<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss version="2.0"
	xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"
	xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/"
	xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"
	xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"
	xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/"
	xmlns:slash="http://purl.org/rss/1.0/modules/slash/"
	>

<channel>
	<title>Bitácora de la Odisea &#187; Editoriales</title>
	<atom:link href="http://www.odiseajung.com/blog-jung-odisea/category/editoriales/feed/" rel="self" type="application/rss+xml" />
	<link>http://www.odiseajung.com/blog-jung-odisea</link>
	<description>El diario del largo y turbulento periplo</description>
	<lastBuildDate>Tue, 31 Jan 2012 15:31:00 +0000</lastBuildDate>
	<language>en</language>
	<sy:updatePeriod>hourly</sy:updatePeriod>
	<sy:updateFrequency>1</sy:updateFrequency>
	<generator>http://wordpress.org/?v=3.3.1</generator>
		<item>
		<title>Un viaje relámpago al centro del Corazón</title>
		<link>http://www.odiseajung.com/blog-jung-odisea/2012/01/un-viaje-relampago-al-centro-del-corazon/</link>
		<comments>http://www.odiseajung.com/blog-jung-odisea/2012/01/un-viaje-relampago-al-centro-del-corazon/#comments</comments>
		<pubDate>Tue, 10 Jan 2012 18:05:08 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Raúl Ortega</dc:creator>
				<category><![CDATA[Editoriales]]></category>
		<category><![CDATA[Eros y Psique]]></category>
		<category><![CDATA[Noticias]]></category>
		<category><![CDATA[amor]]></category>
		<category><![CDATA[anima]]></category>
		<category><![CDATA[feminidad]]></category>
		<category><![CDATA[Luna]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.odiseajung.com/blog-jung-odisea/?p=2262</guid>
		<description><![CDATA[Por supuesto que los Reyes Magos existen. ¿Quiénes serían entonces los responsables de que las Navidades se conviertan a menudo en un período tan regalado de sucesos asombrosos, de encuentros y reencuentros impactantes, de hilos nuevos tendidos hacia las almas desde la]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por supuesto que los Reyes Magos existen. ¿Quiénes serían entonces los responsables de que las Navidades se conviertan a menudo en un período tan regalado de sucesos asombrosos, de encuentros y reencuentros impactantes, de hilos nuevos tendidos hacia las almas desde la tornasolada madeja de sus destinos? Este período, con una solera mitológica que trasciende en mucho la iconografía cristiana, se convierte con facilidad en un crisol mágico donde se acelera la transformación vital. Claro que lo primero que pasa cuando el Anima Mundi se despereza es que empieza a llover <em>materia prima</em>. Es decir: boñigas. Que no se desilusione nadie al darse cuenta de que el principal cometido de Sus Majestades es repartir carbón. Que no cunda el desaliento al saberse que el misterio de los Magos tiene mucho que ver con el <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Caganer" rel="nofollow" target="_blank">Caganer</a>. Todo regalo de luz empieza con un obsequio de sombras. Ojo siempre a eso.  </p>
<p><span id="more-2262"></span>Andaba yo hace un par de días muy atareado jugando con mis bien merecidos carbones, todo tiznado (la generosidad de los Magos ha sido por aquí grande). Meditando, sublimando, ensoñando, reflexionando, sintiendo. Corriendo de un lado a otro tras <em>tenues hilos</em>, con la imperiosa necesidad de atar cabos (o sea, como siempre, pero especialmente apurado). Pasó entonces que una de esas cuerdecitas se encendió como un neón, y yo, como me es preceptivo, no pude hacer otra cosa que avanzar por ella como hipnotizado, como una rata de Hamelín oyendo flautas. Lo que este roedor encontró un poquito más adelante lo dejó sobrecogido. Algo así como un queso del tamaño de la Luna.</p>
<p>No conocía hasta entonces la puesta en escena que hizo el regidor <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Jean_Pierre_Ponnelle" rel="nofollow" target="_blank">Jean-Pierre Ponnelle</a> en 1975 para el <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Carmina_Burana" rel="nofollow" target="_blank">Carmina Burana</a> de <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Carl_Orff" rel="nofollow" target="_blank">Carl Orff</a>. Esta obra musical no necesita para nadie ninguna presentación, pues es extraordinariamente popular. Avanzando por debajo de esa capa de fama superficial diremos que Orff es un compositor inspirado por las mismas musas que Wagner, a saber, todo lo afín a la mitología griálica medieval, con su acento puesto en los misterios de lo Femenino, de la Diosa y del amor, y que por ello ambos son un deleite paradigmático de esoteristas y alquimistas modernos. Los versos que inspiraron a Carl fueron compuestos por los monjes goliardos entre los siglos XII y XIII; hasta donde sé reconocerlos, una raza de egregios pueres eternos que merodeaban por la vida a golpe de instinto e intuición. A golpe de poesía. Ellos, como trovadores, exponen la inspiración tántrica que incendia al <em>amor cortés</em>, y guardan por ello una de las llaves del misterio de la vida. La otra necesaria llave podemos rastrearla en su propia época en los paradigmas del movimiento cátaro. Todo esto debe ser, si no propiamente sabido, sí al menos barruntado, olfateado, por todo aquel que frecuenta los temas que solemos tratar mis colegas y yo. Llevamos muchos años removiendo el mito medieval, blandiendo excaliburs, alzando cálices y glorificando a magdalenas y templarios como para que todo esto suene a chino a estas alturas. Alguna orientación con respecto a la pareja y el matrimonio, el sexo, y con respecto al Hierosgamos, el espíritu, suele tener, no más sea rudimentariamente, quien se acerca a lo junguiano. Estamos acostumbrados a tratar estos temas con una profundidad y agudeza al menos un par de grados por encima de la ignorancia y el estupor <a href="http://www.abc.es/20120106/ciencia/abci-stephen-hawking-mujeres-completo-201201060919.html" rel="nofollow" target="_blank">que confesaba estos días en prensa un paleto del amor como Stephen Hawking</a>. Pero la abismal sabiduría que mostró y demostró sobre todo esto Ponnelle en 1975 está mucho más allá, a años luz por encima de estos niveles de debate. La totalidad de su puesta en escena es simbólicamente exquisita. Sus coreografías, en todo momento, son auténticos grabados alquímicos en movimiento, que amplifican, explican y hasta mejoran el mensaje contenido en los versos. Si Orff, con su música, animó la letra seca con sangre palpitante, el francés acabó llevándolo todo a la altura de un sabio tratado hermético. Y los tres autores, goliardos, alemán y francés, se ponen de acuerdo alcanzando al unísono el cénit de su inspiración sentimental, intelectual e intuitiva en el sublime fragmento <strong>Blanziflor et Helena</strong>, una especie de epílogo o corolario, apoteósico, en que culmina no sólo el anterior pasaje, <strong>Cour D´Amours</strong>, sino, yo diría, toda la obra.</p>
<p>Como hermeneuta, doy fe de que en ese fragmento no sobra ni falta ni una sola coma simbólica. Todos los personajes, las disposiciones, los colores, el desarrollo&#8230; Está todo lo que es, y es todo lo que está. Es como un gran sueño, o una gran visión. Reproduce literalmente imágenes arquetípicas que he visto emerger, por aquí y por allá, a lo largo de décadas, de las regiones más profundas y trascendentes de la psique. Como músico, conozco, admiro y disfruto con el puro corazón este pasaje desde mi pubertad, pero reconozco que jamás los sentimientos, por más efusivos que fuesen, me habían procurado unas fantasías y unas reflexiones tan excelsas y esclarecidas alrededor de estos versos. Como conciencia masculina, este es el rostro más original y verdadero que a día de hoy he alcanzado a ver de la Señora Alma, la Diosa, el Eterno Femenino y, por tanto, del Amor. Dentro de mí, dentro de otros, y por ahí afuera. Aquí se resume casi todo cuanto tengo para decir sobre el anima, sobre las relaciones, y que trato de contar de vez en cuando. Mi humilde aportación a este tema dentro de la psicología junguiana.</p>
<p>No voy a estropear ahora la fiesta del corazón y la intuición con análisis intelectuales. Sólo unirme al coro con mis amigos de otro y todos los tiempos para decir: &#8221;Ave, formosissima&#8221;.</p>
<div></div>
<div class="align_cnt"><p style="text-align:center;font-size:1.17em;font-weight:bold">[Ver este vídeo en la página original]</p></div>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.odiseajung.com/blog-jung-odisea/2012/01/un-viaje-relampago-al-centro-del-corazon/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>4</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Pájaro negro, pájaro muerto, pájaro raro&#8230; &#8211; Reloaded</title>
		<link>http://www.odiseajung.com/blog-jung-odisea/2012/01/pajaro-negro-pajaro-muerto-pajaro-raro-reloaded/</link>
		<comments>http://www.odiseajung.com/blog-jung-odisea/2012/01/pajaro-negro-pajaro-muerto-pajaro-raro-reloaded/#comments</comments>
		<pubDate>Tue, 03 Jan 2012 14:26:15 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Raúl Ortega</dc:creator>
				<category><![CDATA[Ciencia y Mito]]></category>
		<category><![CDATA[Editoriales]]></category>
		<category><![CDATA[Noticias]]></category>
		<category><![CDATA[Año Nuevo]]></category>
		<category><![CDATA[Arkansas]]></category>
		<category><![CDATA[Beebe]]></category>
		<category><![CDATA[catástrofes]]></category>
		<category><![CDATA[Noruega]]></category>
		<category><![CDATA[pájaros muertos]]></category>
		<category><![CDATA[peces muertos]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.odiseajung.com/blog-jung-odisea/?p=2248</guid>
		<description><![CDATA[Miles de pájaros caen muertos en Arkansas por segundo año consecutivo. El extraño fenómeno, todavía sin explicación, se ha producido en el mismo lugar y en las mismas fechas, justo con el cambio de año
]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>El año pasado por estas fechas nos hacíamos eco de estas curiosas noticias:  <a href="http://www.odiseajung.com/blog-jung-odisea/2011/01/pajaro-negro-pajaro-raro-pajaro-muerto/">http://www.odiseajung.com/blog-jung-odisea/2011/01/pajaro-negro-pajaro-raro-pajaro-muerto/</a> Este año parece que el patrón se repite. ¿Estamos en el mismo escenario?</p>
<div style="background: #E9E9E1;">
<h2>Miles de pájaros caen muertos en Arkansas por segundo año consecutivo</h2>
<h3 style="background: #E9E9E1;">El extraño fenómeno, todavía sin explicación, se ha producido en el mismo lugar y en las mismas fechas, justo con el cambio de año</h3>
<h5>abc.es / madrid<br />
Día 03/01/2012 &#8211; 11.37h</h5>
<h3 class="align_cnt"><a href="http://www.abc.es/20120103/ciencia/abci-miles-pajaros-caen-muertos-201201031020.html" rel="nofollow" target="_blank">Leer la noticia aquí</a></h3>
</div>
<div style="background: #E9E9E1;">
<h2>Miles de peces aparecen muertos en una playa de Noruega sin explicación</h2>
<h3>Los estupefactos vecinos se han encontrado con una alfombra de 20 toneladas de arenques que cubre el arenal</h3>
<h5>Día 03/01/2012 &#8211; 13.16h</h5>
<h3 class="align_cnt"><a href="http://www.abc.es/20120103/ciencia/abci-miles-peces-aparecen-muertos-201201031111.html" target="_blank">Leer la noticia aquí</a></h3>
</div>
<p><span id="more-2248"></span>En los diarios de Arkansas se puede encontrar que los pájaros comenzaron a caer sobre las 7 p.m. del día 31, y la policía, que estaba expectante a esta cuestión, decidió suspender la ceremonia de fuegos artificiales de la medianoche. Sin embargo, damos por supuesto que la chavalería siguió tirando algunos petardos, y que por eso no dejaron de caer mirlos enloquecidos de pánico durante el resto de la noche. La relación entre los fuegos artificiales y el bizarro holocausto de aves en Beebe fue establecida con cierta dificultad el año pasado, porque ciertas variables no encajaban (recordemos), pero esa fue la conclusión definitiva a la que llegaron las autoridades pertinentes. A pesar de que choca un tanto que mueran tantas aves este año como el pasado, a pesar de las medidas tomadas, damos por hecho que esa es la explicación <em>causal</em> del hecho. Siguiendo los mismos razonamientos del año pasado, lo que en realidad nos interesa es la relación, en principio, <em>acausal</em>, entre todos los hechos similares acaecidos alrededor de estas fechas a nivel universal. Nos interesa lo sistémico, lo global. El año pasado se fueron acumulando sucesos parecidos, unos de causación más misteriosa, otros menos bizarros, uno detrás de otro. Este año, por lo que se ve, llevamos una pauta parecida.  Pero es difícil investigar sabiendo que no existen los sucesos en sí, sino según nos llegan por el filtro de interés de los periodistas. Este año era de esperar una especial atención de los medios a estos sucesos. De todos modos, 20 toneladas de arenques varados no parece ser una noticia rebuscada y traída de los pelos&#8230;</p>
<p>No pondría la mano en el fuego por la seriedad de esta estadística (ni por ninguna), pero esto es lo que parece ser que tenemos en los últimos años sobre muertes masivas de aves (en inglés):</p>
<div style="background: #E9E9E1;">
<p>-<strong>In 2004</strong> thousands of tiny birds fell from the sky over Chinese president Hu Jintao&#8217;s birthplace Taizhou, Jiangsu. The event was seen as a worrying omen for his rule to come.<br />
-<strong>January 15, 2009,</strong> in New York City. A large flock of Canada Geese was struck by US Airways Flight 1549, disabling both of the Airbus A320&#8242;s engines and killing an unknown number of geese.<br />
-<strong>2009 in Franklin Township</strong>, Somerset County, New Jersey. A culling with the bird poison (avicide) DRC-1339 received national attention after USDA employees dispensed the substance in Griggstown, New Jersey to kill an estimated 5,000 starlings that plagued feed lots and dairies on local farms. When &#8220;it began raining birds&#8221; community members became alarmed, unsure whether a toxin or disease was at work. Two property owners in the area reported collecting over 150 birds each from their land.<br />
-<strong>December, 2010</strong>, in St-Augustin-de-Desmaures, Quebec. More than 80 dead pigeons discovered.<br />
-<strong>December, 2010</strong>, in Guelph, Ontario. Geese and ducks panicked, some of them died shortly after the beginning of New Year&#8217;s Eve fireworks at 8:10 pm, December 31, 2010.<br />
-<strong>December 31, 2010</strong>, in Beebe, Arkansas. 3,000 red-winged blackbirds and European starlings died. Arkansas state wildlife authorities first received reports on December 31, 2010, shortly before midnight. Further investigation revealed the birds fell over a one-mile area of Beebe, with no other dead birds found outside that concentrated zone. The birds showed signs of physical trauma, leading one ornithologist with the Arkansas Game and Fish Commission to speculate the blackbirds might have been killed by lightning, high-altitude hail or possibly fireworks. The birds were sent to laboratories in Georgia and Wisconsin for necropsies to determine the cause of death. On January 5, 2011<strong>,</strong> the Arkansas Game and Fish Commission confirmed that the incident was caused by a resident setting off professional-grade fireworks, startling the birds into a panic flight. One year later a virtual reprise took place with 5,000 birds plunging to the ground.<br />
-<strong>January 3, 2011</strong>, in Pointe Coupee Parish, Louisiana. 500 red-winged blackbirds and starlings died.<br />
-<strong>January 5, 2011</strong>, in Faenza, Italy. Hundreds, perhaps thousands, of turtle doves fell dead from the sky.<br />
-<strong>January 5, 2011</strong>, in Falköping in Sweden. Between 50 and 100 jackdaws died. Some are believed to have been struck by cars or trucks, but others showed no sign of such trauma.<br />
-<strong>January 5, 2011</strong>, in Constanța, Romania. Eyewitnesses saw dozens of starlings falling from skies &#8220;like stones&#8221;.<br />
-<strong>October 22, 2011</strong>, in Wasaga Beach, Ontario, Canada. Thousands of dead loons, ducks, and seagulls washed ashore in this popular beach area, believed to have died from a botulism outbreak.<br />
-<strong>December 31, 2011</strong> saw a recurrence of what had happened in Beebe, Arkansas on the previous New Year&#8217;s Eve. Several hundred blackbirds had plunged to their deaths according to an early report by the local television station KATV which also reported that its radar had shown a &#8220;large mass&#8221; over the town. A later report estimated the count as high as 5,000 dead birds.</p>
<p><a href="http://en.wikipedia.org/wiki/Bird_kill" rel="nofollow" target="_blank">Fuente</a></p>
</div>
<p>Vemos como se acumula la medida alrededor de la Navidad en paralelo al aumento de casos en los últimos 3 años (¿en unísono a la crisis?). Unamos los holocaustos de aves a los del resto de especies en estas fechas y digamos, con estricto razonamiento reduccionista, que los biólogos y climatólogos deberían inferir que alguna cosa está cambiando en la relación entre los inviernos y los animales de forma acelerada (y que los alcaldes deberían hacer lo propio con los ritos navideños y la vida salvaje). Regresando a lo que nos interesa, el augurio y el oráculo, la <em>señal</em>, el lenguaje <em>acausal</em>, el año pasado inferíamos con todo esto (con absoluta desvergüenza intuitiva) un recrudecimiento del malestar general del planeta, y posiblemente algún que otro desastre llamativo. En efecto, la crisis no hace más que engordar año tras año, e incluso estas Navidades resuenan tambores, afortunadamente aún lejanos, de guerra. El día 11 de marzo, mientras España lloraba recordando la masacre del 2004, Japón sufría un gigantesco revés cataclísmico. Creo que más de uno pensamos bastante en los pájaros negros ese día, aunque en ese punto se habían ya unido los malos augurios avícolas con el misterioso malestar que impregna explícitamente nuestra cultura alrededor de la <em>clave 11</em> desde septiembre de 2001. En realidad, todos los versados en señales sabemos que la <em>clave 11</em> irradia enorme poder desde el <em>Anima Mundi</em> desde hace más de dos décadas, así que algunos nos temíamos un acontecimiento al hilo el 11 de mayo pasado; ocurrió, en efecto, una pequeña gran tragedia: el terremoto de Lorca. Mientras los vecinos de Beebe recogían otra vez los pájaros del suelo hace 3 días, Japón saludaba al año nuevo con un inquietante suceso: un terremoto de grado 7, que fortunadamente ha resultado esta vez ser sólo un amago. Otra vez los mismos temas relacionados de un modo <em>semántico</em>.</p>
<p>Hasta aquí, podría decir que los pájaros y los peces sacrificados siguen demostrando ser un lenguaje del cosmos no poco sincero. Pero, ya saben: todo esto no es más que producto de nuestra febril imaginación&#8230;</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.odiseajung.com/blog-jung-odisea/2012/01/pajaro-negro-pajaro-muerto-pajaro-raro-reloaded/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>4</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Las sicigias Anima/Animus, Hillman/Giegerich &#8211; II</title>
		<link>http://www.odiseajung.com/blog-jung-odisea/2011/12/las-sicigias-anima-animus-hillman-giegerich-ii/</link>
		<comments>http://www.odiseajung.com/blog-jung-odisea/2011/12/las-sicigias-anima-animus-hillman-giegerich-ii/#comments</comments>
		<pubDate>Sat, 17 Dec 2011 16:12:52 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Raúl Ortega</dc:creator>
				<category><![CDATA[Editoriales]]></category>
		<category><![CDATA[Noticias]]></category>
		<category><![CDATA[anima]]></category>
		<category><![CDATA[animus]]></category>
		<category><![CDATA[James Hillman]]></category>
		<category><![CDATA[Jung]]></category>
		<category><![CDATA[Psicología analítica]]></category>
		<category><![CDATA[Wolfgang Giegerich]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.odiseajung.com/blog-jung-odisea/?p=2078</guid>
		<description><![CDATA[La intuición de Jung era muy plástica, muy gráfica. Como en la mayoría de paragnostas, su modo más común de captación extrasensorial era la visión. Es una forma de mediumnidad directamente relacionada con el soñar. Luego emprendía, al igual que con los]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h4>Introducción</h4>
<h4>Idea primigenia, imagen primigenia. Filosofía e imaginación</h4>
<p>La intuición de Jung era muy plástica, muy gráfica. Como en la mayoría de paragnostas, su modo más común de captación extrasensorial era la <em>visión</em>. Es ésta una forma de mediumnidad directamente relacionada con el soñar. Luego emprendía, al igual que con los sueños, toda la tarea de destilación racional. Como resultado tenemos, por un lado, una materia prima, la vivencia interna, llena de símbolos estáticos y dinámicos e interacciones inteligentes con personajes, vamos a decir, <em>daimónicos</em>, y por otro un edificio teórico, formado por inferencias y amplificaciones lógicas. Una construcción atravesada de nuevo por la intuición, por una captación extrasensorial, pero esta vez de tipo abstracto, intelectual (el <em>insight</em>). Este proceso vertebra la creación del Libro Rojo y desde ahí engendra lo que llamamos Psicología analítica. Advirtamos de camino que, por más exótico que sea el punto de partida, el objeto de estudio, no hay aquí nada diferente del proceso científico típico: primero el <em>fenómeno</em>, que siempre tiene un alcance más o menos particular, local, y luego la abstracción, que, más o menos regalada de intuición, de inspiración, siempre conlleva una vocación matemática decididamente universal, a la caza del <em>noúmeno</em> (el proceso cognitivo humano, con agrado o a regañadientes, siempre acaba caminando hacia la metafísica). </p>
<p><span id="more-2078"></span>Con este primer ejemplo quiero subrayar que lo inconsciente interfiere en la conciencia, desde adentro (hablando sólo de la interacción puramente psicológica -dejando ahora de lado cosas como la sincronicidad y los fenómenos asociados-), a través de dos lenguajes: la fantasía, con sus símbolos y <em>dramatizaciones</em>, y el pensamiento abstracto, comúnmente encarnado en un código verbal. Ambos fenómenos suelen darse inextricablemente unidos, y así normalmente ocurre en el sueño, que suele tener actores, escenarios y un guión, como el teatro. El sueño comienza a recrear sus mundos con material procedente de la vigilia, como un espejo de ésta, y la conciencia diurna está llena de formas, diálogos y pensamientos. Por ello, hasta cierto punto, es superfluo y hasta estúpido detenerse a analizar ambos planos, como queriendo separar banda sonora e imágenes en una película. Sin embargo, desde la misma praxis nos puede llegar la necesidad de tomarnos más en serio su diferenciación. Un fenómeno conspicuo de intromisión sólo verbal de contenidos inconscientes lo tenemos remitiéndonos otra vez a la Parapsicología: lo que ésta reconoce como <em>escritura automática</em>, que es una <em>videncia sin ver</em>. En ella la intuición aprehende directamente conceptos, ideas, obviamente articulados según una sintaxis, un lenguaje. Por supuesto, como siempre ocurre dentro de todo discurso, los conceptos se refieren por aquí y por allá a escenas, cosas e imágenes, se dirigen hacia fenómenos concretos en un punto y en el siguiente tratan de abstraerse aún más, etc. Nada que no conozca hasta la saciedad la literatura. Como el mismo sueño empieza a enseñarnos, los distintos modos intuitivos suelen asociarse, y el parapsicólogo bien sabe con qué facilidad se aglutina dentro de un solo caso toda la parafernalia paranormal. Por ello, Jung también participa de este tipo de percepción extrasensorial, de intuición; un caso paradigmático es la elaboración de <em>Siete sermones a los muertos</em>.</p>
<p>Estas dos caras de lo inconsciente son rastreables en la casuística clínica, y se corresponden en las psicosis a las alucinaciones visuales, por un lado, y a las auditivas, por el otro. En el TOC, a las fantasías y a los pensamientos obsesivos. También es inspirador jugar con la idea de que es precisamente la tensión entre estas dos cualidades lo que diferencia a un Freud, con su hincapié en los sueños, de un Lacan, con el suyo en el lenguaje.</p>
<p>Los contenidos de lo inconsciente pueden ser triviales, locales, personales y concretos o profundos, universales, colectivos y altamente abstractos (lo que se corresponde con la distinción onirocrítica típica entre <em>sueño falso</em> o <em>pequeño</em> y <em>sueño verdadero</em> o <em>grande</em>). Las formaciones plásticas de la segunda categoría se corresponden con la imaginería mitológica, y la Psicología analítica las llama imágenes primigenias. Las formaciones racionales más elevadas se corresponden con las formulaciones filosóficas, místicas y esotéricas de todos los tiempos, y proponemos llamarlas <em>ideas primigenias</em>. Imágenes e ideas primigenias parecen estar en la antesala de la esencia última del arquetipo.  </p>
<p>Lo arquetípico conserva todos los atributos y excelencias, todo el <em>mana</em>, de la imagen primigenia, expresado en la paralela fenomenología de la idea primigenia. Es ésta un pensamiento último, irreductible, una formulación trascendente que funciona como un sol alrededor del cual se aglutina el resto de pensamientos y preocupaciones. En cuanto el Logos pretende superar al Mito, porque le resulta obsoleto, falso o incompleto, aparece en su máximo esplendor la idea primigenia, tratando de restaurar el sentido de todo, de reescribir la cosmogonía. Por eso podemos reconocerla con facilidad entre, por ejemplo, los presocráticos. Heráclito es paradigmático al respecto, con sus estremecedoras intuiciones: &#8220;<em>No a mí, sino habiendo escuchado al Logos, es sabio decir junto a él que todo es uno</em>&#8220;<em>. </em>Ese pensamiento, por sí solo, contiene mucho de lo que estoy tratando de decir en este capítulo. Por supuesto, damos por hecho que ha aparecido en su conciencia tal que así, no precedido de un símbolo del cual se deriva. Podemos hacerlo, porque hoy día sigue sucediendo de ese modo.</p>
<p>Los aforismos de Heráclito parecen escritos al alimón con Lao-Tse. Realmente es una <em>coincidencia</em> maravillosa. Al griego lo consideramos un ancestro del pensamiento científico y al chino el padre de uno de los más prestigiosos monumentos religiosos. Siglos después, un Hegel volverá a encontrar en su alma algunas pinceladas de este mismo tipo de pensamiento arquetípico, y, a partir de ello, apostará por descender hacia el mundo y lo concreto. A Jung le ocurre lo mismo, pero trata de reconstruir una escalera hacia el cielo. Es obvio que a cierta profundidad de la psique se vuelve ocioso distinguir ciencia de mito. Sólo el peso de una pluma va a desequilibrar la balanza en uno u otro sentido, en su descenso hasta la conciencia egoica.</p>
<p>Aunque, como estamos viendo, la epifanía racional sea algo tan genuino y propio del arquetipo, un fenómeno con demostradas autonomía e identidad, el junguiano tiene tan presente la imaginería mitológica que llega a usar indistintamente los conceptos de arquetipo e imagen primigenia, en menoscabo de la idea, lo que nos parece injusto. Por supuesto, nada de lo que hemos explicado hasta aquí le es ajeno, pero lo alumbra de manera tenue. Sin embargo, este olvido atiende a ciertas justificaciones. Una de ellas es obvia: el analista trabaja asiduamente con imaginería onírica; ésta es la materia prima más abundante de su laboratorio (por cierto, qué interesantes serían los estudios centrados en los sueños de ciegos). La idea en estado puro, diferenciada, es un ejemplar bastante más raro. Otra es la idiosincrasia individual de Jung, que, siendo un enorme filósofo, es al mismo tiempo un egregio <em>ensoñador (</em>como diría Castaneda). Ya esbozamos al principio que sus facultades mediúmnicas de tipo visionario eran poderosas. La atracción que sobre él ejercía la imaginación y, por ende, la producción plástica, era de tal grado que a duras penas pudo sobreponerse a ella y subordinarla al mundo racional. De aquí procede, por ejemplo, la <em>numinosidad</em> que para él tenían los abstrusos símbolos mudos de la alquimia. Todo esto, como no puede ser de otro modo, colorea toda su teoría y su práctica. Hablando de esto último, es posible predecir que un junguiano con más predisposición hacia la idea pondría menos énfasis en ciertas técnicas, como, por ejemplo, la imaginación activa, y más en otras relacionadas con la reflexión, el debate y la dialéctica (¿<em>pensamiento activo</em>?<em>)</em>.</p>
<p>Pero no es sólo Jung, sino todos, quienes sentimos instintivamente ante la inmediatez y viveza de la imagen un impacto que no produce la teofanía en forma de idea. El encuentro de la conciencia con la imagen es revulsivo, como el encuentro con Eros. Las flechas del Logos penetran y hacen su efecto de otro modo, más sutil.</p>
<h4>Significante y significado</h4>
<p>El sueño tiene la necesidad de hacer creer al yo que está envuelto en una vivencia real, genuina, irreductible, en el mismo sentido en que lo es la vivencia del mundo externo. Esto lo logra fácilmente a través de la <em>sensorialidad</em> inherente a las imágenes. El impacto es tan profundo que la conciencia primitiva suele considerar que, en los sueños, el alma abandona el cuerpo y entra en otro mundo, tan real como éste, sito en otra dimensión.</p>
<p>Paralelamente, el arte de interpretar sueños existe desde las culturas más antiguas, y esta visión de lo onírico, sin embargo, traslada su realidad desde lo literal a lo simbólico. Es decir: lo convierte en un mero lenguaje. </p>
<p>Sospecho que desde el principio de los tiempos hasta hoy mismo a la conciencia, incluso la individual, no le cuesta mucho oscilar entre ambos modos de sentir y presentir el contenido inconsciente. El intérprete antiguo no tenía problemas en considerar ciertas manifestaciones oníricas como reales (la epifanía de tal dios o tal otro), y apuesto que hasta el más pragmático psicoanalista actual se ha encontrado alguna vez o bien con un sueño que le resulta sospechosamente literal, que enojosamente se resiste a encajar en su teoría puramente lingüística, o bien con unos significantes cuya interpretación se resiste a descender desde chocantes concepciones metafísicas. Entre los intérpretes junguianos esto es común, porque no puedes pertenecer a este colectivo si tu experiencia con los sueños es muy distinta a la de su fundador, y Jung es un avezado lingüista, que habla constantemente de símbolos y de su hermenéutica, pero que de repente deja escrito en su diario personal aquello tan turbador de &#8220;<em>nosotros somos reales y no símbolos</em>&#8220;. El junguiano debe estar familiarizado con lo parapsicológico, aquello que atestigua el fenómeno que parece darse en la intersección entre lo psíquico y lo real, reclamando solidez y consistencia para el mundo interior.</p>
<p>Caminar sobre la lomera que hace justicia a ambos modos de entender lo inconsciente, y en la correcta proporción, es muy complicado. Se suele resbalar con facilidad hacia uno u otro alero. La vertiente literalista va olvidándose progresivamente de que aquello que es símbolo no es más que significante, y, por lo tanto, precisa urgentemente de interpretación, a la búsqueda del significado. Avanza desde el arte hacia la idolatría, la adoración de iconos, que es lo que más irrita a un cientifista moderno e incomoda a protestantes y gnósticos. Es el mundo supersticioso del amuleto, del talismán, que, como el amor, se regodea en el mecanismo narcisista de la proyección. Está lleno de antropomorfizaciones, de hombres alados y de viejos barbudos. Atascada en las referencias subjetivas y locales acaba convocando los reinos de taifas de las &#8220;once mil vírgenes y santos&#8221;, y es el fundamento de todo politeísmo en general. El junguiano Hillman, que resbala en esta dirección, tomando el politeísmo como referente religioso se olvida de algo crucial: que con ello sirve a la maldición de la Torre de Babel. Sólo liberando al arquetipo de sus formulaciones parciales, locales, personales y concretistas a través de la interpretación, de la gnosis, podrían todos los dioses y todas las religiones entenderse realmente entre ellos. Bien sabe el taoísta que las cosas, según sus oposiciones y diferencias, tienden a convertir una convivencia separada, por más respetuosa que se obligue a ser, en una batalla campal. Lo único que convoca verdadera relación es lo común, en pos de la unidad.</p>
<p>Creo que sólo con lo expuesto se ve claro que la dirección literalista está presidida por el anima. Es una dirección femenina: hacia lo viviente, lo encarnado, lo concreto e individual. Hacia la forma particular. Es la rectora de la proyección animista, capaz de insuflarle vida a las frías estatuas de mármol. Como una niña pequeña, no tiene problemas en ver alma en los peluches y los dibujos. Como diosa del amor trata de comprimir el encuentro entre gigantescos arquetipos sobrehumanos en mitad de relaciones personales, con nombres propios. Es el espacio íntimo, silencioso, introvertido y reservado por el cual el arquetipo penetra en la conciencia como imaginación y deseo, disfrazándose según la idiosincrasia del ego. En sus formas superiores se corresponde con la videncia y en sus formas inferiores con la fe ciega.</p>
<p>Deslizarse por la otra vertiente es ir cayendo cada vez más hacia el seco pozo del reduccionismo. Al primer paso nos tropezamos con el <em>psicologismo</em>, donde el arquetipo ya no es otra cosa que estructura de la mente humana. Lo mítico como forma en que la psique imagina sus propias categorías kantianas, como representación de sus estructuras universales, de su mecanismo interno común. El arquetipo es entonces como una fórmula abstracta, construida con lenguaje poético en vez de números, que describe los fundamentos de la mente, la <em>res cogitans</em>, así como la <em>res cogitans</em> define al universo, la <em>res extensa</em>, a través de fórmulas matemáticas. El plano psicoide,  junto con toda la parafernalia parapsicológica (todo lo que delata las autonomía y sustancia propias del arquetipo, lo <em>daimónico</em>, con su vida inteligente y actuante más allá de la mente), o bien es prudentemente obviado en términos racionalistas (porque es un fenómeno elitista, raro y escaso, en contra del afán por lo universal y repetible, lo público, general y popular), o bien en sensatos términos empiristas (no debe haber ningún sexto sentido, pues con los cinco &#8220;sentidos comunes&#8221;, que son comunes a todos, ya debe ser suficiente), o bien, aún más abajo en esta pendiente gnoseológica, es rechazado con explícita saña por el <em>escepticismo</em>, que es la esperanza ciega de que todos los misterios del cosmos quepan en la mirilla de un telescopio y en una probeta, al alcance de todos y de cualquiera. Si, a pesar de los pesares, hubiere de aceptarse la realidad paranormal, la fe se deposita en que todo eso sea explicable algún día a través de caprichosas cualidades aún por descubrir de las partículas y los tejidos cerebrales.</p>
<p>Cuando los sueños dejan de ser ventanas hacia lo metafísico, y se quedan encerrados en lo puramente psíquico, la psique, el alma, ya no tiene más objeto del que ocuparse que el mundo físico, el fisiológico y ella misma. Si los símbolos parecen referirse a otros mundos es por su consustancial primitivismo y su descuidada y vanidosa subjetividad; nada que no corrija una consecuentemente reductiva interpretación. Pero aún el alma puede conservar entidad, cierta realidad propia, como vaho sutil que anima lo inerte. El siguiente paso es identificar al alma con la sustancia del pensamiento y convertirla en mente, en una cosa que cabe en un punto, en una realidad inextensa. Es decir, virtual, en contraposición con lo verdaderamente real: la <em>res extensa</em>. Entonces ocurre rápidamente, justo después, que el alma se transforma en una propiedad más de la materia, de lo extenso. En este camino extravertido hacia lo público, lo común, lo social y lo científico, los sueños se van olvidando cada vez más. Al final de este proceso, toda la verdad, incluso la psicológica, se busca ahí afuera. A la luz pública y ante los ojos de todos. La ciencia, en su afán de objetividad, acaba rechazando todo conocimiento que no pueda ser consensuado, tratando de eludir así, ingenuamente, el factor sujeto en sus ecuaciones (ya observe sólo una conciencia, ya observen muchas, el sujeto siempre formará parte de la ecuación). Esto espanta de su &#8220;horizonte de sucesos&#8221; todos los hechos del hombre interior, inherentemente intransferibles, indemostrables; eventualmente irrepetibles. Las psicologías con sueños e inconsciente no pueden aspirar a más estatus que el de pseudociencias (al ocuparse de una pseudorrealidad). Lo subjetivo se venga haciendo que el conocimiento científico siga dependiendo de esa figura individual y solitaria que es el genio. Todos miramos hacia el mismo universo, con los mismos ojos, pero sólo unas pocas almas algo ven. Invocada o no, la intuición, la musa, la madre de todos los sueños, sigue siendo la piedra angular de todos los tipos de conocimiento.</p>
<p>Pensamiento es abstracción, y abstracción es generalidad. Es la adoración a las leyes universales que atesora y persigue la ciencia, en alianza con la producción mercantil (lo que describe por sí solo nuestro paradigma), lo que está globalizando, homogeneizando, el planeta. El sueño de todo pensamiento es convertirse en único, y la ciencia está consiguiendo cumplirlo a pasos agigantados. Galileo debería haber soñado también aquello de <em>in hoc signo vinces</em>. Pero todo este &#8220;éxito&#8221; ¿a qué precio? El mundo interior informa hoy, a voces, con sus horribles síntomas, que la realidad no cabe en la cajita espaciotemporal que le estamos construyendo. Descartes aún se negaba a considerar que todo el ser universal cabía en la res extensa. Nosotros no.</p>
<p>Giegerich se pasea por estos parajes de un modo peculiar. En su indesconocible calidad de filósofo racionalista (así como era su admirado Hegel) no tiene problemas en aceptar que la realidad se fundamenta en patrones y leyes abstractas, y que la conciencia, gracias a las intuiciones intelectuales y el esfuerzo lógico, es capaz de captarlos. Esta definición, hasta aquí, no excluye ni a la Física con sus matemáticas ni a la Psicología analítica con sus arquetipos, y Giegerich se va a situar justo entre ambas: considera que, en efecto, el arquetipo informa de la estructura de la psique, pero no de ningún plano ontológico más allá de ella y de lo físico. Es decir: abjura de lo inconsciente colectivo. Exactamente como hizo Aristóteles con su maestro Platón, Giegerich rechaza duplicar el ser del mundo, tal como sí postula Jung. Al creer en el arquetipo como psique universal y objetiva, y tener presente sólo lo inmanente, la conclusión lógica es inapelable: inconsciente colectivo, conciencia colectiva y mundo forman una mezcla inextricable compuesta por la misma sustancia. La psique objetiva, el arquetipo, no es más que la lógica interna del mundo y la mente, el fundamento de la cultura y las sociedades. Esto, obviamente, es el más paradigmático panteísmo: los dioses son el mundo, el mundo son los dioses. De hecho, el panteísmo es la religiosidad con la que coquetea a menudo la intuición racionalista, un peldaño por debajo antes de regresar a la escolástica y reformular cosas como el <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Argumento_ontol%C3%B3gico" rel="nofollow" target="_blank">argumento ontológico</a>. Esta forma religiosa cree que los sistemas se sustentan en un orden implicado, que se puede llegar a sentir como sagrado, pero no en que el sistema sea algo más que la suma de sus elementos. No hay fantasmas en la máquina.</p>
<p>El panteísmo es el particular y disparatado modo de concebir Giegerich conceptos como psicoide y Unus Mundus. Es tan obstinado en él que confunde constantemente liturgia y rito con arquetipo, lo externo con lo interno. Así como en Hillman símbolo y arquetipo, significante y significado, alma y espíritu, se confunden, en el alemán se indiferencian los hechos y los actos con los arquetipos. Por eso se impacienta con el mundo interior, del que sospecha, como un científico, que sólo puede conducir a la vía muerta de lo caprichosamente subjetivo. Cuando en un sueño aparece una imagen primigenia, empapada en su paradigmático arcaísmo, no puede colegir otra cosa que el tratarse del improcedente recuerdo de una cultura, de un modo de vivir y pensar, hace mucho inoperante, muerto. Por ello trata de desecharla, empujando siempre a la conciencia hacia algo moderno y mundano.  </p>
<p>Todo esto se corresponde nítidamente con el carácter del animus. La pasión por la lógica, por el pensamiento discursivo y su muleta favorita, el lenguaje, es de su absoluta incumbencia. Es regente de la abstracción, de lo genérico, lo impersonal, lo objetivo y lo colectivo. Necesita conocer (ciencia), y hacer que los conocimientos creen cosas (tecnología, artesanía). Es un inventor progresista e incansable. Puede ser frío como un cuchillo, capaz de matar y despedazar cualquier cosa para descubrir cómo funciona. Es la interpretación, el análisis y la iconoclastia. Es el interés por los sistemas, las estructuras, las jerarquías y lo público, y, como tal, un político, un organizador de sociedades y empresas. Un soldado que se integra en su división como una abeja en su colmena, capaz de dar la vida por la idea de patria. Es la puerta a través de la cual el arquetipo presenta sus facetas colectivas, y llena la conciencia de inquietud intelectual hacia todos los mundos. En su forma superior se corresponde con el sabio, el iluminado, y en estratos inferiores con el cientificismo.</p>
<h4>El recto camino</h4>
<p>Mantenerse firme allí en lo alto, a los lomos de ambos caballos, es lo único interesante. El sendero no es rígido y recto, zigzaguea, y es imposible que no sea así. Cuando Jung habla indistintamente de arquetipo e imagen primigenia, o llama arquetipo a cualquier formación simbólica, sin preocuparse de más, se inclina en una dirección. Cuando en su libro <em>Un mito moderno. De cosas que se ven en el cielo </em>se desentiende rápido de todas las pruebas a favor de la solidez psicoide del fenómeno OVNI, y habla demasiado de <em>no más que</em> proyecciones y representaciones, hace <em>psicologismo</em>, inclinándose en la otra. O cuando permite que se extienda por doquier el concepto de arquetipo como mera herencia: &#8220;<em>Son en cierto sentido los sedimentos de todas las experiencias de la serie de antepasados</em>&#8221; (como si algo como la premonición o la sincronicidad pudieran surgir de algún sedimento caído desde la conciencia). Sin embargo, una afirmación como &#8221;<em>Todo lo que decimos de los arquetipos son ilustraciones o concretizaciones que pertenecen a la conciencia. Pero sólo en esta forma podemos hablar de arquetipos. Hay que tener siempre conciencia de que lo que entendemos por arquetipo es irrepresentable</em>&#8220; resulta bastante centrada. Aquí tenemos algo implícito muy importante: cuando desvestimos al arquetipo de todo disfraz contingente, y desenmascaramos a la imagen primigenia, lo que sigue quedando es una idea primigenia, que sigue conservando toda la numinosidad del arquetipo. Este fue el camino que emprendió el Logos en Grecia cuando los griegos empezaron a desproyectar el cielo de sus clásicos dioses. Comenzaron a desnudarlos, y antes de que el proceso llegara demasiado lejos, rodando por el alero opuesto, lo que surgieron fueron místicas altamente depuradas. Un proceso similar ocurrió en la religión hindú, lo que dio lugar a los Upanishads como reinterpretación de los Vedas. Trato de subrayar con esto que la razón no es en absoluto una enemiga de la religión. Como pasa con las armas, depende para qué se use.</p>
<h4>Un poco de ontología</h4>
<p>A lo largo de este capítulo hemos tratado de diferenciar, con puntillosidad de animus, pensamiento e imaginación, para darnos cabal cuenta de lo que ya avisé al principio: que la mayor parte del tiempo es superfluo y hasta estúpido tratar de hacerlo, porque, al menos en ese tiempo, ambas cosas son lo mismo. La conciencia puede pensar apoyándose en imágenes o en palabras, y la intuición trae información desde lo inconsciente igualmente de un modo u otro. Puede que prefiramos los jeroglíficos a las palabras, o el texto a los dibujos; que nuestra feminidad se incline por el arte en lugar de la filosofía, o que nuestra masculinidad prefiera la ciencia a la religión, pero para el hermeneuta, para el gnóstico que busca siempre el significado detrás de los significantes, el noúmeno detrás de los fenómenos, de las apariencias, todo es lo mismo: conocimiento e información. Sobre la psique, siempre. Del mundo más acá y de aquel de más allá, a veces.</p>
<p>La famosa autista <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Temple_Grandin" rel="nofollow" target="_blank">Temple Grandin</a>, reconocida ingeniera, nos cuenta así lo indistinta que puede llegar a ser la imaginación del pensamiento:</p>
<p><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif;">&#8220;Cada uno de mis pensamientos está representado por una imagen. Cuando pienso en un perro veo una serie de imágenes de perros concretos, como el de mi vecino. No existe en mi mente un concepto verbal generalizado para esa palabra. Me formo el concepto mirando rasgos comunes a todos los perros y no a los gatos. Por ejemplo, todas las razas diferentes de perros tienen el mismo tipo de nariz. Mi proceso de pensamiento va desde las imágenes concretas al concepto genera, mientras que la mayoría de la gente piensa de lo general a lo específico. Yo no tengo en mi cabeza conceptos vagos, abstractos o basados en el lenguaje, sólo imágenes específicas</span></p>
<p><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif;">Cuando hago mis diseños, puedo ver imágenes de video en movimiento, en tres dimensiones, del equipo para ganados. Puedo visualizarlo en el ordenador de realidad virtual que está en mi imaginación.</span></p>
<p><span style="font-family: arial,helvetica,sans-serif;">Los pensadores visuales que son expertos programadores informáticos me han contado que pueden ver el programa en su totalidad y entonces escribir el código de cada apartado. Es casi como si tuviera dos consciencias. Las imágenes son mis pensamientos reales y el languaje actúa como un narrador. Yo narro a partir de los videos y diapositivas que veo en mi mente. Por ejemplo, mi narrador (lenguaje) podría decir: “Yo puedo diseñar eso”. Entonces veo un video del equipo que estoy diseñando en mi imaginación. Cuando la respuesta correcta surge en mi cabeza, es un video de una pieza acabada del equipo. En este momento, mi narrador dice: “Entendí cómo hacerlo”. En mi mente no hay subconsciente. Las imágenes están pasando constantemente a través de la pantalla del ordenador de mi imaginación. Puedo ver procesos de pensamiento que otros han tapado con lenguaje. No necesito lenguaje ni para ser consciente ni para pensar.&#8221;</span></p>
<p> El psiquiatra  <a href="http://en.wikipedia.org/wiki/Simon_Baron-Cohen" rel="nofollow" target="_blank">Simon Baron-Cohen</a> define el autismo como una <em>supermasculinización</em> de la psique, lo cual me parece muy atinado. En Grandin tenemos, por ende, a una mujer <em>supermasculinizada</em>, que hace ciencia y tecnología pensando en imágenes, como los artistas. Un <em>totum revolutum</em> que nos disuade de sobreanalizar, de sobrediferenciar, demasiado, ciertas cosas. Sí que tenemos que tener siempre presente que el pensamiento imaginal remonta el vuelo con dificultad más allá de lo inmediato, y que el pensamiento verbal avanza con más facilidad más lejos. Sin embargo, esto es una cuestión de grado, porque la imagen primigenia está tan alta en la escala cognitiva que su información supera en mucho todo esa razón de andar por casa que suele atesorar la conciencia, así como las imágenes alquímicas aluden a cosas que trascienden todos los discursos químicos. Mas, insisto: imagen e idea primigenias ambas son filosofía, construida sobre diferentes lenguajes. Ojo: la mayor parte del tiempo. </p>
<p>Por hacer un poco de filogénesis, diré que por mucho que retrocedamos en el tiempo y en la evolución siempre encontramos en la psique imaginación y pensamiento. Hasta donde sabemos, todos los animales superiores sueñan, y en unos términos muy similares a los nuestros. Por otro lado, si una abeja no abstrajera ¿cómo podría saltar indistintamente de una flor a otra al alimentarse?</p>
<p>Y ahora que nos hemos deslizado de nuevo hacia el animus y hemos convertido lo inconsciente en lenguaje, reculemos hacia el justo medio, antes de que nos convirtamos en lacanianos. Lo primero es subrayar que insistiendo en la necesidad de interpretar los símbolos, incluso los más elevados y sagrados, lo que trato es de mover la conciencia más allá del alma, hacia el espíritu, hacia el grandioso arquetipo del Significado, indistinguible del Self. Nada que ver con ningún modo de reduccionismo. Lo segundo es obvio: ¿y qué pasa esa &#8220;menor parte del tiempo&#8221;, cuando la imagen parece bastante más pesada que la información, por profunda y densa que sea ésta? Estamos hablando de lo daimónico (duendes, espectros, extraterrestres&#8230;) y de las visiones extáticas (y demás material relacionado con estados alterados de conciencia). Pues, de momento, nada nuevo: hay que seguir interpretando. La comprensión de este tipo de fenómenos, si da en el clavo, regala a la conciencia un torrente dorado de sabiduría y energía. La asimilación de algo así es lo que convierte a una conciencia vulgar con una experiencia extraordinaria (lo que no es del todo raro) en una conciencia extraordinaria (que sí lo es). Hasta donde creo entender, Ramana Maharshi alcanzó la iluminación a través de &#8220;sólo&#8221; un ataque de pánico. Pero, en estos casos, por más que el Logos desenmascare a las formas, el poso de consistencia queda. Fueron estos fenómenos, y todos los concomitantes (sincronicidad, precognición, etc.), los que obligaron a Jung a postular el aspecto psicoide del arquetipo: que es de una sustancia tal que no habita en el mismo espaciotiempo en que vive inmersa la conciencia, pero que interacciona igualmente con ésta y aquel. Una entidad metafísica que es fuente de vida física y de conciencia. En lenguaje mitológico: un daimon solar.</p>
<p>Arquetipo como psicoide e inconsciente colectivo como metafísico nos disuaden de tratar lo espiritual, lo religioso, como mera ideología, como protociencia que en lenguaje tan poético como torpe trata de explicar el mundo natural (aunque a menudo incurra en eso). No se trata de una forma inspirada de filosofía racionalista; es un paso más allá, que hay que dar en dirección hacia el mundo interior, el único lugar desde el que asomarnos directamente, aún a duras penas, a ese otro lugar. El junguiano llegó a decir, con Schopenhauer, que la conciencia toca por dentro un mundo tan real como el de afuera, ambos tan cargados de apariencia y mentiras como de verdad. Ya sabemos que Giegerich, con su panteísmo, vuelve a dar un paso atrás.</p>
<p>Ahora bien, podríamos conformarnos con la idea de que la realidad última del arquetipo es la de <em>sustancia preformadora</em>, una materia exótica, una energía rara, que modela la psique y el mundo según su lógica interna y su inteligencia. Un <em>alma del mundo</em>, propiamente hablando, tal como la concebían los estoicos. Esta es la naturaleza implícita en el concepto de <em>campo morfogenético</em>. Mitológicamente estaríamos hablando de un dios de lo vivo, un espíritu de la vegetación, una diosa de la fertilidad. Es el Eros de Freud, y el anima de Jung. Por este camino alcanzamos una especie de panteísmo teísta, que, en cierta manera, le devuelve alguna <em>razón práctica</em> a Giegerich: ¿para qué obsesionarse en demasía con lo interno, si lo interno mismo mira hacia el mundo? En este punto, él, Hillman y Jung (por un momento), llegan a estar de acuerdo. El alemán por prosaico, el americano por fiel servidor de la vitalista anima y el suizo cuando dice (parafraseo): &#8220;los dioses a sus cosas y los mortales a las nuestras&#8221;. Todo esto es verdad, pero sólo hasta cierto punto. ¿Qué significa lo divino cuando la lógica interna del arquetipo apunta hacia la mística, el áscesis, lo paradigmáticamente espiritual? ¿Qué hacemos con los dioses de los muertos? ¿Qué con el Tanatos? La libido ascética nos obliga a mirar las cosas de otro modo. La idea de arquetipo como campo morfogenético no nos es suficiente. Si así fuera, la propia lógica interna del arquetipo se disolvería en el absurdo, pues al atraer desde lo más profundo del inconsciente toda la libido para sí, y no para las cosas, estaría convocando un viaje de la conciencia hacia una especie de tautología, no distinto de un viaje a la nada (&#8220;me libero del mundo para comprender que es sólo eso lo único importante&#8221;).</p>
<p>El arquetipo ascético puede reconocerse universalmente con mucha facilidad y es el distintivo más común con el que comprendemos la esencia de la espiritualidad (&#8220;mi reino no es de este mundo&#8221;). En realidad, basta con atender sólo a esta realidad flagrante, y usar la pura lógica, sin necesidad de apoyarnos en ninguna experiencia paranormal, para inferir que el arquetipo tiene que ser distinto a y tan consistente como la <em>physis</em>, y que está ahí construyendo otros mundos además de éste, donde también está llamada a habitar la conciencia.</p>
<h4>Forma y significado </h4>
<p>Allá arriba, por encima del tejado donde tratamos de sostenernos, la tensión entre materia y espíritu sigue existiendo, por más que tratemos de acercarlos. La eterna pugna entre Logos y Eros, alma y significado, animus y anima, idea e imagen primigenias. Un escolástico debate sin fin sobre si la sustancia última del Cosmos (¿o decimos del Self?) son las cosas que lo forman o el orden y el sentido en el que se relacionan. Un intríngulis implícito en el debate entre empiristas y racionalistas, que el pobre Kant trató de solventar con un esfuerzo sobrehumano que aún así, como es <em>lógico</em>, no fue suficiente. Pitagóricos, platónicos, estoicos, neoplatónicos, gnósticos y Jung oscilan más o menos ecuánimemente entre uno y otro, entre Anima Mundi y Pneuma. El Kybalion, con su idea primigenia &#8220;todo es mental&#8221;, es más pneumático, lo mismo que la mística oriental cuando habla de <em>Maya</em>, que extiende la ilusoriedad de la forma desde el mundo físico al espiritual. Descartes es paradigmático en esta dirección con su &#8220;pienso luego existo&#8221;, colocando el pensar en el origen de la creación, sospechando tanto de las formas sensoriales como de las oníricas. De todos modos, ya hemos hablado de la tendencia racionalista en general.</p>
<p>Alrededor de este &#8220;huevo o gallina&#8221; gira todo este capítulo, y lo hará aún una vez más. Hasta aquí hemos abordado el problema apoyándonos en los fenómenos internos, en la realidad del alma. Ahora lo haremos a partir del pensar racional: las matemáticas. Será un ejercicio de <em>pensamiento activo</em>. Necesito para ello un excurso.</p>
<p>Las matemáticas, como representación de un proceso cognitivo, acaban reflejando tanto al objeto del conocimiento, la<em> res extensa</em>, como al sujeto del conocimiento, la <em>res cogitans</em>. Dicho sea de paso, un espejo de ambas cosas, mundo y conciencia, lastrado de severas imperfecciones y limitaciones. Como autorretrato de las categorías lógicas de la conciencia evidencian tal grado de abstracción, introversión y áscesis que no nos debe extrañar que en otro tiempo, en Occidente, se significaran como un genuino camino hacia el espíritu, paralelo a la meditación o el yoga orientales. Aún a día de hoy, a poco que se descuide, el matemático sigue siendo empujado por ellas en esa misma dirección, pues en todo lo que se van vaciando del mundo, aunque no sea jamás del todo, se van llenando de arquetipo. Por ello podemos decir, sin necesidad de abusar del pitagorismo, la numerología o la cábala, que la matemática, detrás de sus aparentemente fríos y vacíos teoremas, conjuntos y ecuaciones, no sólo nos informa del espacio y de la mente, también lo hace de lo inconsciente colectivo. Quizás no sea demasiado ridículo decir que la matemática, tal y como se estudia hoy en la escuela, expresa ya en sí una mitología. Siguiendo este hilo, insto a meditar en las interesantes relaciones entre la aritmética y la geometría, con el propósito de que nos proporcionen poderosas intuiciones sobre la constitución interna de los arquetipos.</p>
<p>La aritmética representa la lógica en sí, el pensar que puede extenderse hasta el infinito pero que aún no se mueve de ningún sitio. Infinitos números huecos, amontonados unos contra otros dentro de un punto, como letras que no forman ninguna palabra. Un punto inextenso y, por ende, amorfo. Es en alto grado un lenguaje que sólo informa de sí mismo. De hecho, la filosofia &#8220;como aritmética&#8221; cae constantemente en la tarea de pensar sobre el pensar, de repensar el lenguaje, y, por eso, a poco que se descuide, se vuelve tautológica: no informa de nada más que de aquello que fue introducido de antemano. Para florecer, expandirse y ser de verdad útil, los números necesitan de una estructura. De la geometría, con sus sensuales formas. A través de ella la matemática se empieza a llenar de datos, se encarna, toma cuerpo, pasa a habitar un espacio, una extensión, una realidad. Adquiere existencia. Con la geometría, el saber matemático sí ocupar lugar. Al unir el pensamiento a la <em>res extensa</em>, al dotar a los pensamientos de forma, al materializarlos, la unión entre el Logos y el mundo es posible, y pueden nacer las ciencias naturales.</p>
<p>Con estos razonamientos tan kantianos la intuición nos cuenta que hemos proyectado en la aritmética el símbolo de lo que es pero no existe, la sabiduría en sí, un dios retirado de la creación. La geometría es la metáfora de lo que comienza a existir, el primer paso de un pensamiento creador. La matemática, como símbolo del arquetipo, lógica y geometría unidas, lo refleja como una existencia que, aún abstracta, es eso: existencia. Desencarnada, pero no vacía. Sin peso, pero con forma y sustancia, con alma. La idea primigenia es, pues, la mente del arquetipo, su sentido, su conciencia; el arquetipo como matriz irrepresentable, pero pensable. El significado. La imagen primigenia simboliza su <em>corporalidad</em>, el atributo de su realidad efectiva y diferenciada. Su <em>protomateria</em>, eso que sustenta su carácter psicoide. A través de ambas cualidades el arquetipo se demuestra daimon, fantasma: como algo real, <em>sólido</em>, gracias a lo cual interviene inteligentemente en el mundo. Como espectro burlón mueve cosas que deberían estar quietas, o abduce almas disfrazado de ser de otro planeta. Como campo morfogenético es la mente de Dios que diseña las estructuras cósmicas, desde lo inerte a lo viviente, en todos los universos posibles. </p>
<p>La idea primigenia aspira hacia el Uno. La imagen primigenia también, pero adora demorarse en todo lo demás. Ambos principios son irreductibles mutuamente, y sólo se diluyen en el Uno, en el Tao.</p>
<p>Si me reconociera más en la tradición esotérica hindú que en la griega, en lugar de estar hablando de aritmética y geometría lo estaría haciendo de Shiva y Shakti, pues me estoy refiriendo exactamente a la misma cosa. Si hubiese querido posar más <em>fashion </em>habría quizás abusado del binomio onda-partícula. Como mi gran preferencia es lo junguiano, prefiero seguir hablando de animus y anima.</p>
<p>Después de haber dado todo este giro urobórico podemos volver a la cuestión del <em>recto camino. </em>Subrayemos que una psicología junguiana se pierde de sí misma antes que después si se parcializa en una u otra dirección. De hecho, toda unificación de animus y anima tiene un sentido ascendente, escatológico, en dirección al Self, y todo movimiento que se diferencie hacia uno u otro es descendente. Es decir, una <em>caída</em>. El arquetipo de la caída es un mitema poderoso, con una estructura muy reconocible. En el hinduísmo es el tránsito en cuatro fases desde los luminosos orígenes, el Satya Yuga, hasta el tenebroso Kali Yuga. Dentro de la breve historia de la Psicología analítica parece haberse convocado, en miniatura, este mismo proceso: desde la doctrina del Self proclamada por Jung, hasta la doctrina del Dios Dinero proclamada por Giegerich.</p>
<p>Continuará&#8230;</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.odiseajung.com/blog-jung-odisea/2011/12/las-sicigias-anima-animus-hillman-giegerich-ii/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>16</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Las sicigias Anima/Animus, Hillman/Giegerich &#8211; I</title>
		<link>http://www.odiseajung.com/blog-jung-odisea/2011/12/las-sicigias-anima-animus-hillman-giegerich-i/</link>
		<comments>http://www.odiseajung.com/blog-jung-odisea/2011/12/las-sicigias-anima-animus-hillman-giegerich-i/#comments</comments>
		<pubDate>Mon, 05 Dec 2011 17:04:21 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Raúl Ortega</dc:creator>
				<category><![CDATA[Editoriales]]></category>
		<category><![CDATA[Noticias]]></category>
		<category><![CDATA[anima]]></category>
		<category><![CDATA[animus]]></category>
		<category><![CDATA[Enrique Eskenazi]]></category>
		<category><![CDATA[James Hillman]]></category>
		<category><![CDATA[Jung]]></category>
		<category><![CDATA[Psicología analítica]]></category>
		<category><![CDATA[Wolfgang Giegerich]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.odiseajung.com/blog-jung-odisea/?p=1857</guid>
		<description><![CDATA[Empezaremos diciendo, con Yandell, que un junguiano es alguien que a la vez que persigue su propio sendero, encuentra útil la obra de Jung en relación a sí mismo. Ese propio sendero no se refiere a una vocación meramente profesional ni a un desarrollo solamente]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>De regreso después de un largo, largo intervalo&#8230; Espero puedan dispensarme. He estado muy ocupado en la práctica junguiana, es decir, viviendo anécdotas y experiencias vitales que han reclamado toda mi energía y atención. La materia prima es la vida y frente a ella la teoría, las lecturas y las escrituras, deben esperar. Más en mi caso, que no soy capaz de caminar y mascar chicle al mismo tiempo.</p>
<p>Han pasado muchas cosas en este tiempo de interés general. Entre ellas, que han fallecido tres junguianos ilustres, todos en octubre y por este orden: <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Mario_Jacoby" target="_blank">Mario Jacoby</a>, <a href="http://homepage.mac.com/eeskenazi/Menu11.html" target="_blank">Enrique Eskenazi</a> y <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/James_Hillman" target="_blank">James Hillman</a>. El malfario de los pájaros negros del 2011 se ha cebado también con esta vocación. Descansen en paz los tres, de regreso al Océano arquetípico. Un recuerdo especialmente cariñoso a Don Enrique, con quien este blog tendrá ya para siempre un deuda contraída, al albergar, a él gracias, algunos de los más enconados, interesantes y prolíficos debates que hemos tenido aquí hasta ahora. A James Hillman no me une ninguna relación directa, pero siempre lo sentí bastante cercano después de pasar en México una temporada aprendiendo y trabajando con uno de sus discípulos más directos.</p>
<p>Antes de abandonar este barco a su suerte había comenzado un artículo que, precisamente, alude directamente a los dos. Es un artículo sobre las psicologías de Giegerich y de Hillman, que abunda en la tenaz polémica abierta con Don Enrique y trata de ir más allá. Ahora que estoy de nuevo por aquí me he planteado si continuarlo o no, a tenor de lo ocurrido. Finalmente he decidido que sí. Publico hoy la introducción.</p>
<p>Un abrazo a todos. Gracias por seguir ahí.</p>
<hr />
<h2 style="text-align: center;"> Las sicigias Anima/Animus, Hillman/Giegerich</h2>
<h4>Prólogo</h4>
<p>Empezaremos diciendo, con <a href="http://psychiatrists.psychologytoday.com/rms/name/James_Yandell_MD,PhD_Berkeley_California_72465" rel="nofollow" target="_blank">Yandell</a>, que un junguiano es alguien que a la vez que persigue su propio sendero, encuentra útil la obra de Jung en relación a sí mismo. Ese propio sendero no se refiere a una vocación meramente profesional ni a un desarrollo solamente intelectual. La Psicología junguiana no es una rama académica, no es una &#8220;carrera&#8221;, no es una disciplina técnica ni un marco teórico. Puede ser todo eso, claro que sí, pero siempre se trata de mucho más. La Psicología junguiana se autodefine a sí misma con su caro término <em>individuación</em>. Individuación es todo, porque es el vivir en sí: es ciencia y es arte, es pensamiento y es amor. Es lo objetivo y lo subjetivo. Es pensar y es actuar. Es política, es filosofía, es comer y respirar. Es matemáticas y es biología. Es la profesión, y es el ocio. Libros y fiestas. Errores y aciertos. Nacer y morir.</p>
<p><span id="more-1857"></span>Habiendo dejado claro qué significa &#8221;sendero&#8221;, redefinamos ahora a un junguiano como alguien que en su propio desarrollo vital, entendido en todos y cualquiera de sus aspectos, encuentra en las formulaciones junguianas sólidos referentes.</p>
<p>La literatura junguiana es el diario de un explorador. Es la descripción de paisajes por momentos demasiado exóticos a la razón, difícilmente inferibles, deducibles, desde una experiencia vital alejada de ellos. Incomprensibles, para un observador o estudioso que transite un camino diferente al que holló Jung. Por lo tanto, remarquemos que a un junguiano no le basta para serlo con leer los mapas que legó el suizo. Ni aún lo haya hecho con lupa, y una y otra vez. Tiene que ser, él a su vez, un viajero por ese mismo mundo. Si no es así, creerá saber de qué está hablando, cuando en realidad no tiene la menor idea. En lo mejor, sólo algo que resuena parecido como un lejano rumor. Se sentirá cercano y hasta cómplice de Jung, cuando en verdad vive atrapado en el espejismo de su proyección.</p>
<p>En cierta manera, esta problemática ya la contempló el psicoanálisis freudiano, al obligar a sus practicantes a atravesar un largo análisis ellos mismos antes de ocuparse de su clientela, tratando así de vivificar con la experiencia la inorgánica teoría. Pero lo freudiano se ocupa de cosas normales, de lugares comunes, de asuntos accesibles a todos (aunque para unos sean problemáticos y para otros no), y lo junguiano se abre, lo cual es su vocación desde el origen, hacia todo lo psíquico que está más allá. Es una psicología plenamente ocupada de lo <em>paranormal</em>. Un viento especialmente caprichoso que sopla cuando y donde quiere, imposible de convocar, de atrapar, dentro de una consulta. Aunque alarguemos el tratamiento por lustros. Y no sólo por esto: estos días se está haciendo universalmente famoso, gracias al cine, el sombrío escándalo de las relaciones del joven Jung con Sabina Spielrein. Sobre este tema, que trataremos con más amplitud en otro lugar, rescato al hilo ahora uno de sus más fascinantes significados: ya en los balbuceos del constructo junguiano la psique misma (¿qué si no?) dejó claro que los procesos más valiosos para la Psicología analítica serían aquellos que se dan en rebeldía contra los métodos preestablecidos, los que suceden más allá de los protocolos. Lo inconsciente es por definición el pelo en la sopa o, mejor, el elefante en la cacharrería, y una cacharrería es la consulta del obediente terapeuta, o el pulcro laboratorio del investigador.</p>
<p>Lo junguiano se cimenta sobre todo aquello que ha seguido siendo por generaciones ajeno al psicoanálisis, &#8220;la oscuridad ocultista&#8221;, porque era un mundo completamente ajeno a Freud. Y se cimenta sobre una injerencia inconsciente que inaugura, digámoslo así, la técnica <em>antipsicoanalítica</em>, el <em>antidiván</em>, la <em>antiacademia</em>, que se revela como el legítimo modo de llegar hasta lo más profundo de él. La individuación, que es la única verdadera terapia, cura, lleva eones pasándose por el forro toda otra técnica que no sea el vivir intensamente todo lo que haya que vivir. Para bien y para mal, para salud o para enfermedad. Aunque suene enojosamente paradójico.</p>
<h4>La genuina experiencia junguiana</h4>
<p>Nada más empezar mi propia singladura por los mundos de la Psicología analítica cayó en mis manos una cita del analista <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Edward_F._Edinger" rel="nofollow" target="_blank">Edward F. Edinger</a>, la cual sigo considerando, décadas después, la más certera definición de lo que es el sendero junguiano, de lo que es la experiencia nuclear alrededor de la cual se articula todo el edificio de la Psicología analítica:</p>
<blockquote><p><em>En el inconsciente existe un centro transpersonal de conciencia latente y de oscura intencionalidad. El descubrimientos de este centro, que Jung denominó Self, es como el encuentro con una inteligencia extraterrestre. Las enfermedades, los sucesos, el desarrollo de la vida y las coincidencias a partir de entonces son el medio a través del cual el Self se expresa. Ya no nos encontramos solos en el Cosmos y la Psique. Descubrimos al Ser Inmortal que hiere y que cura, que tira por tierra y que levanta, que hace lo pequeño y lo grande; en definitiva, al Uno que nos hace enteros</em></p></blockquote>
<p> Acabo de cometer adrede la ridiculez de llamar a algo así &#8220;experiencia junguiana&#8221;. Por supuesto que esto es un universal, un eterno, algo que no pertenece en exclusividad ni a Jung ni a los junguianos, de ninguna de las maneras. Pero quiero remarcar así que, si bien esta experiencia no tiene por qué convertirte en junguiano (gracias a Dios), sin esta experiencia es imposible empezar a entender algo tan básico para la Psicología analítica como es el arquetipo (y un par de nociones básicas y esenciales más).</p>
<p>De esa experiencia que acabo de traer a colación lo que se colige inmediatamente es que la libido arquetípica se comporta como el I Ching, o cualquier otro oráculo: se preocupa y ocupa del futuro, no del pasado. Empuja hacia adelante, no hacia atrás. Es pura teleología. La conciencia arquetípica, esa que parece extraterrestre, aparenta actuar con pleno entendimiento de cómo son las cosas ahora mismo, en el presente, y de cómo habrán de ser, proveyendo caminos, oportunidades y señales hacia el mañana. Lo arquetípico es en sí la vocación por el porvenir. Es el reino de la adivinación. ¿Qué ha pasado para que la mayor parte de la gente, sin embargo, haya acabado entendiendo lo arquetípico como nación de la memoria, como reino de los vestigios del pasado, como un asunto de momias relacionado por sobre todo con la arqueología? Jung ayudó mucho a que todo esto pasara, porque el aspecto arqueológico del arquetipo (que es real, que es cierto) tiene cabida en el paradigma académico, y el aspecto viviente, actuante y oracular, ninguna. Así que hizo hincapié demasiado a menudo en lo primero. El propio nombre usado quiere conscientemente albergar esta oportuna ambigüedad: el prefijo αρχη-, arjé-, en arquetipo, suena antes que nada relativo a lo arcaico, como origen en sentido temporal, y sólo después relacionado con origen en sentido ontológico (como el <em>eidos</em> de Platón). Un junguiano, de acuerdo a la experiencia primordial, debe tener claro que es lo segundo lo que categoriza correctamente la idiosincrasia de un arquertipo, y que lo primero llega en realidad después, complementando lo anterior con el atributo de una universalidad que se extiende por lo espacial y lo temporal (lo ubicuo y eterno). Si nos empeñamos en hablar demasiado de los arquetipos como herencias del pasado, entonces, congruentemente, deberíamos decir de asuntos como el sexo que eso mismo son.</p>
<p>Es enojoso comprobar una y otra vez como muchos, por otro lado brillantes, intelectuales, fuera del círculo de esta psicología, malinterpretan el concepto de arquetipo (piénsese en un Wilber, por ejemplo). Es triste ver cómo la fama de lo arquetípico, y con ella la de Jung y lo junguiano, se extiende por doquier, sólo para esparcir por todos los rincones ideas erróneas sobre todo ello. Pero más chocante es aún si todo eso ocurre dentro del propio círculo de la Psicología analítica.</p>
<p>Por otro lado, señalemos que, curiosamente, Edinger no hace alusiones ni a los sueños ni a la imaginación. No se preocupa de ningún hecho, vamos a llamarlo, interior, subjetivo. Es más: parece hablar de cosas que poco tienen que ver con la psicología, que entendemos comúnmente como la ciencia que se ocupa de lo que está encapsulado en el interior de los individuos, como el cerebro lo está dentro del cráneo. Enfermedades, accidentes, coincidencias&#8230; Todo eso ocurre ahí afuera, en el mundo exterior. No, no es justo. Edinger debería haber incluido alguna reseña al mundo interior. Pero tampoco es justo lo que hace desde hace rato un nutrido grupo de junguianos: desentenderse de todo lo objetivo hacia lo que se extiende también lo arquetípico con firme determinación. Desentenderse de lo psicoide, lo cual es la piedra angular desde la que la Psicología analítica puede y debe intervenir en la Física, en la Biología, en las ciencias &#8220;duras&#8221; de nuestro paradigma actual. Si tenemos en cuenta que una sincronicidad (lo cual es un hecho bastante &#8220;duro&#8221;) aporta a la individuación tanto como un gran sueño, y más que una serie completa de sueños menores, y si tenemos en cuenta, como Edinger y Jung tenían claro, que lo que nos sucede en la vida, ahí afuera, informa tanto, o más, de lo inconsciente como lo que pasa en nuestro interior, empecinarse en psicologías demasiado centradas en lo subjetivo, lo imaginal, lo onírico, lo interior, resulta una torpe parcialidad. Demorarse demasiado en la fantasía, en las formas plásticas del lenguaje interior y en los sentimientos personales concomitantes, en detrimento de la hermenéutica, del pensamiento, del significado, puede estrechar demasiado el camino desde lo personal a lo universal, lo cual es la esencia de la Psicología analítica, y el tránsito desde el arte a la filosofía, la cual siempre implica una epifanía más completa del arquetipo, una simbiosis más efectiva, viviente y actuante, de lo inconsciente y la conciencia (un patrón de conducta tiene que ser vivido, realizado, no sólo contemplado, adorado). Tengamos presente que, si bien los motivos míticos universales no son, desde luego, infrecuentes en la fantasía, si el estrato colectivo apareciera en ella de un modo tan común y evidente como sí lo hace el estrato personal y trivial, hace mucho que todos los analistas freudianos se habrían reconvertido a junguianos. Es más: la fantasía es, incluso plena de símbolos mitológicos, algo muy personal, incluso aislante. Tomada cruda, tal cual, difícilmente encontrará el camino hacia los grandes mundos exterior e interior. Sin la alqumia del analizar, del pensar, difícilmente conectará con la esencia colectiva del arquetipo, eso que quiere sacar al individuo de su burbuja e integrarlo en un organismo mayor, en pro de ese Uno que asimile el afuera y el adentro y a los demás con uno mismo. Como hacer arte, enamorarse, soñar y meditar, hacer filosofía, ciencia, sociología y política también son estadios inapelables en el proceso de individuación, aunque sean sólo de camino hacia el fin último: el torreón del sabio ermitaño.</p>
<p>No basta con pintar, revivir y dramatizar las fantasías. Hay que pensar e interpretarlas. En la dirección del pensamiento, de lo impersonal y lo objetivo, la individuación actúa tratando de socavar desde los cimientos nuestras actuales creencias alrededor de la biología, la física y las matemáticas. Tratando de provocar activamente la renovación de la cultura. Detenida en la contemplación de las fantasías puede sentirse bastante satisfecha, pero no pasará nunca de ser una satisfacción estrecha, demasiado afectada de narcisismo, autoerótica.</p>
<p>El siguiente artículo tratará de cómo el primer &#8220;cisma&#8221; junguiano, el &#8220;pensamiento junguiano de segunda ola&#8221;, la Psicología arquetipal de James Hillman, comete el error de priorizar la fantasía, el arte y lo subjetivo en menoscabo del pensamiento, la ciencia y lo colectivo, y de cómo el segundo &#8220;cisma&#8221; junguiano, el &#8220;pensamiento junguiano de tercera ola&#8221;, el ideario de Wolfgang Giegerich, se hace consciente de estas carencias, trata de rectificarlas, pero se empantana en las suyas propias, al no comprender qué es realmente y cómo funciona un arquetipo.  Expondremos a la vez un hecho fascinante: que la psicología arquetipal se construye sobre un pensamiento que niega al Self por estar poseído por el anima, lo que Giegerich trata de compensar esgrimiendo un pensamiento poseído por el animus, que sigue sin incluir, propiamente, al Self. Los dos &#8220;cismas&#8221; forman una perfecta sicigia, necesitando ambos, en su parcialidad, corregirse mutuamente, complementándose. En este dibujo arquetípico se prefigura el <em>tertium non datur</em>, el correspondiente Tao, como el retorno del Self, de Dios, al ámbito de la Psicología analítica, lo que significa en la práctica una necesaria restauración, una revalidación, del pensamiento junguiano originario. </p>
<p>Continuará&#8230;</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.odiseajung.com/blog-jung-odisea/2011/12/las-sicigias-anima-animus-hillman-giegerich-i/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>33</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Imágenes de la eternidad</title>
		<link>http://www.odiseajung.com/blog-jung-odisea/2011/06/imagenes-de-la-eternidad/</link>
		<comments>http://www.odiseajung.com/blog-jung-odisea/2011/06/imagenes-de-la-eternidad/#comments</comments>
		<pubDate>Wed, 01 Jun 2011 10:53:49 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Raúl Ortega</dc:creator>
				<category><![CDATA[Editoriales]]></category>
		<category><![CDATA[Historia y Mito]]></category>
		<category><![CDATA[Noticias]]></category>
		<category><![CDATA[catástrofes]]></category>
		<category><![CDATA[Japón]]></category>
		<category><![CDATA[torii]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.odiseajung.com/blog-jung-odisea/?p=1844</guid>
		<description><![CDATA[Un torii es un arco tradicional japonés que suele encontrarse a la entrada de los santuarios Shinto (Jinja), marcando la frontera entre el espacio profano y el sagrado. Consisten de dos columnas sobre las que se]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Desde la <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Torii" rel="nofollow" target="_blank">Wikipedia</a>, sin ir más lejos:</p>
<div style="background: #E9E9E1;">
<p>Un <strong>torī </strong>(en japonés 鳥居) es un arco tradicional japonés que suele encontrarse a la entrada de los santuarios Shinto (Jinja), marcando la frontera entre el espacio profano y el sagrado. Consisten de dos columnas sobre las que se sustentan dos travesaños paralelos, frecuentemente coloreados de tonalidades rojas o bermellonas. Algunos poseen tablas escritas montadas entre las barras horizontales. Tradicionalmente, los torī eran de madera o piedra, pero recientemente se han comenzado a hacer en acero o acero inoxidable.</p>
<p>Los templos del dios <strong>Inari </strong>poseen normalmente, además del torii de acceso, muchos otros, erigidos uno detrás de otro, formando pasadizos a veces muy largos. Una persona que ha tenido éxito en los negocios a menudo dona un torī como muestra de gratitud. El templo de Fushimi Inari, en Kioto tiene miles de estos arcos.</p>
</div>
<p>Ahora, una imagen desde la Segunda Guerra (Nagasaki tras la bomba), que desgraciadamente nos resulta muy familiar:</p>
<p><img class="aligncenter size-full wp-image-1845" title="torii_nagasaki" src="http://www.odiseajung.com/images_blog/2011/06/torii_nagasaki.jpg" alt="" width="400" height="260" /></p>
<p><span id="more-1844"></span>Y dos imágenes desde un Japón arrasado por el tsunami del 11 de marzo:</p>
<p><img class="aligncenter size-full wp-image-1846" title="torii_tsunami" src="http://www.odiseajung.com/images_blog/2011/06/torii_tsunami.jpg" alt="" width="400" height="183" /></p>
<p><img class="aligncenter size-full wp-image-1848" title="torii_tsunami_miyagi" src="http://www.odiseajung.com/images_blog/2011/06/torii_tsunami_miyagi.jpg" alt="" width="400" height="266" /></p>
<p>Parece un pasatiempo de &#8220;señala las diferencias&#8221; de gusto tétrico, sí. Aparte de que esta comparativa nos remita a lo que ya compartí en <a href="http://www.odiseajung.com/blog-jung-odisea/2011/03/uranian-insights/" target="_blank">esta entrada</a> hablando de las sutiles relaciones arquetípicas entre la bomba nuclear y el terremoto, entre la radiactividad y Plutón, aquí lo que destaca es la imponente figura impertérrita del torii, que se eleva hacia el mundo de los dioses sobre los escombros, como el loto crece hacia el cielo a partir del fango, como la eternidad de los arquetipos se sobrepone a la fragilidad y eventualidad del mundo temporal.</p>
<p>De un modo igualmente incomprensible a como cayeron las Torres Gemelas, símbolo del espíritu de nuestra época (como fulminadas por el mismísimo rayo de Zeus, y no sólo por la asesina voluntad de un terrorista), aquel 11S, ese torii de Nagasaki se mantuvo en pie después de la explosión nuclear del 9A (1945), y también esos otros torii el pasado 11M, uno en Miyagi y otro no sé bien dónde.</p>
<p>A través del horror la Naturaleza y su habilidad sincronísitica parecen empeñadas en crear una <em>sui generis</em> forma de arte, unas tan sublimes como monstruosas y grotescas <em>performances</em>&#8230;</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.odiseajung.com/blog-jung-odisea/2011/06/imagenes-de-la-eternidad/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>6</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Breve tipología femenina &#8211; 1: Diana Cazadora</title>
		<link>http://www.odiseajung.com/blog-jung-odisea/2011/05/breve-tipologia-femenina-1-diana-cazadora/</link>
		<comments>http://www.odiseajung.com/blog-jung-odisea/2011/05/breve-tipologia-femenina-1-diana-cazadora/#comments</comments>
		<pubDate>Mon, 30 May 2011 16:36:37 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Raúl Ortega</dc:creator>
				<category><![CDATA[Editoriales]]></category>
		<category><![CDATA[arquetipos]]></category>
		<category><![CDATA[Artemisa]]></category>
		<category><![CDATA[Diana]]></category>
		<category><![CDATA[estereotipos]]></category>
		<category><![CDATA[tipología]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.odiseajung.com/blog-jung-odisea/?p=1822</guid>
		<description><![CDATA[Voy a ir transcribiendo en el blog los seis modelos de personalidad femenina que describí en el cuaderno "Diosas de ayer, mujeres de hoy". Un encargo cuya distribución se limitó exclusivamente a Argentina.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Voy a ir transcribiendo en el blog los seis modelos de personalidad femenina que describí en el cuaderno &#8220;<a href="http://www.odiseajung.com/libros/promocion.php#diosas_de_ayer" target="_blank">Diosas de ayer, mujeres de hoy</a>&#8220;. Un encargo cuya distribución se limitó exclusivamente a Argentina.</p>
<p>&#8220;No están todas las que son, pero son todas las que están&#8221;, diré comenzando la introducción. Me vi obligado a seguir el guión encomendado y se me propusieron sólo seis tipos. Otros trabajos mejor planteados y exhaustivos requerirían estructuras más extensas y complejas, contemplando más modelos y clasificaciones supraordinadas y subordinadas a las ofrecidas. Con todo, las escuetas seis diosas-tipo trabajadas aquí son, en efecto, bastante representativas.</p>
<p>La encomienda estaba referida, en principio, a los trazos básicos con que la analista junguiana <a rel="nofollow" href="http://es.wikipedia.org/wiki/Jean_Shinoda_Bolen" target="_blank">Jean Shinosa Bolen</a> vertebró su archifamoso libro &#8220;<a rel="nofollow" href="http://www.casadellibro.com/libro-las-diosas-de-cada-mujer-una-nueva-psicologia-femenina-/216181/2900000216404" target="_blank">Las diosas de cada mujer</a>&#8220;, obra no carente, desde luego, de brillantez y clarividencia, pero yo me propuse el reto de obviar completamente ese y otros trabajos relacionados y aportar en exclusiva lo que serían mis propias intelecciones al respecto, basadas únicamente en mis investigaciones y experiencias. Así, los desarrollos que voy a exponer aquí tienen que ser tomados como lo que son: un trabajo bajo mi absoluta responsabilidad.</p>
<p><span id="more-1822"></span>Hay que avisar: no debemos confundir <em>tipo </em>con <em>arquetipo</em>, aunque sea algo que se haga, por ignorancia o comodidad, todo el tiempo. Sería casi lo mismo que confundir <em>complejo </em>con <em>arquetipo</em>. De un tipo podemos decir en propiedad que se trata de una constelación o mixtura de libido, de energía arquetípica, determinada, que forma unas estructuras de conciencia con un perfil diferenciable y que tienden a repetirse, desde el dibujo general hasta a veces el detalle, con suficiente universalidad. Con tipo tenemos que tener claro que estamos reduciéndonos a lo humano y personal. Arquetipo, sin embargo, siempre nos acaba trasladando a la esfera transpersonal e incluso <em>sobrenatural</em>, el mundo de los <em>dioses</em>. Algo en última instancia más allá de nuestras biografías, nuestras conductas, nuestros ritos, nuestro arte sagrado y nuestros mitos. Algo que barrunta sólo nuestro más profundo pensar cuando reflexiona sobre nuestras más profundas experiencias, personales y/o colectivas, y algo que se abre paso hacia nosotros a través de nuestros más profundos sueños y visiones. Un mundo bastante abstraído, diremos, de lo meramente humano. Tentativamente podríamos decir que son tierra, aire, agua y fuego, esas cuatro (pre)formas en que somos capaces de captar eso que podríamos llamar la <em>libido arquetípica cosmogónica</em>, los <em>pilares de la creación</em>, los componentes alquímicos esenciales que en su concreción hacia el mundo y lo humano, mezclándose en diferentes y determinadas proporciones y órdenes, se convierten en los responsables de todas esas certeras tipologías dentro de las cuales se encuentran el MBTI, el zodíaco y ésta que usamos hoy aquí de tipos-diosas.</p>
<p>El astrólogo tiene muy clara la diferencia entre los planetas (el plano arquetípico) y los caracteres (el plano humano), pero el tipólogo junguiano no se preocupa de diferenciar cuánto hay entre los rasgos atribuidos a las diosas mitológicas de mera proyección desde la caracterología humana (en un lanzar al cielo de nuevo lo que ya había bajado de él) y cuánto hay de verdadera cualidad arquetípica. En Artemisa, por ejemplo, Luna y Madre Naturaleza son claras alusiones arquetípicas, pero toda la descripción de carácter y buena parte de la corte de atributos que nos vierte su mito parecen más bien esas concepciones hipostasiadas desde lo humano a que acabo de aludir. No preocuparse de reflexionar sobre estas distinciones es grave ignorancia. Sin embargo, como tenemos claro que todo tipo humano, por definición, es el heredar en un mundo inferior la cualidad arquetípica de ser forma, patrón, que se repite universalmente, explicitando formas a su vez típicas de constelarse en lo humano lo arquetípico, podemos relajarnos hasta cierto punto en la comodidad de hablar de diosas como si fueran tipos psicologicos.</p>
<p>Estas disquisiciones parecen complicadas, pero no tanto si explico que aquello que trato de señalar es la necesidad de tener siempre presente que no es lo mismo arquetipo que estereotipo. Sólo de este modo podemos verdaderamente comprender, por ejemplo, por qué se escribió un libro como &#8220;Las diosas de cada mujer&#8221; en una época, digamos, <em>post-junguiana</em>, cuando desde el primer momento la Psicología analítica asumió la evidencia de que existía una correlación entre las diosas y dioses mitológicos (especialmente griegos) y el carácter. Haría falta olvidarse de esta distinción, olvidarse, por ejemplo, de que Jung y los primeros junguianos se constreñían prudentemente a hablar de muy pocos contenidos como verdaderos arquetipos (anima, animus, Self&#8230;), y llegar hasta un Hillman, para empezar a hablar con excesiva ligereza de cualquier dios mítico como legítimo componente arquetípico de lo Inconsciente Colectivo. Eso es confundir arte con realidad, símbolo con significado. Por más llenos de vida, literalmente, que parezcan estar ciertos símbolos, ciertos mitos (hasta el punto de parecer encarnarse como biografías). Los sueños, sin ir más lejos, que jamás debemos olvidar son serio criterio de autoridad a la hora de estudiar qué es lo que realmente esconde lo inconsciente, tenemos que recordar que están tan llenos de imágenes primigenias, símbolos esotéricos y criaturas mágicas como exentos de dioses míticos en sus clásicas y exotéricas formas. Y si aparecen, ellos o sus atributos, lo hacen, de todos modos, para aludir a algo que está más allá, detrás. Que es exactamente igual a la función que siempre tuvieron ahí afuera, como parte de las liturgias colectivas. Es más, hasta donde sabemos, ¡así ocurría también en el mundo onírico de los mismísimos griegos!</p>
<p>No distinguir mito de arquetipo es un craso error, un interpretar sueños con sueños. Una afrenta a nuestra más preciada herramienta en pos de la verdad: la hermenéutica. No distinguir tipo de arquetipo, lo mismo.</p>
<p>Dicho esto, aviso también que he añadido en las fichas ciertos pensamientos nuevos por aquí y por allá que no aparecen en la publicación original, sin extenderme nunca tanto que pierdan su inicial carácter de esbozo, de denso y comprimido esquema, y pasamos ya al material:</p>
<div style="background: #E9E9E1;">
<h2 style="text-align: center;">I.- Artemisa</h2>
<p><img class="aligncenter size-full wp-image-1823" title="a_d_v_diana_cazadora" src="http://www.odiseajung.com/images_blog/2011/05/a_d_v_diana_cazadora.jpg" alt="" width="400" height="313" /></p>
<p>Con sólo echar una mirada a los atributos que la mitología ha otorgado tradicionalmente a Artemisa podemos entender cuál es la clave del carácter al que se refiere. La Luna, que rige el tiempo de los sueños, y los bosques, nos remiten instantáneamente al nocturno, salvaje e indómito Inconsciente, y el arco y los perros a la facultad que convenimos en llamar intuición, tan conspicua en las mujeres nacidas bajo el patrocinio de esta diosa, que las mantiene en un estrecho y permanente contacto con ese ecosistema natural agazapado detrás de la urbana conciencia. La flecha proyecta la interacción del sujeto hacia cosas que están muy lejos del alcance inmediato de su mano, y el perro husmea para el dueño datos que para él son inaccesibles de modo directo. Todo esto son bellas metáforas de la captación intuitiva. La mujer Artemisa siempre está <em>cazando </em>información para orientar sus elecciones y sus metas a través de la corazonada, la clarividencia, la precognición y&#8230; el viaje. “Lo esencial es invisible a los ojos”, decía el Principito, y ella así asume también la realidad. Igual que el pequeño aviador, tiene siempre algo de aniñado e inocente, resistiéndose con uñas y dientes a renunciar al mundo mágico y promisorio de la infancia a favor de la prosaica, pragmática y resignada madurez. Esto conforma la mitad de las razones por las que esta mujer tiende a la soltería y, no pocas veces, en efecto, a la frugalidad sexual e incluso literalmente a la castidad: se trata de mantener un compromiso ideal con la pureza original del alma, a la que sólo se le permite hasta un límite la encarnación, la implicación en lo mundano, a partir del cual esto se siente como suciedad involutiva y angostura vital. Trata de evitar caer en lo sensorial mientras pueda sostenerse en lo <em>extrasensorial</em>. No es la fuente de los deseos y el impulso sexual ese inconsciente con el que está en contacto Artemisa, y al que se debe. Es la fuente de la creatividad, las grandes ideas, el arte, lo auténticamente natural y, sobre todo, lo sobrenatural, es la fuente de la información trascendental, el lugar al que ella se siente comprometida. Está involucrada de tal modo con estas cosas tan etéreas que podríamos decir que toda mujer profundamente Artemisa es una auténtica sacerdotisa, espontánea y natural. Tan vigorosamente creativa y competitiva que sólo siente como destino apropiado alcanzar el liderazgo del templo (para irritación de sus jefes, mientras ella ocupe una posición laboral subordinada, cuando el templo es, por ejemplo, una clínica de medicina holística, una empresa de dietética naturista o un programa en la radio de parapsicología).</p>
<p>La otra mitad de los argumentos que justifican su &#8220;celibato&#8221; procede desde la misma esencia de la intuición, que, en contra de lo que suele creerse, no es femenina, sino andrógina, y dota a la personalidad que se sostiene en ella de una fuerte constelación unisex. Lógicamente, donde ya se vive y se piensa como hombre y mujer a la vez se echa menos en falta complementarse en pareja. Artemisa es una feminista genuina, que nunca entendió que tuviera que elegir entre una falda rosa o un pantalón vaquero azul. Prefiere mantenerse en una soltería insobornable e insumisa que acatar el rol pasivo al que lo femenino puro y la cultura la empujan dentro de una relación. Así, el amor personal se convierte con mucha facilidad en universal, y pasa a ser expresado, por ejemplo, en un contexto tan apropiado para ella como es una ONG o un proyecto ecologista. Pero la renuncia a la pareja es concomitante con otro desestimiento a veces aún más problemático: la  maternidad. Nuestra cultura no tiene dificultades en asimilar lo femenino a lo virginal, pero segregarlo de lo maternal es otra cosa. El símbolo cristiano tiende un puente milagroso entre ambos, la Virgen Madre, tratando de superar así el conflicto. En el mito griego la paradoja se expone sin bálsamo, y Artemisa es tan regenta de la independencia virginal como de la fertilidad y los partos. Lo que ocurre es que la Luna que ella representa es la llena, como faro en la oscuridad, sabiduría sobre cosas ocultas, iluminación mistérica, pero la Luna llena es también simbólicamente desde siempre, en efecto, una representación de la fertilidad y el embarazo. El mito se vuelve aquí indiferenciado, ambiguo. La  mujer Artemisa tiene que resolver este dilema en su vida individualmente, con poca ayuda y guía desde él, apoyada directamente en su interior.</p>
<hr />
<p>Nota:</p>
<p><img class="alignleft size-full wp-image-1824" title="a_d_v_diana_cazadora2" src="http://www.odiseajung.com/images_blog/2011/05/a_d_v_diana_cazadora2.jpg" alt="" width="164" height="200" /><span style="font-size: 0.8em;">Agradecemos efusivamente a <strong>A.D.V</strong> que haya cedido su imagen para ilustrar esta ficha que será publicada precisamente el día de su cumpleaños (¡felicidades!). No hay aquí trampa ni cartón: es arquera homologada y trabaja en un espectáculo itinerante de ambientación medieval. Actualmente es responsable de un programa en la televisión local sobre temática paranormal. Entre sus aficiones más queridas está el realizar actividades que la involucren con lo más salvaje de la naturaleza.</span></p>
<p><span style="font-size: 0.9em;">Recordemos una vez más: </span></p>
<p><em><span style="font-size: 0.9em;">&#8220;La última encarnación de Edipo, el continuado idilio de la Bella y la Bestia, estaban esta tarde en la esquina de la calle 42 con la Quinta Avenida, esperando a que cambiara el semáforo&#8221;</span></em></p>
<p><span style="font-size: 0.9em;"><strong>Joseph Cambell</strong> &#8211; <em>El héroe de las mil caras</em>.<br />
</span></p>
<p>&nbsp;</p>
</div>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.odiseajung.com/blog-jung-odisea/2011/05/breve-tipologia-femenina-1-diana-cazadora/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>3</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Spanish Revolution</title>
		<link>http://www.odiseajung.com/blog-jung-odisea/2011/05/spanish-revolution/</link>
		<comments>http://www.odiseajung.com/blog-jung-odisea/2011/05/spanish-revolution/#comments</comments>
		<pubDate>Sun, 22 May 2011 18:24:09 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Raúl Ortega</dc:creator>
				<category><![CDATA[Editoriales]]></category>
		<category><![CDATA[Historia y Mito]]></category>
		<category><![CDATA[Noticias]]></category>
		<category><![CDATA[indignados]]></category>
		<category><![CDATA[revolución española]]></category>
		<category><![CDATA[Stéphane Hessel]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.odiseajung.com/blog-jung-odisea/?p=1808</guid>
		<description><![CDATA[Los jóvenes convocados en las plazas de tantas ciudades importantes estos días reivindican que se trata de un movimiento que nace del pueblo, para el pueblo, regocijándose en el concepto de esa pretendida entidad unificada]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Sólo unas breves notas a razón de los no poco interesantes acontecimientos acaecidos en mi país alrededor de las actuales elecciones municipales/autonómicas.</p>
<p>Los jóvenes convocados en las plazas de tantas ciudades importantes estos días reivindican que se trata de un movimiento que nace del pueblo, para el pueblo, regocijándose en el concepto de esa pretendida entidad unificada, con personalidad e identidad propias, &#8220;el pueblo&#8221;, sobre la que se han construido tantos y tantos eslóganes desde la Ilustración hasta ahora. Gustan presentarse, por tanto, &#8220;descabezados&#8221;, sin líderes punteros. Una pura masa inteligente y actuante. El ideal de la democracia: pueblo no es una gaseosa abstracción que mal reúne dentro de sí un avispero de posturas segregadas, miles de colores dispersos y posiciones en enconado enfrentamiento hacia multitud de direcciones, sino un ente con una sola personalidad, que, además, <em>per se</em>, es inteligente y virtuoso. Con un destino y sentido claros. Por supuesto, esto es falso. Siempre y también en este caso. No hay grupo, por pequeño que sea, que logre ponerse mínimamente de acuerdo si no es en torno a un líder, que catalice hacia la convergencia deseos, inteligencias y voluntades. Mucho se habla estos días de los cabecillas detrás de estas revueltas, tirando de los hilos desde las plazas a los convocantes inmediatos. Pero si seguimos los hilos principales, estos nos llevan hacia un solo cerebro, que vive en Francia (como al espíritu de nuestra época tanto le viene gustando, desde Descartes): <a rel="nofollow" href="http://es.wikipedia.org/wiki/St%C3%A9phane_Hessel" target="_blank">Stéphane Hessel</a>. De ascendencia alemana, no le falta entonces nada para tener todos los atributos esenciales de un pensamiento contemporáneo influyente. Es un auténtico rey, un auténtico líder. Su libro/panfleto, &#8220;<strong>¡Indignaos!</strong>&#8220;, es la mecha que ha inspirado a millones de almas en su país y que ha encendido a miles en España.</p>
<p><span id="more-1808"></span>Considero de alto interés analizar este proceso para entender de modo muy gráfico y directo cómo funciona la psicología de masas, cómo influye el filósofo en su sociedad, cómo funciona la política, el poder y la democracia. Y cómo se dan, por tanto, los tránsitos históricos. España, Zapatero lo dijo bien, es &#8220;un excelente lugar ahora mismo para experimentos sociológicos&#8221;.</p>
<p>De los impulsos primarios todos somos cómplices. Por sexo, dinero, poder, nos movilizamos todos. Por pan y circo, nos hacemos fácilmente camaradas unos de otros. Basta que la gente encuentre un referente en un pensador que le resulte inteligente y que prometa pan y circo para todos, y ya está armada la revolución. No hace falta pensar mucho. Sólo que parezca que el líder ha pensado lo suficiente. Lo más importante, por supuesto, es la promesa del &#8220;yo os proveeré, hijos míos&#8221; que el líder, o su ideología, hace a todos los correligionarios. La utopía banal, primaria, basada en las satisfacciones instintivas  (triste reflejo de los paraísos míticos), elegantemente argumentada, rápidamente se carga en muchos de anhelos más poéticos e idealistas. Rapidamente empiezan las proyecciones espirituales. El hambre, el arte y el amor forman una bola indiferenciada. Y aparecen los bellos eslóganes. Y cantan a coro el que busca trabajo y el que busca sus sueños, perdido en una vida que, aún con pan y circo, le resulta ya vana. En las plazas españolas a todos los amalgama un común: la crisis económica. Pero sobre eso, y al lado de eso, se sobreponen anhelos muy diferentes. La pérdida del sentido vital, y su búsqueda desesperada, en sus tornasoladas variantes individuales, bien se palpa. Pero envueltos en la masa es muy difícil diferenciarse unos de otros. Diferenciar unos deseos de otros.</p>
<p>Por otro lado, es sello de nuestro tiempo el exceso de información, la sobredosis de ideologías y argumentaciones, que se enfrentan unas a otras, la verdad fatalmente relativizada. La crisis económica amalgama a todos los indignados, pero es muy difícil en este punto de la Historia convocar una masa realmente homogénea que crea a pie juntillas en las mismas explicaciones y soluciones. Los mitos del sentido tienen hoy trabajo extra a la hora de convencer a la gente, y el héroe unificador tiene su tarea más complicada que nunca. Stéphane Hessel ha logrado movilizar a muchos bajo la égida de la común indignación, pero cuando se le pregunta a cada convocado por separado qué es lo que real y concretamente pide, ni mucho menos todos responden con las mismas consignas que el francés. En otro tiempo los héroes conseguían una voz más en común y salidas más multitudinarias. Hoy se sabe menos que nunca hacia dónde va todo esto. Al mundo me refiero.</p>
<p>Si lo que une se impone a lo que separa, si el ímpetu gana a las dudas, si la psicología de masas hace su efecto, el ambiente se carga de esa mezcla de instintividad e idealismo tan poderosa que todo se vuelve tan mágico que ni siquiera la sangre lo empaña. Todo se impregna de religiosidad mal disimulada. El sacrificio humano ronda. La guillotina aguarda.</p>
<p>Puro espíritu de nuestra época.</p>
<p><strong>Los Illuminati</strong></p>
<p>Así es: un sólo hombre se convierte en héroe, (se) crea una secta, y (se) cambia la Historia. Un <em>Illuminati</em>. Sus seguidores internalizan tanto el mensaje que lo sienten suyo. Hablan del poder del pueblo, de la gente, y se olvidan rápido de que todo es una estructura piramidal perfectamente organizada. Es un arquetipo eterno.</p>
<p>Es así, y bien que así sea. Lo que no está bien es que el héroe sea un mediocre. Que sus argumentos sean falaces. Malas copias de brillantes ideas e imágenes primigenias sobre el orden del mundo y el sentido de la vida. Es muy peligroso. La libido puede tomar tantas formas que la gente puede amar y matar cualquier cosa.</p>
<p><strong>El rey y la democracia</strong></p>
<p>Unos rápidos apuntes políticos, a modo de flashes: </p>
<p>La monarquía se convierte en democracia y, algo más allá, en las estructuras sociales izquierdistas, exactamente como reflejo social de lo que sucede en el espíritu en el tránsito del Mito al Logos. Los reyes pierden la cabeza cuando los dioses mueren. Los antiguos construían pirámides porque para ellos el cosmos irradia desde un punto álgido, el creador, hacia la extensa creación, porque la sociedad se congrega alrededor del rey, y porque cada individuo congrega sus <em>yoes </em>alrededor del Self. En el tránsito del Mito al Logos la pirámide se trunca. El poder, el valor, recae hacia la base. &#8220;El pueblo&#8221;. El hombre. Pero el arquetipo piramidal se resiste. Por eso el socialismo se convierte de nuevo en un potente totalitarismo faraónico, tan lleno de idolatría como la que sostenía el griego por sus héroes y dioses olímpicos. Por eso la democracia acaba reconduciendo a la partitocracia. En los monopolios partidistas, el horror ante el que se indignan todos los del 15M, se esconde sin embargo una potencia arquetípica contra la que no es razonable luchar: el regresar al Uno. La reconstrucción de la pirámide mítica original. Las democracias acaban convertidas todas en un bipartidismo porque es la escisión menor que puede darse, el 2, en la tendencia de regreso al 1. Detrás de la sombra horrorosa de ese hambre de poder de los partidos en su desbocado camino hacia el control de todo, late sin embargo la necesidad esencial de toda sociedad de unificarse lo más posible. La diversificación, la pluralización de la sociedad, detrás de su aparentemente solidaria, tolerante y simpática fachada esconde justamente lo contrario: una desintegración que demuestra que la gente no está para nada de acuerdo una con otra. Que la gente no quiere con-vivir. Porque cada grupo entiende la vida de una forma diferente. Frente a una sociedad así, un gobierno, queriendo satisfacer a todos, no satisface a nadie. Como todo político sabe, sin la connivencia de una ingente masa de ciudadanos, no se puede gobernar.</p>
<p>Donde hay que colocar el acento de la verdadera pluralidad y autodeterminación es en el individuo. No en el parlamento. El auténtico pulso de poder es entre individuo y sociedad, entre individuo y Estado. Nadie representará mejor tus intereses que tú mismo. Nadie hará por ti nada mejor de lo que lo harías tú. Lo que necesitamos es que nos dejen ser nosotros mismos.</p>
<p>Buscar desesperadamente el consenso, lo común, en nuestras dominantes sociales, unificarnos lo máximo posible, es la clave de la Igualdad y la Fraternidad. Que se nos permita ser nosotros mismos, con las mínimas cortapisas, en todo lo que somos que en nada nos asemeja al vecino, la clave de la Libertad.</p>
<p>El sistema democrático que deberíamos buscar es uno en el que la pirámide y la anarquía se amen, a pesar de que se odien, en su máxima intensidad.</p>
<p>Y a todos esos idiotas peligrosos que llevan siglos tratando de convencernos de que algo o alguien nos devolverá al regalado paraíso original a base de recitar derechos humanos, y de decretar más leyes, y más y más, que la jueza de la vida se pasa constantemente por el bello arco del triunfo de París, decirles primero que no hay regalo más grande que la oportunidad de vivir en toda su intensidad la gran aventura del propio destino, asumiendo toda la responsabilidad. Y, luego, que les corten la cabeza&#8230;</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.odiseajung.com/blog-jung-odisea/2011/05/spanish-revolution/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>5</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Las hijas de la Luna. O de las pesadillas de Giegerich</title>
		<link>http://www.odiseajung.com/blog-jung-odisea/2011/05/las-hijas-de-la-luna-o-de-las-pesadillas-de-giegerich/</link>
		<comments>http://www.odiseajung.com/blog-jung-odisea/2011/05/las-hijas-de-la-luna-o-de-las-pesadillas-de-giegerich/#comments</comments>
		<pubDate>Fri, 20 May 2011 12:20:31 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Raúl Ortega</dc:creator>
				<category><![CDATA[Editoriales]]></category>
		<category><![CDATA[animus]]></category>
		<category><![CDATA[iniciación]]></category>
		<category><![CDATA[Marion Woodman]]></category>
		<category><![CDATA[Perséfone]]></category>
		<category><![CDATA[Plutón]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.odiseajung.com/blog-jung-odisea/?p=1792</guid>
		<description><![CDATA[Cuando aquella chica entró por primera vez en nuestra coqueta librería esotérica, a la sazón sita en los aledaños de la Plaza de la Alfalfa de Sevilla, me llamó poderosamente la atención que su interés la dirigiera a hojear]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Cuando aquella chica entró por primera vez en nuestra coqueta librería esotérica, a la sazón sita en los aledaños de la Plaza de la Alfalfa de Sevilla, me llamó poderosamente la atención que su interés la dirigiera a hojear, saltando graciosamente de uno a otro (como siguiendo un hilo mágico), justo los libros que yo consideraba más interesantes e intensos de la colección que ofrecíamos al público. Era muy joven, no más de veinte años, lo cual le prestaba a su buen gusto más valor. Rápidamente se hizo asidua del establecimiento, y acabamos avanzando una incipiente amistad. Compartida con su novio, otra persona con excelentes dotes intuitivas, espirituales. De más o menos la misma edad. Ambos procedentes de los estratos más modestos de la sociedad (él era gitano), resultaban por ello redobladamente conspicuas sus capacidades, sus finas sensibilidad e inteligencia, y su férreo compromiso con el camino espiritual. Me era muy reconfortante su contacto. Se me antoja decir hoy que parecían una versión especialmente joven y bella de los piadosos Filemón y Baucis. A diferencia de Fausto, yo sentía ante ellos una genuina y espontánea reverencia.</p>
<p><span id="more-1792"></span>No recuerdo si era de viernes o sábado la veraniega tarde cuando mi socia Marijose y yo regresábamos a la librería después de haber ofrecido un mediocre miniespacio en la radio sobre sueños y astrología. En el camino nos habíamos detenido a charlar en un bar, delante de sendos cafés. Una cosa llevó a otra y acabamos hablando de visitantes de dormitorio y abducciones. A los pocos minutos de entrar en nuestro negocio, Kore (la llamaremos así) atraviesa la puerta y viene a nosotros con cara descompuesta y un alertante estado de nerviosismo. Me espeta: &#8220;Necesito contarte inmediatamente lo que me acaba de suceder&#8221;. Ni nos sentamos siquiera.</p>
<p>-&#8221;Estaba en la siesta, echada en el sofá, algo me ha despertado y he visto a mi alrededor un grupo de seres luminosos. Los he identificado como extraterrestres. Han tratado de paralizarme, y yo he forcejeado con ellos&#8221;. En ese instante miro a Marijose con complicidad. Veo venir un relato que se entrelaza sin solución de continuidad con nuestra charla de merienda. Marijose, sin embargo, parece abstraída en otra cosa. Tengo la impresión de que no está escuchando a la chica a pesar de estar a menos de un metro de ella, recostada en la pared. Me desconcierto y enojo, quiero que ella sea también testigo. Tengo el impulso de avisarla, pero no quiero interrumpir a Kore, que ya va lanzada catartizando su experiencia. Pienso que quizás deba ser así, me resigno, y vuelvo a enfocar mi atención en el relato. &#8220;Mi angustia era tremenda cuando de repente se suma al conjunto de seres ultraterrenos mi propia madre. Ella, en lugar de ayudarme, me instó a quedarme tranquila y dejarme hacer. Trató de explicarme que las cosas tenían que ser así. Que la información que iba a recibir tenía que entregárseme de esa forma. Estaba desolada. ¡Mi propia madre me alentaba a dejarme violar por un pelotón de seres de pesadilla! Y así lo hicieron. Mientras me forzaban, de repente, he saltado a algo así como otra dimensión aún más allá. Era un escenario medieval. Estaba en un castillo. Yo ahí era una princesa, la hija del rey. Mi padre estaba desolado. No encontraba sucesor. Con su primera esposa me había tenido sólo a mí y hubo de casarse en segundas nupcias con la que se convirtió en mi madrastra. Esta reina sí le había dado hijos, pero todos habían muerto o desaparecido. El reino está ahora abocado a la destrucción si no aparece un varón, un príncipe, o, al menos, así lo siente mi padre. Parece que la encargada de encontrar esa necesaria sucesión soy yo. Una vez que sé esto, se congrega a mi alrededor un nutrido grupo de doncellas, las sirvientas. Todas van tocadas con espléndidos trajes azules de terciopelo. Comienzan a cantar a coro. Es la música más hermosa y perfecta que jamás oí. Imposible reproducirla ahora. Su canción me dice algo así como: &#8216;eres una princesa que fue enviada a la tierra a cumplir su misión, padeciendo los rigores de la limitada encarnación. En la tierra eres modesta, como nosotras. Una pobre sirvienta. Pero tienes que cumplir ahí abajo tu sagrada obligación&#8217;. Entonces regreso a este mundo. Los extraterrestres ya no estaban, pero el lacerante dolor en la vagina lo sigo sufriendo ahora mismo. Me levanté y he venido corriendo a toda prisa&#8221;.</p>
<p>Yo me enredé tratando de interpretarle a la chica su supino &#8220;embolado&#8221; en los términos del animus, el <em>hieros gamos</em>, la individuación, la complementación yin-yang&#8230; En fin, como me corresponde. Pero era consciente de que ella no manejaba esos conceptos. Que lo junguiano no era su mundo. Que era más intuitiva y sentimental que intelectual (precisamente de ahí partía su <em>misión</em>, su <em>queste</em>). Que de la relación de los cuentos de hadas con la psique y el destino nada podía haber sospechado. Hasta ese momento, claro. Me conformé con que ella captara que su experiencia estaba plagada de sentido y coherencia, suficiente para aliviar un poco su pánico. Y luego acordé con ella y su novio que no hablaríamos nunca más entre nosotros del asunto. Sentí que era prudente quedarme al margen de tan poderosos magmas.</p>
<p>Al poco, la librería cerró sus puertas para siempre y ésta y mucha otra brava gente que se convocaban allí desaparecieron de nuestras vidas.</p>
<p>Tengo que avisar que el relato no es &#8220;sic&#8221;. Hace de esto más de una década y, desgraciadamente, aunque siempre confié en que lo recordaría al detalle toda la vida, la vejez ha vencido a mi optimismo. Hay varios pormenores en él que ya he olvidado. Pero lo esencial sigue estando ahí. Ni siquiera recuerdo el auténtico nombre de los dos.</p>
<p>Kore es un modelo paradigmático de <em>princesita</em>, de <em>hija de la Luna</em>. Huérfana de padre y madre desde muy temprana edad, pasó a ser criada por sus tías. Su procedencia era un puro matriarcado. En mitad de una noche, en la pubertad, sintió una extraña necesidad de asomarse al balcón y en ese justo momento vio pasar un OVNI por el cielo de la ciudad. Ella me contaba que desde ese instante algo se despertó en su interior y empezó a desarrollar dotes parapsicológicas: videncia, precognición, etc. Cuando nos conocimos ya trabajaba como tarotista. Me quedó claro que el desarrollo de su conciencia estaba nítidamente jalonado de hechos paranormales decisivos. Uno de los cuales era lo que le había ocurrido en aquella siesta.</p>
<p>Por aquel entonces yo estaba embarcado en la investigación del proceso iniciático, la individuación, femenina. Ya había descubierto que el espíritu, el principio masculino, llega hasta la mujer como violador en la noche. Es impulsivo y grosero, como el mismo falo lo es. No ocurre siempre así, por supuesto, pero las historias que incluyen un encuentro con la entidad masculina transpersonal que alberga este tipo de sadismos adquieren ante el experto un toque extra de autenticidad. Precisamente porque casi nadie tiene noticia de esta faceta del arquetipo. El rapto de Peséfone, de la Koré, es un modelo poderoso en el encuentro de la mujer con el ángel iniciador. El contenido de este mito es bastante más literal de lo que se piensa. Por cierto que Jung, otra vez, tiene razón: la sexualidad y la espiritualidad en el hombre se escinden y antagonizan de un modo que en la mujer no lo hacen. Valorar si esto es un síntoma de avanzada unión de opuestos o de precaria indiferenciación lo dejo ahora al arbitrio de los lectores.</p>
<p>Todos aquellos de ustedes que hayan visto la película &#8220;El laberinto del fauno&#8221; comprenderán que, cuando lo hice yo, lo primero que me viniera a la cabeza fuera que aquella chica y su guionista y director, Guillermo del Toro, se habían conocido en algún lugar de México o España. Pero no. Claro que no es necesario. Estas coincidencias extremas son la patente demostración de lo que significan la universalidad, la impersonalidad, la transpersonalidad, de lo arquetípico. Guillermo del Toro ha desvelado en bastantes ocasiones que él mismo es un <em>principito</em>, cargado de encuentros fantasmagóricos con las realidades del más allá (de él y del mundo sensorial) desde la cuna. Las piezas perfectamente encajan.</p>
<p>No entiendo como a día de hoy hay psicólogos que pretendan hacer psicología junguiana, transpersonal, obviando todo este material &#8220;subjetivo&#8221;. El acceso al plano objetivo arquetípico es a través del individuo, de lo íntimo, de lo personal, de lo que llamamos <em>interior</em>. No podemos colegir estas realidades, ni hallar sus verdadera esencia y sustancia, razonando meramente sobre lo que ocurre ahí afuera, en el mundo externo, lo social. La filosofía racionalista no puede imaginarse que sucedan estos fenómenos. No son colegibles desde nada de lo que transcurre ahí afuera, en lo público. La Ciencia no tiene método para trabajar con algo que es imposible de probar, como la existencia de los sueños. Pero ellos son reales, no pueden reducirse a meras fantasías vanas y absurdas y no son un epifenómeno de la actividad cerebral. Y eso bien lo sabe el soñador.</p>
<p>La razón no trabaja en vacío. Ningún programa informático puede elaborar nada si no cuenta con datos. Si la razón trabaja con mínimos datos, con mínimos fenómenos, comienza a hacer meras tautologías, atrapada en sí misma como un motor que acelera en punto muerto. Las argumentaciones se transforman rápidamente en autojustificaciones. Sin los fenómenos que vive la intuición, en espacios privados, tan sólidos y reales, si no más, como los que vive la sensación en campo abierto, la razón está absolutamente incapacitada para pretender alcanzar ninguna, ni siquiera mediocre, verdad. Si cerramos el <em>spiraculum aeternitatis</em>, la ventana a la eternidad, que sólo se abre a través de la experiencia individual, difícilmente compartible (pero no imposible, claro, merced precisamente a su universalidad, su objetividad), la psique, en efecto, pierde verticalidad. Pierde altura y profundidad, y sólo le queda el horizonte llano, la <em>res extensa</em>, hacia el que <em>extenderse</em>. Pero no porque no tenga esas dimensiones. Sencillamente, porque se las hemos amputado artificialmente.</p>
<p> Sin embargo, una junguiana de la &#8220;vieja escuela&#8221;, Marion Woodman, no cayó en estos errores cuando escribió su libro &#8220;<a rel="nofollow" href="http://www.edicionesluciernaga.com/es/llibre/los-frutos-de-la-virginidad_10276.html" target="_blank">Los frutos de la virginidad</a>&#8220;. En él incluyó valientemente otra de estas trascendentes y decisivas historias de lo personal/transpersonal, lo cual convierte a esta obra, a mi parecer (y al de muchos otros), en una de las más importantes de la bibliografía junguiana de todos los tiempos. En este relato se reconocen motivos esenciales que igualmente están presentes en el anterior, como no podría ser de otro modo, tratándose de vivencias tan marcadas por el arquetipo.</p>
<p>Que no nos intenten vender gato por liebre: la filosofía junguiana, el pensamiento transpersonal, se teje meditando alrededor de estas experiencias personales/transpersonales. Sin esto todo es pura paja. Sin &#8220;Libro Rojo&#8221;, sin diario íntimo, no hay mucho que decir de relevancia. No hay título, academia ni estudio intelectual que pueda sustitutir la experiencia primigenia. Al contrario: con sólo eso todo se pierde, se diluye y se tergiversa. Que hablen del amor sólo los amantes, y de la Luna sólo sus privilegiadas hijas:</p>
<div style="background: #E9E9E1;">
<p style="text-align: center;">Capítulo 7<br />
<strong>AMADO ENEMIGO: UNA INICIACIÓN MODERNA</strong></p>
<p style="text-align: right;">&#8230;provéete por dentro y no enriquezcas más el exterior.<br />
Así te nutrirás de la Muerte, que se nutre de los hombres,<br />
y la Muerte, una vez muerto, hará luego inmortal a tu ser.</p>
<p style="text-align: right;"><strong>William Shakespeare</strong>, Soneto 146</p>
<p>Lo que me llevó a la India y el motivo que tuve para ir son dos cosas muy distintas. Sin duda, me sentía atraída por una imagen romántica del Oriente, el Taj Mahal a la luz de la luna, los palacios de marfil, los hombres santos. Sin duda, Un viaje a la India de E. M. Foster me despertó curiosidad. ¿Qué le sucedió a Adela Queste en las grutas? ¿La violaron o estaba loca? ¿Qué misterio encerraba su relato? Sí, fui a la India y vi los palacios y vi a los hombres santos, y logré responder algunas de mis preguntas. Pero he demorado dieciséis años en descubrir por qué fui.</p>
<p>Ahora cuento esta historia porque no es sólo una historia personal. Es la historia de un rito moderno de iniciación en lo femenino. Es la historia de una joven inconsciente que nunca había celebrado un rito de pubertad, porque en su mundo no se conocían esos ritos. Como muchas otras jóvenes parecidas a ella, nunca había dejado de estar protegida por la «madre sociedad»; nunca se había instalado en su propio cuerpo; nunca había reconocido que formara parte del cosmos. Tampoco se le había ocurrido nunca que Dios pudiera tener un complemento femenino, que diera sentido a su vida como mujer entre otras mujeres y que, a la vez, la pusiera en contacto con su singular destino personal. Ésta es la historia de un nacimiento, de una muerte y de un renacimiento.</p>
<p>En esa época era una mujer que acababa de entrar en la madurez. Tenía todo lo que la clase media puede ofrecer: una hermosa casa, un buen esposo, un excelente puesto de profesora. Esperaba que mi vida siguiera sin altibajos para transformarse años más tarde en una madurez próspera y llegar a su clímax en una bien merecida y respetable vejez. No tenía razón alguna para dudar de que mi patria seguiría protegiéndome: todos los meses depositaban mi sueldo en el banco; automáticamente descontaban de ese sueldo mis contribuciones a la seguridad social y el pago de los impuestos; si se producía una emergencia, podía tomar una baja por enfermedad. Tenía todo lo que podía querer.</p>
<p>Toda la vida había tenido todo lo que podía querer. Me había encantado ser la hija de un pastor. Me gustaba ir a la iglesia los domingos con mi vestido de organdí, con mis bucles y mis cintas en su sitio. Me gustaba la agitación que había en la casa parroquial: los bautizos, las bodas, los funerales. Por las tardes, me gustaba entrar a hurtadillas en la iglesia para esperar a Dios. Escondida debajo de un banco, Lo escuché muchas veces, pero nunca pude ponerme de pie con suficiente rapidez para alcanzar a verlo frente a frente. El portero me explicó más adelante que no era Dios el que hacía esos extraños sonidos, sino que los rayos del sol hacían crujir los bancos de la iglesia. Y así, serenamente, abandoné mi fe infantil.</p>
<p>Estudié en la universidad. Me casé y pasé de la seguridad que encontraba en la casa de mi padre a la que me ofrecía mi esposo. Seguí creyendo en Dios, pero no me gustaban las cenas ordinarias que organizaban en la iglesia. Por supuesto, hubo algunos contratiempos, pero en general la vida parecía ser lo que estaba destinada a ser.</p>
<p>Entonces, una fría noche de invierno, me encontré sola en Toronto. Tenía que tomar un taxi. Levanté la mano, pero ningún taxi se detuvo. No era tan decidida como debía ser. Me había permitido llegar a depender tanto de mi esposo que ni siquiera podía conseguir un taxi. «¡Esto es ridículo! -pensé-. Soy una mujer adulta que se siente desvalida cuando está sola.» Caminando por la nieve llegué a donde tenía que ir esa noche y en el camino me di cuenta de que esos «contratiempos» en realidad habían producido murmullos de dimensiones volcánicas. En ese momento supe que tenía que descubrir quién era cuando me quedaba sin nada en que apoyarme. Sabía que iba a comprar un billete para ir a la India y tenía la esperanza de encontrar a Dios en un ashram de Pondicherry.</p>
<p>Seis meses más tarde llegué a Nueva Delhi. Sí, Dios estaba a mi lado, pero Sus ideas no coincidían con las mías. En la India, Dios resultó ser una Diosa; una Diosa que jamás hubiera imaginado que podía existir desde los estrechos confines de mi educación cristiana protestante; una Diosa que se acercó a mí no entre los protectores muros del ashram, sino en las calles repletas de pobreza, enfermedad y amor.</p>
<p>Al principio me quedé en Delhi, tratando de orientarme en un mundo absolutamente extraño. Una corta caminata consumía todo el valor que lograba reunir. El terror se convirtió en mi combustible. De todas partes asomaban manos que trataban de agarrarme: mendigos lisiados, traficantes del mercado negro que me pedían dólares norteamericanos, amantes profesionales que me aseguraban que sólo los africanos los superaban y dos pequeñísimas vagabundas que me adoptaron. Todas las mañanas, las pequeñas me esperaban a la entrada del hotel; durante todo el día caminaban agarradas a mi vestido; todas las noches tenía que volver a coserlo. Las niñas habían vivido en ese mundo más que yo. Estaban acostumbradas a todo lo que ocurría en la calle: a los hombres que se afeitaban, las mujeres que amamantaban, los niños de tres años que llevaban bebés agonizantes apoyados en las caderas. Hacia donde mirara, inmediatamente tenía que darme vuelta, avergonzada de inmiscuirme en la vida privada de alguien. En medio de mi confusión, solía besar a una vaca al pasar o pisar sus excrementos. La gente gritaba «buenas noches» por la mañana y me daba cuenta de que algo andaba mal cuando yo también respondía «buenas noches». Me sentía cada vez mas agotada, mi yo era incapaz de tomar ninguna decisión y empezaron a suceder cosas extrañas. Me daba cuenta de que mi terror activaba la muerte a mi alrededor.</p>
<p>El sexto día las niñitas no aparecieron. Salí a la calle y vi a una norteamericana. Sin saludarme, se detuvo frente a mí. «¿Estás sola?», me preguntó. Abrí la boca para decir «sí» y sentí que algo se aflojaba dentro de mi vientre. No supe qué pasó hasta que abrí los ojos en el cuarto del hotel donde vivía la norteamencana. «Tienes un shock cultural -me explicó-. Vivo aquí desde hace diez años, así que lo reconozco. Vamos a tu hotel, recoge tu equipaje y te llevo al aeropuerto. Tienes que volver a casa inmediatamente.». «No puedo -le respondí-. No podría vivir sintiendo que fracasé en esto. Tendría que regresar e intentarlo de nuevo, y tampoco puedo hacer eso». «No puedes quedarte -insistió-. Los que trabajan en el Cuerpo de Paz también sufren shocks culturales y a veces se atacan entre ellos». De todos modos me quedé. Lo que me alentó a hacerlo fue mi poema zen favorito:</p>
<p>Cabalga a lo largo del filo de la espada.<br />
Ocúltate en medio de las llamas.<br />
Los brotes del árbol de la fruta se abrirán en el fuego.<br />
El sol sale al atardecer.</p>
<p>La India fue mi fuego. Evidentemente, no lo es para todos. A cada uno de nosotros nos arrojan a nuestro propio fuego; el mío fue mi habitación en el hotel Ashoka. No tenía a quién llamar, a quién visitar, nada que hacer. Todas las salidas estaban cerradas. Tuve que adentrarme en mi silencio y descubrir quién estaba allí. Cuando miraba hacia adentro, mi imaginación se llenaba de imágenes ilusorias y pavorosas; cuando miraba hacia afuera, el balcón hervía de cuervos empapados por el monzón, que repetían «nunca más». El mundo que habitaba hasta entonces había desaparecido para siempre. Sin saber conscientemente lo que estaba sucediendo, había sacrificado mi antigua escala de valores, mi comprensión sentimental de la vida y el amor. En menos de una semana, me había visto obligada a dejar atrás mi necesidad de ejercer control. Allí no había nada que pudiera controlar. Me movía en medio de lo que parecía ser un caos absoluto, donde todo ocurría antes de que siquiera sospechara que podía suceder. Si no me dejaba llevar por lo que la vida me ofrecía a cada instante, era imposible sobrevivir. Cada instante era nuevo y me exigía una nueva respuesta. Nada servía de apoyo al mundo que había conocido. Hasta la bañera se llenaba de cucarachas cuando trataba de encontrar alivio en un baño.</p>
<p>La disentería me había debilitado tanto que recuerdo haberme caído en el suelo de azulejos. No sé cuánto tiempo estuve allí. Cuando recuperé el conocimiento, estaba en el techo; desde arriba, mi espíritu observaba a mi cuerpo cubierto de vómitos secos y excrementos. Lo vi tendido en el suelo, incapaz de moverse, y luego lo vi respirar. «¡Pobre idiota! -pensé-, ¿no te das cuenta de que estás muerto?» Mentalmente, le di un puntapié. De pronto me acordé de Duff mi pequeño terrier. «Nunca trataría a Duff así -pensé-. Jamás trataría a un perro como trato a mi propio cuerpo. ¿Qué pasaría si lo dejara aquí? ¿Lo quemarían? ¿Lo mandarían de vuelta a casa?» La inmensidad de la decisión que iba a tomar -dejar mi cuerpo en el suelo o regresar a él- me tenía paralizada; entonces comprobé que volvía a respirar. Sentí una enorme compasión por esa querida criatura tendida en el suelo que esperaba fielmente mi regreso y respiraba fielmente una y otra vez, segura de que no la iba a abandonar, con una fidelidad mucho mayor que la que yo le demostraba.</p>
<p>Siempre había odiado mi cuerpo. No era todo lo hermoso que yo hubiera querido. Ni tan delgado. Lo había obligado a esforzarse, no le había dado de comer, lo había hartado de comida, lo había maldecido, ahora incluso le daba un puntapié, pero él seguía allí, tratando de respirar, seguro de que yo iba a regresar y lo iba a llevar conmigo, sin fuerzas siquiera para morir. Lo que pasara a continuación dependía de mí. La mayor parte de mi vida había vivido fuera de mi cuerpo, con la energía desconectada de las emociones, excepto cuando bailaba. Ahora tenía que tomar una decisión; tenía que optar por entrar en mi cuerpo y vivir como un ser humano o escaparme de él en busca de lo que imaginaba que era la libertad. Lo vi volver a respirar y había algo tan infinitamente inocente y confiado, tan exquisitamente familiar en ese gesto, que decidí bajar del techo y entrar en mi cuerpo. Juntos nos arrastramos hasta la angosta cama. Me esforcé por cuidado. Casi lo escuchaba murmurar: «Descansa, espíritu agitado, descansa». Durante días y días, tal vez nueve, no salí del útero del Ashoka.</p>
<p>Había elegido con mucho cuidado los dos libros que llevé conmigo: el Nuevo Testamento y los Sonetos de Shakespeare. Esos libros y mi pasaporte eran mi material de lectura. Cuando me quedaba en cama leyendo mi pasaporte, los nudos de fuego que sentía en el pecho se desataban. En ese descenso al infierno era importante estar segura de que tenía un nombre. Más importante todavía eran las imágenes y el ritmo de la prosa y la poesía que me maravillaban. Eran un eco mío y me ayudaban a superar el miedo. Un día, mientras leía en voz alta, escuché una frase que me parecía conocida, aunque esta vez sonaba diferente: « &#8230; la Muerte, una vez muerto, hará luego inmortal a tu ser». Comprendí que mi temor a la muerte había muerto. Ya instalada en mi cuerpo, iba viviendo mi propia vida y, aunque esos días y esas noches en el Ashoka habían sido extraños, eran reales. Lo paradójico era que, después de haber descubierto mi vida, me sentía libre para perderla. Podía aceptar todo lo que el destino me deparara. Por primera vez, sentí que mi esqueleto sostenía mi carne con orgullo y, con la totalidad de mi ser, bajé las escaleras hasta el vestíbulo.</p>
<p>Me senté en el extremo de un sofá a escribir una carta. Una mujer india maciza, con un sari de bordes dorados, se acomodó en el espacio que quedaba entre mi cuerpo y el extremo del sofá. Su brazo regordete era suave y cálido. Me alejé un poco para tener dónde escribir. La mujer se arrimó a mí. Me moví nuevamente. La mujer se movió. Sonreí. Sonrió. No hablaba inglés. Cuando terminé de escribir la carta, estábamos las dos sentadas lado a lado en el otro extremo del sofá, con su cuerpo apegado al mío. Todavía tenía miedo de salir, así que al día siguiente volví a sentarme en el vestíbulo. La señora de aspecto digno apareció nuevamente y se repitió la escena del día anterior. Durante varios días se siguió repitiendo. Una manana, cuando ya me iba, se me acercó un indio.</p>
<p>«¿Se siente bien ahora?», me dijo.<br />
«¿Qué quiere decir?», le pregunté, sorprendida por su trato familiar.<br />
«Se estaba muriendo -dijo. Tenía la soledad de los moribundos. Le dije a mi mujer que se sentara a su lado, porque sabía que el calor de su cuerpo la iba a hacer revivir. Ya no es necesario que vuelva».</p>
<p>Le agradecí y también le agradecí a la mujer. Luego desaparecieron por la puerta; dos perfectos extraños que intuitivamente habían escuchado a mi alma cuando estaba tan débil que era incapaz de estirar los brazos. Su amor me había traído de regreso al mundo.</p>
<p>Después de haber hecho mío mi cuerpo y de entregarme a mi destino, experimentaba al mismo tiempo la alegría y el dolor de sentir vida en mi carne. Era como un recién nacido que trata de distinguir simultáneamente los cinco sentidos. El aroma del jazmín se confundía con el hedor de la orina; una llamarada de seda roja se confundía con las moscas en los ojos de un bebé; la dulzura de un sitar en una noche de verano se entremezclaba con los aullidos de un perro castigado, todo yuxtapuesto con texturas y sabores exóticos, extraños, insondables. Pero ya no era una víctima. Ya no me sentía atacada psíquicamente o en peligro de muerte. Participaba en la vida con el corazón abierto, cautivada por las imágenes, los sonidos y los olores de ese mundo extraordinario y paradójico.</p>
<p>Un buen día, me encuentro rebotando sobre los resortes al descubierto de un viejo taxi, mientras le aseguro al conductor indoitaliano que no he venido a la India para conocer los placeres del Kama Sutra. Vamos camino a las grutas, por lo menos eso espero&#8230; Todo me sorprende: la sonrisa enigmática del conductor, el camino estrecho, la vasta extensión de campos monótonos. De pronto, diviso a un perro con un ojo amarillo como un canario. Minutos más tarde, una vaca con cuernos color turquesa. «Estoy muy cansada», pienso. Entonces veo un elefante, más grande que el taxi, de un rosa transparente. El conductor no se inmuta. Lo único que le interesa es convencerme de que me siente a su lado.</p>
<p>«¿Ese elefante era rosado?», le pregunto por fin.<br />
«Sí», responde, como si todos los elefantes fueran de ese color.<br />
«¿Y la vaca tenía cuernos turquesa?».<br />
«Sí».<br />
«¿Yel perro tenía un ojo arnarillo?».<br />
«¡Sí! Es el cumpleaños de Krishna -me dice-. Estamos celebrando. ¿Quiere ir a la fiesta?»</p>
<p>Curiosamente también es mi cumpleaños, así que, apenas me doy cuenta, le contestó «sí» automáticamente.</p>
<p>De inmediato, sube el taxi a la cuneta y empieza a atravesar los campos, cantando sin parar, Se detiene de pronto. Inmediatamente, un grupo de hombres rodea el auto. Alguien abre la puerta y me indica con un gesto que me baje. Cuando pongo los pies en el suelo, cuatro pares de manos me quitan las sandalias, el bolso, la cámara de fotos y el cinturón. El conductor ha desaparecido. Observo los rostros impenetrables de por lo menos veinte hombres que me miran con tanta intensidad como yo a ellos.</p>
<p>He oído que todavía se hacen sacrificios humanos en la India y por un instante pienso que jamás se me había ocurrido que podía morir de esa manera. De repente, los hombres hacen una lenta reverencia y luego se enderezan; los ojos verdes se encuentran con ardientes ojos negros en silenciosa concentración. A pesar de mi inquietud, me doy cuenta de su veneración, que no es veneración por mí sino por alguien que represento. «Voy a morir, voy a morir», pienso. «Indudablemente ésta es una situación interesante. Voy a vivirla. No me voy a desmayar».</p>
<p>Me toman, me levantan por encima de sus cabezas y, entonando su cántico, me llevan hasta un altar y me depositan delicadamente sobre la tierra. Estoy segura de que me van a inmolar; estoy muerta y, al mismo tiempo, absolutamente viva, mucho más allá del temor. Esos hombres del temor. Esos hombres me transmiten una enorme energía, mezcla de amor, admiración y temor. Uno de ellos, que parece ser un sacerdote, me echa pasto en la boca mientras sigue entonando el cántico con los demás. Reza inclinado sobre mi cuerpo. Luego saca el pasto de mi boca y lo divide entre los hombres, que se lo comen como si fuera sagrado. Me levantan, me colocan en el altar y, sin dejar de entonar el cántico, bailan lentamente a mi alrededor.</p>
<p>Vulnerable y sola, infinitamente a merced de lo que vaya a suceder, sé que no es mi voluntad ni mi amor, sino la voluntad y el amor de la Diosa, que mi vida tiene un sentido infinitamente superior a lo que jamás podría haber imaginado, y que mi cuerpo delicado -con toda su fealdad y toda su belleza- es el templo a través del cual he llegado a conocerla en esta tierra. Sofía se ha acercado a mí a través de los oscuros brazos de esos extraños en ese polvoriento campo de la India. En ese instante, ese instante eterno, escucho su grandioso SOY.</p>
<p>Los hombres se inclinan con reverencia. Me lleyan fuera del lugar sagrado y me devuelven las sandalias, la cámara de fotos, el bolso y el cinturón. El conductor aparece con su sonrisa imperturbable y a saltos volvemos a atravesar los campos. Un rito de iniciación como éste puede parecer exagerado pero, mientras lo celebraban, en ningún momento dejé de sentir que estaba exactamente donde tenía que estar. Sabía que iba extinguiéndose algo que debía extinguirse para que yo pudiera vivir mi vida. Sabía que el dolor era mi dolor. No tenía la menor idea de qué significaba, pero sabía que tenía que suceder. Sabía que estaba viviendo mi destino.</p>
<p>Y ese destino se relacionaba de alguna manera con mi imagen infantil reiterada de tres vacas Hereford que aparecían cada vez que sentía miedo; eran tres animales de pelaje rizado en la cabeza, con largos cuernos y plácidos ojos castaños, que mascaban, mascaban constantemente, mirando con absoluta atención. Mientras estuvieran allí, no tenía nada que temer. En el rito de Krishna, tan poco tiempo después de haber hecho mío mi cuerpo animal, sentí que el pasto era pasto sagrado y que mi cuerpo de ordeñadora era el medio a través del cual podría expresarse el amor de la novia de Krishna. Había superado la contradicción entre lo animal y lo divino.</p>
<p>Las Hereford de pelaje rizado influyeron de una manera importantísima en mi modo de actuar en la India. Muchas veces me tropecé con una vaca en medio de una calle cuando lo irreal remecía los límites de mi realidad conocida. Como no estaba acostumbrada al contacto del cuero de una vaca ni a mirar a una vaca a los ojos, simplemente me echaba a reír. Después de un violento choque, dos mundos se habían fundido en uno solo. El análisis de los juegos que hace Victor Turner me ayudó a comprender no sólo lo que fue mi salvación en la India, sino también lo que me empujó a alcanzar un nuevo nivel de comprensión:</p>
<p>Lo lúdico es una sustancia volátil, y a veces explosivamente peligrosa, que las instituciones sociales tratan de embotellar o encerrar en la redoma de las competencias, los juegos de azar y los enfrentamientos físicos, en simulaciones como el teatro y en la desorientación controlada, que va desde las montañas rusas a las danzas de los derviches [...] El juego puede considerarse peligroso, porque es capaz de trastocar la transición regular de un hemisferio cerebral al otro, transición que es necesaria para mantener el orden social [...] Sin embargo, aunque parece girar a su antojo, la rueda del juego nos revela [...] la posibilidad de modificar nuestros objetivos y, por lo tanto, de redefinir lo que nuestra cultura considera real.</p>
<p>Tal vez ya habrán adivinado que, para mí, el juego es algo liminal o de tipo liminal [...] Con su carácter oximorón, el juego tiene una inocencia peligrosa, puesto que desconoce el miedo. Su liviandad y su agilidad lo protegen. Tiene el poder de lo débil, la audacia de lo infantil ante la fuerza. El juego es un escéptico hábil y de alas livianas, un Puck que vive entre el mundo diurno de Teseo y el mundo nocturno de Oberón, poniendo en duda las veneradas creencias de los dos hemisferios, de los dos mundos. En el juego no hay nada sagrado; el juego es irreverente y, en un mundo dominado por la lucha por el poder, su aparente inconexión y su disfraz de payaso lo protegen.</p>
<p>Por no formar parte de la cultura de la India, yo andaba disfrazada de payaso. Observaba a la India y me observaba a mí misma desde el fondo de ese disfraz. Cuando dejé de lado mis temores, conquisté el desapego, la libertad para jugar que sólo se consigue cuando se logra una absoluta concentración, una atención sin resistencia, una intensidad sin tensión. Y, como el payaso arquetipico, vivía en blanco y negro, en tragedia y comedia, reconciliando los dos extremos sin juzgar y, al mismo tiempo, trascendiendo a ambos.</p>
<p>Me gustaría poder decir que en la India pasé por las etapas de encierro, metamorfosis y emergencia y, que después de mi iniciación, volví triunfante a Canadá, como una nueva mujer, liberada de mis cadenas burguesas, libre para SER. Pero no fue eso lo que pasó. En los cuentos de hadas, lo más difícil es volver a la vida con el tesoro encontrado en el mundo subterráneo. Cuando atravesé la barrera en Amsterdam, me sentí tan devastada por el ruido que tuve que sentarme. En medio de mi asombro, al ver a una mujer con botas, pelo rubio amarillento, lápiz de labios rojo y sombra de ojos turquesa, pensé: «Debe de ir al cumpleaños de Krishna». Ese fue el comienzo de un choque que me llevó, dos años más tarde, a la consulta de un psicólogo.</p>
<p>Cada vez que lo veía, mi sabio y viejo analista irlandés, el doctor E. A. Bennet, me volvía a preguntar: «¿Por qué fue a la India?».</p>
<p>Siempre que trataba de explicarle el porqué, movía la cabeza sin decir nada. Y me daba cuenta de que mi respuesta era incorrecta. Finalmente, ya desesperada, le dije: «Doctor Bennet, usted se debe estar poniendo senil. Todas las veces que vengo me hace la misma pregunta».</p>
<p>«Y cada vez usted me da otra respuesta», contestó. A continuación, se echó atrás en su silla y me contó una historia. «Cuando era general de brigada en la India, teníamos muchos problemas con algunos solda- dos. No querían luchar. Se metían semillas en los ojos, quedaban ciegos y teníamos que mandarlos de vuelta a casa. Preferían volver ciegos a casa que luchar. Piense qué puede significar eso».</p>
<p>He pasado dieciséis años sacándome semillas de los ojos y todavía no dejo de sacármelas. Se puede necesitar toda una vida para integrar una iniciación. Y aunque la mayor parte de la iniciación quede oculta en los profundos misterios de cada individuo, parte de ella pertenece al alma universal que se esfuerza por hacerse consciente en cada uno de nosotros.</p>
<p>Lo que me hizo ir a la India fue un espejismo, pero el motivo de mi viaje era absolutamente real. Ir a la India era transportarme a mi propia India, a mi sombrío mundo subterráneo. Como las ballenas en el mar, vivimos en el único mundo que conocemos: nacimiento, copulación y muerte. A menos que las saquen violentamente del mar, las ballenas no saben que están en el mar ni qué es el mar. La India dividió mi vida en dos. Antes de ir, observaba con los ojos; cuando regresé, miraba a través de los ojos. Mi ingenua Perséfone, que había vivido protegida por la Madre Iglesia, la Madre Sociedad, la Madre Escuela, escuchó por fin la pregunta que se había destilado de sus labios: «¿Quién soy?». Atraída por una imagen romántica del Oriente, me había lanzado a una búsqueda sentimental de lo que en realidad no era más que una parodia de la Diosa Luna. En las calles de la India se produjo la inevitable violación psíquica. El suelo se abrió bajo mis pies. Lo que empezó siendo una búsqueda intelectual se convirtió inmediatamente en una búsqueda concreta cuando tuve que decir: «Sí, estoy sola».</p>
<p>La espada que la norteamericana me enterró en el corazón con la palabra sola fue la espada que asesinó a la niña dependiente y permitió el nacimiento de la mujer. Ya no podía descansarme en las imágenes que otros tenían de mí: la hija del párroco, la mujer del profesor, la profesora. Ya no podía quedarme encerrada en el marco limitado de mi deseo de ser delgada, ni seguir subiéndome todas las mañanas a una balanza para medir el éxito de mi vida según hubiera aumentado o bajado algunos gramos. No podía seguir engañándome con la idea de que la vida sería lo que yo quería que fuese con sólo cambiar este cuerpo por otro, con sólo fingir que este cuerpo no existía. Con sólo deshacerme de esa loca glotona, voraz y vehemente que andaba arrastrando por todas partes&#8230; Ese espejismo me había ayudado a no reconocer quién era en realidad y qué debía hacer con mi vida. Pero ya había desaparecido la ilusión de escapar a través de una muerte liberadora. Había desaparecido la ilusión de ser capaz de controlar mi destino. También había de- saparecido la falsa imagen de mis padres, esa imagen que había forjado cuando niña ya la que responsabilizaba de todo lo que había sucedido o había dejado de suceder. Sin mis dioses de piedra, ya era capaz de perdonar.</p>
<p>También había muerto la soñadora romántica que creaba un mundo de fantasía a través del lenguaje. Encerrada en mis pensamientos, había podido mantener el misterio de mi realidad enterrado en el cuerpo. Nunca había distinguido la mente del cuerpo y, para huir del vacío que sentía, me dedicaba a comer o no comer, confundiendo los mundos de lo metafórico y lo literal. Cuando me enfrenté a la verdadera muerte, tuve que tomar una decisión. Morir o vivir. Aceptar mi condición humana, amar el alma que había dentro de mi cuerpo e integrarme a la vida, o rechazar mi destino humano, transformarme en espíritu y morir. Por no conocer el idioma, aprendí a escuchar a los indios con el corazón, tal como estaba segura de que ellos me escuchaban. Y el silencio, ese grandioso don de la India, me enseñó a escuchar a mi alma.</p>
<p>Ante todo, tenía que enfrentarme a mi odio. En ese enfrentamiento empezó a manar la sangre del sacrificio. La sangre que había hecho brotar la palabra <em>sola</em> abrió mi corazón a la fiel criatura que había dejado abandonada en el suelo, la criatura cuya lealtad me hizo avergonzarme del odio que sentía. A través de todo el amor que se volcó sobre mi ser instintivo, personificado en Duff, mi pequeño terrier, mi ser femenino renació y reconoció que no podía seguir dándole puntapiés a su cuerpo. Éste era su hogar y seguiría siéndolo mientras fuera un ser humano que viviera en esta tierra. Y el alma que le gritaba desde el suelo, en medio de su abandono y su suciedad, era su alma, la esencia de su ser en el fondo de la materia pidiéndole a gritos que la hiciera suya, que le permitiera vivir y expresarse finalmente.</p>
<p>Cuando no había una madre que me protegiera, apareció otra madre a cuidarme, una madre llena de piedad por esta fiel criatura que me amaba con una devoción silenciosa y confiada que yo había traicionado. Lloré. Volví a bautizar a mi maldad y la llamé «lo mejor que hay en mí». Me lavé para quitarme los restos secos de vómito del pelo y los excrementos de las piernas. La India me obligó a mirar de frente el aterrador rostro de la Diosa y esa mirada me puso en contacto con la profunda capacidad de amor. En lugar de ignorar lo que significaba ser humano, en lugar de retroceder ante la suciedad y la pobreza y el dolor en las calles, pude sentir el pavor y, a la vez, amar la dignidad de un alma que se aferra a la vida. La rosa de mi corazón empezó a abrirse. El Verbo, que hasta entonces sólo había existido en mi mente, se convirtió en carne.</p>
<p>Y esa carne era tan metafísica como el espíritu. Dentro del capullo, se había refugiado en un mundo de símbolos, lleno de imágenes y sonidos vibrantes. El cuerpo, el alma y el espíritu fueron arrojados al fuego y, allí, se unieron a la búsqueda interior, a las imágenes transformadoras que han dado forma a mi vida y me han convertido en quien soy. Sin ellas, mi boca pronunciaba palabras pero mi voz no era auténtica.</p>
<p>Lo que descubrí fue un alma que nunca se había alejado de Sofía, nunca había olvidado lo que era la quietud, nunca había olvidado el lento e inalterable palpitar de la tierra. La India vive dentro de la Diosa, como yo había vivido cuando niña, como viven todos los niños: ranas salpicadas de rocío, cuerpos ardiendo en las orillas del río en Benarés, mariposas en la cortina de la cocina, velas que hacen detenerse al tiempo. De niña, ya había conocido el jugueteo de la Diosa, Su desapego, Su ira, Su amor por todo lo que existe, Su fecundo mundo virginal que contiene en semilla todas las posibilidades. También vi la mariposa que había sido en otra época, bailando de una flor a otra en el mediodía de mi imaginación, bailando con toda libertad en el mediodía de Su amor, sin poseer y sin ser poseída. Vi cómo la criatura alada se convertía en una oruga cargada de deberes y responsabilidades, una criatura que apenas recordaba su inclinación a volar. Con lentitud, casi imperceptiblemente, había ido llegando el invierno y una brújula que había dentro de ella la había arrastrado hacia el Oriente. Allí, la mariposa se había escapado prematuramente y, desde el techo del Ashoka, había visto a la oruga moribunda que despertó su piedad. Durante dieciséis años ha venido explicándole a la oruga por qué es una oruga. «Suelta amarras», le dice. «Deja que lo que tenga que ser, sea.» y ahora que la oruga empieza a comprender, ya puede convertirse en mariposa. Ahora sabe lo que significa</p>
<p>&#8230; llegar al punto de partida<br />
y conocer el lugar por primera vez.<br />
A través de la puerta desconocida, recordada<br />
cuando lo último de la tierra por descubrir<br />
es el comienzo mismo;<br />
en la fuente del más largo de los ríos<br />
la voz de la cascada oculta<br />
y los niños en el manzano.<br />
Desconocida por no haber sido buscada,<br />
pero escuchada, a medias, en el silencio<br />
entre dos olas del mar.<br />
De prisa ahora, aquí, ahora, siempre,<br />
con la simplicidad absoluta<br />
(que no cuesta menos que todo) &#8230;</p>
<p>¿Quién nació de esa unión de dos elementos contrarios, de la conciencia que se une al inconsciente, del espíritu que se une a la materia? Durante siete años estuve embarazada de mí misma. La salida del útero se inició con el siguiente sueño:</p>
<p>Estoy de pie, descalza, en un desierto arenoso de la India, con un vestido de gasa color rosa y un velo. Es mediodía. En el suelo, algo que parece un antiguo reloj astrológico encerrado en un marco de madera. En su eje hay un agujero que se adentra en la tierra. Dos ruedas inmensas, roja y dorada una, azul y plateada la otra, forman la circunferencia. La rueda roja se mueve en el sentido de las manecillas del reloj; la rueda azul, más amplia, se mueve en sentido contrario. Las casas del zodiaco están dibujadas con toda precisión en la arena. Un hombre que me ama y al que amo está de pie junto a la rueda roja; ésa es su rueda, la azul es la mía. En las dos primeras casas crecen arbustos verdes.</p>
<p>Tengo que bailar entre los rayos de las ruedas; es muy peligroso, porque los rayos que se abren desde el eje son cuchillos afilados. Tengo que bailar hasta que el movimiento de las ruedas coincida. Hay muchos nativos entonando cánticos, prontos a cambiar el tono de su canto para que armonice con la música de las esferas cuando las ruedas emplecen a moverse. Comienza la música. Empiezo a bailar con mucha cautela. Entonces mi cuerpo se transforma en la música. Ya no temo a los cuchillos. Siento que algo me hace bailar. De pronto, las voces de los nativos cambian de tono al unísono y los cielos se llenan de música. Las ruedas se mueven. En la tercera casa del zodiaco aparecen retoños verdes y una fuente de agua. Me detengo frente al hombre. Me quita el velo y me dice: «Ahora sé cuál es tu nombre».</p>
<p>El timbre del teléfono me hizo despertar. Al comienzo me sentí traicionada, porque me habían robado mi nombre. Pero luego sentí que habría muerto al escucharlo. Sabía que aún no había llegado la hora. Aún quedaban velos por descorrer.</p>
<p>Ese sueño fue un inmenso regalo, un regalo que debía compartir. La India había sido una isla dentro de mi psique durante gran parte de mi vida; ahora se unía al continente, en realidad se convertía en un mandala en el centro. Esta imagen del inconsciente colectivo me hizo reflexionar sobre lo que había ocurrido, desde una perspectiva personal y transpersonal. Sólo cuando lo transpersonal penetra en lo personal, este último adquiere valor a nivel cultural. Sin duda, éste es un sueño intuitivo, que no indica dónde se encuentra la energía, sino en qué dirección desea avanzar.</p>
<p>El sueño transcurre en el desierto. Desde el punto de vista bíblico, el desierto es el capullo de la crisálida, una vasta extensión donde se produce el cataclismo transformador. La travesía de Moisés y los israelitas por el desierto demoró cuarenta años; Jesús estuvo solo en el desierto durante cuarenta días. La antigua vida había quedado atrás; la nueva aún no había surgido; entre las dos, un inmenso cambio que abría los más recónditos senderos del espíritu. El desierto da a luz un nuevo orden en el que se reconocen los verdaderos afectos y los verdaderos valores.</p>
<p>Cuando se vaga a solas por un paraje donde no hay puntos de referencia, se ve de pronto un espejismo, una imagen de lo que puede haber en el horizonte. Por contener elementos tan desconocidos, los sueños que transcurren en el desierto son primero irrecuperables y luego «incomprensibles». Estos sueños predicen lo que puede suceder, en qué puede convertirse el so- ñante, cuál es su esencia. Este conocimiento es tan ajeno todavía que el vagabundo sólo puede decir: «A pesar del caos que parece haber en mi vida consciente, sé que aquello que está sucediendo bajo la superficie obedece a un orden que tiene sentido. Sólo tengo que esperar». El terror que se siente en el desierto es el terror al autoengaño. ¿Y si sólo fuera un espejismo? ¿Y si no fuera nada? ¿Y si todo lo que imagino fueran tentaciones del demonio? ¿Qué va a pasar cuando tenga los pies tan heridos que no pueda seguir caminando? Poco a poco van cambiando las percepciones; poco a poco, los indicios van tomando forma. Los cuarenta años o los cuarenta días llegan a su fin. El yo tiene entonces que convertir en vida cotidiana la revelación recibida en el desierto; tiene que llevar el tesoro a casa. Vivir nuestro destino es lograr que nuestro mundo interior y nuestro mundo exterior estén en armonía.</p>
<p>Cada imagen del sueño es un eco -y un eco del eco- de las demás: la unión de lo masculino y lo femenino, el oro y la plata, el espíritu y la materia, Occidente y Oriente, ying y yang. Al igual que los iniciados en las tribus primitivas, la bailarina tiene que entrar en el círculo cósmico y, a través de la conexión con sus raíces internas, ponerse en contacto con «el agua de la vida con la que ha de regar el árbol cósmico». Para que crezca vegetación en un páramo, lo femenino debe superar su temor y abrirse a sus fuentes internas. Debe esperar hasta que la energía consciente ya no tema ni a las espadas ni a los cuchillos, hasta que vibre al unísono con su fuente interior y el Sí-mismo alimente y guíe a los dos. La energía impersonal se mueve en sentido vertical desde arriba y en sentido horizontal desde el orificio que hay en el centro del eje; la energía personal fluye en la relación de amor con el hombre. Es el hombre quien le quita el velo y así la une a él, al mundo y al sentido más amplio de la danza. El ritmo se sincroniza entre dos dimensiones: lo impersonal y lo personal. En el baile, el cuerpo de la mujer se convierte en el eje central que une al cielo y la tierra. De esa unión nace la creación. Como en todos los verdaderos ritos, el movimiento del cuerpo surge de su centro arquetípico. El cuerpo deja de bailar y se deja llevar.</p>
<p>Las dos ruedas forman un mandala doble. En el sueño, el alma femenina está simbolizada por el azul y el plateado; el rojo y el dorado simbolizan el espíritu masculino. El centro de las dos ruedas es el eje con su orificio central que se interna en la tierra. En alquimia, el spiraculum aeternitatis «es un conducto de aire a través del cual la eternidad lanza su aliento al mundo temporal». El punto de unión es un vacío donde el mundo personal de la psique se encuentra con lo eterno, con el inconsciente colectivo. Ése es el sitio donde se produce la anunciación, donde el espíritu da su aliento al alma. En ese encuentro (la fecundación de la virgen, «la intersección del momento sin tiempo»), el yo, liberado de los estrechos confines de su prisión temporal, vislumbra la realidad eterna.</p>
<p>En la Edad Media, el ánima, o la materia considerada como ánima, que en ese entonces se identificaba con la Virgen María, era otra imagen de esa «ventana a la eternidad» o «ventana de escape». Así es como, por ejemplo, los vitrales redondos eran las inmensas rosas de la Virgen a través de las cuales el fuego del espíritu iluminaba la catedral con su brillo. En las imágenes de este sueño del siglo xx, el espíritu se manifiesta en una nueva vida a través de lo femenino consciente, desde el punto de vista psicológico, del hombre y la mujer. Como el grano eterno de Eleusis, las semillas del desierto renacen y los participantes en el misterio cambian el tono de su cántico en reconocimiento de la nueva vida. Esta nueva vida aparece en la «tercera casa» que, según la astrología, es la casa de la comunicación, probablemente de una nueva forma de comprensión entre lo masculino y lo femenino, el espíritu y el alma, Occidente y Oriente. Todas las imágenes del sueño contribuyen a crear la sensación de aquello que los alquimistas llamaban Unus Mundus, una realidad formada por el mundo físico y el mundo psíquico, una visión de la armonía elemental entre la realidad interna y externa, esa armonía que Jung definió como «sincronicidad».</p>
<p>El baile se realiza al mediodía, a las doce, la hora de la incorporación a un nuevo nivel de conciencia espiritual, la hora del nacimiento espiritual, la hora en que no hay sombras porque toda sombra se absorbe a sí misma. Después de haber mirado a través de la «ventana a la eternidad», después de haber observado sin el velo, la mujer que baila está a punto de recibir su nombre espiritual cuando el mundo temporal se interpone. Aún no estaba preparada para ver «frente a frente» -percepción que equivale a la muerte- el rostro que tenía antes de nacer. Pero por un breve instante toda imagen dual desapareció. Lo interno y lo externo fueron uno.</p>
<p>La unidad, la esencia de este sueño, se encuentra en la imagen de lo andrógino que se transforma. La vida es un baile entre cuchillos y rayos pero, cuando lo femenino bien definido adquiere la fuerza necesaria para entregarse a lo masculino bien definido, esos elementos pasan a ser secundarios. El cuerpo de la mujer se transforma en un cáliz que se conecta con el ombligo del mundo, en torno al cual giran las dos ruedas. Ella es la copa que contiene al espíritu y, al mismo tiempo, mantiene su contacto directo con la tierra, con la base de su ser, a través de la cual fluye la vida. Allí se encuentran su autenticidad y su creatividad. Sólo cuando las ruedas se mueven en armonía, todas las energías de la psique (los nativos) pueden cantar también en armonía con la ley universal. Esa sintonía se produce a través de la renuncia a los deseos del yo, a través del nacimiento de un yo dispuesto a ganar y dispuesto a perder, libre, un yo que no posee ni es poseído, un yo que sabe jugar. El cuerpo, el alma y el espíritu bailan al unísono, vibrando con su verdad interior en armonía con el sentido más amplio de la danza.</p>
<p>El baile es siempre el mismo, ya sea en la India o en la sala de nuestro propio hogar, y nosotros somos los bailarines. Somos responsables de los pasos que elijamos. Si no nos quitamos las semillas de los ojos, quedamos cautivos de la sombría energía telúrica que puede dejamos arrastrándonos eternamente. Si desobedecemos con arrogancia las leyes de la naturaleza, los cuchillos y los rayos nos destruyen. Si nos atrevemos a preguntar «¿quién soy?», nos comprometemos a abrimos camino hacia nuestra verdad personal. En el silencio de la crisálida se forja nuestro cáliz de plata, el cáliz de plata que contiene al niño dorado. El reflexionar con el corazón no es una aventura sentimental para la Diosa. La reflexión con el corazón supone la alegría y el sufrimiento de permitir que nuestro soy se convierta en un inmenso SOY hasta que</p>
<p>&#8230; las lenguas de las llamas se plieguen<br />
sobre el coronado nudo de fuego<br />
y el fuego y la rosa sean uno.</p>
</div>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.odiseajung.com/blog-jung-odisea/2011/05/las-hijas-de-la-luna-o-de-las-pesadillas-de-giegerich/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>26</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Genio y locura</title>
		<link>http://www.odiseajung.com/blog-jung-odisea/2011/05/genio-y-locura/</link>
		<comments>http://www.odiseajung.com/blog-jung-odisea/2011/05/genio-y-locura/#comments</comments>
		<pubDate>Wed, 11 May 2011 10:34:57 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Raúl Ortega</dc:creator>
				<category><![CDATA[Ciencia y Mito]]></category>
		<category><![CDATA[Editoriales]]></category>
		<category><![CDATA[Ciencia]]></category>
		<category><![CDATA[Matemáticas]]></category>
		<category><![CDATA[Perelman]]></category>
		<category><![CDATA[Poincaré]]></category>
		<category><![CDATA[Religión]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.odiseajung.com/blog-jung-odisea/?p=1784</guid>
		<description><![CDATA[Hablo habitualmente de la relación, a la vez patente e inextricable, que hay entre las imágenes e ideas primigenias, los arquetipos, y el pensamiento científico. Es éste uno de los motivos principales que animan mi artículo Mitos de la]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Hablo habitualmente de la relación, a la vez patente e inextricable, que hay entre las imágenes e ideas primigenias, los arquetipos, y el pensamiento científico. Es éste uno de los motivos principales que animan mi artículo <a href="http://www.odiseajung.com/jung-psicologia-ensayos/ensayo.php?tit=Ortega-mitos-Ciencia-I-primera-parte" target="_blank">Mitos de la Ciencia</a>, sin ir más lejos. Los ouroboros del químico Kekulé, los unicornios de Newton, los sueños de Descartes, las fantasías infantiles de Einstein, la mística de Pascal, el taoísmo de Niels Böhr&#8230; El modo que tiene el científico de innovar en su campo no difiere sustancialmente de la forma en que se inspira el artista o el religioso. La madre del pensamiento científico sigue siendo lo mítico. Lo mítico alienta, y también puede enloquecer. Así que jamás está lejos la inspiración de la locura, como el saber popular tanto predica.</p>
<p>Tratando todo esto traigo a colación a menudo el carácter de perfecta mediadora entre los dos planos gnoseológicos que es la matemática. El número, la geometría, son un perfecto cruce de caminos desde los que se puede viajar al arquetipo, en una dirección, o hacia el mundo de la ciencia, en la otra. La escala gnoseológica sería algo así:</p>
<p>1.- Datos sensoriales (hombre <em>hylico </em>- filosofía empirista &#8211; positivismo &#8211; nominalismo)</p>
<p>2.- Abstracciones (hombre psíquico/mental/artístico &#8211; filosofía racionalista &#8211; idealismo &#8211; realismo)</p>
<p>3.- Imágenes e ideas primigenias (hombre pneumático &#8211; teología &#8211; gnosticismo)</p>
<p>De abajo a arriba, ésta sería la escala de la conciencia/conocimiento. Vemos cómo la abstracción, cuyo paradigma es lo matemático, se encuentra en ese punto medio entre lo concreto y lo metafísico. Donde también habitan los sueños y el arte.</p>
<p><span id="more-1784"></span>Como nuevo ejemplo paradigmático de lo que ocurre en esa intersección de los mundos, donde la ciencia y la religión, la genialidad y la locura, se interpenetran abiertamente, traigo ahora esta noticia:</p>
<div style="background: #E9E9E1;">
<h2><a rel="nofollow" href="http://noticias.latam.msn.com/xl/insolito/articulo_afp.aspx?cp-documentid=28560271" target="_blank">Un enigma de Jesús llevó al genio matemático a resolver el problema de Poincaré</a></h2>
<h4>El genio de las matemáticas ruso Grigori Perelman, quien resolvió la conjetura de Poincaré, uno de los problemas más complejos, cuenta este jueves en una rarísima entrevista que él se dejó llevar intentando comprender cómo Jesús caminaba sobre las aguas.</h4>
<h5>MSN Noticias &#8211; 29/04/2011</h5>
<div style="float: left; width: 175px; margin-right: 8px; background-color: #fff;">
<p><img class="alignleft" title="Grigori Perelman" src="http://blstb.msn.com/i/B8/66823EE76CBDA28DA02239A4C765AF.jpg" alt="" width="175" height="245" /><br />
<span style="font-size: 0.7em;">El matemático ruso Grigori Perelman en una foto sin fechar. Perelman, quien resolvió la conjetura de Poincaré, aseguró en una entrevista que averiguó cómo resolver el probema pensando en cómo Jesús caminaba sobre las aguas.</span></p>
</div>
<p>El genio de las matemáticas ruso Grigori Perelman, quien resolvió la conjetura de Poincaré, uno de los problemas más complejos, cuenta este jueves en una rarísima entrevista que él se dejó llevar intentando comprender cómo Jesús caminaba sobre las aguas.</p>
<p>&#8220;No hay problemas que no se puede resolver, hay los que son difíciles de resolver&#8221;, declaró en una entrevista a una compañía cinematográfica cuyos extractos publica el diario Komsomolskaia Pravda.</p>
<p>Evocando sus recuerdos de la escuela, el sabio solitario, que rechazaba hasta ahora todo contacto con los medios de comunicación, indicó que lo que él quería era explicar una leyenda de Jesús.</p>
<p>&#8220;Usted debe recordar la leyenda bíblica sobre Jesucristo, según la cual él caminaba sobre las aguas. Yo debía calcular la velocidad con la que caminaba para no hundirse&#8221;, explicó. En la medida en que &#8220;la leyenda sigue existiendo, esto quiere decir que no me equivoqué&#8221;, prosiguió. &#8220;Un niño aprende desde el nacimiento. Si se puede entrenar los brazos y las piernas, ¿por qué no se puede entrenar el cerebro?&#8221;, se preguntó.</p>
<p>Perelman explicó por otro lado que renunció a la recompensa de un millón de dólares, otorgada el año pasado por la Clay Mathematics Institute (CMI) por la solución del problema, porque él sabía &#8220;cómo gobernar el Universo&#8221;. &#8220;Yo sé cómo gobernar el Universo. ¿Por qué tendría que correr detrás de un millón?!&#8221;, declaró.</p>
<p>El matemático, de 44 años, que vive con su madre en un barrio periférico de San Petersburgo, fue designado en marzo de 2010 como el ganador de uno de los premios del milenio del CMI por haber publicado en internet la solución del problema de topología planteado, en 1904, por el matemático francés Henri Poincaré. Después de varias semanas de suspenso, Perelman anunció que había &#8220;rechazado&#8221; el premio debido a un &#8220;desacuerdo&#8221; con la comunidad matemática.</p>
</div>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.odiseajung.com/blog-jung-odisea/2011/05/genio-y-locura/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>4</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Marie-Louise von Franz. Tres entrevistas</title>
		<link>http://www.odiseajung.com/blog-jung-odisea/2011/05/marie-louise-von-franz-tres-entrevistas/</link>
		<comments>http://www.odiseajung.com/blog-jung-odisea/2011/05/marie-louise-von-franz-tres-entrevistas/#comments</comments>
		<pubDate>Thu, 05 May 2011 14:50:02 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Raúl Ortega</dc:creator>
				<category><![CDATA[Editoriales]]></category>
		<category><![CDATA[Noticias]]></category>
		<category><![CDATA[Jung]]></category>
		<category><![CDATA[Marie Louise von Franz]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.odiseajung.com/blog-jung-odisea/?p=1772</guid>
		<description><![CDATA[El entrevistador Hein Stufkens y el productor de cine Philip Engelen fueron a Küsnacht a entrevistar a Marie-Louise von Franz en inglés acerca de su pasada relación con Wolfgang Pauli. Partes de la entrevista aparecieron en la serie]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h4><img class="aligncenter" title="Marie-Louise von Franz" src="http://3.bp.blogspot.com/_gb2MvBdmNRI/RhdlU046t-I/AAAAAAAAAHs/G6pgbRrne5M/s320/Explorar0016.jpg" alt="Marie-Louise von Franz" width="214" height="320" /></h4>
<h4>1.-<br />
Original <a href="http://herbert.vanerkelens.nl/jungian-psychology/127-interview-with-marie-louise-von-franz" target="_blank">aquí</a>. Traducción:<br />
Raúl Ortega y Myriam Rozengurt</h4>
<div style="background: #E9E9E1;">
<p>El entrevistador <strong>Hein Stufkens</strong> y el productor de cine <strong>Philip Engelen</strong> fueron a Küsnacht a entrevistar a <strong>Marie-Louise von Franz</strong> en inglés acerca de su pasada relación con <strong>Wolfgang Pauli</strong>. Partes de la entrevista aparecieron en la serie documental “<strong>Passions of the Soul</strong>”, que fue transmitida por IKON por primera vez en noviembre de 1991.</p>
<h3>Wolfgang Pauli, lo femenino y los peligros del mundo moderno</h3>
<p>Una entrevista con Marie Louise Von Franz realizada por Hein Stufkens y Philip Engelen, IKON-television, Küsnacht, Noviembre de 1990.</p>
<p>Herbet van Erkelens (EDITOR).<br />
Desde: Harvest. Journal for Jungian Studies, Vol. 48 No. 2, 2002.</p>
<p><strong><span id="more-1772"></span>Hein Stufkens</strong>: Me gustaría hablar con usted acerca de Wolfgang Pauli. Usted lo conocía muy bien. ¿Qué clase de hombre era él?</p>
<p><strong>Marie-Louise von Franz</strong>: Es difícil de decir. Tenía un carácter muy complicado. Él era muy inteligente, muy honesto en su pensamiento, pero por lo demás era sólo un &#8220;niño grande&#8221;, muy inmaduro en sus sentimientos. No estaba seguro de sí mismo, y era fácilmente influenciable. No tenía la certeza de sentir. Usted sabe, una mujer reacciona más a la naturaleza global de un hombre que sólo a su mente. Este hombre me daba la impresión de ser como un niño grande.</p>
<p><strong><strong>H.S.</strong></strong>: ¿Y usted era su terapeuta? ¿Cuál era su relación?</p>
<p><strong><strong>v.Fr.</strong></strong>: Un día vino a verme y quería hablar de sus sueños conmigo, pero él no quería hacer terapia. Así que quería y no quería escuchar lo que yo tenía que decir. Él  quería mantener una discusión meramente teórica, un juego mental de ping-pong. Pero la terapia va un poco más profundo que un juego de ping-pong. Yo tenía la esperanza de que él se diera cuenta de que eso no funcionaba. Es por eso que poco a poco  todo acabó en un punto muerto. Porque él no quería comprometerse.</p>
<p><strong>H.S.</strong>: Así que usted se decepcionó en más o en menos&#8230;</p>
<p><strong>v.Fr.</strong>: Yo fui escéptica desde el principio. Traté de ayudarlo, a pesar de mi escepticismo. Lo intenté, porque veía que él corría un gran peligro. Vi que había perdido el camino interior. Uno no sabe lo que va a suceder en esa situación, pero intuye que algo horrible va a suceder. Más tarde resultó ser cáncer.</p>
<p><strong>H.S.</strong>: ¿Usted cree que usted significó mucho para él?</p>
<p><strong>v.Fr.</strong>: No lo sé. Sus sentimientos eran muy poco claros.</p>
<p><strong>H.S.</strong>: Pauli le dedicó su &#8220;Piano Lesson&#8221; a usted. ¿Cómo se sintió al respecto?</p>
<p><strong>v.Fr.</strong>: Me sentí muy triste, porque la solución de la “Piano Lesson” no es, a diferencia de lo que el Sr. van Erkelens ha dicho, una solución. Pauli regresa a la pura mundanalidad y el ánima tristemente toca una melodía en el piano, sola en lugar de acompañada. El anillo que él me está ofreciendo allí, por así decirlo, se suspende [en el aire] y el maestro, a quien nosotros llamaríamos el Self, desaparece. Así que la Piano Lesson termina muy decepcionantemente. Me entristece, al igual que todo el asunto me pone triste. Si quiere que resuma la relación: traté de hacerlo reaccionar y no tuve éxito.</p>
<p><strong>H.S.</strong>: Pero lo femenino o el anima jugaban un gran rol en sus sueños&#8230;</p>
<p><strong>v.Fr.</strong>: Sí. Él siempre se burlaba de lo femenino en sus relaciones personales, en su sentimiento. Al igual que muchos intelectuales. Así que en contraste lo femenino estaba sorpresivamente presente en sus sueños.</p>
<p><strong>H.S.</strong>: ¿Por qué cree que Pauli a principios de 1954 salió de la psicología profunda y empezó a estudiar biología y a discutir la teoría evolutiva con Max Delbrück, que había abandonado la física por la biología? ¿Por qué hizo eso? ¿Fue una especie de escape?</p>
<p><strong>v.Fr.</strong>: En mi opinión, fue un escape. Cuando la cosa se puso difícil, huyó. Usted pudo observar eso desde un principio. Sus primeras palabras fueron &#8220;no quiero terapia&#8221;, cuando él me propuso hablar de sus sueños. Siempre decía que los junguianos son estúpidos y que la terapia no es el verdadero sentido de la psicología junguiana. Que debía tornarse en filosofía o en ciencia. Siempre dejaba afuera lo personal. Admito que la terapia es una parte desagradable de la psicología. Uno tiene que sacar a la luz todos los rincones oscuros y todas las insuficiencias. Y eso desagradaba a Pauli. En la ciencia se puede ser un gran hombre y las insuficiencias personales permanecen ocultas bajo la alfombra. Son susurradas por los colegas, pero no existen oficialmente. Bueno, en la terapia estas cosas sí surgen.</p>
<p><strong>H.S.</strong>: ¿Cómo se sintió usted al respecto cuando él abandonó el trabajo que había comenzado, es decir, tender un puente entre la psicología profunda y la física cuántica?</p>
<p><strong>v.Fr.</strong>: Yo no soy una misionera de la psicología junguiana. Así que cuando vi que lo dejó, pensé: &#8220;bueno, eso es todo&#8221;. Empecé a aburrirme y pensé: &#8220;él puede discutir sus asuntos con Delbrück y otros biólogos&#8221;. Me aburrí y sentí que mi tiempo era demasiado precioso.</p>
<p><strong>H.S.</strong>: Eso me suena un poco cínico ¿Estoy en lo cierto?</p>
<p><strong>v.Fr.</strong>: Sí. Se podría llamar de esa manera. En ese momento yo estaba ciertamente muy triste. Mirando hacia atrás creo que perdí mi tiempo.</p>
<p><strong>H.S.</strong>: ¿Usted invirtió mucho en él?</p>
<p><strong>v.Fr.</strong>: En ese momento me dio un montón de problemas. Era un interlocutor muy agotador, porque era rápido y profundo e intenso. Por lo general, caminábamos alrededor de dos o tres horas en el bosque. Y entonces yo terminaba agotada. Hice un esfuerzo real. Cuando algo así no funciona, una se molesta. Una piensa: &#8220;que se vaya al infierno&#8221;.</p>
<p><strong>H.S.</strong>: ¿Y luego usted continuó el trabajo de cerrar la brecha entre la psicología y la física?</p>
<p><strong>v.Fr.</strong>: Entonces seguí mis propios intereses. Traté de hacerlo yo misma en lugar de tratar de hacer que otros lo hagan.</p>
<p><strong>H.S.</strong>: ¿De qué manera cree usted que este trabajo deba continuarse? Y ¿quién cree usted que debe hacerlo?</p>
<p><strong>v.Fr.</strong>: No conozco a esos otros jóvenes esperanzados que vayan a continuar con esto. Deben existir, pero no sé dónde están. Pero creo que el gran avance ya fue hecho, realmente, por Jung, cuando creó el concepto de sincronicidad. El trabajo que ahora queda por hacer es avanzar en eso. Es como un rayo de intuición. Pero ahora tendría que definirse todo en detalle, y explorarse empíricamente. Esto podría ocupar a un montón de gente con buenas mentes.</p>
<p><strong>H.S.</strong>: Hubo un físico que me dijo que, en su opinión, el trabajo, de hecho, se continúa en todas partes donde dos personas se amen de verdad en una relación personal. ¿Está de acuerdo con eso?</p>
<p><strong>v.Fr.</strong>: Por supuesto. En general, usted no puede experimentar su propio inconsciente sin un amor contrasexual, ya que éste es el que constela lo inconsciente. Es la constelación más poderosa de lo inconsciente. Es entonces cuando se lo puede explorar, cuando está constelado. Cuando nada ocurre en tu vida y estás en tu aburrimiento cotidiano generalmente no aparecen nuevas ideas.</p>
<p><strong>H.S.</strong>: ¿Cuál es el lugar de la individuación en una relación amorosa?</p>
<p><strong>v.Fr.</strong>: En una relación amorosa, como Jung dijo una vez, se arriesga todo. Usted se pone a sí mismo sobre el tapete, se detiene el juego de poder y el tratar de dominar o conquistar a la otra persona. Si uno logra realmente amar a la otra persona, si realmente los dos se relacionan, suceden, a continuación, toda clase de milagros. Pero, al principio, las etapas son de un estado general de ceguera posesiva, de ilusiones o falsas expectativas, de decepciones, de recriminaciones. Uno tiene que trabajar todo esto desde el principio. Y así es como te vuelves más consciente. Yo no digo que esto sea agradable. Así que si usted no ama a la otra persona, huirá después de un tiempo.</p>
<p><strong>H.S.</strong>: ¿Y eso es lo que Pauli hizo?</p>
<p><strong>v.Fr.</strong>: Sí. A veces creé escenas, cuando yo pensaba que él estaba realmente en el camino equivocado. Entonces él hacía comentarios jocosos y me decía que yo era más bonita cuanto más me enojaba. Él no me tomaba en serio. Yo daba un golpe en la mesa y decía: &#8220;Estoy hablando en serio. Éste es un punto peligroso&#8221;. Pero él sólo se burlaba de esto. Tenía una visión patriarcal sobre las mujeres. Las mujeres eran las cosas agradables para jugar, pero no algo a tomar en serio. Eso sí que fue una de las dificultades.</p>
<hr />
<h4>ANEXO: El sueño de Pauli de la danza cuadrada</h4>
<p>&#8220;En la víspera del sueño él se divertía organizando diversos esquemas de su propia vida. Los muestra en forma de triángulos dobles (estrellas de seis puntas) en cuyos puntos se inscriben los elementos esenciales de su vida interior. Entonces soñó:</p>
<p>Una mujer china (elevada a la categoría de &#8220;diosa de la sabiduría&#8221;) está presente con dos hombres. [Uno de ellos es el maestro, el otro su "sombra" en la figura de un físico contemporáneo. Nota del Editor.] Yo soy el cuarto. Ella me dice: &#8220;Usted nos ha de permitir jugar todas las combinaciones imaginables de ajedrez.&#8221;</p>
<p>En una fantasía posterior durante un estado de semi-vigilia una voz numinosa anuncia al soñador: &#8220;En tus dibujos un elemento es perfectamente correcto y otro transitorio y falso. Es cierto que el número de líneas es de seis, pero es falso señalar seis puntos. Mira aquí:&#8221;</p>
<p><img class="aligncenter size-full wp-image-1773" title="sueño_Pauli" src="http://www.odiseajung.com/images_blog/2011/05/sueño_Pauli.jpg" alt="" width="400" height="170" /></p>
<p>Y vi un cuadrado con las diagonales claramente delimitadas. &#8220;¿Puedes ver ahora por fin los cuatro y los seis? Cuatro puntos espaciales y seis líneas o seis pares de líneas por cada cuatro puntos. Son las mismas seis líneas que existen en el I Ching. Allí el seis, que contiene el tres como factor latente, es correcto. Ahora observa el cuadrado más de cerca: cuatro de las líneas son de igual longitud, las otros dos son más largas. Ellas están “irracionalmente relacionadas”. No existe una figura con cuatro puntos y seis líneas iguales. Por esta razón la simetría no puede ser estáticamente producida y se recrea un baile. La coniunctio se refiere al intercambio de los lugares en esta danza. También se puede hablar de un juego de ritmos y giros. Por lo tanto los tres, ya contenidos de forma latente en el cuadrado, deben ser expresados de forma dinámica. (Franz, 1974, 108-109)</p>
<hr />
<p><strong>H.S.</strong>: Pero en sus sueños se tomaba lo femenino en serio…</p>
<p><strong>v.Fr.</strong>: La figura del anima, la figura china de la Sofía. Él la tomaba en serio. Esa fue una figura compensatoria para él que trató de inculcarle lo femenino. Pero incluso entonces no la tuvo en cuenta lo suficiente. Por ejemplo, yo publiqué en Número y Tiempo el sueño en el que la mujer china dice que no es la estrella de seis puntas sino la danza cuadrangular el símbolo real del Sí mismo. Él nunca trabajó en esto más allá. No recogió estas sugerencias ni trabajó con ellas tal como Jung nos entrenó para que lo hiciéramos. Si yo hubiera tenido un sueño así habría seguido profundizando en esa idea durante semanas y semanas.</p>
<p><strong>H.S.</strong>: ¿Habló usted con Jung sobre los sueños de Pauli?</p>
<p><strong>v.Fr.</strong>: No. Pauli no quería que yo hiciera eso. Eso fue una cosa extraña. No sé por qué me dijo eso. Así que le dije, bueno, vamos a dejarlo así. Yo pensaba hacerlo a sus espaldas, si yo no entendía los sueños, pero los entendía. Un poco al menos, en ese momento.</p>
<p><strong>H.S.</strong>: ¿Cuál fue la razón por la que Jung y Pauli no se comunicaron nunca más?</p>
<p><strong>v.Fr.</strong>: Pauli tenía miedo de Jung. Él lo evitaba. Podría haberse analizado con Jung. Jung lo habría hecho. Pero Pauli no quería. También fue un pequeño truco: ni demasiado caliente ni fuera del ruedo.</p>
<p><strong>H.S.</strong>: ¿Qué le asustaba?</p>
<p><strong>v.Fr.</strong>: Pauli tenía miedo del contenido de sus sueños. Le asustaba sacar conclusiones de lo que sus sueños le decían. Ellos decían por ejemplo que debía dar la cara por la Psicología junguiana en público. Y a esto le temía como al infierno. Cosa que entiendo. Se movía en los círculos más altos de la física. Eran muy burlones, cínicos y celosos de él. Si él se hubiera levantado para defender los sueños y las cosas irracionales, esto habría provocado una risa infernal. Y no tenía las agallas para hacerle frente a eso. Así que fue realmente trágico.</p>
<p><strong>H.S.</strong>: Ellos se hubieran burlado de él?</p>
<p><strong>v.Fr.</strong>: Ellos estaban celosos de él y de su premio Nobel. Por lo que se habrían reído y burlado de él. Y él lo sabía. Así que él tenía miedo, un miedo comprensible. Pero que bloqueaba el avance.</p>
<p><strong>H.S.</strong>: Ya veo. Muchas gracias. ¿Hay más preguntas?</p>
<p><strong>Philip Engelen</strong>: Usted estaba hablando sobre el peligro. Sobre que Pauli no reconoció el peligro en el que él estaba. ¿A qué tipo de peligro se refiere?</p>
<p><strong>v.Fr.</strong>: El inconsciente es un espíritu de la naturaleza dentro del hombre. Es como el maestro que Pauli describe en su imaginación activa o Mercurio. Él te puede llevar muy fácilmente por el sendero hacia abajo del jardín para luego terminar en un desierto o en problemas. Se necesita una gran habilidad para tratar con el inconsciente correctamente. Así que la gente tiene miedo de él.</p>
<p>[Aquí el grabador de repente de rompe]</p>
<p><strong>P.E.</strong>: Tal vez pueda repetir su idea sobre el peligro en el mundo de hoy.</p>
<p><strong>v.Fr.</strong>: No lo puedo repetir, pero lo diré de otra manera. Bueno, Jung vio que el peligro era inminente. Pero el peligro que se mira de frente no es tan malo como el peligro que se pasa por alto. Él siempre utilizaba una similitud: si usted no hace caso de una plaga de virus, se propagará como loca. Si la tenemos en cuenta, podemos hacer algo contra ella. Así que quería que la humanidad encarara el peligro. Y es por eso que pintó un panorama sombrío. Trató de conmocionar al público, porque todo el mundo habla sobre el peligro y luego toma una taza de té y no hace nada.</p>
<p><strong>P.E.</strong>: ¿Cree usted que la psicología junguiana tiene una respuesta al peligro en el mundo de hoy?</p>
<p><strong>v.Fr.</strong>: En mi opinión, sí. La única respuesta posible es un cambio de actitud. Un cambio radical de actitud no se produce sin un shock.</p>
<p><strong>P.E.</strong>: ¿Qué tipo de cambio?</p>
<p><strong>v.Fr.</strong>: Bueno, dejar de contaminar, dejar de exagerar la tecnología y el intelectualismo. Tomar los problemas morales más en serio. La ciencia es hoy en día completamente inmoral. Y la industria es totalmente inmoral. Cambiar nuestro sistema económico, cambiar nuestro punto de vista político, encontrar el camino de regreso a una actitud religiosa hacia la vida, a una vida más simple. Y así sucesivamente.</p>
<p><strong>P.E.</strong>: ¿Qué quiere decir con una actitud religiosa?</p>
<p><strong>v.Fr.</strong>: Saber que usted es un piojo en un universo desconocido y que tiene que respetar totalmente y venerar las fuerzas que le han creado y que le dirigen desde dentro.</p>
<p><strong>P.E.</strong>: ¿También significaría eso un renacimiento de la iglesia?</p>
<p><strong>v.Fr.</strong>: No necesariamente. La religiosidad es más amplia que una institución. Un hombre primitivo que venera a un árbol no es un miembro de una iglesia, pero es religioso.</p>
<p><strong>P.E.</strong>: ¿Y el mundo moderno no es religioso?</p>
<p><strong>v.Fr.</strong>: No, ellos piensan que se pueden meter todo en el bolsillo. Y si algo peligroso se acerca, todo lo que hacen es crear una comisión para estudiarlo y luego metérselo en el bolsillo. Ellos donan unos pocos millones de dólares para un proyecto de investigación que se ocupe del tema. Y nunca lo hace.</p>
<p><strong>P.E.</strong>: Muchas gracias por esta entrevista.</p>
<p>Herbert van Erkelens © 2010</p>
<p>Nota del editor:</p>
<p>Esta entrevista apareció por primera vez en el Yearbook of the Dutch Interdisciplinary Society for Analytical Psychology, 13 (1997) 67-75. Después en Harvest. Journal for Jungian Studies, vol. 48 N º 2, 2002. En el momento de la entrevista Marie-Louise von Franz ya estaba gravemente enferma. Su voz era débil. Así que fue difícil hacer una transcripción de la cinta. Algunas mejoras se han realizado en cuanto a la gramática se refiere. Pero las irregularidades idiomáticas se han conservado.</p>
<p>REFERENCIAS:</p>
<p>Erkelens, Herbert van, &#8216;Wolfgang Pauli&#8217;s dialogue with the spirit of matter&#8217;, Psychological Perspectives, Issue Twenty-Four, Spring/Summer 1991, 34-53.</p>
<p>Franz, Marie-Louise von, Number and Time. Reflections Leading toward a Unification of Depth Psychology and Physics, Northwestern University Press, Evanston, 1974.</p>
</div>
<h4>2.-<br />
Original <a href="http://www.cgjung.net/mlvf/int_mlvf.htm" rel="nofollow" target="_blank">aquí</a>.</h4>
<div style="background: #E9E9E1;">
<h3>Marie-Louise von Franz. Una entrevista de Rolande Biès. 1978.</h3>
<p><strong>R. B.- ¿Cómo se sitúa usted en relación a Jung?</strong></p>
<p><strong>MLvF</strong>.- Yo empecé a los dieciocho años por un análisis con él y lo ayudé a traducir los textos latinos y griegos de la alquimia. Llegué a ser su alumna. Es así que he asistido al nacimiento de sus obras después de sus sesenta años. Le debo todo.</p>
<p><strong>R. B.- ¿De donde viene su interés por los cuentos de hadas? ¿Qué importancia tienen para usted?<br />
</strong><br />
<strong>MLvF</strong>.- Una escritora me pidió que le ayudara a escribir un libro sobre los cuentos de hadas. Cuando ya llevaba mil páginas, resultó que no quería una interpretació n junguiana, entonces continué sola y me he especializado en la interpretació n psicológica. Así he descubierto que los cuentos de hadas son representaciones arquetípicas del inconsciente colectivo, las más fecundas, las más variadas y las más fundamentales de todos los mitos. Ellas nos entregan una “anatomía comparada” del alma humana colectiva. Y además son bellas, y hablan directamente a todo el mundo.</p>
<p><strong>R. B.- Usted ha colaborado en todas las grandes obras alquímicas de Jung. ¿ Qué lugar considera que ocupa la alquimia en la totalidad de su obra?</strong></p>
<p><strong>MLvF</strong>.- Cuando Jung descendió a las profundidades de su inconsciente (después de su separación de Freud), produjo un enorme material simbólico que no parecía tener analogías con los mitos conocidos. Por sus sueños fue conducido a la alquimia y allí descubrió todos los paralelos a sus experiencias. Estas últimas no eran entonces imágenes subjetivas, ellas constituían un largo sueño colectivo humano, un sueño que compensa y completa lo que falta en nuestro mito oficial cristiano y que explica el desarrollo de las ciencias naturales. Para él (y para mí) el mito de la alquimia es el mito del occidente, el de la era de Acuario, el mito que podría sanar nuestros problemas actuales.</p>
<p><strong>R. B.- ¿Qué significa la alquimia para el hombre contemporáneo?<br />
</strong><br />
<strong>MLvF</strong>.- Nuestro mundo consciente oficial sufre de un conflicto entre la religión cristiana y las ciencias naturales (a menudo materialistas y racionales). Los símbolos de la alquimia reúnen estos dos mundos. Aparecen espontáneamente en muchos sueños modernos. El paciente de “Psicología y Alquimia” era un físico. En el simbolismo de la alquimia se encuentra anticipada una reunión del mundo del alma y de la materia.</p>
<p><strong>R. B.- ¿Qué piensa usted del paralelo entre la psicología de Jung y la física nuclear?<br />
</strong><br />
<strong>MLvF</strong>.- Las hipótesis fundamentales de la física son imágenes arquetípicas, es decir, energía, partículas, etc. Son entonces en último análisis imágenes psíquicas (mentales). Al contrario, si se desciende hasta las capas más profundas del inconsciente, se llega a una capa que no es puramente psíquica, sino que parece reflejar hechos fisiológicos, o más bien atómicos. Es como si uno se aproximara a una realidad única por dos costados diferentes, que no es psíquica ni tampoco material, el “misterio del ser o de la vida” que trasciende nuestra comprensión. Porque los modelos que el hombre se hace se reencuentran, ya sea que se aproximen desde el costado material o el psíquico.</p>
<p><strong>R. B.- ¿Cuál es, a este respecto, el sentido del gran libro “Números y Tiempo”, que Jung le confió antes de morir, para que usted lo escribiera en su lugar?</strong></p>
<p><strong>MLvF</strong>.- Jung solamente me dio algunas notas que él había tomado sobre las cualidades individuales de los primeros cinco números, pero ha dejado alusiones indicando que había allí una continuación de la idea de la sincronicidad. El resto, lo he ensamblado y clarificado tanto como he podido. Lo que me ha ayudado, sobre todo, es el descubrimiento que en la China antigua los números estaban ligados naturalmente a la idea de la sincronicidad. Son probablemente los “Naturkonstanten” del unus mundus, del ser psíquico y de la materia.</p>
<p><strong>R. B.- Si se quisiera renovar la enseñanza práctica de la psicología de Jung para el hombre de la calle ¿qué diría usted?<br />
</strong><br />
<strong>MLvF</strong>.- En el pasado, era natural para todo hombre tomar en consideración sus sueños, vea la Biblia , por ejemplo. Ciertos sueños han decidido el destino de la humanidad. El sueño es la voz del instinto humano, que puede darnos un consejo en situaciones donde la pura razón no es suficiente; por ejemplo, puede indicar el futuro. En nuestro mundo moderno, la naturaleza ya no es el más grande de los peligros para el hombre, ahora lo es el hombre mismo por el estado de su alma. Por ejemplo, la bomba atómica, el terrorismo, las locuras políticas (como el nazismo), etc. Jung muestra un camino que nos permite evitar estos peligros.</p>
<p><strong>R. B.- ¿Cómo ve usted el porvenir de la escuela junguiana?<br />
</strong><br />
<strong>MLvF</strong>.- Como la psicología de Jung comienza a ser muy conocida, ella atrae oportunistas, ambiciosos, oficiosos, que quieren representarla sin aplicarla a ellos mismos. Hay ahí un gran peligro. Jung preveía que serían más bien los que sufren, los que buscan, los que ensayan de vivir con su sabiduría, los que la mantendrían con vida. Puede ser que debamos pasar por una catástrofe general antes de que Jung sea descubierto por los sobrevivientes, si es que los hay…</p>
<p><strong>R. B.- ¿Qué mensaje dirigiría usted a los jóvenes, aquí y ahora?</strong></p>
<p><strong>MLvF</strong>.- El mensaje de los hippies: “Do your own thing” [haz lo tuyo], pero en un nuevo sentido. Que se apliquen a su alma personal, que se dejen conducir por sus sueños hacia una creatividad nueva que podría hacer revivir nuestra cultura occidental en una forma nueva, donde el hombre libre esté colocado al centro, viviendo en armonía con la naturaleza, en lugar de explotarla y destruirla. La actitud fundamental es una actitud de amor, no de poder.</p>
</div>
<h4>3.-<br />
Original <a href="http://marie-louisevonfranz.com/b/vm1/" rel="nofollow" target="_blank">aquí</a>.</h4>
<div style="background: #E9E9E1;">
<p>A petición de la <strong>Foundation for Jungian Psychology</strong>, <strong>Françoise Selhofer </strong>hizo una película hermosa e impresionante sobre <strong>Marie-Louise von Franz</strong>, en el otoño de 1982, en <strong>Bollingen</strong>. En la película, Marie-Louise von Franz nos da idea de su vida, de su encuentro con CG Jung y el trabajo que más tarde hicieron juntos, así como de su comprensión de la psicología junguiana. Ella habla de cómo evolucionó su propio trabajo y sobre la forma en que trabaja. En respuesta a otras preguntas, habla de la interpretación de los sueños, la creatividad, la sincronicidad, la alquimia y sobre los graves problemas de nuestro tiempo. Al final de la entrevista ella expresa su profunda preocupación por el colapso de nuestras cultura y civilización. Algunas esperanzas de renovación, ella cree, se pueden encontrar en los descubrimientos de Jung, es decir, en el contacto positivo con los poderes creativos del inconsciente y con nuestros sueños, nuestras raíces psíquicas. Sólo allí podemos encontrar las respuestas constructivas que nos ayuden a resolver las cuestiones aparentemente insolubles con las que nos enfrentamos hoy en día.</p>
<p>De la entrevista: &#8220;Como todos nosotros, tengo la impresión de que nuestra cultura y su civilización están en una etapa final, que han entrado en una etapa de decadencia. Creo que o encontramos una renovación, o de lo contrario es el final. Y sólo puedo ver esta renovación a partir de lo que sale de lo que Jung descubrió, a saber, en nuestra toma de contacto positivo con la fuente creativa del inconsciente y los sueños. Éstas son nuestras raíces. Un árbol sólo puede renovarse a través de sus raíces. Por esta razón, mi mensaje es para instar a todos a volver a esas raíces psíquicas internas, porque sólo ahí es donde las sugerencias constructivas se encuentran, el cómo enfrentarse a los enormes dilemas: la bomba atómica, la superpoblación. Ésta es la mejor manera de resolver todos los problemas que parecen insolubles&#8221;.</p>
<div></div>
<div class="align_cnt"><p style="text-align:center;font-size:1.17em;font-weight:bold">[Ver este vídeo en la página original]</p></div>
</div>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.odiseajung.com/blog-jung-odisea/2011/05/marie-louise-von-franz-tres-entrevistas/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>9</slash:comments>
		</item>
	</channel>
</rss>

