Psicología - Jung - Psicología Analítica - Junguiana

18 febrero 2011

El mundo global aumenta el “miedo a la insignificancia”

Nos llega hoy una entrevista publicada en la revista argentina ENTREVISTAS 21 que se extiende en un tema que es la piedra angular de las preocupaciones y ocupaciones que embargan a la psicología moderna: la pérdida colectiva del sentido de la vida. La galopante enajenación de toda coordenada realmente válida que contextualice nuestro existir como individuos y como sociedad. Éste es el foco mórbido de un síndrome que se extiende incluso hacia los ámbitos más insospechados, pues creo que ni siquiera podemos aislar el problema ecológico, la crisis universal del cambio climático, de esta terrible circunstancia. Tampoco la crisis económica. Pues el alma sufriente individual se continua en el dolor del alma colectiva, y éste en el desgarro del Anima Mundi, que es el alma de Gaia. Durante los últimos dos siglos el suplicio se ha delatado en síntomas muy evidentes, pero ha sido en amplia medida sordo, tácito, inconsciente. De un tiempo a esta parte, la sangre se ve brotar a borbotones de una herida abierta. Ahora lo que ocurre es que nos estamos haciendo especialistas en mirar para otro lado. A una sociedad enferma del sinsentido se le suma el síntoma histérico de la “belle indifference”. Como va a apuntar Carlo Strenger en la entrevista, los datos sobre el crecimiento de los niveles globales de estrés están ahí y son conocidos pública y científicamente desde hace rato. La OMS bien sabe cuál es el problema fundamental que tiene delante. Pero prefiere centrar su atención y sus esfuerzos en cruzadas internacionales sobre asuntos tan colaterales y tan triviales comparados con éste como son el tabaquismo y cuatro cosas así. Como si un médico frente a un herido de bala se dedicara a empastarle una muela (que a lo mejor ni se quiere empastar). Pero todos estos manotazos al aire, deslabazados, ridículos en alto grado, son precisamente síntomas de una cultura que ha perdido el norte del valor y el disvalor. Y son síntoma de una cultura que no tiene medios ni capacidad para afrontar los problemas que de verdad la embargan. Pero, claro, ¿cómo habría de encontrar una solución aquello que ha provocado el problema?

La cuestión nuclear es que nuestra cultura entiende nuestra antropología, nuestra naturaleza, como algo capaz de reinventarse a sí mismo. Descartes dijo aquello del “pienso, luego existo”, y hemos corrido todos a deducir: “pues si pienso de manera diferente, la existencia será distinta”. Y hemos acabado extraviándonos del natural instinto individual y social persiguiendo utopías basadas en constructos puramente mentales, castillos de naipes, las cuales se van demostrando una detrás de otra (en lo mejor) inconducentes. Pero nos queda mucho sistema que deconstruir para volver a alcanzar nuestro natural equilibrio psicoecológico. Mientras, nuestras vidas y nuestras almas están vendidas a esa oligarquía que detenta el poder en el mundo, desde el vértice de la pirámide que comienza en lo que se cuece detrás de los organismos internacionales, y que se continua rápidamente en los estados vasallos. Vendidas a esa élite intelectual que ha escrito en piedra (en cemento, mejor dicho) la constitución del paradigma moderno desde la propia enajenación de sí mismos y sus propios instintos naturales. Que ha confeccionado un cuerpo de directrices, de valores, de derechos y deberes, a espaldas no sólo de la gente que va a ser dirigida a través de ello, que es el menor de los problemas, sino de la misma realidad. Día sí y día también, nos traen los medios exhortaciones sobre relaciones humanas, instintos sexuales, vocación y estructura social que nos hielan la sangre a todos aquellos que llevamos mucho tiempo tratando de investigar con seriedad cómo funcionan realmente las cosas en esos ámbitos. Los medios: la constante y brutalmente eficaz propaganda del régimen, del paradigma vigente, que es en lo que se centra la entrevista que traemos hoy a colación. Otros aportan la materia prima, y los medios, ladrillo a ladrillo, van construyendo ese muro que aliena al ser humano actual de su propia naturaleza. Mientras, la angustia creciente deriva en, lógicamente, más prevalencia de la enfermedad mental, pero también en más prevalencia de la enfermedad física, y en complicaciones y ramificaciones nuevas dentro de ella. La tensión individual aumenta en sinergia con la social. La tasa de suicidios crece. Y los individuos que pueden considerarse sanos, es decir, sin sintomatología explícita, caminan desconcertados, sin saber adónde ir. Si no es a la escuela o al trabajo, mejor. ¿Para qué? Quizás, bueno… a la tele. Sí. A Gran Hermano, por ejemplo. ¡Qué acertada elección de nombre!…

Poco a poco, espero ir ocupándome en la web de todos estas facetas del problema, y otras más, pormenorizadamente.

Carlo Strenger: El mundo global aumenta el “miedo a la insignificancia”

Los medios de comunicación y sus estrellas entrampan al “homo globalis”

En un pasado no lejano, los jóvenes aspiraban a convertirse en abogados o médicos. Ahora, anhelan alcanzar la fama de Mark Zuckerberg o de Angelina Jolie, un deseo que se extiende también a los adultos. La imposibilidad de lograr semejante objetivo causa estragos en la imagen que se tiene de uno mismo y menoscaba nuestro sentimiento de merecimiento personal, advierte el psicólogo de la Universidad de Tel Aviv, Carlo Strenger. En entrevista exclusiva para Tendencias21, Strenger nos explica de manera detallada el fenómeno del miedo a la insignificancia, sus consecuencias para nuestra sociedad y también la manera de superarlo.

Por Yaiza Martínez. 17 febrero 2011.

En un pasado no lejano, los jóvenes aspiraban a convertirse en abogados o médicos. Ahora, anhelan alcanzar la fama de Mark Zuckerberg o de Angelina Jolie, un deseo que se extiende también a los adultos. La imposibilidad de lograr semejante objetivo causa estragos en la imagen que se tiene de uno mismo y menoscaba nuestro sentimiento de merecimiento personal, advierte el psicólogo de la Universidad de Tel Aviv, Carlo Strenger.

Strenger ha realizado una extensa investigación interdisciplinar que ha demostrado que, en la última década, el “miedo a la insignificancia” se ha extendido en la sociedad moderna. Los hallazgos de su estudio han sido presentados en un libro reciente, titulado The Fear of Insignificance: Searching for Meaning in the Twenty-first Century (El miedo a la insignificancia: buscando el sentido en el siglo XXI).

En este libro, se reflejan las investigaciones llevadas a cabo durante una década acerca de los niveles incrementados de ansiedad y depresión en el individuo. Según Strenger, la “ansiedad global” había sido demostrada en estudios previos, pero hasta ahora no se había analizado y explicado completamente. Para hacerlo, ha sido preciso un análisis extenso e interdisciplinar.

“The fear of Insignificance” integra así cientos de proyectos de investigación, desde modelos económicos a estudios sociológicos y de psicológica existencial experimental. La principal conclusión de este compendio es la siguiente: el miedo a la insignificancia tiene su origen en el acceso mediático global, que propicia que cualquiera pueda compararse con las personas más importantes del mundo.

En entrevista exclusiva para Tendencias21, el psicólogo de la Universidad de Tel Aviv explica de manera detallada el fenómeno del miedo a la insignificancia, sus consecuencias para nuestra sociedad y también la manera de superarlo:

¿Por qué empezó usted a estudiar el fenómeno del “miedo a la insignificancia”? ¿Se dio cuenta de que había mayores niveles de ansiedad en sus pacientes, en el marco de su práctica médica regular?

A finales de la década de los años 90, comencé a notar que la gente se preguntaba con mayor frecuencia si estaba llevando una vida importante, y empecé a cuestionarme el por qué. Presenté algunos de los resultados de mis investigaciones a este respecto en un libro anterior, The Designed Self (2004), pero sentía que era necesario un método interdisciplinar para comprender completamente el fenómeno. Por otro lado, cada vez aparecían más informes dentro de la literatura psiquiátrica acerca del aumento de la depresión y de la ansiedad. Me preguntaba por qué pasaba todo esto, particularmente cuando muchas personas de las que trataba llevaban vidas interesantes y gratificantes. A pesar de todo, se sentían ansiosas y pensaban que no lo estaban haciendo suficientemente bien.

¿Qué es el “homo globalis”?

Estamos siendo testigos de una revolución comparable en alcance con la revolución industrial de los siglos XVIII y XIX, aunque mucho más rápida que ésta. En un periodo de tiempo muy breve, las nuevas tecnologías de la comunicación han dado lugar a un sistema de infoocio global que está cambiando profundamente la cultura y la economía globales. El “homo globalis” es una nueva especie humana íntimamente vinculada con este sistema, y cuya experiencia viene definida por sus contenidos.

¿Cómo pueden los medios de comunicación globales afectar o impactar en la forma en que nos percibimos a nosotros mismos?

El sistema de infoocio global está necesitado de celebridades globales que resulten atractivas a la audiencia global, con fines publicitarios. Como resultado, los medios de comunicación están llenos de historias de éxito global, desde la de Steve Jobs a la de Oprah Winfrey. Estas historias llegan a formar parte de nuestras consciencias, en las que se perpetúa el mito de que un éxito de este tipo es accesible para todo aquél que, simplemente, tenga iniciativa y talento. Pero esto es completamente falso: los medios de comunicación están llenos de historias que en realidad le pasan sólo a una persona entre un millón. A pesar de eso, todos acabamos sintiendo que si no tenemos tanto éxito es que hemos fallado y nuestra vida no es importante.

Su investigación se hizo siguiendo un método interdisciplinar. En su opinión, ¿qué otros factores podrían estar fomentando la ansiedad creciente del individuo moderno, además de su miedo a la insignificancia?

Hay diversos factores, como la valoración que se hace de la juventud en los medios de comunicación, las historias sobre éxitos a muy temprana edad. Mark Zuckerberg, que a los 26 años ha cambiado el mundo, es un ejemplo perfecto. Estos modelos hacen que la gente tema que aquello que no han logrado antes de los 40 años deje de ser realizable y valioso a partir de entonces. Esta idea aumenta la ansiedad y desvaloriza las carreras tradicionales, que precisan de mucho tiempo para evolucionar y no conducen a un éxito financiero espectacular ni a la fama.

¿Cuáles serían las consecuencias del miedo a la insignificancia para la sociedad?

Este miedo propicia una búsqueda constante del éxito rápido. Las personas talentosas buscan desesperadamente el éxito precoz. Por otro lado, aquéllos que no sienten la necesidad de hacer carrera, están fascinados por la telerrealidad, el género definitorio de la televisión hoy día. Porque en la telerrealidad podemos ver cómo individuos “corrientes”, como cualquiera de nosotros, se hacen famosos en nada de tiempo. Valores como la investigación en el conocimiento o la contribución a la mejora de la sociedad están menos claros en nuestra sociedad de lo que nunca lo han estado anteriormente.

¿Cómo podemos superar el miedo a la insignificancia?

No creo que pueda eliminarse la comparación en la constitución de la autoestima. En algún grado, todos nos comparamos a nosotros mismos con los demás. Pero necesitamos hacernos conscientes de que si medimos nuestra propia valía a partir de criterios comparativos como la riqueza y la fama, estamos condenados a vivir en un miedo constante a la insignificancia.

He trabajado con muchas personas exitosas, y puedo decir que si sólo te mides a ti mismo a través de la comparación con los éxitos ajenos, nunca te sentirás satisfecho: tu exposición perderá valor; a los críticos no les gustará tu próximo libro; alguien de tu propia empresa llegará más lejos que tú y más rápidamente… Cada logro se convertirá sólo en un punto de referencia a superar, por el logro siguiente.

El camino hacia la auto-realización pasa por sentir que uno está viviendo de manera auténtica su propia vida, que existe una lógica inherente a nuestro propio desarrollo. La autoestima estable se alcanza a través de lo que yo llamo una “auto-aceptación activa”: ésta requiere del autoconocimiento y de unos valores claros, así como de una conciencia creciente sobre nuestra contribución al mundo. Esta contribución no puede ser evaluada con mediciones comparativas.

La segunda herramienta sería la inversión en nuestra propia cosmovisión. Muchas personas buscan el alivio a la ansiedad en libros de autoayuda sin base científica, que prometen el éxito rápido; o en libros de “espiritualidad pop” que prometen el acceso instantáneo a una felicidad duradera. Todo esto es charlatanería, y fomenta la decepción.

Una cosmovisión estable requiere de mucho trabajo. Nadie espera quedar satisfecho con el esfuerzo de tan sólo unos días. Entonces, ¿por qué vamos a adquirir fuerza mental y una cosmovisión estable sin trabajar duro? La educación liberal no debería orientarse sólo hacia la obtención de rápidas y exitosas carreras, sino también hacia cuestiones fundamentales acerca de los valores y verdades que se han perdido en los últimos tiempos, y que necesitan ser reestablecidas. Pero la inversión en la cosmovisión personal no termina cuando te gradúas. Es un proceso para toda la vida, que debería ser valorado y disfrutado.

7 comentarios en “El mundo global aumenta el “miedo a la insignificancia””

  1. Juan Manuel dice:

    En cierta forma cada uno de nosotros tiene que afrontar los problemas del mundo, y este es una forma de “Sentido Vital Terrenal” aunque a la gente le sea inconsciente. El mundo da unas soluciones y luego cada uno las propias. Esta premisa ya en si misma da sentido a la vida. Que soluciones ecológicas das en tu mundo pequeñito?. Como te desenvuelves frente al consumo?. Como Padre o Madre?. Que tal priorizas la energía?. Como afrontas una enfermedad terminal?. Como afrontas el desempleo?, Como afrontas el éxito?..etc. En fin….el sentido del mundo y el de la persona son una y la misma cosa.

    Esta también el pensar profundamente y observar mientras se hilvanan los hilos de la vida, llegando tarde o temprano a incluirse uno en una ráfaga trascendente sin en algunos casos un conducto de tradición espiritual, es el “Sentido Celestial”, pues tienes toda la vida que se tiene y un sentido que va mas allá de uno mismo.

    Sentido que une el Cielo y la Tierra, eso o nos hacemos monjes Advaitas, yo lo he probado y la verdad no me aclaro.

    En cuanto a los problemas de raíz y profundos que han permitido que el Sentido tanto Terrenal como Celestial se haya diluido incrementando las patologías mentales corresponde a las autoridades de las transversales materias, igual que las soluciones, en el fondo lo que las autoridades hagan frente a ese problema del mundo les dará todo el “Sentido terrenal” en sus vidas….

    Visto así todo parece estar bien……., y cada uno a lo que le toca.

    • Raúl Ortega dice:

      JM, esto ya no es ni la emigración del Homo ergaster a Europa, ni el Oeste, ni la conquista de América… Aquí está todo descubierto y ocupado ya. El Estado es omnipotente y ubicuo y todo tiene un dueño. No hay espacio para que nadie cree su “república independiente”. Todos estamos atrapados en una ola global. Tengamos en cuenta además que estamos todos interconectados, y que las épicas y las posturas individuales se tejen en realidad de modo grupal. Puede que una persona encuentre norte, pero eso no sirve de mucho si no lo hacen, digamos, 10 o 12 “argonautas” más.

  2. Juan Manuel dice:

    Todos estamos atrapados en el oceano global, interconectados, para lo bueno y lo malo. Por ejemplo eso nos protege de acabar siendo un Outsiders Art decorando nuestro propio espacio individual/aislado, eso crea por simpatía la Argonautica grupal, pero a la postre uno solo puede actuar en su pequeño territorio a través de pequeños actos pragmáticos frente a los problemas globales que te afectan, eso tiene “Sentido Vital” en el área del Tonal Terreno, ya que trasciende a uno mismo ese mismo acto. Cuando tu Raúl enfrentas un desafió con un paciente no haces eso precisamente, pequeños actos frente a un problema global objetivado en un Ser Humano?. No, no hablaba de republicas independientes, si no de hacernos responsables…vaya a ser que lo de la globalidad sirva de excusa.., por culpa de la globalidad la vida ha perdido sentido……..

    * Nota – Para esta noche me he preparado la peli “Que sucedió entonces..”, es que no la había visto. Ya de paso, Gracias también por el programa de la clave.

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