Parece una entrada con muy mal gusto y nada más. Pero no es tan así. Dedicada a esos más de dos y más de tres que me van a entender.

Parece una entrada con muy mal gusto y nada más. Pero no es tan así. Dedicada a esos más de dos y más de tres que me van a entender.

[...] Aparentemente, el “espíritu” llega siempre desde lo alto. Para esa concepción espíritu significa libertad suprema, un flotar sobre las profundidades, una liberación de la prisión de lo ctónico y por lo tanto un refugio para todos los timoratos que no quieren “llegar a ser”. Pero el agua es terrenalmente palpable, es también el fluido del cuerpo regido por el impulso, es la sangre y la avidez de sangre, es el olor animal y lo corpóreo cargado de pasiones. Lo inconsciente es esa psique que va desde la claridad diurna de una conciencia espiritual y moral hasta ese sistema nervioso denominado simpático desde mucho tiempo atrás. Este sistema, que gobierna la percepción y actividad muscular como el sistema cerebro-espinal y por eso no puede controlar el espacio circundante, pero que mantiene en cambio el equilibrio vital sin valerse de órganos sensoriales y que siguiendo secretos caminos no sólo nos da noticias sobre la naturaleza íntima de otra vida sino que también provoca en ella un efecto interno. En ese sentido es un sistema extremadamente colectivo, es la verdadera base de toda participation mystique. La función cerebro-espinal, por lo contrario, alcanza su culminación en la separación de las cualidades específicas del yo, y como el medio en que se despliega es sólo el espacio, a través de éste capta invariablemente superficialidades y exterioridades. El sistema cerebro-espinal vivencia todo como exterior, el simpático vivencia todo como interior.
Vamos a charlar un ratito más sobre la Luna. Pero la que más le interesa a Franz, a Jung y a nosotros, no esa enorme pelota colgada del techo con la que nuestra tecnología juega partidos internacionales (la verdad es que a los terrícolas las pelotas siempre son de lo que más nos da juego).
Mare Tranquilitatis, Mare Humorum, Mare Ingenii… ¿Se han preguntado alguna vez por qué no podemos dejar de ponerles nombres marítimos a los desiertos lunares? Se trata de las lágrimas. Luna es Ella, y Ella es siempre tan condenadamente sentimental… Señora de las mareas y las emociones. Histérica y ciclotímica. Radiante como el amor a primera vista. Oscura como el odio en el desamor. Voluble e inasible como la espuma del mar.
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