tanto con los símbolos como con las personas – para ser explorados en el significado arquetípico y personal. Eligiendo entre las propias experiencias personales de Jung, los analistas generalmente alientan a sus clientes para que experimenten por sí mismos con la imaginación activa, convocando un paisaje onírico en la vigilia y para que interactúen con quien sea o con lo que sea que allí surja. Se considera al análisis una forma de psicoterapia, y muchos analistas, de hecho, también son entrenados como psicoterapeutas, pero en su forma más pura, un analista Jungiano se abstiene de hablar clínicamente de diagnósticos y de recuperación a favor de objetivos más amplios (y algunos dicen confusos) de auto descubrimiento y completud – un proceso de maduración al que el mismo Jung se refería como “individuación”. Tal vez, como resultado tiene un distintivo diferente para las personas a mitad de sus vidas. “El propósito del análisis no es un tratamiento,” Martin me explicó. “Ese es el propósito de la psicoterapia. “El propósito del análisis es,” agregó, con un toque de grandeza, “devolverle la vida a quien la haya perdido.”</p>
<p>Más tarde ese día, fuimos al estudio fotográfico donde el trabajo en el Libro ya estaba en danza. La habitación era un espacio sin ningún atractivo con suelos de cemento y paredes pintadas de negro. Su atmósfera de silencio y de luces brillantes le daba un aspecto de sala de cirugía. Estaba el editor del Norton vestido con una chaqueta sport de tweed. Había un editor de arte contratado por Norton y dos técnicos de una compañía llamada DigitalFusion, que volaron a Zürich desde el Sur de California con lo que parecía ser un equipo que constaba de una cámara y una computadora de media tonelada.</p>
<p>Shamdasani llegó antes que nosotros. Al igual que Ulrich Hoerni, quien, junto con su primo Peter Jung, se han convertido en apoyos cautelosos de Shamdasani, trabajando para construir un consenso dentro de la familia para permitir que el libro saliera al mundo. Hoerni fue el que buscó el libro en el banco y ahora que estaba de pie junto a él, con su ceño fruncido, parecía algo torturado. Hablar con los herederos de Jung es entender que casi cuatro décadas después de su muerte, ellos siguen girando dentro del tornado psíquico que Jung creó durante su vida, atrapados entre las fuerzas opuestas entre sus admiradores y sus críticos y entre sus propias lealtades filiales y la tendencia histórica insistente de juzgar y volver a juzgar a sus propios protagonistas. Hoerni luego me diría que el descubrimiento de Shamdasani de las copias perdidas del Libro Rojo lo sorprendió, que aún hoy no está del todo seguro de si alguna vez Carl Jung tuvo la intención de publicar el Libro Rojo. “Él dejó la pregunta abierta,” dijo. “Uno podría pensar que él podría haber tomado a alguno de sus hijos a un lado y decirle ‘Esto es lo que es y lo que quiero que hagan con él,’ pero no lo hizo.” Era un peso que Hoerni cargaba pesadamente. Se había presentado en el estudio fotográfico no sólo con el Libro Rojo guardado entre almohadones en un maletín especial sino también con una bolsa de dormir y su cepillo de dientes, dado que cuando el día de trabajo terminase, él pasaría la noche acurrucado cerca del libro – “una medida de seguridad necesaria,” explicaría más tarde.</p>
<p>Y, finalmente, allí bronceándose bajo las luces de neón, se encontraba el Libro Rojo de Carl Jung, desplegado en la página 37. Un lado de la página abierta mostraba un intrincado mosaico de una pintura de un gigante sosteniendo un hacha rodeado por cocodrilos y serpientes aladas. El otro lado estaba repleto de una caligrafía alemana ilegible que parecía por momentos controlada y también, dada la cantidad de palabras que había en la página, daba la impresión de algo escrito en forma enérgica, catárticamente. Sobre el libro, un scanner de 10.200 pixeles estaba suspendido en un carro porta cámara que cliqueaba y luego zumbaba, capturando el libro a una décima de milímetro por vez y cargando las imágenes en una computadora.</p>
<p>El Libro Rojo presentaba una belleza indiscutida. Sus colores parecían casi<strong> </strong>latir, su escritura casi arrastrarse. El alivio de Shamdasani podía sentirse, al igual que la ansiedad de Hoerni. Todos en la habitación parecían estar congelados en una especie de hechizo, en especial Stephen Martin, quien estaba parado a 8 pies de distancia del libro pero, luego, finalmente, después de unos minutos, comenzó a acercarse pulgada a pulgada hacia él. Cuando el director de arte llamó a un descanso, Martin se inclinó sobre el libro, colocando su cabeza de forma tal de poder leer el alemán de la página. Si entendió lo que leyó o no entendió, no lo dijo. Sólo levantó la vista y sonrió.</p>
<p><strong>UNA TARDE</strong> me tomé un descanso del escaneo y fui a visitar a Andreas Jung, que vive con su esposa Vreni, en la vieja casa de C. G. Jung en la 228 Seestrasse en la ciudad de Küsnacht. La casa – una construcción de estilo barroco de 1908 de 5000 pies cuadrados de parque, diseñada por el psiquiatra y financiada ampliamente por la herencia de su esposa Emma – se ubica en un terreno entre la calle y el lago. Dos filas de árboles cortados de manera ornamental en forma de torres crean un pasaje angosto hacia la entrada. La casa se enfrenta al lago cubierto de nieve, a un conjunto de jardines bien cuidados y en un rincón, a un trozo de bambú ingobernable totalmente fuera de lo común.</p>
<p>Andreas es un hombre alto con un carácter tranquilo y con una manera muy propia de un caballero en su forma de vestir. A los 64 años de edad, se parece a una versión un poco más delgada y suavizada de su famoso abuelo, a quien se refiere como “C. G.” Entre los cinco hijos (todos menos uno han fallecido) y 19 nietos (todos salvo cinco aún viven), él es uno de los más jóvenes y también el más conocido por ser el más servicial con los curiosos. Es una especie de celebridad. Él y Vreni preparan té y sirven galletitas muy atentamente y dan una charla amena. “La gente quiere hablar conmigo y a veces quiere tocarme,” me dijo Andreas, de manera divertida y algo tímida a la vez. “Pero, nada tiene que ver conmigo, claro. Se debe a mi abuelo.” Mencionó que los jardineros que podan los árboles se molestan cuando se encuentran con extraños – en general extranjeros – sacándole fotos a la casa. “En Suiza, C. G. Jung no es tan importante,” dijo. “Ellos no comprenden todo esto.”</p>
<p>Jung, que nació en la villa montañosa de Keswill, fue un extranjero en Zürich durante su vida, aún cuando en sus años de adultez sembró la ciudad con sus seguidores y se convirtió – Junto con Paul Klee y Karl Barth — en uno de los hombres más conocidos de Suiza de su época. Tal vez su marginación se debió en parte a la naturaleza extraordinaria de sus ideas. (Se burlaron de él, por ejemplo, porque publicó un libro a fines de los 1950s que examinaba el fenómeno psicológico de los platos voladores.) Tal vez fue su bien documentada abrasividad hacia las personas lo que él encontró como poco interesante. O puede ser el hecho de que él rompió con los parámetros establecidos de su profesión. (Durante el período problemático en que comenzó a escribir el Libro Rojo, Jung renunció a su puesto en Burghölzli, para no retornar nunca más.) Es probable, también, que tuviera algo que ver con el affaire que él mantuvo por más de 40 años, de manera no convencional y abiertamente, con una tímida mujer intelectual llamada Tony Wolf, una de las antiguas pacientes de Jung que luego se convirtió en analista y colaboradora profesional muy cercana a Jung y una frecuente, y bienvenida visita fija en la mesa de la familia Jung.</p>
<p>“La vida de C. G. Jung no era fácil,” dijo Andreas. “Para la familia, no fue nada fácil.” Cuando era joven, Andreas algunas veces iba y encontraba el Libro Rojo de su abuelo en un placard y lo hojeaba, sólo por diversión. Al conocer a su autor personalmente, dijo, “No me resultaba nada extraño.”</p>
<p>Para la familia, C. G. Jung se convirtió más en un enigma después de su muerte, dejando tras él una gran cantidad de trabajo no publicado y una enorme audiencia dispuesta a poner las manos en él. “Hubo grandes peleas,” me dijo Andreas cuando lo volví a visitar este verano. Andreas que tenía 19 años de edad cuando su abuelo falleció, recordó debates familiares sobre si permitir o no permitir que algunas cartas privadas de Jung sean publicadas. Cuando la gran familia se reunía para la celebración anual de Navidad en Küsnacht, los hijos de Jung solían desaparecer en una habitación y mantenían discusiones fuertes sobre qué hacer con lo que su padre había dejado mientras que los niños jugaban en otra habitación. “Mis primos, mis hermanos y yo, pensábamos que ellos eran tontos al discutir por estas cosas,” dijo Andreas, con una suave sonrisa. “Pero luego, cuando nuestros padres fallecieron, nos encontramos a nosotros mismos teniendo las mismas discusiones.”</p>
<p>Inclusive los bisnietos de Jung sentían su presencia. Daniel Baumann, cuya abuela fue Gret, la hija de Jung, me dijo “él era omnipresente”, cuando me encontré con él en otro momento. Describió su propia niñez como una mezcla de rabia y simpatía hacia las generaciones mayores. “Era, ‘Jung dijo esto’ y ‘Jung hizo aquello,’ y ‘Jung pensó que.’ Cuando hacías algo, él siempre estaba presente de alguna manera. Él simplemente siguió viviendo. Él estaba con nosotros. Él aún está con nosotros,” me dijo. Baumann es arquitecto y también es el presidente del consejo del Instituto C. G. Jung en Küsnacht. Él trata con Jungianos todo el tiempo, y para ellos era lo mismo: Jung estaba y no estaba allí. “Es una especie de holograma,” dijo. “Todos proyectan algo en el espacio, y Jung comienza a ser una persona real otra vez.”</p>
<p><strong>UNA NOCHE DURANTE</strong> la semana del escaneo en Zürich, tuve un sueño importante. Un sueño importante, me dicen los Jungianos, es diferente de todos tus sueños normales, lo que en mi caso significaba que mi sueño no era ni sobre caer de un precipicio o perder un examen. Este sueño era acerca de un elefante – un elefante muerto con su cabeza cortada. La cabeza estaba sobre una parrilla en un restaurante de estilo suburbano, y yo sostenía la espátula. Todo el mundo andaba alrededor con cocktails; la cabeza se estaba cocinando sobre las llamas. Yo estaba muy enojada en contra de la maestra del jardín de infancia de mi hija, porque se suponía que ella era la encargada de cocinar el elefante en la parrilla pero no se había dignado a aparecer. Es por ello que yo tuve que hacer el trabajo. Me desperté.</p>
<p>Durante el desayuno buffet del hotel, me encontré con Stephen Martin y con una analista californiana llamada Nancy Furlotti, que es la vice presidenta del consejo de la Fundación Filemón y que en ese momento estaba tomando té con muesli.</p>
<p>“¿Cómo estás? Preguntó Martin.</p>
<p>“¿Soñaste?” Preguntó Furlotti.</p>
<p>“¿Qué significan los elefantes para usted? Me preguntó Martin después de que yo les relatara mi sueño.</p>
<p>“Me gustan los elefantes,” dije. “Admiro a los elefantes.”</p>
<p>“Está Ganesha,” dijo Furlotti, más a Martin que a mí. “Ganesha es una diosa India de la sabiduría.”</p>
<p>“Los elefantes son maternales,” agregó Martin, “se preocupan mucho.”</p>
<p>Pasaron unos minutos deliberando acerca del rol arquetípico de la maestra del jardín de infancia. “¿Cómo se siente hacia ella?” “¿Diría usted que se asemeja más a la figura materna o a la de una bruja?”</p>
<p>Darle un sueño a un analista Jungiano es algo así como darle una ecuación cuadrada compleja a alguien que realmente disfruta de las matemáticas. Se debe saborear el proceso en sí mismo. La solución no siempre es inmediatamente evidente. En los meses siguientes, le conté mi sueño a varios analistas más, y cada uno giraba en torno los mismos conceptos simbólicos similares acerca de la femineidad y la sabiduría. Un día estaba en la oficina de Murray Stein, un analista Americano que vive en Suiza y que trabaja como presidente del International School of Analytical Psychology, hablando sobre el Libro Rojo. Stein me estaba hablando acerca de cómo algunos analistas Jungianos que él conocía estaban preocupados por la publicación – preocupados específicamente por el hecho de que era un documento privado y de que fuera tomado como el trabajo de un loco, lo que me recordó mi sueño. Se lo conté, y le dije que el sólo hecho de comer la cabeza de un elefante me resultaba grotesco y embarazoso y que posiblemente era una señal de que había algo profundamente malo en mi psiquis. Stein me aseguró que comer era un símbolo de integración. “No se preocupe,” me dijo tranquilizándome. “Es horrible a un nivel naturalista, pero simbólicamente es bueno.”</p>
<p>Resultó ser que prácticamente todos los que trabajaban con el Libro Rojo tuvieron un sueño esa semana. Nancy Furlotti soñó que estábamos todos sentados a la mesa tomando un líquido color ámbar en globos de vidrio y hablando sobre la muerte. (¿Era el escaneo del libro una muerte? ¿No era la muerte seguida de renacimiento?) Sonu Shamdasani soñó que se encontraba con Hoerni que estaba durmiendo en el jardín de un museo. Stephen Martin estaba seguro de que había sentido una mano invisible que le tocaba la espalda mientras dormía. Y, Hugo Milstein, uno de los técnicos digitales que estaba escaneando el libro, pasó una noche atormentada viendo un flash fantasmal de la cara de color blanco de un niño en una pantalla de computadora. (Furlotti y Martin debatieron: ¿Podría haber sido Mercurio? ¿El dios de los viajeros en un cruce de caminos?)</p>
<p>Temprano una mañana estábamos parados alrededor del estudio fotográfico discutiendo nuestros sueños cuando Ulrich Hoerni atravesó cansadamente la puerta, después de haberle delegado a su sobrino Félix para que pasara la noche previa junto al Libro Rojo. Felix había hecho su trabajo; el Libro Rojo yacía descansando con sus tapas cerradas sobre la mesa. Pero Hoerni, parecía extraño, parecía observar con mayor dureza al libro. Los Jungianos lo saludaron. “¿Cómo está usted? ¿Soñó anoche?”</p>
<p>“Sí,” dijo Hoerni en silencio, sin sacar su mirada fulminante de la mesa. “Soñé que el libro ardía en llamas.”</p>
<p><strong>A TRAVÉS DEL LIBRO ROJO</strong>, casi a mitad de su camino, – después de que él ha atravesado el desierto, ha confundido montañas, ha cargado a Dios en sus espaldas, ha cometido asesinatos, ha visitado el infierno; y después de que ha tenido largas e inconclusas charlas con su gurú Filemón, un hombre con cuernos de toro y con una larga barba que se agita en las alas de martín pescador – Jung se siente, con razón, cansado y demente. Aquí es cuando su alma, una figura femenina que se presenta periódicamente a través de todo el libro, vuelve a aparecer. Ella le dice que él no le tema a la locura sino, por el contrario, que la acepte, inclusive que se acerque a ella como fuente de creatividad. “Si quieres encontrar caminos, no deberías desdeñar la locura, ya que es una parte importante de tu naturaleza.”</p>
<p>El Libro Rojo no es un viaje fácil – no lo fue para Jung, no lo fue para su familia, ni para Shamdasani, tampoco lo será para los lectores. El libro es pomposo, barroco y como todo lo demás acerca de Carl Jung, una rareza intencional, sincronizado con una realidad mística y antediluviana. El texto es denso, por lo general poético, siempre extraño. El arte es cautivador y también extraño. Incluso hoy día, su publicación parece estar en riesgo. Como si fuera una exposición. Pero es posible que Jung tuviera esa intención. En 1959, después de haber dejado el libro más o menos sin tocar casi por 30 años, agregó un corto epílogo confirmando el dilema central al considerar el destino del libro. “Para el observador superficial,” escribió, “le parecerá una locura.” Sin embargo, el sólo hecho de que haya escrito un epílogo parece indicar que él confiaba en que sus palabras algún día encontrarían la audiencia correcta.</p>
<p>Shamdasani piensa que los contenidos del Libro Rojo inflamarán tanto a los fanáticos como a los críticos de Jung. Ya hay Jungianos planificando conferencias y disertaciones dedicadas al Libro Rojo, algo que Shamdasani encuentra divertido. Si piensa en todos los años que le tomó sentir como si entendiera algo acerca del libro, se siente curioso de saber qué es lo que la gente va a decir acerca del libro sólo meses después de su publicación. En lo que a él respecta, una vez que el libro vea la luz, se convertirá en una pieza magistral e imposible de ignorar en la historia de Jung, el portal hacia las experiencias más íntimas de lo más íntimo de Carl Jung. “Una vez que esté publicado, habrá un ‘antes’ y un ‘después’ en la erudición Jungiana,” me dijo, y agregó, “Dará por tierra todas las biografías, sólo para empezar.” Me pregunté que pasaría con el resto de nosotros, es decir, con las personas que no somos Jungianas. ¿Habrá algo en el Libro Rojo para nosotros? “Absolutamente, hay una historia humana aquí,” dijo Shamdasani, “El mensaje básico que él está mandando es ‘Valora tu vida interior.’ ”</p>
<p>Después de haber sido escaneado, el libro volvió a su hogar en la caja fuerte del banco, pero volverá a moverse – esta vez a Nueva York, acompañado de un número de descendientes Jungianos. Durante los siguientes meses estará en exposición en el Rubin Museum of Art. Ulrich Hoerni me dijo este verano que él asumía que el libro iba a generar “crítica y habladurías,” pero al sacarlo a la luz ellos estaban rescatando futuras generaciones de descendientes de Jung de algunas de las discusiones del pasado. Si otra generación heredara el Libro Rojo, dijo, “deberían volver a hacerse la misma pregunta, ‘¿Qué hacemos con él?’ ”</p>
<p>Stephen Martin también estará cerca para recibir el libro a su llegada a Nueva York. Él ya presiente que dará una luz positiva a Jung – esto gracias a un sueño reciente que tuvo acerca de un amanecer “inefablemente sublime” que tuvo lugar en los Alpes Suizos – aún cuando otros no son tan optimistas.</p>
<p>En el Libro Rojo, después de que su alma le urge a que abrace a la locura, Jung todavía duda. Luego, de repente, tal como sucede en los sueños, su alma se transforma en un “profesor pequeño y gordo,” que expresa un interés paternal por Jung.</p>
<p>Jung dice: “Creo también que me he perdido por completo a mí mismo. ¿Estoy loco realmente? Todo es terriblemente confuso.”</p>
<p>El profesor responde: “Tenga paciencia, todo va a salir bien. De todos modos, duerma bien.”</p>
<hr />
<p><strong><em>Traducido para la web Odisea del Alma por:</em></strong></p>
<p><strong><em>Myriam Rozengurt</em></strong></p>
<p><strong><em>Traductora Científico-Literaria. </em></strong></p>
<p><strong><em>Universidad del Salvador de Buenos Aires</em></strong></p>
<p><strong><em>Investigadora en Arteterapia Junguiana</em></strong></p>
<p><strong>Mail de contacto: mrozengurt@hotmail.com</strong></p>
<hr />
<p><a href="http://www.odiseajung.com/blog-jung-odisea/wp-includes/js/tinymce/plugins/paste/pasteword.htm?ver=3241-11411#_ftnref1"></a><a name="biUnoholy"></a><a href="#Unoholy">[1]</a> “Recuerdos, Sueños, Pensamientos”, C. G. Jung,, Editorial Seix Barral Los Tres Mundos, página 213. N. de T.</p>
<p><a href="http://www.odiseajung.com/blog-jung-odisea/wp-includes/js/tinymce/plugins/paste/pasteword.htm?ver=3241-11411#_ftnref2"></a><a name="biDosholy"></a><a href="#Dosholy">[2]</a> Odin: dios escandinavo de la sabiduría y la poesía. N. de T.</p>
<p><a href="http://www.odiseajung.com/blog-jung-odisea/wp-includes/js/tinymce/plugins/paste/pasteword.htm?ver=3241-11411#_ftnref3"></a><a href="http://www.odiseajung.com/blog-jung-odisea/wp-includes/js/tinymce/plugins/paste/pasteword.htm?ver=3241-11411#_ftnref3"></a></p>
<p><a name="biTresHoly"></a><a href="#Tresholy">[3]</a> Thor: dios escandinavo de la lluvia y el trueno. N. de T.</p>
<p><br class="spacer_" /></p>
]]></content:encoded>
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		</item>
		<item>
		<title>Nuevo documento gráfico junguiano en Multimedia: El Mundo Interior</title>
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		<pubDate>Thu, 22 Oct 2009 19:59:20 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Raúl Ortega</dc:creator>
				<category><![CDATA[Editoriales]]></category>
		<category><![CDATA[Noticias]]></category>
		<category><![CDATA[Compromiso de corazón]]></category>
		<category><![CDATA[Desde lo profundo del alma]]></category>
		<category><![CDATA[El mundo interior]]></category>
		<category><![CDATA[Jung]]></category>
		<category><![CDATA[Libro Rojo]]></category>

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		<description><![CDATA[El Universo tiene bastante de holograma, es verdad. Además, el pensamiento de los arquetipos (a través del cual trazan los actos del destino) es mágico: se basa en analogías. Por eso producen sincronicidad. "Así es arriba como es abajo" ]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="aligncenter size-full wp-image-728" style="border:4px double #69441F;" title="Jung a orillas del lago Zúrich en Bollingen" src="http://www.odiseajung.com/blog-jung-odisea/../public/wordpressblog/uploads/2009/10/jung_lago_zurich.jpg" alt="Jung a orillas del lago Zúrich en Bollingen" width="235" height="298" /></p>
<p>Con el añadido de esta producción ya están publicados en Odisea los tres documentales básicos que acompañaron la formación junguiana en castellano durante mucho tiempo, desde el inicio de la década de los 90: <a href="http://www.odiseajung.com/psicologia-jung-multimedia/media_2.php?idvid=48">Compromiso de Corazón</a>, <a href="http://www.odiseajung.com/psicologia-jung-multimedia/media_2.php?idvid=49">Desde lo profundo del alma</a> y ésta última incorporación, <a href="http://www.odiseajung.com/psicologia-jung-multimedia/media_2.php?idvid=55">El mundo interior</a>. Hace rato que están descatalogados y que los aficionados andan desesperados rastreando copias.</p>
<p><span id="more-725"></span></p>
<p>Yo les tengo un cariño inmenso. Como ya he esbozado en algún lugar de este blog, mi forma íntima de acceder al universo junguiano es clásica y, digamos, &#8220;ortodoxa&#8221;, exactamente la perspectiva desde la que están realizadas estas producciones. Sin embargo, mi destino ha sido siempre establecer contacto personal y cercano no con representantes directos de esta, vamos a llamarle, escuela, sino con egregias figuras procedentes de la arquetipal. De hecho, el arquetipo y sus inextricables caminos hizo incluso que conviviera algunos meses con un discípulo directo de Hillman, el cual había convivido a su vez muchos años con él. Estando así las cosas, mis cosas, estos vídeos durante mucho tiempo  fueron para mí el mejor modo de que dispuse para &#8220;intimar&#8221; con las personalidades que yo sentía verdaderamente cercanas a mi modo de experimentar lo Inconsciente. He pasado largos ratos deleitándome en los expresivos gestos de Franz, de Hannah, de Frey-Rohn, de Joseph Wheelwrigth&#8230;, percibiendo sus vivas emociones detrás de las palabras. Empatizando con ellas. Un ejercicio de &#8220;emocionalidad activa&#8221; al cual ayuda mucho la bella banda sonora que se ha usado en su producción, por momentos tan adecuadamente wagneriana.</p>
<p>No nos podemos acercar a la verdadera Filosofía, a la auténtica Ciencia, dejando en el hall los sentimientos, el arte, como se dejan los zapatos en la entrada de la mezquita. El conocimiento si no es algo holístico es entonces más bien desinformación y malentendido. Por eso hay que recordar una y otra vez por qué los períodos puramente científicos pierden antes que tarde la batalla histórica: porque no tienen ni la capacidad ni la intención de hablarle al ser humano completo, sino sólo a una parte de él, luciféricamente hipertrofiada.</p>
<p>Entonces, a causa del <em>fetichismo </em>con el que he venido tratando estas creaciones audiovisuales (llegué a convertirme en un experto en vídeo digital motivado fundamentalmente por la necesidad de garantizar la preservación de este material), no me ha sido fácil exponerlas al ingente e indiscriminado público internáutico, a la desagradecida intemperie. Me he visto forzado a ello porque ya estaban otras webs exhibiéndolas por aquí y por allá, y Odisea es una empresa que necesita estar muy al día, como todo proyecto basado en Internet. Este sentimiento encontrado fue el que quedó agazapado justo detrás de las frases con las que abrí la presentación de la colección:</p>
<p><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif;"><strong>&#8220;Las filmaciones de Carl G. Jung y sus íntimos allegados de que dispone la comunidad junguiana a día de hoy considero que son algo así como un adelanto de la publicación de su </strong></span><a style="FONT-FAMILY: " rel="nofollow" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Libro_Rojo_(Jung)"><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif;"><strong>Libro Rojo</strong></span></a><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif;"><strong>&#8220;.</strong></span></p>
<p>Yo me había olvidado de esto, hasta que esta misma mañana, antes de escribir la reseña para El mundo interior, quise echar un vistazo a lo que ya había escrito en las otras dos. Curioso ¿verdad? Pocos días después aparecería sorpresivamente la noticia de la publicación, de hecho, del Libro Rojo. Mostrar los vídeos se ha revelado, a posteriori, como un adelanto de eso mismo. En efecto. La difusión del libro ha suscitado un debate moral, podemos decir, análogo, al que yo aún siento en el pecho en relación a estos documentales; inclusive, alentado desde un movimiento de fichas del destino similar (empiezan a aparecer fragmentos del Libro Rojo expuestos por allá y acullá y los junguianos se apresuran a controlar su publicación oficial).</p>
<p>Una vez se me ha tornado consciente este hecho, entiendo mejor por qué sentía yo alrededor de la publicación del libro la impresión de que el momento era el oportuno, que acontecía en <em>kairos</em> (aunque a nadie le guste ser cómplice del <a href="http://www.odiseajung.com/blog-jung-odisea/index.php/2009/10/the-holy-grail-of-the-unconscious-sarah-corbett-new-york-times-libro-rojo/comment-page-1/#comment-213">holocausto de elefantes sagrados</a>). Algo le había insinuado a mi sombra unos días antes todo lo que estaba por suceder.</p>
<p>El Universo tiene bastante de holograma, es verdad. Además, el pensamiento de los arquetipos (a través del cual trazan los actos del destino) es mágico: se basa en analogías. Por eso producen sincronicidad. &#8220;Así es arriba como es abajo&#8221;, y a veces una pequeña y humilde cosa ocurrida en un perdido rincón se impregna del eco de algo que sucede en un plano mucho más trascendente y mayor.</p>
]]></content:encoded>
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		</item>
		<item>
		<title>The Holy Grail of the Unconscious &#8211; El artículo de Sarah Corbett en The New York Times sobre la publicación del Libro Rojo</title>
		<link>http://www.odiseajung.com/blog-jung-odisea/index.php/2009/10/the-holy-grail-of-the-unconscious-sarah-corbett-new-york-times-libro-rojo/</link>
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		<pubDate>Sat, 17 Oct 2009 15:00:49 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Raúl Ortega</dc:creator>
				<category><![CDATA[Editoriales]]></category>
		<category><![CDATA[Noticias]]></category>
		<category><![CDATA[Jung]]></category>
		<category><![CDATA[Liber Novus]]></category>
		<category><![CDATA[Libro Rojo]]></category>
		<category><![CDATA[Philemon Foundation]]></category>
		<category><![CDATA[Rote Buch]]></category>
		<category><![CDATA[Sarah Corbett]]></category>
		<category><![CDATA[Sonu Shamdasani]]></category>
		<category><![CDATA[Stephen Martin]]></category>

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		<description><![CDATA[Sarah Corbett es una periodista del New York Times que ha sido la encargada de documentar todo el asunto de la publicación del Libro Rojo. Ella estuvo en Suiza ]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignleft size-full wp-image-707" title="sarah_corbett" src="http://www.odiseajung.com/blog-jung-odisea/../public/wordpressblog/uploads/2009/10/sarah_corbett.jpg" alt="sarah_corbett" width="104" height="129" />Sarah Corbett es una periodista del New York Times que ha sido la encargada de documentar todo el asunto de la publicación del Libro Rojo. Ella estuvo en Suiza acompañando al analista junguiano Stephen Martin y al experto en historia junguiana y editor Sonu Shamdasani (creadores de la Fundación Filemón), en el proceso de sacar el egregio libro del banco y torturarlo con la semana de intensivo escaneo que los técnicos contratados por la editorial Norton precisaron para crear el facsímil a partir del cual se harían todas las publicaciones.</p>
<p><span id="more-706"></span></p>
<p>Consciente de haber tenido la gran oportunidad de participar en un importante hecho histórico, y notoriamente impactada por su vivencia, a su regreso comienza a preparar un muy inspirado artículo para su periódico, que se publica dos años después, el 16 de septiembre de 2009<span id="unobis"> </span>[<a href="#uno">1</a>], en vísperas del lanzamiento editorial. Este artículo se ha hecho ya muy famoso y va a quedar ligado para la posteridad a la historia del Libro Rojo.</p>
<p>No disponemos de traducción al castellano, y no me puedo tomar la molestia de realizar ese ingente trabajo para el blog. Es un artículo muy largo, que contrasta además demasiado con mi corto bilingüismo, como para ponerme con eso ahora. Pero como, de todos modos, el Libro Rojo parece que lo primero que viene a hacer es revolver el asunto de la Torre de Babel, y sólo desde el inglés y, por supuesto, el alemán, tendrá la comunidad de junguianos acceso a él (de momento, al menos), voy a poner aquí el link del artículo para todos aquellos que quieran y lo puedan leer:</p>
<h3><a rel="nofollow" href="http://www.nytimes.com/2009/09/20/magazine/20jung-t.html?_r=3&amp;pagewanted=all">The Holy Grail of the Unconscious</a><br />
(NOTA: ya está traducido <a href="http://www.odiseajung.com/blog-jung-odisea/index.php/2009/11/traduccion-castellano-the-holy-grail-of-the-unconscious-sarah-corbett-new-york-times-libro-rojo/">AQUÍ</a>)</h3>
<p><br class="spacer_" /></p>
<h3>Los sueños alrededor</h3>
<p>La última parte del artículo, donde Corbett se detiene a documentar los sueños que ella misma y la gente en contacto con el proceso han tenido al respecto, me resulta especialmente interesante. Vamos a tratar el asunto un poco. El sueño de Sarah, que tuvo en Zurich dentro de la semana de escaneos, es el siguiente:</p>
<p style="FONT-FAMILY: "><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif;">&#8220;Este sueño era sobre un elefante. Un elefante muerto con la cabeza cortada. La cabeza estaba en una parrilla en mitad de una barbacoa estilo suburbano, y estaba ocupándome de ella con la espátula. Yo estaba enojada con la maestra de guardería de mi hija, porque se suponía que ella iba a ser la encargada de asar la cabeza en la barbacoa, pero no se había molestado en aparecer. Y así, el trabajo recayó en mí. Entonces me desperté&#8221;. </span></p>
<p>Sarah obviamente no dudó en plantear el análisis en el desayuno a Martin y a otra analista junguiana, Nancy Furlotti, perteneciente a la Fundación. Como leemos en su relato, los dos divagan sobre el elefante como símbolo maternal y el elefante como símbolo sagrado, yendo a la obvia relación con Ganesha, el dios con cabeza de elefante del panteón hindú. El relato de Sarah mal oculta la insatisfacción con la interpretación de estos dos analistas, y nos cuenta que estuvo durante varios meses cuestionando con el tema a otros profesionales junguianos, los cuales seguían amplificando, difusamente, en las direcciones de la feminidad y la sabiduría. Entonces ocurrió que cierto día, mientras hablaba con Murray Stein (presidente de la International School of Analytical Psychology) sobre la preocupación que tenían algunos junguianos alrededor de la publicación de algo tan íntimo, tan comprometido y tan fácilmente malentendible, sintió que por ahí iban realmente los tiros del significado de su sueño. Se lo contó al analista, confesándole al mismo tiempo que en verdad sentía algo grotesco, embarazoso y preocupantemente morboso en el hecho de verse comiendo un elefante masacrado. Stein concluyó: &#8220;No te preocupes. Es horrible al nivel natural (literal), pero simbólicamente es bueno&#8221;.</p>
<p>Es en verdad un gran sueño. Salta a la vista antes que otra cosa el hecho de que está escenificando una comida ritual, eucarística, en último término, una ceremonia <em>caníbal</em>, como reflejo onírico de la publicación del libro. El arcaico simbolismo de aprehender, de integrar el mana de las personificaciones sagradas a través de su deglución lo seguimos conservando, hace muchos siglos que no más que por mero costumbrismo insustancial, en la comunión católica. Esto nos hace comprender que es un tema absolutamente vigente en el mundo arquetípico, y los sueños como los de Sarah nos lo ratifican. Pero el canibalismo siempre ha presentado serias dificultades morales a la sensibilidad humana. Por un lado es un acto soez y bárbaro, por otro un excelso motivo espiritual. En realidad, plantea en el fondo un problema que va más allá de la herida en las sensibilidades: plantea el problema de Prometeo. Con el canibalismo el Hombre, a la fuerza, mediante un acto violento, se apropia de materia sagrada. Caza ángeles. Este sueño, que es un sueño cuyo entorno es la sombra (de ahí lo de barbacoa suburbana), lo primero que quiere decirle a su protagonista es que existe dentro de ella un rincón donde la alegría de ser cómplice de sacar material tan espiritual a la superficie, integrándolo en la conciencia, &#8220;regalándolo al populacho&#8221;, se convierte en cierta culpa moral, prometeica. Esa culpa compensa la gloria consciente heroica.</p>
<p>Conocemos muchos grandes sueños que escenifican el hecho de que cuando sacas a la luz material muy profundo y muy mágico del Inconsciente Colectivo, el oro que esto es se transforma en barro al contacto con el aire de la conciencia, del mundo. Esta devaluación de lo sagrado la representa muy bien este sueño emparentando la mistérica ceremonia con una trivial barbacoa de barrio. Bien, esto es un tema central en la cuestión del Red Book, como todos sabemos. Se va a negociar con él, se va a manosear, se va a malinterpretar desde críticos con la profundidad de entendederas de una lata de sardinas. Este tema no está resuelto, y el inconsciente de una &#8220;simple periodista&#8221;, lo sabe bien.</p>
<p>Todo lo demás en el sueño se interpreta solo. La cabeza del elefante en la parrilla, un animal que, en efecto, muy a menudo representa contenidos sublimes y hasta el mismísimo Self en los sueños y la mitología, es el mamútico Libro Rojo &#8220;asado&#8221; por el escáner. También puede haber un tema personal, no arquetípico, de Corbett con la responsabilidad por su trabajo periodístico. Ese día parece que estaba muy cansada, quizás con ganas de divertirse con su pareja y sus amigos en Nueva York, y le hubiese gustado que otra profesional se hiciera cargo de la noticia, de su <em>hija creativa</em>. Habría que preguntárselo, indagar también en esa línea convergente. Sin embargo, quizás el motivo del enfado con la &#8220;guardera cocinera&#8221; se refiera al hecho de que, un poco al estilo Poncio Pilatos, ella quiere participar en la celebración&#8230; mientras sea otro el que haga el trabajo sucio (una sombra suya). El Libro Rojo torturado por los escáneres difícilmente puede escapar de constelizar subliminalmente la imagen de una crucifixión.</p>
<p>Es cierto que no hay que descartar a priori alguna cosa con el tema maternidad, pues el elefante, como la ballena, también es usado alguna vez por los tejedores del sueño para personificar complejo materno y asuntos con Deméter. Este tema también precisa contrastarse directamente con la soñante. Sin embargo, la actitud de Sarah a lo largo de los meses, que parece no haber sentido nada especial en esta dirección interpretativa, avala no tomarla demasiado en serio.</p>
<p>En definitiva, vivimos en una era donde todo lo que sea informar, sacar a la luz, se contempla <em>per se</em> bueno. Pero Jung le dice a un paciente (citado en el artículo de Sarah):</p>
<p style="FONT-FAMILY: "><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif;">&#8220;Te aconsejo plasmar [tus fantasías] del modo más bello que puedas, quizás en algún libro bellamente encuadernado. Parecerá que estás convirtiendo en banales las visiones, pero necesitas hacer esto, pues así te liberas del poder de ellas&#8230; Entonces cuando estas cosas estén en un precioso libro puedes ir a él y hojearlo y ésta será tu iglesia, tu catedral. El lugar silencioso de tu espíritu donde encontrarás la renovación. <strong>Si alguien te dice que esto es morboso o neurótico y le escuchas, perderás el alma</strong>. Porque este libro es tu alma&#8221;</span></p>
<p>Y en los <a rel="nofollow" href="http://www.nytimes.com/2009/10/04/magazine/04letters-t-001-001.html?ref=magazine">comentarios al precioso artículo</a> de la periodista, el tercero reza:</p>
<p style="FONT-FAMILY: "><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif;">[...] Aunque no tengo dudas de que existen fenómenos inconscientes y probablemente desempeñan un papel central en nuestra experiencia consciente, es un error hablar del inconsciente como si se tratara de algún tipo de contenedor psíquico que existe en algún momento en el tiempo y el espacio. Esto es lo que ocurre cuando se materializan conceptos que simplemente pretenden representar determinados procesos mentales. Los procesos psíquicos inconscientes se refieren a los sentimientos, deseos, imágenes, fantasías, etc., que se producen fuera de la conciencia, y probablemente tienen una influencia determinante en nuestra mentalidad y conducta. No es algo seguro, y está esperando ser descubierto. </span></p>
<p>David Epstein, Psy.D. <br />
Psicólogo Clínico <br />
Richmond, Virginia </p>
<p>Ahí tenemos el problema desde el minuto uno&#8230;</p>
<h3>Otros sueños</h3>
<ul>
<li><strong>Nancy Furlotti soñó la misma semana que todos estaban sentados alrededor de una mesa bebiendo un líquido ámbar en esferas de cristal y departiendo sobre la muerte</strong>. Continúa como vemos el motivo del Libro Rojo como fuente de alimentación sagrada, como mana nutritivo, en este sueño representado en su forma de ambrosía. La conversación, por este impulso espiritual, se torna trascendente (la muerte es uno de esos Grandes Temas). No conozco la edad de la Furlotti pero no descarto una asociación hacia su propio final de trayecto en la vida. Tampoco hacia la cuestión que también está claro que circula alrededor de esta publicación en estos importantes momentos históricos: ¿es una señal más del fin de un ciclo, de la muerte de una era? </li>
<li><strong>Sonu Shamdasani soñó que llegaba hasta Hoerni (sobrino de Jung), el cual estaba durmiendo en el jardín de un museo</strong>. Probablemente tenga relación directa con el hecho de que poco después el Libro Rojo y el Negro se estuvieran exponiendo en el Rubin Museum of Art de Nueva York. El sobrino durmiente, inconsciente, en el jardín del Museo puede aludir a la postura de la familia Jung con respecto a la joya: son inconscientes y actúan con desidia con respecto a algo que debería estar mostrado para la Humanidad en un museo. Pero también puede significar cómo él se acercó a la familia subrepticiamente, engatusándola en un momento de descuido, de guardia baja, como cuidadores de la valiosa pieza de museo, para convencerlos de que le entregaran el Libro. </li>
<li><strong>Stephen Martin sintió que una mano invisible le tocaba la espalda mientras dormía</strong>. Fenómeno propio de un momento y un lugar extraordinariamente cargados de energía psíquica transpersonal, arquetípica. </li>
<li><strong>Hugh Milstein, uno de los técnicos del escáner, pasó una tormentosa noche soñando que la cara fantasmalmente blanca de un niño aparecía de repente en el monitor del ordenador</strong>. Fantasmas en la máquina. Los contenidos visionarios de la intuición se abren paso entre la perfecta y ordenada, pero inerte, técnica de sus contenidos intelectuales. El Libro hace de las suyas. </li>
<li><strong>Ulrich Hoerni soñó que el libro estaba ardiendo</strong>. Como cuidador y guardián del Santo Grial, la peor pesadilla para él en esta historia es que el Libro de sus antepasados salga herido. </li>
</ul>
<p><br class="spacer_" /></p>
<p>Nada más, por el momento.</p>
<p id="uno">[<a href="#unobis">1</a>] Una virginiana fecha que no puedo decir me sea indiferente en lo personal.</p>
<p><br class="spacer_" /></p>
]]></content:encoded>
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		</item>
		<item>
		<title>Por fin: el Rote Buch (Libro Rojo) de Jung, publicado</title>
		<link>http://www.odiseajung.com/blog-jung-odisea/index.php/2009/10/por-fin-el-rote-buch-libro-rojo-de-jung-publicado/</link>
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		<pubDate>Tue, 13 Oct 2009 15:05:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Raúl Ortega</dc:creator>
				<category><![CDATA[Editoriales]]></category>
		<category><![CDATA[Noticias]]></category>
		<category><![CDATA[Jung]]></category>
		<category><![CDATA[Liber Novus]]></category>
		<category><![CDATA[Libro Rojo]]></category>
		<category><![CDATA[Rote Buch]]></category>

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		<description><![CDATA[Con un retraso de casi medio siglo, precisamente ahora sale a la palestra lo que podríamos decir es el diario íntimo que plasma el fermento madre de la Psicología analítica ]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Sí que deben ser estos tiempos apocalípticos. Con un retraso de casi medio siglo, precisamente ahora sale a la palestra lo que podríamos decir es el diario íntimo que plasma el fermento madre de la Psicología analítica. Cercano al estilo de esta obra sólo se conocía públicamente hasta ahora el <em>evangelio</em> <strong>Siete Sermones a los Muertos</strong><strong>.</strong> Por otro lado, algunas imágenes de sus ilustraciones (a cargo del propio Jung) han  sido entresacadas y mostradas en este largo tiempo por aquí y por allá. Pero nada más. Bueno, sí: desde el año 2001 los herederos y custodios del libro han permitido, estilo manuscritos de Nag Hammadi o Qumran, que determinados interesados egregios fueran a consultarlo a Suiza.</p>
<p><span id="more-692"></span></p>
<p>En la autobiografía <strong>Recuerdos, sueños, pensamientos</strong>, justo antes de los Siete Sermones, aparece un fragmento que se nos cuenta está entresacado de las últimas aportaciones de Jung a su Libro Rojo, realizadas tardíamente en 1959, y que consistieron mayormente en una ampliación de las conversaciones originales con Elías, Salomé y la serpiente. El texto es éste:</p>
<p style="FONT-FAMILY: "><span style="font-family: book antiqua,palatino;"><span style="font-size: small;"><strong>1959. He trabajado en este libro durante 16 años. El conocimiento de la alquimia en 1930 me sacó de este trabajo. El comienzo del fin llegó en 1928 cuando Wilhelm me envió el texto de las Goldenen Blüte, de este tratado de alquimia. Entonces el contenido del libro halló el camino a la realidad. No podía ya trabajar en ello. Al observador superficial le parecerá una locura. Así hubiera sido si no hubiera podido captar la imponente fuerza de los acontecimientos originales. Supe siempre que todo acontecimiento encierra algo valioso y por ello no encontré nada mejor que exponerlos en un libro «valioso», es decir, caro y en las imágenes revividas al pintarlas. Sé lo inadaequat que era esta empresa, pero pese al mucho trabajo y distracción me siento fiel a ello, incluso si alguna vez otra posibilidad&#8230;</strong></span></span></p>
<p>Haciendo alarde de su poderosa intuición, Jung nos habla de que el Rote Buch es un libro caro. Y así ha sido. Concretamente 117 $ en Amazon.com <img src='http://www.odiseajung.com/blog-jung-odisea/wp-includes/images/smilies/icon_wink.gif' alt=';-)' class='wp-smiley' /> , en oferta de lanzamiento, pero eso para un libro de estas características no es tanto.</p>
<p>Aún habrá que esperar <span style="text-decoration: line-through;">unos días</span> no se sabe cuánto para la edición castellana.</p>
<p>El <strong>Rote Buch &#8211; Liber Novus </strong>es una obra directamente emparentada con el <strong>Libro de Kell</strong>, escrito por monjes irlandeses en el siglo IX, los <strong>Beatos</strong> del <strong>Beato de Liébana</strong> o los <strong>Proféticos</strong> de <strong>Blake</strong>. Ya no se puede objetar mucho a la hora de adscribir el genio junguiano a su verdadera Aurea Catena, a sus auténticos pares. Como diría el I Ching: <em>El rey se acerca a su templo</em>. Ciencia madre de las ciencias. Sabiduría allende la razón.</p>
<p>Os dejo ahora la noticia aparecida en prensa (<a rel="nofollow" href="http://www.elnuevoherald.com/122/story/557951.html">http://www.elnuevoherald.com/122/story/557951.html</a>):</p>
<h2>Exhiben por primera vez el Libro Rojo de Carl Jung</h2>
<h5>Por ULA ILNYTZKY<br />
The Associated Press</h5>
<p><img class="alignleft size-full wp-image-693" title="libro_rojo_jung" src="http://www.odiseajung.com/blog-jung-odisea/../public/wordpressblog/uploads/2009/10/libro_rojo_jung.jpg" alt="libro_rojo_jung" width="280" height="337" />NUEVA YORK &#8212; El Libro Rojo de Carl Jung, una fascinante exploración de su propio inconsciente que hizo el psicoanalista suizo a lo largo de 16 años, es exhibido en un museo de Nueva York en coincidencia con la publicación del volumen hasta ahora inédito.</p>
<p>El libro original estará en exhibición en el Museo de Arte Rubin de Nueva York a partir del 7 de octubre, la fecha de aparición del facsímil, y hasta el 25 de enero de 2010.</p>
<p>Se sabía de la existencia del grueso volumen, elaborado con la compleja caligrafía y ricas iluminaciones de Jung, pero los estudiosos y el público jamás lo han visto. Después de la muerte de Jung en 1961, los descendientes lo conservaron en su casa en Zurich hasta fines de los 80, cuando lo depositaron en una caja de seguridad bancaria.</p>
<p>Los descendientes de Jung siempre rechazaron el pedido de los historiadores de publicar el Libro Rojo. Pero cuando aparecieron dos borradores parciales impresos, permitieron que un historiador de la psicología, el londinense Sonu Shamdasani, tradujera la obra del original.</p>
<p>El Libro Rojo -extraordinario libro de ciencia y bella obra de arte por partes iguales- es un manuscrito iluminado de exquisita factura comparable a los evangelios medievales. Esta escrito sobre papel grueso con elegante caligrafía e ilustrado con pinturas a la témpera de figuras mitológicas y formas gráficas simbólicas en rojo, verde azulado, azul y verde.</p>
<p>Jung tenía 39 años en 1914, cuando empezó a escribir el libro, en un período que llamó su &#8220;confrontación con el inconsciente&#8221;. Llenó 205 páginas del volumen tamaño folio.</p>
<p>La reproducción facsimilar del manuscrito en alemán y la tradicción al ingles por la editorial W.W. Norton &amp; Company pesa cuatro kilos y cuesta 195 dólares.</p>
<p>Shamdasani dijo que el libro representa una serie de lo que Jung llamó imaginación activa, o visualización: la evocación de ensoñaciones en la cual mantenía diálogos interiores con figuras fantásticas para tratar de sondear su inconsciente. Una figura prominente de estas fantasías es Filemón, un sabio profeta de barba blanca y alas de martín pescador.</p>
<p>El libro está iluminado también con mandalas, símbolos hindúes y budistas de integridad, o plenitud, que Jung consideraba representativos de su desarrollo psicológico y espiritual.</p>
<p><br class="spacer_" /></p>
]]></content:encoded>
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		</item>
		<item>
		<title>El final de los tiempos &#8211; Gran serie de Félix Gracia, Marisol Olba y Joaquín Grau en sección multimedia</title>
		<link>http://www.odiseajung.com/blog-jung-odisea/index.php/2009/10/el-final-de-los-tiempos-gran-serie-de-felix-gracia-marisol-olba-y-joaquin-grau-en-seccion-multimedia/</link>
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		<pubDate>Thu, 08 Oct 2009 17:23:31 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Raúl Ortega</dc:creator>
				<category><![CDATA[Editoriales]]></category>
		<category><![CDATA[Noticias]]></category>
		<category><![CDATA[Félix Gracia]]></category>
		<category><![CDATA[fin de los tiempos]]></category>
		<category><![CDATA[Joaquín Grau]]></category>
		<category><![CDATA[Marisol Olba]]></category>
		<category><![CDATA[milenarismo]]></category>

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		<description><![CDATA[Regresamos con esta serie al principio de los "felices 90". <strong>Félix Gracia</strong>, director, coautor y <em>felix</em> presentador de ella, andaba por aquella época muy prolífico en interacción pública ]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Acabo de publicar en la sección multimedia una vieja pero no obsoleta serie a la que le guardo un cariño muy especial, aunque en su día no llegué a ver más que algunos capítulos sueltos y ha sido ahora cuando he podido conocerla en su totalidad. El link permanente a los dos primeros episodios es <a href="http://www.odiseajung.com/psicologia-jung-multimedia/media_2.php?idvid=50" target="_blank">éste</a>.</p>
<p>La he presentado así:</p>
<h3 style="TEXT-ALIGN: center">El final de los tiempos 1 y 2<br />
De Piscis a Acuario/Libros de Piedra</h3>
<p>Regresamos con esta serie al principio de los &#8220;felices 90&#8243;. <strong>Félix Gracia</strong>, director, coautor y <em>felix</em> presentador de ella, andaba por aquella época muy prolífico en interacción pública.<span id="more-678"></span> Se erigió presidente de la &#8220;esoterofílica&#8221; <strong>editorial Heptada</strong>, fundó la revista <strong>Más Allá </strong><span style="FONT-SIZE: 0.8em"><strong>de la Ciencia</strong> </span>y poco después <strong>Conciencia Planetaria</strong>. En mitad de todo ese barullo activista grabó esta serie milenarista, yo diría que de culto, que ahora rescatamos del olvido aquí. Los cultos, y todo lo verdaderamente culto (quiero atreverme a decir), en el siglo XXI ya no lo volveremos a encontrar en los <em>mass media</em>; no al menos con los mismos signos de vitalidad. Ciertamente, aún podemos seguir encontrándonos hoy con posturas conscientes similares en Sudámerica, que dan la cara desvergonzadamente en los medios, pero aquí en Europa todo este discurso ha pasado a ser tratado públicamente con desdén o, directamente, odio. Así que aquí tenemos un producto de alto valor de la última era en que los milenaristas se atrevían a gritar a los cuatro vientos la Buena Nueva de la transformación radical, pues verdaderamente estaban convencidos de que el estrepitoso cambio y relevo de poderes era tan inminente como consecuente.</p>
<p>Obviamente, a pesar de toda la flagrante realidad que demuestran documentos como estos, y de la profunda sensibilidad e inteligencia que muestran (aunque no exentos de errores y torpes lapsus por aquí y allá), después de que el mundo atravesara la frontera del 2000 sin demasiada pena y sin ninguna gloria este optimismo, de hecho inocente (bienintecionado, auténticamente progresista), pasó a considerarse, igual que ya ocurrió en similares momentos históricos precedentes, inaceptable ingenuidad, y el milenarismo bandera en alto hizo rápidamente mutis por el foro, dejando tras de sí terreno abonado para la decepción y el descreimiento, que se ceban ahora de una Europa que ha perdido completamente el norte acerca de lo bueno, lo malo, lo falso y lo auténtico.</p>
<p>Pero ¿no es ése el síntoma precisamente de un mundo en decadencia autodestructiva? Sumémosle la crisis económica y ambiental y tenemos delante el cumplimiento de todas las profecías. Pensemos entonces si, en realidad, el Apocalipsis no habrá ocurrido ya, y no esté ahora mismo ocurriendo. Tal y como estaba intuitivamente previsto. Hay cosas como la oscuridad de la noche, que cuanto más grandes son, menos se ven.</p>
<p><strong>De Piscis a Acuario</strong> trata el proceso milenarista de cambio sustentado en los mismos fundamentos en que se apoyara <strong>Jung</strong> en su célebre ensayo <strong>Aion</strong>. <strong>Libros de Piedra</strong> parte de la interpretación de las ruinas cargadas de sugerente misterio que por doquier nos ha legado la Historia.</p>
<p>Son los dos primeros capítulos de una serie de diez.</p>
]]></content:encoded>
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		</item>
		<item>
		<title>Ken Wilber vs. Jung &#8211; II</title>
		<link>http://www.odiseajung.com/blog-jung-odisea/index.php/2009/09/ken-wilber-vs-jung-ii/</link>
		<comments>http://www.odiseajung.com/blog-jung-odisea/index.php/2009/09/ken-wilber-vs-jung-ii/#comments</comments>
		<pubDate>Sun, 06 Sep 2009 14:09:10 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Raúl Ortega</dc:creator>
				<category><![CDATA[Editoriales]]></category>
		<category><![CDATA[anima]]></category>
		<category><![CDATA[Jung]]></category>
		<category><![CDATA[Ken Wilber]]></category>
		<category><![CDATA[Psicología analítica]]></category>
		<category><![CDATA[Psicología transpersonal]]></category>

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		<description><![CDATA[Hace unos días que ha caído casualmente en nuestras manos la transcripción de una entrevista a Ken Wilber donde muy explícitamente plantea su controversia con Carl Jung. Reconozco que no la conocía, y no he logrado aún descifrar el nombre completo de la entrevistadora ]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Hace unos días que ha caído <em>casualmente</em> en nuestras manos la transcripción de una entrevista a Ken Wilber donde muy explícitamente plantea su controversia con Carl Jung. Reconozco que no la conocía, y no he logrado aún descifrar el nombre completo de la entrevistadora, una tal EZ (Edith&#8230;), ni tampoco la fecha y el lugar de la publicación original (que parecen recientes), aunque queda claro que la interviú en sí tuvo lugar en algún momento de 1984.</p>
<p>Lo tomaremos como una réplica a lo vertido en la <a href="http://www.odiseajung.com/blog-jung-odisea/index.php/2009/08/ken-wilber-vs-jung/">primera parte de este artículo</a>, y pasaremos luego a responderlo aquí, después de publicar el fragmento que nos interesa:</p>
<p><span id="more-654"></span></p>
<p><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif;">[...] Son precisamente los místicos quienes afirman que la esencia de su religión es básicamente idéntica en todas las religiones místicas y que recibe muchos nombres cuando, en realidad, es Uno. Pero no encontrarás un solo creyente mítico -un fundamentalista protestante, pongamos por caso- que admita fácilmente que el budismo también es un camino perfecto de salvación. Quienes creen en los mitos suelen considerar que están en posesión del único camino, porque su religión se basa en mitos externos, que varían de lugar en lugar; y esto es lo que imposibilita que perciban -a diferencia de los místicos- la unidad interna que se oculta detrás de los símbolos externos.</span></p>
<p><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif;"><strong>EZ</strong>: Sí, ya veo. ¿De modo que no estás de acuerdo con Carl G. Jung en que los mitos son arquetípicos y, en ese sentido, tienen una importancia mística o trascendente?</span></p>
<p><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif;">-Tiene que ser cáncer -eso era lo único en lo que yo pensaba en ese momento-. ¿Qué otra cosa podría ser? El doctor ya nos lo explicará. El doctor ya nos lo explicará. El doctor&#8230; ya puede irse al diablo! Maldita sea! Maldita sea! Maldita sea! ¿Dónde están los mecanismos de represión y negación cuando más los necesito?</span></p>
<p><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif;">Pero, en cierto modo, era de eso, de negación y de represión, de lo que había venido a hablar Edith. Nuestro tema fundamental era la relación existente entre la psicología y la espiritualidad. E íbamos a hacerlo siguiendo mi propio modelo general, una síntesis que pretende relacionar los dos intentos más importantes de comprender al ser humano.</span></p>
<p><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif;">Para Treya y para mí, ésa no era una simple preocupación académica. Los dos estábamos profundamente implicados en nuestra propia terapia -con Seymour y con otros- y ambos habíamos meditado durante mucho tiempo. ¿Cómo relacionábamos las dos cosas entre sí? Este era el tema fundamental de conversación constante entre Treya, yo y nuestros amigos. Creo que uno de los principales motivos por los que acepté la entrevista de Edith fue precisamente porque ese tema era, tanto teórica como prácticamente, de capital importancia en mi vida. </span></p>
<p><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif;">Cuando recordé nuevamente la pregunta de Edith, me di cuenta que habíamos llegado a un punto clave: Carl Gustav Jung.</span></p>
<p><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif;">Esperaba que ese tema saliera a relucir. Por aquel entonces, al igual que ahora, la encumbrada figura de Carl Jung -del que Campbell no es sino un seguidor más- domina totalmente el campo de la psicología de la religión. Cuando abordé este campo por primera vez, creía firmemente, como todo el mundo, en los conceptos fundamentales y en los esfuerzos pioneros que Jung realizó en esta área. Pero con el transcurrir de los años acabé llegando a la conclusión de que Jung cometió varios errores profundos, y que esos errores -intensificados por lo profuso e incuestionado de su difusión- constituían el principal escollo en el terreno de la psicología transpersonal: no era posible entablar una conversación sobre psicología y religión sin antes aclarar este difícil y espinoso tema. Así es que, durante la siguiente media hora, Edith y yo nos dedicamos a intentar aclararlo. ¿Acaso estaba yo en desacuerdo con Jung en que los mitos eran arquetípicos, y por consiguiente, místicos?</span></p>
<p><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif;"><strong>KW</strong>: Jung descubrió que los hombres y mujeres modernos pueden producir de manera espontánea -en los sueños, la imaginación activa, las asociaciones libres, etcétera- casi todos los temas fundamentales de las religiones míticas del mundo. Este hallazgo le condujo a deducir que las formas míticas básicas -a las que denominó arquetipos- son comunes a todas las personas, las hereda todo el mundo y se transmiten gracias a lo que él denomina inconsciente colectivo. Y luego afirmó aquello de que -y aquí le cito literalmente- el misticismo es la experiencia de los arquetipos.</span></p>
<p><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif;">Pero, en mi opinión, este punto de vista incurre en varios errores cruciales. En primer lugar, es evidente que la mente, incluso la mente moderna, puede llegar a producir, de manera espontánea, formas míticas esencialmente similares a las que podemos encontrar en las religiones míticas. Como ya he dicho, los estadios preformales del desarrollo mental -en especial el pensamiento preoperacional y el pensamiento operacional concreto- son naturalmente mitógenos. Todos los hombres y mujeres de nuestro tiempo atraviesan esos estadios del desarrollo durante la infancia, lo que les permite acceder de manera espontánea a la estructura del pensamiento mítico, especialmente en los sueños, en donde los niveles primitivos del psiquismo pueden aflorar con más facilidad.</span></p>
<p><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif;">Pero eso no tiene absolutamente nada de místico. Según Jung, los arquetipos son formas míticas básicas vacías de contenido, mientras que el misticismo, por su parte, es consciencia carente de forma. No parece existir, por tanto, ningún punto de contacto entre ambas estructuras.</span></p>
<p><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif;">En segundo lugar, Jung tomó prestado el término arquetipo de grandes místicos como Platón y San Agustín. Pero la forma en que lo utiliza no es la misma en la que lo utilizaron ellos ni tampoco en la que lo han utilizado los grandes místicos del mundo entero. Para los místicos -Shankara, Platón, San Agustín, Eckhart y Garab Dorje, por ejemplo-, los arquetipos son las primeras formas sutiles que aparecen cuando el mundo brota del Espíritu carente de forma, del Espíritu no manifestado.</span></p>
<p><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif;">Para ellos, los arquetipos son los modelos en los que se basan todos los demás modelos manifestados. EI término arquetipo, procede del griego arche typon, que significa modelo original. En este sentido, los arquetipos son formas sutiles, formas trascendentales, las primeras formas manifestadas, ya se trate de manifestaciones físicas, biológicas, mentales, etcétera, etcétera. Y en la mayor parte de las formas de misticismo, esos arquetipos son pautas de radiación, puntos de luz, iluminaciones audibles, formas y luminosidades de colores radiantes, luces irisadas, sonidos y vibraciones, a partir de los cuales se manifiesta y condensa, por así decirlo, el mundo material.</span></p>
<p><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif;">Pero Jung utiliza el término refiriéndose a ciertas estructuras míticas básicas que son comunes a todos los seres humanos, como el tramposo, la sombra, el Sabio, el ego, la máscara, la Gran Madre, el anima, el animus y otros. Para Jung, pues, los arquetipos no son tanto trascendentales como existenciales, simples facetas de la experiencia comunes a la condición humana cotidiana. Coincido con él en que esas formas míticas constituyen un legado colectivo, y también estoy plenamente de acuerdo en que es muy importante llevarse bien con esos arquetipos míticos.</span></p>
<p><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif;">Si, por ejemplo, tengo un problema psicológico con mi madre, si tengo lo que se llama un complejo materno, es importante que me dé cuenta de que gran parte de la carga emocional no sólo proviene de mi propia madre biológica sino también de la Gran Madre, una poderosa imagen del inconsciente colectivo que es, por así decirlo, la quintaesencia de todas las madres del mundo. Es decir, el psiquismo parece llevar integrado en sí mismo la imagen de la Gran Madre, del mismo modo que también parece estar equipado con las formas rudimentarias del lenguaje, la percepción y diversas pautas instintivas. De este modo, si se reactiva la imagen de la Gran Madre, no sólo tendré que habérmelas con mi propia madre biológica, sino también deberé afrontar miles de años de experiencia materna. Así pues, la imagen de la Gran Madre conlleva una carga que hace que tenga un impacto muy superior al de mi propia madre biológica. Llegar a entrar en contacto con la Gran Madre a través del estudio de los mitos de todo el mundo, constituye una buena forma de hacer frente a esa forma mítica, de volverla consciente y así poder diferenciarse de ella. Estoy totalmente de acuerdo con Jung sobre este punto. Pero, en cualquier caso, esas formas míticas no tienen nada que ver con el misticismo, con la auténtica consciencia trascendental.</span></p>
<p><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif;">Lo explicaré de una manera más sencilla. El gran error de Jung, en mi opinión, consistió en confundir lo colectivo con lo transpersonal (con lo místico). El hecho de que mi mente herede ciertas formas colectivas no significa que esas formas sean místicas o transpersonales. Todos heredamos colectivamente diez dedos en los pies, por ejemplo, pero el hecho de experimentar los diez dedos de mis pies no supone en modo alguno estar viviendo una experiencia mística! Los arquetipos de Jung no tienen prácticamente nada que ver con la consciencia auténticamente espiritual, trascendental, mística y transpersonal; son formas heredadas colectivamente que compendian algunos de los encuentros más fundamentales, cotidianos y existenciales de la condición humana: la vida, la muerte, el nacimiento, la madre, el padre, la sombra, el ego, etcétera. Pero en esto no hay nada místico. Colectivo sí, pero transpersonal no.</span></p>
<p><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif;">Hay elementos colectivos prepersonales, elementos colectivos personales y elementos colectivos transpersonales; y Jung no los diferencia con la claridad necesaria. Es ese descuido, en mi opinión, lo que desvirtúa toda su comprensión del proceso espiritual.</span></p>
<p><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif;">Así que estoy de acuerdo con él en que es muy importante entenderse con las formas tanto del inconsciente mítico personal como del inconsciente colectivo. Pero ninguno de ellos está relacionado con el verdadero misticismo, que consiste en encontrar, en primer lugar, la luz más allá de la forma, y en segundo, la ausencia de forma más allá de toda luz.</span></p>
<p><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif;"><strong>EZ</strong>: Pero tropezar con el material arquetípico del psiquismo puede constituir una experiencia muy poderosa y, en ocasiones, hasta muy sobrecogedora.</span></p>
<p><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif;"><strong>KW</strong>: Sí, porque los arquetipos son colectivos y su poder trasciende, con mucho, al individuo: cuentan con el poder de millones de años de evolución a sus espaldas. pero colectivo no significa transpersonal. El poder de los verdaderos arquetipos, los arquetipos transpersonales, se deriva directamente del hecho de que son las primeras formas del Espíritu atemporal. El poder de los arquetipos jungianos, por su parte, se deriva del hecho de ser las formas más antiguas de la historia temporal.</span></p>
<p><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif;">Como constató el mismo Jung, es necesario alejarse de los arquetipos y diferenciarse de ellos para liberarse de su poder, un proceso al que denominó proceso de individuación. Y una vez más, estoy completamente de acuerdo con él a este respecto. Hay que diferenciarse de los arquetipos jungianos.</span></p>
<p><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif;">Pero, en última instancia, para que la identidad de la persona se transforme en esa forma transpersonal, uno debe acercarse a los verdaderos arquetipos, los arquetipos transpersonales. Y ésa es una diferencia enorme. El único arquetipo jungiano auténticamente transpersonal es el Self, pero hasta la misma exposición de Jung a este respecto me parece sumamente frágil porque, a mi juicio, no enfatiza lo suficiente su carácter no dual. Así pues&#8230;</span></p>
<hr />
<p>El contenido de la entrevista no nos revela nada nuevo acerca de lo que ya conocemos de la postura de Wilber frente al arquetipo. Por lo tanto, tampoco yo voy a tener que hacer ahora otra cosa que abundar un poco más en lo ya dicho.</p>
<p>Aquí lo tenemos como si respondiera a mi &#8220;Ken dio un patinazo&#8221; del hilo anterior con un &#8220;Jung cometió errores cruciales&#8221;. Como ya señalé, ese error crucial que cometió Jung en estas lides es permitir que el público entendiera sólo esto del arquetipo: &#8220;<span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif;">la Gran Madre, una poderosa imagen del inconsciente colectivo que es, por así decirlo, la quintaesencia de todas las madres del mundo [...] [Los arquetipos] cuentan con el poder de millones de años de evolución a sus espaldas</span>&#8220;. Y el patinazo de Ken es no haber sabido usar su intuición ni aprovechar su experiencia mística personal para leer entre líneas cuando incluso Jung parece detenerse en una definición así.</p>
<p>Voy a usar el arquetipo Anima para ejemplificar lo que ocurre en general.</p>
<p>Sabemos que el Anima, efectivamente, contiene entre sus cualidades más señeras el ser algo así como la quintaesencia de todas las mujeres del mundo, habidas y por haber. Enumeremos las más inmediatas causas lógicas que se nos ocurren para explicar esta circunstancia:</p>
<ul>
<li>Se trata de la <strong>introyección</strong> condensada de las experiencias de todos los machos humanos con las hembras humanas a lo largo de la Historia. El Anima como depósito sedimental colectivo de las experiencias externas con la mujer. Una especie de <em>archivo akásico</em>, de memoria colectiva, de esta fenomenología que no deja de ser &#8220;<em>humana, demasiado humana</em>&#8220;. </li>
<li>Se trata de la personificación de los instintos femeninos; de la <em>etología</em>, del comportamiento femenino esencial. La Feminidad en sí. También seguimos sin lograr trascender el plano &#8220;genital&#8221;, en terminología freudiana. Seguimos sin traspasar la frontera de lo cotidiano, del ego trivial, que diría Ken. </li>
</ul>
<p>Ambas hipótesis (no excluyentes) hablan del arquetipo, en este caso el Anima, como no otra cosa que una especie de cristalización abstracta de la <strong>mujer promedio</strong>, como la representación cognitiva heredada de una mujer estadísticamente muy probable. Un modelo femenino general. Sin más que estas consideraciones, que estoy de acuerdo son bien poco transpersonales, ya estamos sin embargo inmersos en el Mundo de las Ideas de Platón, el mundo de los &#8220;Modelos de Todas las Cosas&#8221;, que Wilber se empeña en señalar como más místico, transpersonal, que Jung. Pero si a Platón lo entendemos sólo literalmente, estudiándolo con el puro intelecto, sin aplicar intuición, la mayor parte del tiempo veremos que no trascendemos sustancialmente el trivial mundo de las representaciones colectivas. No transpersonales, sino colectivas. O sea, mundanas. Es decir, no ascendemos ni un peldaño sobre el mundo de la abstracción, donde lo más &#8220;místico&#8221; que tenemos son&#8230; las matemáticas. Si el alma no entendiera también desde la poesía el discurso de Platón, lo que veríamos que estipula como mundo y conciencia superiores es una especie de portada ideal de la revista &#8220;Casa y Jardín&#8221;, donde hay lo mismo que aquí abajo, <em>en la cueva</em>, pero perfeccionado apolíneamente, con la <em>sombra</em> erradicada. Podemos imaginar, efectivamente, una preciosa casita habitada por una pareja de recién casados bellísima y virtuosísima. Una mística de &#8220;American Way&#8221;, como quien dice. Precisamente esto fue lo que llevó a Aristóteles a pensar ¿p<em>or qué mi maestro necesita duplicar el mundo</em>? Él no pudo tampoco captar mucha <em>transustancialidad</em> en el platonismo. Por supuesto que desde su intuición sí estaba fascinado por la apertura al auténtico misterio que proponía Platón, y se resistió a erradicar completamente este aspecto, vamos a decir, romántico de su propias doctrinas, barruntando en ello veracidad, pero desde su estricta razón vio en la construcción platónica demasiado reflejo, repetición, de la más llana y accesible realidad. Nosotros, &#8220;los neoplatónicos del futuro&#8221;, tenemos sin embargo poco problema para captar la auténtica trascendencia a la que se refería el gran genio. Porque no sólo somos meros lectores, sino hermeneutas.</p>
<p>También con sólo este plano alcanzamos las disquisiciones de un Rupert Sheldrake. Pero lo que menos le debería interesar a un junguiano del <em>campo morfogenético</em> es que sea un contenedor acumulativo de la experiencia cotidiana de los miembros de una especie. Lo realmente importante es preocuparse de la procedencia y esencia última de esas instancias. Tratar de entender que seguramente no sean un cuenco tipo <em>tabula rasa, </em>sino que su realidad se repliegue dentro de la propia de las &#8220;Causas Primeras&#8221;, aquello que impone activamente sus planes prefijados (vamos a decirlo así) a las especies y a los individuos que tutelan. Que probablemente no sean sustancias ciegas, que es lo que Wilber acaba entendiendo precisamente del arquetipo: &#8220;<span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif;">son formas heredadas colectivamente que compendian algunos de los encuentros más fundamentales, cotidianos y existenciales de la condición humana</span>&#8220;.</p>
<p>Sin embargo, en cuanto profundizamos en la fenomenología del Anima, vemos que ese matiz de ser &#8220;modelo femenino&#8221; no agota ni mucho menos las cualidades de su esencia, y, por tanto, que estos primeros acercamientos a ella se quedan bien cortos. En cuanto aparece el Anima como <strong>musa/psicopompo,</strong> <strong>que es precisamente el modo en que irrumpe en la conciencia como entidad psíquica autónoma</strong>, el modo en que ella se empieza a mostrar como un contenido psíquico con genuina existencia (es aquí donde se descubre al Anima, en sí; aquí donde hace su incursión en la psicología contemporánea, no desde la relación del médico con sus pacientes y amantes y sus problemas cotidianos), lo que aparece es una entidad mágica. Trascendente. Cuando en un sueño se me aparece una magnífica guerrera de dos metros de altura, embutida en cuero negro, que se transforma seguidamente en un delfín con una especie de radar-periscopio en la cabeza que me invita a seguirlo para recorrer mi destino hacia lugares inconcebibles, se acabó la familiaridad con la mujer humana y el trato cotidiano con ella. Desde hace millones de años, hasta millones de años a partir de hoy (mera licencia poética). Eso no es feminidad, ni es ningún modelo femenino, pero sí es Anima en absoluta propiedad y empieza a acercarnos al verdadero concepto de arquetipo. El Hombre por ello ha necesitado crear esos catálogos de monstruos que son sus mitologías y sus religiones, que sólo una conciencia encadenada a lo literal y reduccionista puede pensar que son metáforas y condensaciones de la realidad ordinaria. No; la esencia del Anima está perfectamente expresada en una sirena y en un hada, cosas que por definición pertenecen a lo extraordinario. No sólo a lo colectivo y lo universal.</p>
<p>La representación de un hombre con cabeza de perro ni quiere expresar &#8220;perro&#8221; ni &#8220;hombre&#8221;. Trata de mostrar un atisbo arquetípico. Cuando el artista quiere representar a un hombre, lo hace. A un perro, también. Cuando necesita representar lo insólito, lo hace con una figuración insólita. El arquetipo es <em>friki</em>, o no es. En ese sueño que acabo de resumir, justo cuando descubrimos a la sirena, al monstruo mágico, nos damos cuenta que tiene mucho que ver con algo tan ordinario como es una fantasía sexual. Vemos a la puta al lado del hada. Jamás los sueños y las relaciones con enormes putas en cuero negro condujeron a la experiencia genuina del Anima ni a su conceptuación intelectual, pero la relación con ella, en su holística y transpersonal faz, sí nos remite a la inclusión de lo ordinario, humano y hasta animal también dentro del campo de su influencia. Está claro que esto es motivo de muchísima confusión. Pero sólo si nos olvidamos de la experiencia originaria y nos perdemos en elucubraciones mentales y en querer llegar a la verdad a través de la mera lógica. Como si fuera posible inferir la existencia del equidna de Australia razonando sobre la fauna ibérica.</p>
<p>Por otro lado, los junguianos sabemos a pie juntillas: sólo lo inconsciente se proyecta. Estamos acostumbrados a inferir la activación de un arquetipo a través de la aparatosa sintomatología de la proyección, donde acostumbradamente se mezclan contenidos ordinarios, naturales, cotidianos, con irracionalidad, misterio y <em>contra-naturalidad</em>. La parte extraña y chocante del asunto es precisamente lo que se proyecta, pues eso es lo desconocido, lo inconsciente, y lo que nos va a conducir directamente al arquetipo que está detrás. Lo otro, el aspecto cotidiano, sencillamente se vive, se experimenta. ¿Podriamos proyectar contenidos arquetípicos si estos consistieran sólo en el precipitado de experiencias ordinarias, de hechos atesorados sólo por la conciencia colectiva? Usando la metáfora de Wilber ¿qué tiene de misterioso el arquetipo de los diez dedos de los pies (por cierto, deberíamos decir en propiedad el campo morfogenético de los diez dedos de los pies) para que se provoque una proyección? Si los arquetipos fueran de esa naturaleza, desde luego ese tipo de cosas no ocurrirían. Pero ocurren. Constantemente. A las pocas horas de conocer a Treya, Wilber le dijo:</p>
<p><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif;">“¿Dónde te habías metido? Llevaba vidas buscándote y, finalmente, te he encontrado. Tuve que luchar contra dragones hasta llegar a ti. Y, si algo ocurriera, volvería a encontrarte”.</span></p>
<p>Sexo, y más sexo. Magia, y más magia. Proyección a raudales. Arquetipo de los diez dedos de los pies, del bulto y la concavidad en la entrepierna, y el de la princesa, el príncipe, el dragón y todo el <em>frikismo</em> que haga falta. Hasta una fanfarria de pitufos parece que suena. Esto es una epifanía tácita del Anima. Si Wilber hubiese profundizado más en la comprensión de lo arquetípico, se habría dado cuenta que cuando el Anima irrumpe, la cosa no va a ir sólo de deseo, sexo, hijos y pareja. No va a ser sólo un encuentro con la feminidad. Tarde o temprano el tema de la mujer y el amor por ella dejará paso a otras cuestiones, a cuestiones transpersonales, precisamente. Aunque sea abriéndose camino a través de una tragedia. Uno no atraviesa varias vidas matando dragones sólo para pasarlo más que bien en la cama con la mejor pareja concebible, la &#8220;mujer entre las mujeres&#8221;. Muy, pero que muy desgraciadamente, quien encuentra a su alma gemela humana suele estar a la vuelta de la esquina de perderla para siempre, a favor de aquella otra que, como la sirena, ni es de este mundo, ni tiene concavidades para disfrutarla sexualmente.</p>
<p>Ojalá, amigo Ken, los arquetipos no fueran transpersonales.</p>
<p>Claro que los freudianos dirían a todo esto que lo reprimido es lo que se proyecta. No necesariamente lo paranormal, lo mistérico. Pero la psicología junguiana precisamente tomó entidad propia diferenciándose de esa especulación. Descubriendo que lo más importante del contenido inconsciente no es lo olvidado, lo rechazado (en realidad no hay tanto de eso en lo inconsciente como se piensa), sino lo desconocido.</p>
<p>Por último, de momento, debo decir que a mí desde siempre me cae tan mal como a Ken esa indiferenciación que suele haber en la literatura post-junguiana entre arquetipo, tipo psicológico, estereotipo y complejo. Es verdad que no podemos trazar fronteras nítidas entre todo ello, pero deberíamos estar siempre intentándolo, al menos con más ahínco de como se ha venido haciendo. Las construcciones al estilo Shinoda Bolen, donde sin solución de continuidad se habla de arquetipo y de carácter humano (mujer Deméter, hombre Hefesto, el Vagabundo, el Guerrero, etc.) son muy útiles en la práctica clínica, pero inexactas y confusas para un intelecto que exija profundización teórica más certera. Confieso que yo mismo uso ese tipo de aproximaciones, pero no pierdo de vista que es eso, una simplificación muy útil pragmáticamente hablando. Los arquetipos, hablando en propiedad, son categorías más puras y más abstractas que todo eso. Sus extremos más sutiles parecen perderse mucho más allá de la caracterología humana, e incluso de lo psíquico. Se personalizan, se <em>humanizan</em>, descendiendo por su amplio espectro hacia las regiones instintivas, <em>ctónicas</em>, convocando en ese descenso patrones de conducta. Cristalizando formas y acciones desde lo <em>preforme</em> y la <em>potencia</em>, quizás podríamos decir. Al conformar la conducta humana lo hacen constelándose, interfiriendo y aliándose unos con otros según estructuras genéricas típicas y según individuales proporciones. Hace mucho que los hombres se representan este proceso en la disciplina astrológica. En una carta natal podemos atisbar este tránsito, este descenso, desde el plano transpersonal (estrellas y planetas) hacia el tipo psicológico (signo) y el carácter individual (la carta personal).</p>
<p>Jung se ocupó mucho de las personalidades arquetípicas, como el Anima, el Animus, el Viejo sabio&#8230;, que son algo así como energía arquetípica antropomorfizada que aparece ante el yo individual objetivamente, tal cual, como <em>entidades</em> tan contundentes como el prójimo (y que tienen a la postre tanto que ver con ese yo como con todos los demás&#8230; y con nadie). Su papel en el carácter y el destino humanos es fundamental. No hay un catálogo amplio de estas instancias, a no ser que nos las inventemos artificiosamente. Por eso Jung vuelve una y otra vez a ellas. A las mismas. Mucho más amplio, sin embargo, es el inventario de las ideas y símbolos primigenios que son autorrepresentaciones de las leyes de acción, estructura y regulación dentro de la dinámica arquetípica (Viaje del héroe, Mandala, Tao, Ouroboros, Trinidad, Cuaternidad, dinámica Puer-Senex, Axioma de María, etc.). Aunque su número es grande en comparación con el de las personalidades arquetípicas, tenemos que recordar que <em>no existen mil héroes, sino un héroe con mil caras</em>.</p>
<p>El Proyecto Atman de Wilber y la Individuación de Jung no son definitivamente otra cosa que dos nombres para el mismo heroico viaje. Es una obviedad decir que a mí personalmente me parece mejor planteado el viaje por el abuelo suizo que por el audaz americano. Entre otras cosas porque está más cerca de mi propia experiencia objetiva y del modo natural que tengo de interpretarla. Ken lucha desesperadamente por su individualidad, por diferenciarse de la &#8220;institución Jung&#8221; y fundar la suya propia. Lo mismo que Hillman, y cualquier otro <em>puer eterno. </em>Hasta yo mismo, desde mis resignadas humildad e impotencia, tengo eso como sueño dorado. Arquetipo obliga. Pero hay que joderse. Jung dejó muchos cabos perfectamente atados. Hay lagunas, sí (menos mal). Pero el concepto arquetipo no es precisamente el eslabón más flojo de la cadena con que la Psicología analítica se ata a la Psicología transpersonal.</p>
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		<title>Nuestra oscura era digital</title>
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		<pubDate>Thu, 27 Aug 2009 20:25:31 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Raúl Ortega</dc:creator>
				<category><![CDATA[Ciencia y Mito]]></category>
		<category><![CDATA[Editoriales]]></category>
		<category><![CDATA[Noticias]]></category>
		<category><![CDATA[informática]]></category>
		<category><![CDATA[pérdida de datos]]></category>
		<category><![CDATA[Reloj del Largo Ahora]]></category>
		<category><![CDATA[Steward Brand]]></category>

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		<description><![CDATA[Una de tantas paradojas inherentes a nuestro estilo de vida es que siendo la información y la masiva acumulación de ella parte de sus claves definitorias, ésta se transmite y almacena haciendo uso del medio más endeble y efímero que nunca una cultura utilizó: el soporte digital ]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Una de tantas paradojas inherentes a nuestro estilo de vida es que siendo la información y la masiva acumulación de ella parte de sus claves definitorias, ésta se transmite y almacena haciendo uso del medio más endeble y efímero que nunca una cultura utilizó: el soporte digital. De tal manera que, en unos años, y no muchos, de seguir esta escalada hacia la volatilidad y la provisionalidad, toda la abrumadora cantidad de datos de que ahora disponemos podría quedar reducida a la nada. Memoria borrada. Visto desde un hipotético futuro, este período de la Historia podría no ser otra cosa que un agujero negro de datos, un lapso precisamente vacío de información. Esto es lo que, en principio, alienta al genio <a rel="nofollow" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Stewart_Brand">Stewart Brand</a> (un pionero en la informática e Internet, uno de los padres precisamente de nuestra tecnología) a bautizar críticamente al espíritu de nuestra época como &#8220;Oscura Era Digital&#8221;.</p>
<p><span id="more-597"></span></p>
<p>Pero más allá de la indignación que produce en cualquier inteligencia sensata corroborar que la necedad de nuestra forma de vida y de ser ha llegado a tal punto que es incapaz de inferir las consecuencias flagrantes de sus actos al más corto plazo (mientras nuestra Ciencia se jacta de saber hacer predicciones que se extienden hacia el pasado y el futuro infinitamente), este asunto de la precariedad de los soportes digitales toca sectores aún más importantes de nuestra psicología. Se trata de la necesidad primaria de nuestro aparato anímico de descansar en una conexión con lo Eterno, lo Infinito.</p>
<p>A mí, que me preocupa en la práctica y en la teoría, desde hace algunos años, el enojoso problema de la volatilidad de los datos informáticos, me ocurre que, desde cierta perspectiva, esta inestabilidad me resulta, sin embargo, inspiradora. Hay algo muy santo en el hecho de que unos monjes tibetanos se concentren intensamente en la construcción de un mandala de arena para luego&#8230; borrarlo. Esta parte de mí es la misma que se resiste a la conservación y a la acumulación, y actúa incluso a mis espaldas tratando de poseer sólo el ajuar que cabe en una maleta. Todo siempre dispuesto para la partida; para el borrón y cuenta nueva. Por supuesto, esa actitud se compensa con ciertos intereses en mi vida donde soy un consumista feroz como el que más. El equilibrio entre ambas tendencias es posible a veces. Otras, es un irritante dilema (aún cuando suelas tener tanta facilidad para decir &#8220;hola&#8221; como &#8220;adiós&#8221;, esto no te va a resultar sencillo siempre). Obviamente, la clave de la armonía entre estos dos opuestos, cuando se da, es el desapego: el tener sin aferrar.</p>
<p>Mi primera cámara fotográfica la compré sólo hace unos días, y tengo 42 años. Siempre me ha resultado un poco incómoda esa cuestión de atrapar, detener, el tiempo. Y luego archivarlo en álbumes. Supongo que tiene algo que ver con esa idea supersticiosa primitiva sobre la fotografía como &#8220;ladrona de almas&#8221;. El libro, a su vez, es como una fotografía del pensamiento. Pesada y voluminosa. Escribir en internet tiene, sin embargo, cierto encanto similar al de dibujar en la arena. El pensamiento plasmado en la red es casi ubicuo, casi inextenso. Caduco. Éstas son para mí buenas razones a día de hoy para darle preferencia a este soporte a la hora de expresar mi creatividad. Odisea del Alma es en sí un mandala, construido de vientos y flotando en el aire. Como debe ser, me digo yo.</p>
<p>En mi estadía en tierras americanas arrastré por México y Argentina una enorme maleta verde donde atesoraba lo único que en aquel momento me parecía indispensable poseer: muchos libros, algunos compactos musicales y pocos calzoncillos, pantalones y camisetas. No estaban de moda aún ni el libro digital ni el formato mp3, que si no, ¡qué peso me hubiera quitado de encima! Era poco equipaje aquel, pero aún demasiado.</p>
<p>Ahora bien, el monje tibetano puede permitirse borrar de un zarpazo su mandala de arena, construido con supremo esfuerzo y dedicación a lo largo de meses, porque en ese acto se expresa implícito que el mandala verdadero queda grabado a fuego en su corazón, que es su genuino hábitat. Podemos aceptar la caducidad, la relatividad y lo efímero que es consustancial a lo externo e inmanente en la misma medida en que estemos conectados al valor eterno y absoluto de lo arquetípico, lo interno y trascendente. No hay nada más desolador para el Hombre que crear alimento para el vacío, para la nada. Construir cosas sin eco, sin participación, en la eternidad. Eso se siente como la maldición de Sísifo, que a mí me recuerda siempre el lavar los platos: lo que haces se deshace en un absurdo bucle incesante. No, más absurdo todavía: lo que haces se acaba deshaciendo finalmente con la muerte aún más. Una pirámide, sin embargo, representa el trabajo del Hombre que discurre justo en la dirección opuesta. Una pirámide se alza buscando la estabilidad inexorable de los cielos, y parte del mismo estímulo que hace buscar al físico incansablemente una ley universal. Por cierto que el instinto de perfección llega un punto en que es indistinguible del hambre de eternidad.</p>
<p>Cuando un pensamiento reverbera con la ética de los arquetipos, o una obra artística reverbera con su estética, no es tan grave que el fuego queme el pergamino o el lienzo que le han servido transitoriamente de soporte. No puede morir lo que es inmortal. Un mandala de arena y una pirámide de dura roca comparten exactamente el mismo fundamento y la misma aspiración. El que uno guste regresar antes que tarde al lugar del que partió, la Conciencia, y la otra prefiera seguir encarnada ahí afuera, bien palpable, es porque el mandala, al destruirse, subraya la verdad eterna del cambio y la transformación, mientras que la pirámide prefiere apuntar hacia la impasibilidad de los principios superiores que rigen incluso ese cambio.</p>
<p>El hombre muere bien en paz cuando ha saciado su sed de Infinito.</p>
<p>Vamos a ver a continuación a un Stewart Brand lleno de malestar por una cultura que ha decidido preservar sus valores en unos formatos que tienen muy poco valor. Enfadado con el imperio de la provisionalidad. Pero lo vamos a ver viviendo en un remolcador, llevando, como lo ha hecho desde siempre, una vida <em>cimentada</em> en la provisionalidad, y paralelamente sabemos que esa interinidad del imperio digital en parte es una herencia que procede precisamente desde él (por cierto que todo lo bohemio y contracultural que aún le queda a Internet -que tiene todo mi beneplácito- lleva el sello de Brand como gran patriarca hippie). Así que podemos deducir, por un lado, que debe padecer cierto complejo de Dr. Frankenstein, o sea, cierta culpabilidad por los derroteros que ha acabado tomando su engendro, y, por otro, que el problema práctico alrededor de la pérdida de datos debe ser sólo la punta del iceberg del asunto que de verdad inquieta su ánimo, ya que en la práctica él, en su alma de &#8220;monje tibetano&#8221;, se mueve muy cómodamente en lo provisorio. Más bien debe ser la endeblez y fragilidad, cada día más acusada, de los valores en sí de nuestra cultura aquello que lo tiene hondamente decepcionado. Su desconexión de lo Infinito. Y así es: en el documental descubriremos que la respuesta que él ha dado a este problema es la co-creación de la &#8220;Fundación del Largo Ahora&#8221;, cuyo proyecto central es la construcción del &#8220;Reloj del Largo Ahora&#8221;, una máquina que mide años por segundos y siglos por horas, preparada para funcionar incansablemente 1o milenios. Construido en un garaje, parodiando así el nacimiento del ordenador personal, volviendo sobre los pasos dados desde entonces para recrear un renacimiento de la era informática, el Reloj del Largo Ahora es una máquina cuya lentitud quiere oponerse a, y burlarse de, la endemoniada e inconsistente aceleración de nuestros procesadores y nuestro tiempo. Obviamente, es una pirámide, es un mandala no destructible, y es el reloj cósmico que desde hace mucho aparece en los sueños y la imaginería en general como símbolo del Self. El egipcio dentro de Brand, finalmente, ha pedido la vez, y ha exigido compensar la desconexión de lo arquetípico del espíritu de nuestra época con lo único útil en un caso así: la veneración de un mito que represente al espíritu de las profundidades. Él (se)lo explica así:</p>
<p style="FONT-FAMILY: "><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif;">&#8220;Nuestra civilización padece una cada vez más patológica estrechez de miras. Esta tendencia podría venir de la aceleración de la tecnología, de la perspectiva a corto plazo de la economía impulsada por nuestro estilo de mercado, de la perspectiva sólo abierta hacia las siguientes elecciones en nuestras democracias o de las distracciones inherentes a nuestros sistemas de trabajo multi-tarea. Todo esto está en aumento. Algún tipo de correctivo a esta miopía se hace necesario; es preciso algún mecanismo, o mito, que aliente la visión a largo plazo y la toma de responsabilidad a largo plazo, donde &#8220;largo plazo&#8221; se mida por lo menos en siglos. La Fundación del Largo Ahora propone a la vez un mecanismo y un mito.&#8221;</span></p>
<p style="FONT-FAMILY: "><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif;">Stewart Brand</span></p>
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<div class="align_cnt"></div>
<p><br class="spacer_" /></p>
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		<title>Ken Wilber vs. Jung</title>
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		<pubDate>Thu, 20 Aug 2009 19:20:23 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Raúl Ortega</dc:creator>
				<category><![CDATA[Editoriales]]></category>
		<category><![CDATA[anima]]></category>
		<category><![CDATA[Jung]]></category>
		<category><![CDATA[Ken Wilber]]></category>
		<category><![CDATA[Psicología analítica]]></category>
		<category><![CDATA[Psicología transpersonal]]></category>

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		<description><![CDATA[Recientemente, he tenido ciertas discrepancias con una estudiosa de la psicología integral, referidas a algunas de las críticas que hace el escritor norteamericano mundialmente conocido, Ken Wilber, a la psicología analítica de Carl Gustav Jung ]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Nuestro amigo y colaborador José Antonio Delgado acaba de publicar <a rel="nofollow" href="http://psicologiaespiritualidad.blogspot.com/2009/08/critica-la-interpretacion-de-ken-wilber.html">una entrada en su blog </a>abordando la polémica que suscita el gran Ken Wilber cuando tacha a los junguianos de &#8220;elevacionistas&#8221; (que tratan estados pre-racionales, infantiles, de la conciencia como estados superiores y místicos) y habla de los arquetipos como estructuras colectivas, pero no transpersonales (a excepción del arquetipo del Self, que sí acepta como transpersonal). Por la importancia e interés del tema vamos a intentar abordarlo al alimón en los dos blogs. Copio a continuación lo ya vertido por José y luego añado mis comentarios:</p>
<p><span id="more-531"></span></p>
<h4><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif;">CRÍTICA A KEN WILBER EN SU INTERPRETACIÓN DE LA PSICOLOGÍA ANALÍTICA<br />
<span style="font-size: 0.9em;">Por José Antonio Delgado</span></span></h4>
<p><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif;">Recientemente, he tenido ciertas discrepancias con una estudiosa de la psicología integral, referidas a algunas de las críticas que hace el escritor norteamericano mundialmente conocido, Ken Wilber, a la psicología analítica de Carl Gustav Jung. Y lo hago después de haber profundizado durante más de una década y media en la ingente obra del psiquiatra suizo y, lo que es más importante, de haber realizado un análisis de lo inconsciente siguiendo su cartografía. Desde luego, mapas del territorio anímico, a día de hoy, hay donde elegir. Ahora bien, por afinidad subjetiva, por mi propia ecuación personal, y, por considerar el abordaje de lo inconsciente por parte de la psicología analítica como uno de los métodos más acertados (si bien, susceptible de ser trascendido), he dedicado una buena parte de mis energías a recorrer el camino que Jung denominó Individuación.</span></p>
<p><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif;">Pues bien, mi discrepancia principal radica en lo que Ken Wilber denomina “la falacia pre/trans”. Con ello, el autor quiere reseñar la importancia, especialmente para el psicoterapeuta, de distinguir entre los estados pre-racionales (posteriormente, los denomina pre-personales) de consciencia, o sea, aquellos que tienen que ver con la primera infancia, tales como el narcisismo primario, la indiferenciación entre sujeto/objeto, fusión oceánica, etc…; y los estados trans-racionales (o transpersonales) de consciencia, tales como las experiencias de unión mística o las experiencias contemplativas, verbigracia. Hasta aquí, no hay nada que objetar. Ahora bien, el error que, a mi juicio, comete Ken Wilber lo hallamos cuando afirma que Jung es un “elevacionista”, contraponiéndolo a Freud, como un reduccionista. Dejemos que sea Wilber, en su libro Sexo, ecología, espiritualidad, quien lo exprese:</span></p>
<p><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif;">“… si uno siente simpatía por los estados superiores y místicos pero aún no distingue entre pre y trans, entonces elevará todos los estados prerracionales a algún tipo de gloria transrracional (el narcisismo infantil primario, por ejemplo, es visto como un sueño inconsciente dentro de la unión mística). Jung y sus seguidores a menudo siguen este camino y se ven forzados a interpretar estados de indisociación o indiferenciación, carentes de toda integración, como estados profundamente transpersonales y espirituales.</span></p>
<p><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif;">Freud fue reduccionista, Jung elevacionista: son las dos caras de la falacia pre-trans. Ambos tienen razón y están equivocados al cincuenta por ciento. Una buena parte de la neurosis es, efectivamente, una fijación/regresión a los estados prerracionales, estados que no deben ser glorificados. Por otro lado, los estados místicos existen realmente, más allá (no debajo) de la racionalidad, y no deben ser reducidos.”</span></p>
<p><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif;">Aún respetando y elogiando la tremenda labor de integración que Wilber ha realizado en el ámbito de la Psicología, y admitiendo no ser un conocedor especialmente profundo de su obra, considero que estas afirmaciones sólo pueden ser sostenidas si se sobrevuela la obra de Jung y de aquellos que han continuado su legado, sin realmente pararse a profundizar en ella (por no hablar de vivenciarla). Jung no sólo no se contrapone a Freud, sino que, siendo honestos, continúa su obra y la trasciende. Dejemos que sea Jung quien tome la palabra, en el volumen 4 de su Obra Completa, Freud y el Psicoanálisis. Trotta, Madrid, 2000, p. 306. :</span></p>
<p><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif;">“Frente a Freud, cuyo principio explicativo es esencialmente reductivo, remitiendo continuamente al condicionamiento infantil, yo concedo un peso algo mayor a la explicación constructiva o sintética, reconociendo que el mañana es prácticamente más importante que el ayer, y el &#8216;desde entonces&#8217; menos importante que el &#8216;hacia donde&#8217;. Aún apreciando la historia como se merece, me parece más significativo vitalmente lo por crear, y estoy convencido de que ninguna comprensión del pasado o ninguna reviviscencia, por fuerte que sea, de recuerdos patógenos, libera tanto a una persona del dominio del pasado como la construcción de lo nuevo. Soy muy consciente de que sin comprender el pasado y sin integrar importantes recuerdos, no puede crearse en absoluto nada nuevo ni se está en condiciones de vivir. Pero considero una pérdida de tiempo y un prejuicio erróneo excavar en el pasado buscando pretendidas causas específicas de enfermedad, pues las neurosis, indiferentemente de los primeros motivos a partir de los cuales pueden haberse originado, siempre están condicionadas y se mantienen mediante una actitud indebida presente que, una vez reconocida, debe corregirse hoy y no en la prehistoria infantil. Tampoco es suficiente el mero hecho de hacer conscientes las causas, porque la curación de la neurosis es en último termino un problema moral y no un efecto mágico de la evocación de recuerdos&#8221;.</span></p>
<p><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif;">Por lo tanto, Jung, como su, en un tiempo maestro, Freud, toma muy en serio las experiencias biográficas de la infancia (lo que Wilber denomina estados pre-racionales o prepersonales), y la importancia de su integración en la consciencia, pero busca, al tiempo, la finalidad, el para qué de determinados síntomas. Pues, como es bien sabido, para Jung la raíz de toda enfermedad psíquica reside en el fracaso del individuo en su individuación, por una actitud unilateralmente dirigida, bien hacia el mundo exterior (con una identificación con la persona o máscara de adaptación a las demandas de la sociedad, en una suerte de proceso de masificación), bien hacia el mundo interior (por una identificación con una imagen arquetípica, y su correspondiente estado de inflación del ego, posesión del complejo del yo o Ego por un arquetipo, y, en último término, por una desintegración, entendida como pérdida en un mundo delirante de imágenes). Y, el proceso de individuación, como Jung insiste en numerosas ocasiones, no es otra cosa que la asunción y realización simbólica de los distintos arquetipos, de los constituyentes universales de la psique objetiva o inconsciente colectivo (entre los que destacan la persona, la sombra, el anima/animus, el puer aeternus o el anciano sabio) en la singularidad de uno mismo, lo que les confiere una expresión única e irrepetible en la manifestación del Sí-Mismo realizado, expresado o encarnado. Así pues, la individuación es un proceso de diferenciación, de distinción y, al tiempo, un proceso que tiende a la unificación, a la coagulación, de esos constituyentes psíquicos diferenciados, en una unidad superior que los engloba, lo que constituye, por consiguiente, la personalidad única que es el Sí-Mismo individuado (Antonio Vázquez expresa la misma idea en su artículo Proceso de Individuación y Proyecto Existencial).</span></p>
<p><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif;">Por tanto, y resumiendo un poco, Jung expone en muchas de sus obras que el inicio del proceso de individuación se corresponde con una toma de consciencia de lo inconsciente personal o individual, lo que Freud llamó el subconsciente, y, por consiguiente, lo que se pretende integrar en la consciencia son los estados prepersonales, de los que habla Wilber. Luego, tras esa primera etapa del análisis, el individuo se enfrenta a una sombra mucho más cerrada, que es lo que Jung denomina lo inconsciente colectivo, constituido, como hemos indicado, por esos constituyentes universales que él denomina arquetipos, la parte transpersonal de la psique.</span></p>
<p><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif;">Wilber, en una entrevista, afirma que los arquetipos no son transpersonales, sino colectivos. Y que, el único arquetipo realmente transpersonal en Jung es el Sí-Mismo o arquetipo de la Totalidad. Mucho se podría debatir sobre éste último comentario. Sólo mencionar que, por ejemplo, el arquetipo plutoniano de la Sombra colectiva, como Mal Absoluto, la otra cara de Dios, representado muy elocuentemente en el libro de Job, es tan transpersonal como lo es el Sí-Mismo. Son las dos caras del mismo arquetipo. Pues, todo arquetipo, tiene su lado oscuro y su lado luminoso. Siendo el arquetipo, el correlato del instinto en la psique, evidentemente la energía puede ir hacia arriba y hacia abajo, y el ego puede perderse en el pathos del ciego instinto o quedarse atrapado en un mundo de ideas delirantes. Sobre este particular, el lector interesado, puede consultar la última parte de mi ensayo sobre el arquetipo del puer aeternus, el conocido síndrome de peter pan. Continuaremos desarrollando estas ideas y aclarando lo que, a nuestro juicio, Wilber no parece haber contemplado.</span></p>
<hr />
<p>Siempre he sentido una fuerte empatía por la figura de Wilber. Al principio me parecía que sólo se debía a la comunión de nuestros intereses y a la manera similar (demasiado intelectual) de abordarlos. Podría decir que la fuerza mental de Wilber es una versión muy mejorada de la mía (y su voluntad una cualidad que en mí <em>inexiste</em>), pero el estilo enciclopédico, esa manía trágicamente ambiciosa y obsesiva por descubrir &#8220;<a rel="nofollow" href="http://www.agapea.com/libros/Breve-historia-de-todas-las-cosas-isbn-8472453650-i.htm">la breve historia de todas las cosas</a>&#8220;, la teoría del Todo, nos iguala. Cuando leía por primera vez &#8220;El proyecto Atman&#8221;, allá a principios de los noventa, ocurrió que más o menos a la mitad del libro se me ocurrió de repente escribir unas acotaciones y excursos que su lectura me había inspirado. Esto en sí es raro, para mí. Yo jamás subrayo ni anoto nada cuando leo. Me resultó ya en principio curioso que mis pensamientos, totalmente terminados, hubiesen ocupado, exactamente, el arbitrario e irregular espacio del trozo de papel que había arrancado para redactarlos, pero lo que me conmovió fue comprobar que unas páginas más tarde Wilber había desarrollado el mismo excurso, párrafo a párrafo, asociación de pensamiento a asociación de pensamiento, casi palabra por palabra. Ocupando el mismo espacio.</p>
<p>Sin embargo, con el tiempo descubrí que, más en el fondo aún, lo que ocurre es que los dos estamos poderosamente atrapados por nuestro común signo natal, Acuario. Atrapados por igual en el enciclopédico mito acuariano. Von Franz lo aclaró finalmente aún más todo (ella aclara tantas cosas&#8230;), al expresar que su intuición le decía que el espíritu que impulsaba a Wilber era el de otro esclavo de Acuario, el más célebre de todos, el más enciclopédico de todos: Tomás de Aquino, el amado héroe (aparte de Jung) de la magnífica junguiana. Un pope por el que, con el tiempo, no he podido otra cosa que ir acumulando también más cariño. Indiscutiblemente, dicho sea de paso, somos incapaces de amar verdaderamente nada ni nadie que no sea nosotros mismos (¿esto será sólo narcisismo infantil o también transpersonal anhelo por el Self?). Y ya que hablamos de amor: Tomás ahuyentó a su pretendienta con una antorcha, Wilber vivió una tragedia romántica con Treya y yo&#8230; El caso es que el mito acuariano conlleva una sui generis relación con la Dama del Agua. Esto ya me lo avisó un curandero portugués muy poderoso hace unos 12 años, cuando trataba de explicarme las cualidades propias de mi natal. Claro que yo no le creí entonces una palabra.</p>
<p>El asunto es que me siento en condiciones de decir que comprendo más o menos bien el proceso mental de Wilber, y hay un punto, que es éste que tratamos hoy, en el que me aparto de él y lo rechazo. Justo en esta cuestión abandoné a Wilber y sus escritos, hace muchos años atrás. Simplemente creo que comete un grave patinazo. Un patinazo muy acuariano.</p>
<p>La estructura de su doctrina es una arquitectura perfecta. Es como un mandala, geométricamente impecable. Todo está solarmente iluminado. Yo sé qué gran satisfacción produce eso en un alma como la suya: se siente como la contemplación de la belleza matemática de las esferas celestiales. Hemos encontrado la fórmula del Todo, y hemos comprendido, o sea, abrazado, ese Todo, con la Supramente. Ahí sí que campea a gusto Acuario: en la estratosfera, mirándolo todo desde la razón, de arriba a abajo. Eso para él, para nosotros, es intensidad vital. Es en sí la Iluminación, la expansión de la conciencia, aunque deberíamos llamarlo estado suprarracional, no trans-racional. Por supuesto, cuando él habla de los estados más altos de la transpersonalidad, está en el fondo sintiendo la llamada a esto, aunque trate de negarlo incluso ante sí mismo. Él hablará una y otra vez de los maestros orientales y sus estilos, alabará y aconsejará la meditación, pero sus guías, sus modelos de Self, son realmente gente como Newton. O como Freud. El desarrollo del saber cartesiano hasta su último grado es para él, para nosotros, la diferenciación máxima de la conciencia. Aunque tratemos de ocultarlo haciéndole teóricas concesiones a otros modos de crecimiento psíquico.</p>
<p>Hace un rato estaba curioseando en las publicaciones del mundo wilberiano antes de ponerme a escribir este comentario y leí un comunicado que hizo él mismo en 2002 a sus íntimos (luego se hizo público) sobre la enfermedad que padece (deficiencia de la enzima Rnase). Ahí podemos escucharle decir lo siguiente:</p>
<p><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif;">[...] La primera fase de la enfermedad dura cerca de 5 años, y llega a su fin, irónicamente, cuando la aptitud del cuerpo para sintetizar proteína está tan dañada que ya no puede producir Rnase tampoco. La persona entra entonces en una segunda fase, la cual dura aproximadamente diez años, dónde las cosas están relativamente tranquilas en términos de la enfermedad misma, solamente que su actividad física se ve gravemente comprometida y deben vivir en lo que ha sido llamado una &#8220;burbuja funcional,&#8221; a menudo teniendo sólo algunas horas de caminata al día. Afortunadamente, yo había cultivado un estilo de vida que nunca requirió un cuerpo, así es que tuve unos años diez intermedios bastantes buenos (casi todos los 90&#8217;s).</span></p>
<p><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif;">[...] El síntoma básico es la &#8220;hipoxia,&#8221; o falta de oxígeno en las células (debido al daño en la mitocondria), así es que uno siente que se está sofocando y permanece postrado en cama todo el tiempo (literalmente). También afortunadamente para mí, esto significa mega-meditación. También significa depresión, tristeza, y dolor, no tanto por el dolor en este cuerpo, sino por el dolor de lo que este cuerpo no puede hacer.</span></p>
<p><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif;">Extrañamente, claro está, mi mente-espíritu continúa escribiendo libros, y durante este último período realmente severo (el último semestre), ingenié cerca de 800 páginas realmente buenas, a menudo escritas en la cama; pero eso no importa.</span></p>
<p><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif;">[...] A veces me siento bien con ella, a veces no. La mayor parte del tiempo tengo suerte, y hay un sahaj radiante, con un cuerpo dolorido espontáneamente surgiendo en un océano de vacío bienaventurado. Otras veces, hay solamente un cuerpo dolorido. En todos los casos, mi Ser es libre y radiante, pero mi yo está jodido, de modo que es simplemente una cuestión de en qué lado de la calle de la identidad decida jugar.</span></p>
<p><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif;">Lo que no es genial son las cosas que no puedo hacer durante infecciones activas, razón por la cual tuvimos que cancelar el Seminario de Psicología Integral y el seminario en el ITP (Institute of Transpersonal Psychology). Esas cosas son de lejos las más duras con las que debo lidiar, el no poder hacer eso. A veces simplemente pienso en esta cosa como una herida de guerra que me hice mientras cuidaba a Treya, y en cierta forma eso lo hace más fácil de aguantar. Pero otra vez, en tantas formas he sido tan extravagantemente bendecido más allá de cualquier cosa merecida. Esta mente intercepta a veces a Dios, y aún los ángeles lloran.</span></p>
<p>Profundamente conmovedor ¿no? Por cierto que justo no más que ayer me acosté pensando sobre mi salud. Hace demasiado tiempo que no me cuido nada, y ahora padezco una especie de fatiga crónica que me incapacita físicamente bastante. Pensé que mientras mi <em>mente-espíritu</em> no estuviera afectada por este cansancio, todo lo realmente importante estaría a salvo. Pero noto que Wilber se siente más seguro frente a eso que yo. Bueno, esto son otras historias&#8230;</p>
<p>Stephen Hawking también nació en Enero, como Wilber. Aunque cayó en la franja de otro hijo de Saturno: Capricornio.</p>
<p>En definitiva, es obvio que con Ken estamos sumergidos en el prometeico Mito de la Diferenciación de la Función de Pensamiento. Algo que en sí mismo implica, de entrada, una extraordinaria grandeza al lado de una ineludible parcialidad (de momento lo corporal importa un pito). Para ser exacto, también la diferenciación de la intuición juega aquí un papel radicalmente importante. Pero me las imagino ahora a las dos en un tándem tipo Quijote y Sancho Panza: una tiende a mandar, la otra a seguir y apoyar. Wilber expresa el dueto nítidamente: &#8220;mi <em>mente-espíritu</em>&#8220;. Por supuesto, esto es lo que pide el Self de Wilber, y se alienaría si tratara de convertirse en otra cosa, de diferenciarse en otra dirección. Éste es su Dharma. Pero, en pro precisamente de la suprema diferenciación del pensamiento, que es el encuentro con las verdades universales, hay que saber lidiar con sus peculiares limitaciones y sus tendenciosidades prejuiciosas, que son el lastre de Karma.</p>
<p>Uno de los problemas en que se enreda el pensamiento camino de su refinamiento es en su dificultad para distinguir lo abstracto de lo metafísico, y es ahí donde sólo la intuición, y la fenomenología intuitiva, puede ayudarle a diferenciar. La cuestión es que lo metafísico está vivo, aunque sea incorpóreo, y es actuante, y lo abstracto no. Pero como el pensamiento se desenvuelve tan bien con un cuerpo postrado, medio muerto, en la cama, le cuesta distinguir este matiz. Como consecuencia de todo esto cae a menudo en la trampa de creer que lo matemáticamente bello es real. Es curioso, pero precisamente el pensamiento, tan opuesto al sentimiento, puede volverse muy ñoño frente a la estética formal. Pierde rigor, y se abandona al sentimentalismo. Una construcción lógica simétrica y proporcionada tiene todos los condimentos para ser aceptada a priori como suprema verdad. La bella pureza de la idea de tiempo en Newton, como ser eterno, constante y siempre tan coherente consigo mismo le llevó a considerarlo la suprema realidad de Dios, cuando no era más que una mentira física. Hay mucho de atracción por la simplicidad en todo esto, y esa atracción por la simplicidad se deriva de la&#8230; pereza (otra vez de regreso a la cama). Es muy confortable en la práctica manejarnos con ideas y objetos que son sencillos de comprender y de utilizar al primer tiento. Sabemos sentarnos cómodos inmediatamente en una silla perfectamente construída sobre un suelo perfectamente plano. Esto vale también para las ideas. Pero en la Naturaleza, la <em>vida real</em>, las cosas no están construidas con escuadra, cartabón y nivel.</p>
<p>Todo esto me lo dicta la intuición y mi pensamiento se deprime y sufre. A mí me fascina el ouroboros. Al primer golpe de vista transmite una profunda, compleja y poderosa verdad. Pero si espero encontrar esa inmediatez lógica, esa simetría, en los procesos de la psique vivita y coleante y en los procesos de la physis, voy a fracasar. Porque el ouroboros real tiene cien cabezas y cuatrocientos rabos, y es circular aquí y una elipse allá, y, en verdad, parece un muelle más que un círculo perfecto. Es más: a veces parece convertirse en justo su contrario. El ouroboros es una metáfora que me ayuda a captar cierto aspecto de una verdad universal, expresado del modo más cómodo posible para mi limitadísimo y vago pensamiento. Apunta hacia lo metafísico, pero está atrapado en una pueril abstracción. Es un resumen. Pero un resumen, por definición, es una verdad parcial.</p>
<p>Las doctrinas de Wilber sobre el desarrollo psíquico son tan lineales y perfectas como la trayectoria de un cohete a la Luna. Son matemáticamente tan exactas, simétricas y proporcionales, tan bellas, que por ello hay que entenderlas como una metáfora intelectual simplificada, pedagógica, y no una descripción exacta y fiel de lo que ocurre en la realidad. Como aproximación, son una maravilla y un hito en la historia del desarrollo de la conciencia de toda la Humanidad. En su carácter de verdad resumida y un poquito apresurada, una construcción que es contradictoria con la pretensión última de ser una expresión de la Verdad Total. Para acercarse aún más a la auténtica realidad psíquica les falta paradoja, esa cosa fangosa que ensucia y tira al traste todo lo bello que busca la función intelectual. La paradoja, sin embargo, es acogida por la función intuitiva. Como la realidad arquetípica es tan paradójica, y Jung es tan paradójico en su faceta intuitiva, y tan hipócritamente ambiguo ante el público general, la prometeica necesidad de claridad de Wilber no la ha logrado entender correctamente.</p>
<p>También les falta una necesaria concesión a la irregularidad. A la complejidad, a lo abstruso. El desarrollo psíquico real es bastante confuso y desconcertante. </p>
<p>Wilber se acerca a la psique desde la mente-espíritu, Jung lo hace desde el alma, y a través de ella y su fenomenología, manejando hábilmente la mente, arriba hasta el espíritu. Una diferencia metodológica fundamental entre los dos autores es que la doctrina junguiana está cuajada de eso, de fenomenología. Sus pensamientos están ampapados de agua del alma, de sangre de anima. De biografía, de experiencias y experimentación. Es una doctrina lunar. Por contra, todo lo lunar de Wilber queda al margen de su producción intelectual. Por ejemplo Treya, y su tragedia sentimental, no aparece entre líneas. Todo es apolíneo, solar. En ese comunicado del que me ocupé más arriba, dice:</p>
<p style="FONT-FAMILY: "><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif;">¿Paso mucho tiempo preocupándome acerca de la &#8220;lección&#8221; que trato de enseñarme dándome esta enfermedad? &#8220;Váyase a la mierda&#8221;, ¿responde a su pregunta? Treya y yo pasamos 5 años escuchando a gente decirle por qué se había enfermado de cáncer. Todos ellos le decían lo que espiritualmente había hecho mal para que esto le hubiese ocurrido. El problema es que ninguno de ellos estaba de acuerdo con los demás y lo único que todos tenían en común era la suposición arrogante de que sabían lo que le ocurría a Treya, o sus propios temores profundos proyectados en Treya y leídos entonces en ella como causa de su cáncer. Por supuesto que hay factores espirituales, mentales y emocionales en todas las enfermedades. Si quieren saber los míos pregúntenme en vez de decírmelos. Si me interesa saber su opinión prometo preguntarles. De otro modo, guárdese sus proyecciones para ustedes mismos, porque ya tengo a un idiota asustado y confundido -yo mismo- con quien lidiar y con uno, realmente, tengo suficiente.</span></p>
<p>Bueno, este es el tema. Las doctrinas sobre la realidad psíquica realmente agudas se cimentan sobre experiencias como esa. Esa es la auténtica materia prima que nos conduce más allá de la especulación intelectual, a la realidad más profunda del alma. Si no, nos ocurrirá como al hermano Tomás de Aquino: &#8220;Todo lo que he escrito hasta ahora me parece paja&#8221;.</p>
<p>Más arriba dije que el mito acuariano tiene una enorme facilidad para tratar de seguir los derroteros de gente como Newton, Freud o Kant. Los grandes arquitectos teóricos. Pero más allá de esa fase hay otra, auténticamente transpersonal: la del Fausto. Con Fausto se expresa el hecho de que por más que seamos doctos en todo (por más desarrollada que esté la función intelectual), siempre hay un punto en que lo que necesitamos saber a continuación es algo que aún no somos ni siquiera capaces de pensar. Horrenda paradoja: ese lugar donde lo que necesitamos conocer intelectualmente sólo nos lo va a otorgar el amar, el dejarnos arrebatar por una experiencia portando una cabeza de chorlito, lo cual nos empuja a las antípodas de nuestro más querido mundo. ¿Podría habérsele ocurrido a Darwin algo interesante sin haber pisado las Galápagos? La relación con Treya, su enfermedad, la relación con su propia enfermedad, son los pinzones de Darwin de Wilber. En la medida en que solucione ese rompecabezas, que justo se da en territorios exóticos para su carácter, entenderá el Arquetipo. Quizás hasta de un modo más profundo que Jung.</p>
<p>Por todas estas peculiaridades del carácter personal y el método de investigación de Wilber es por lo que se resiste a captar que el mismísimo concepto de arquetipo incluye la <em>conditio sine qua non</em> de transpersonalidad. Claro que Jung no ayuda en nada a una mente como la de Wilber cuando propone por aquí y por allá su confuso (por excesivamente racional) concepto de arquetipo como &#8220;precipitado de experiencias vividas a lo largo de generaciones por la Humanidad&#8221;. Esta aproximación trivial, pacata e inexacta le vale perfectamente a un Sheldrake, que sólo tiene en principio que entenderse con la conducta animal, pero para un <em>teólogo</em> como Wilber&#8230; Cuando digo el mismísimo concepto de arquetipo me refiero a la definición de verdad, aquella que surge de la experiencia con él. Jung no descubrió el arquetipo a través del estudio antropológico de las costumbres humanas ni a través del estudio comparativo de nuestra sexualidad. Lo logró captar a través, y sólo a través, de la experiencia transpersonal y paranormal. Sólo puedes entrever la forma de su cuerpo a través de la experiencia espiritual. El lugar de encuentro con lo arquetípico es lo trans-racional. Pero entonces descubres que si su cabeza es la responsable de la vida espiritual, su cola lo es de muchos aspectos de la vida instintiva y sexual (José Antonio ya ha señalado muy certeramente en esta dirección en sus comentarios). Que esto signifique que no hay una separación limpia, lineal y nítida entre lo bajo y lo alto, entre lo pre- y lo trans-, como le gustaría al intelecto progresista racional&#8230; Si un &#8220;transpy&#8221; como Lao Tsé se fuga a los 80 años con una bailarina adolescente ¿qué decimos que ha pasado ahí? ¿Una involución? Pues sí, puede ser. Pero las cosas son en verdad tan complejas, que en realidad lo que puede estar pasando es que esa bailarina sea la cola de un arquetipo lagarto que venga a atrapar al sabio para conducirlo, al final, a su siguiente estrato de conciencia, aún más transpersonal. ¿No pertenece esta escena a la santa vida de Buda también, en el sensual encuentro con Sajata? ¿Acaso la muerte de Treya sólo se puede interpretar, por ser desgracia, como un obstáculo involutivo, un castigo? Yo sin embargo apuesto a que ha sido uno de los sucesos más transpersonales y evolutivos por los que ha atravesado la vida de Wilber.</p>
<p>Hace ya muchos años que ando contando que el complejo de edipo, que se supone es un síntoma claro de conciencia pre-racional, de infantilidad y de inmadurez, en realidad es uno de los hechos espirituales y transpersonales más importantes en el desarrollo humano. Una constelación relacional que se puede dar a cualquier edad. No tiene nada de infantil ni de inmaduro. Pero para entender esto hay que apartarse de la idea, tan occidental, de que el progreso es lineal, y así también lo es el progreso de la psique, con un antes, un ahora y un después. El arquetipo es preexistente, sin embargo. Atemporal. Su faceta instintiva se está inmiscuyendo siempre, desde el momento de nacer (bueno, obviamente desde antes), y su lado espiritual también. De hecho lo hace de un modo muy especial precisamente en la infancia. Por eso nuestros mitos hablan de Niños Dioses y por eso nadie encuentra en los reinos transpersonales nada que no estuviera desde su infancia esperándolo, pacientemente, ahí. El tiempo del desarrollo es un tiempo circular. Y ya sé que con esto simplifico demasiado. Wilber se coloca en lo subjetivo, la conciencia del sujeto, y a pesar de hablar de lo transpersonal, crea una psicología sin dioses. El dios es la conciencia y su desarrollo. Pero lo que llamamos Iluminación no es otra cosa que integrar el saber que ya atesoran, desde siempre, los arquetipos, los dioses. La expansión de la conciencia es en realidad un aprendizaje. Una relación maestro-discípulo. Desde la niñez.</p>
<p>Por otra parte, me gustaría decir que todas esas ideas psicoanalíticas sobre la conciencia infantil, todo eso de los estados oceánicos y demás, lo tomo <em>cum grano salis. </em>A mí, a día de hoy, me sigue sonando a retro-ciencia-ficción y, como dice Wilber,: &#8220;guárdense sus proyecciones para ustedes mismos&#8221;.</p>
<p>En realidad, y con esto quiero seguir exculpando al hermano Wilber de sus patinazos, yo mismo hubiera tomado en conjunto la Psicología Analítica con el más severo escepticismo si hubiese accedido a ella a través de mi pura <em>mente-espíritu</em>. Siempre diré que cualquiera que crea en las cosas que cuenta Jung sin haberlas vivido en sus carnes es un crédulo peligroso/en peligro, carne de cañón para cualquier secta destructiva o&#8230; algo peor.</p>
<p><strong>NOTA: Hilo actualizado <a href="http://www.odiseajung.com/blog-jung-odisea/index.php/2009/09/ken-wilber-vs-jung-ii/">aquí</a></strong></p>
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