Psicología - Jung - Psicología Analítica - Junguiana

6 septiembre, 2009

Ken Wilber vs. Jung – II

Filed under: Editoriales — Etiquetas: , , , , — Raúl Ortega @ 15:09

Hace unos días que ha caído casualmente en nuestras manos la transcripción de una entrevista a Ken Wilber donde muy explícitamente plantea su controversia con Carl Jung. Reconozco que no la conocía, y no he logrado aún descifrar el nombre completo de la entrevistadora, una tal EZ (Edith…), ni tampoco la fecha y el lugar de la publicación original (que parecen recientes), aunque queda claro que la interviú en sí tuvo lugar en algún momento de 1984.

Lo tomaremos como una réplica a lo vertido en la primera parte de este artículo, y pasaremos luego a responderlo aquí, después de publicar el fragmento que nos interesa:

[...] Son precisamente los místicos quienes afirman que la esencia de su religión es básicamente idéntica en todas las religiones místicas y que recibe muchos nombres cuando, en realidad, es Uno. Pero no encontrarás un solo creyente mítico -un fundamentalista protestante, pongamos por caso- que admita fácilmente que el budismo también es un camino perfecto de salvación. Quienes creen en los mitos suelen considerar que están en posesión del único camino, porque su religión se basa en mitos externos, que varían de lugar en lugar; y esto es lo que imposibilita que perciban -a diferencia de los místicos- la unidad interna que se oculta detrás de los símbolos externos.

EZ: Sí, ya veo. ¿De modo que no estás de acuerdo con Carl G. Jung en que los mitos son arquetípicos y, en ese sentido, tienen una importancia mística o trascendente?

-Tiene que ser cáncer -eso era lo único en lo que yo pensaba en ese momento-. ¿Qué otra cosa podría ser? El doctor ya nos lo explicará. El doctor ya nos lo explicará. El doctor… ya puede irse al diablo! Maldita sea! Maldita sea! Maldita sea! ¿Dónde están los mecanismos de represión y negación cuando más los necesito?

Pero, en cierto modo, era de eso, de negación y de represión, de lo que había venido a hablar Edith. Nuestro tema fundamental era la relación existente entre la psicología y la espiritualidad. E íbamos a hacerlo siguiendo mi propio modelo general, una síntesis que pretende relacionar los dos intentos más importantes de comprender al ser humano.

Para Treya y para mí, ésa no era una simple preocupación académica. Los dos estábamos profundamente implicados en nuestra propia terapia -con Seymour y con otros- y ambos habíamos meditado durante mucho tiempo. ¿Cómo relacionábamos las dos cosas entre sí? Este era el tema fundamental de conversación constante entre Treya, yo y nuestros amigos. Creo que uno de los principales motivos por los que acepté la entrevista de Edith fue precisamente porque ese tema era, tanto teórica como prácticamente, de capital importancia en mi vida.

Cuando recordé nuevamente la pregunta de Edith, me di cuenta que habíamos llegado a un punto clave: Carl Gustav Jung.

Esperaba que ese tema saliera a relucir. Por aquel entonces, al igual que ahora, la encumbrada figura de Carl Jung -del que Campbell no es sino un seguidor más- domina totalmente el campo de la psicología de la religión. Cuando abordé este campo por primera vez, creía firmemente, como todo el mundo, en los conceptos fundamentales y en los esfuerzos pioneros que Jung realizó en esta área. Pero con el transcurrir de los años acabé llegando a la conclusión de que Jung cometió varios errores profundos, y que esos errores -intensificados por lo profuso e incuestionado de su difusión- constituían el principal escollo en el terreno de la psicología transpersonal: no era posible entablar una conversación sobre psicología y religión sin antes aclarar este difícil y espinoso tema. Así es que, durante la siguiente media hora, Edith y yo nos dedicamos a intentar aclararlo. ¿Acaso estaba yo en desacuerdo con Jung en que los mitos eran arquetípicos, y por consiguiente, místicos?

KW: Jung descubrió que los hombres y mujeres modernos pueden producir de manera espontánea -en los sueños, la imaginación activa, las asociaciones libres, etcétera- casi todos los temas fundamentales de las religiones míticas del mundo. Este hallazgo le condujo a deducir que las formas míticas básicas -a las que denominó arquetipos- son comunes a todas las personas, las hereda todo el mundo y se transmiten gracias a lo que él denomina inconsciente colectivo. Y luego afirmó aquello de que -y aquí le cito literalmente- el misticismo es la experiencia de los arquetipos.

Pero, en mi opinión, este punto de vista incurre en varios errores cruciales. En primer lugar, es evidente que la mente, incluso la mente moderna, puede llegar a producir, de manera espontánea, formas míticas esencialmente similares a las que podemos encontrar en las religiones míticas. Como ya he dicho, los estadios preformales del desarrollo mental -en especial el pensamiento preoperacional y el pensamiento operacional concreto- son naturalmente mitógenos. Todos los hombres y mujeres de nuestro tiempo atraviesan esos estadios del desarrollo durante la infancia, lo que les permite acceder de manera espontánea a la estructura del pensamiento mítico, especialmente en los sueños, en donde los niveles primitivos del psiquismo pueden aflorar con más facilidad.

Pero eso no tiene absolutamente nada de místico. Según Jung, los arquetipos son formas míticas básicas vacías de contenido, mientras que el misticismo, por su parte, es consciencia carente de forma. No parece existir, por tanto, ningún punto de contacto entre ambas estructuras.

En segundo lugar, Jung tomó prestado el término arquetipo de grandes místicos como Platón y San Agustín. Pero la forma en que lo utiliza no es la misma en la que lo utilizaron ellos ni tampoco en la que lo han utilizado los grandes místicos del mundo entero. Para los místicos -Shankara, Platón, San Agustín, Eckhart y Garab Dorje, por ejemplo-, los arquetipos son las primeras formas sutiles que aparecen cuando el mundo brota del Espíritu carente de forma, del Espíritu no manifestado.

Para ellos, los arquetipos son los modelos en los que se basan todos los demás modelos manifestados. EI término arquetipo, procede del griego arche typon, que significa modelo original. En este sentido, los arquetipos son formas sutiles, formas trascendentales, las primeras formas manifestadas, ya se trate de manifestaciones físicas, biológicas, mentales, etcétera, etcétera. Y en la mayor parte de las formas de misticismo, esos arquetipos son pautas de radiación, puntos de luz, iluminaciones audibles, formas y luminosidades de colores radiantes, luces irisadas, sonidos y vibraciones, a partir de los cuales se manifiesta y condensa, por así decirlo, el mundo material.

Pero Jung utiliza el término refiriéndose a ciertas estructuras míticas básicas que son comunes a todos los seres humanos, como el tramposo, la sombra, el Sabio, el ego, la máscara, la Gran Madre, el anima, el animus y otros. Para Jung, pues, los arquetipos no son tanto trascendentales como existenciales, simples facetas de la experiencia comunes a la condición humana cotidiana. Coincido con él en que esas formas míticas constituyen un legado colectivo, y también estoy plenamente de acuerdo en que es muy importante llevarse bien con esos arquetipos míticos.

Si, por ejemplo, tengo un problema psicológico con mi madre, si tengo lo que se llama un complejo materno, es importante que me dé cuenta de que gran parte de la carga emocional no sólo proviene de mi propia madre biológica sino también de la Gran Madre, una poderosa imagen del inconsciente colectivo que es, por así decirlo, la quintaesencia de todas las madres del mundo. Es decir, el psiquismo parece llevar integrado en sí mismo la imagen de la Gran Madre, del mismo modo que también parece estar equipado con las formas rudimentarias del lenguaje, la percepción y diversas pautas instintivas. De este modo, si se reactiva la imagen de la Gran Madre, no sólo tendré que habérmelas con mi propia madre biológica, sino también deberé afrontar miles de años de experiencia materna. Así pues, la imagen de la Gran Madre conlleva una carga que hace que tenga un impacto muy superior al de mi propia madre biológica. Llegar a entrar en contacto con la Gran Madre a través del estudio de los mitos de todo el mundo, constituye una buena forma de hacer frente a esa forma mítica, de volverla consciente y así poder diferenciarse de ella. Estoy totalmente de acuerdo con Jung sobre este punto. Pero, en cualquier caso, esas formas míticas no tienen nada que ver con el misticismo, con la auténtica consciencia trascendental.

Lo explicaré de una manera más sencilla. El gran error de Jung, en mi opinión, consistió en confundir lo colectivo con lo transpersonal (con lo místico). El hecho de que mi mente herede ciertas formas colectivas no significa que esas formas sean místicas o transpersonales. Todos heredamos colectivamente diez dedos en los pies, por ejemplo, pero el hecho de experimentar los diez dedos de mis pies no supone en modo alguno estar viviendo una experiencia mística! Los arquetipos de Jung no tienen prácticamente nada que ver con la consciencia auténticamente espiritual, trascendental, mística y transpersonal; son formas heredadas colectivamente que compendian algunos de los encuentros más fundamentales, cotidianos y existenciales de la condición humana: la vida, la muerte, el nacimiento, la madre, el padre, la sombra, el ego, etcétera. Pero en esto no hay nada místico. Colectivo sí, pero transpersonal no.

Hay elementos colectivos prepersonales, elementos colectivos personales y elementos colectivos transpersonales; y Jung no los diferencia con la claridad necesaria. Es ese descuido, en mi opinión, lo que desvirtúa toda su comprensión del proceso espiritual.

Así que estoy de acuerdo con él en que es muy importante entenderse con las formas tanto del inconsciente mítico personal como del inconsciente colectivo. Pero ninguno de ellos está relacionado con el verdadero misticismo, que consiste en encontrar, en primer lugar, la luz más allá de la forma, y en segundo, la ausencia de forma más allá de toda luz.

EZ: Pero tropezar con el material arquetípico del psiquismo puede constituir una experiencia muy poderosa y, en ocasiones, hasta muy sobrecogedora.

KW: Sí, porque los arquetipos son colectivos y su poder trasciende, con mucho, al individuo: cuentan con el poder de millones de años de evolución a sus espaldas. pero colectivo no significa transpersonal. El poder de los verdaderos arquetipos, los arquetipos transpersonales, se deriva directamente del hecho de que son las primeras formas del Espíritu atemporal. El poder de los arquetipos jungianos, por su parte, se deriva del hecho de ser las formas más antiguas de la historia temporal.

Como constató el mismo Jung, es necesario alejarse de los arquetipos y diferenciarse de ellos para liberarse de su poder, un proceso al que denominó proceso de individuación. Y una vez más, estoy completamente de acuerdo con él a este respecto. Hay que diferenciarse de los arquetipos jungianos.

Pero, en última instancia, para que la identidad de la persona se transforme en esa forma transpersonal, uno debe acercarse a los verdaderos arquetipos, los arquetipos transpersonales. Y ésa es una diferencia enorme. El único arquetipo jungiano auténticamente transpersonal es el Self, pero hasta la misma exposición de Jung a este respecto me parece sumamente frágil porque, a mi juicio, no enfatiza lo suficiente su carácter no dual. Así pues…


El contenido de la entrevista no nos revela nada nuevo acerca de lo que ya conocemos de la postura de Wilber frente al arquetipo. Por lo tanto, tampoco yo voy a tener que hacer ahora otra cosa que abundar un poco más en lo ya dicho.

Aquí lo tenemos como si respondiera a mi “Ken dio un patinazo” del hilo anterior con un “Jung cometió errores cruciales”. Como ya señalé, ese error crucial que cometió Jung en estas lides es permitir que el público entendiera sólo esto del arquetipo: “la Gran Madre, una poderosa imagen del inconsciente colectivo que es, por así decirlo, la quintaesencia de todas las madres del mundo [...] [Los arquetipos] cuentan con el poder de millones de años de evolución a sus espaldas“. Y el patinazo de Ken es no haber sabido usar su intuición ni aprovechar su experiencia mística personal para leer entre líneas cuando incluso Jung parece detenerse en una definición así.

Voy a usar el arquetipo Anima para ejemplificar lo que ocurre en general.

Sabemos que el Anima, efectivamente, contiene entre sus cualidades más señeras el ser algo así como la quintaesencia de todas las mujeres del mundo, habidas y por haber. Enumeremos las más inmediatas causas lógicas que se nos ocurren para explicar esta circunstancia:

  • Se trata de la introyección condensada de las experiencias de todos los machos humanos con las hembras humanas a lo largo de la Historia. El Anima como depósito sedimental colectivo de las experiencias externas con la mujer. Una especie de archivo akásico, de memoria colectiva, de esta fenomenología que no deja de ser “humana, demasiado humana“.
  • Se trata de la personificación de los instintos femeninos; de la etología, del comportamiento femenino esencial. La Feminidad en sí. También seguimos sin lograr trascender el plano “genital”, en terminología freudiana. Seguimos sin traspasar la frontera de lo cotidiano, del ego trivial, que diría Ken.

Ambas hipótesis (no excluyentes) hablan del arquetipo, en este caso el Anima, como no otra cosa que una especie de cristalización abstracta de la mujer promedio, como la representación cognitiva heredada de una mujer estadísticamente muy probable. Un modelo femenino general. Sin más que estas consideraciones, que estoy de acuerdo son bien poco transpersonales, ya estamos sin embargo inmersos en el Mundo de las Ideas de Platón, el mundo de los “Modelos de Todas las Cosas”, que Wilber se empeña en señalar como más místico, transpersonal, que Jung. Pero si a Platón lo entendemos sólo literalmente, estudiándolo con el puro intelecto, sin aplicar intuición, la mayor parte del tiempo veremos que no trascendemos sustancialmente el trivial mundo de las representaciones colectivas. No transpersonales, sino colectivas. O sea, mundanas. Es decir, no ascendemos ni un peldaño sobre el mundo de la abstracción, donde lo más “místico” que tenemos son… las matemáticas. Si el alma no entendiera también desde la poesía el discurso de Platón, lo que veríamos que estipula como mundo y conciencia superiores es una especie de portada ideal de la revista “Casa y Jardín”, donde hay lo mismo que aquí abajo, en la cueva, pero perfeccionado apolíneamente, con la sombra erradicada. Podemos imaginar, efectivamente, una preciosa casita habitada por una pareja de recién casados bellísima y virtuosísima. Una mística de ”American Way”, como quien dice. Precisamente esto fue lo que llevó a Aristóteles a pensar ¿por qué mi maestro necesita duplicar el mundo? Él no pudo tampoco captar mucha transustancialidad en el platonismo. Por supuesto que desde su intuición sí estaba fascinado por la apertura al auténtico misterio que proponía Platón, y se resistió a erradicar completamente este aspecto, vamos a decir, romántico de su propias doctrinas, barruntando en ello veracidad, pero desde su estricta razón vio en la construcción platónica demasiado reflejo, repetición, de la más llana y accesible realidad. Nosotros, “los neoplatónicos del futuro”, tenemos sin embargo poco problema para captar la auténtica trascendencia a la que se refería el gran genio. Porque no sólo somos meros lectores, sino hermeneutas.

También con sólo este plano alcanzamos las disquisiciones de un Rupert Sheldrake. Pero lo que menos le debería interesar a un junguiano del campo morfogenético es que sea un contenedor acumulativo de la experiencia cotidiana de los miembros de una especie. Lo realmente importante es preocuparse de la procedencia y esencia última de esas instancias. Tratar de entender que seguramente no sean un cuenco tipo tabula rasa, sino que su realidad se repliegue dentro de la propia de las “Causas Primeras”, aquello que impone activamente sus planes prefijados (vamos a decirlo así) a las especies y a los individuos que tutelan. Que probablemente no sean sustancias ciegas, que es lo que Wilber acaba entendiendo precisamente del arquetipo: “son formas heredadas colectivamente que compendian algunos de los encuentros más fundamentales, cotidianos y existenciales de la condición humana“.

Sin embargo, en cuanto profundizamos en la fenomenología del Anima, vemos que ese matiz de ser “modelo femenino” no agota ni mucho menos las cualidades de su esencia, y, por tanto, que estos primeros acercamientos a ella se quedan bien cortos. En cuanto aparece el Anima como musa/psicopompo, que es precisamente el modo en que irrumpe en la conciencia como entidad psíquica autónoma, el modo en que ella se empieza a mostrar como un contenido psíquico con genuina existencia (es aquí donde se descubre al Anima, en sí; aquí donde hace su incursión en la psicología contemporánea, no desde la relación del médico con sus pacientes y amantes y sus problemas cotidianos), lo que aparece es una entidad mágica. Trascendente. Cuando en un sueño se me aparece una magnífica guerrera de dos metros de altura, embutida en cuero negro, que se transforma seguidamente en un delfín con una especie de radar-periscopio en la cabeza que me invita a seguirlo para recorrer mi destino hacia lugares inconcebibles, se acabó la familiaridad con la mujer humana y el trato cotidiano con ella. Desde hace millones de años, hasta millones de años a partir de hoy (mera licencia poética). Eso no es feminidad, ni es ningún modelo femenino, pero sí es Anima en absoluta propiedad y empieza a acercarnos al verdadero concepto de arquetipo. El Hombre por ello ha necesitado crear esos catálogos de monstruos que son sus mitologías y sus religiones, que sólo una conciencia encadenada a lo literal y reduccionista puede pensar que son metáforas y condensaciones de la realidad ordinaria. No; la esencia del Anima está perfectamente expresada en una sirena y en un hada, cosas que por definición pertenecen a lo extraordinario. No sólo a lo colectivo y lo universal.

La representación de un hombre con cabeza de perro ni quiere expresar ”perro” ni “hombre”. Trata de mostrar un atisbo arquetípico. Cuando el artista quiere representar a un hombre, lo hace. A un perro, también. Cuando necesita representar lo insólito, lo hace con una figuración insólita. El arquetipo es friki, o no es. En ese sueño que acabo de resumir, justo cuando descubrimos a la sirena, al monstruo mágico, nos damos cuenta que tiene mucho que ver con algo tan ordinario como es una fantasía sexual. Vemos a la puta al lado del hada. Jamás los sueños y las relaciones con enormes putas en cuero negro condujeron a la experiencia genuina del Anima ni a su conceptuación intelectual, pero la relación con ella, en su holística y transpersonal faz, sí nos remite a la inclusión de lo ordinario, humano y hasta animal también dentro del campo de su influencia. Está claro que esto es motivo de muchísima confusión. Pero sólo si nos olvidamos de la experiencia originaria y nos perdemos en elucubraciones mentales y en querer llegar a la verdad a través de la mera lógica. Como si fuera posible inferir la existencia del equidna de Australia razonando sobre la fauna ibérica.

Por otro lado, los junguianos sabemos a pie juntillas: sólo lo inconsciente se proyecta. Estamos acostumbrados a inferir la activación de un arquetipo a través de la aparatosa sintomatología de la proyección, donde acostumbradamente se mezclan contenidos ordinarios, naturales, cotidianos, con irracionalidad, misterio y contra-naturalidad. La parte extraña y chocante del asunto es precisamente lo que se proyecta, pues eso es lo desconocido, lo inconsciente, y lo que nos va a conducir directamente al arquetipo que está detrás. Lo otro, el aspecto cotidiano, sencillamente se vive, se experimenta. ¿Podriamos proyectar contenidos arquetípicos si estos consistieran sólo en el precipitado de experiencias ordinarias, de hechos atesorados sólo por la conciencia colectiva? Usando la metáfora de Wilber ¿qué tiene de misterioso el arquetipo de los diez dedos de los pies (por cierto, deberíamos decir en propiedad el campo morfogenético de los diez dedos de los pies) para que se provoque una proyección? Si los arquetipos fueran de esa naturaleza, desde luego ese tipo de cosas no ocurrirían. Pero ocurren. Constantemente. A las pocas horas de conocer a Treya, Wilber le dijo:

“¿Dónde te habías metido? Llevaba vidas buscándote y, finalmente, te he encontrado. Tuve que luchar contra dragones hasta llegar a ti. Y, si algo ocurriera, volvería a encontrarte”.

Sexo, y más sexo. Magia, y más magia. Proyección a raudales. Arquetipo de los diez dedos de los pies, del bulto y la concavidad en la entrepierna, y el de la princesa, el príncipe, el dragón y todo el frikismo que haga falta. Hasta una fanfarria de pitufos parece que suena. Esto es una epifanía tácita del Anima. Si Wilber hubiese profundizado más en la comprensión de lo arquetípico, se habría dado cuenta que cuando el Anima irrumpe, la cosa no va a ir sólo de deseo, sexo, hijos y pareja. No va a ser sólo un encuentro con la feminidad. Tarde o temprano el tema de la mujer y el amor por ella dejará paso a otras cuestiones, a cuestiones transpersonales, precisamente. Aunque sea abriéndose camino a través de una tragedia. Uno no atraviesa varias vidas matando dragones sólo para pasarlo más que bien en la cama con la mejor pareja concebible, la “mujer entre las mujeres”. Muy, pero que muy desgraciadamente, quien encuentra a su alma gemela humana suele estar a la vuelta de la esquina de perderla para siempre, a favor de aquella otra que, como la sirena, ni es de este mundo, ni tiene concavidades para disfrutarla sexualmente.

Ojalá, amigo Ken, los arquetipos no fueran transpersonales.

Claro que los freudianos dirían a todo esto que lo reprimido es lo que se proyecta. No necesariamente lo paranormal, lo mistérico. Pero la psicología junguiana precisamente tomó entidad propia diferenciándose de esa especulación. Descubriendo que lo más importante del contenido inconsciente no es lo olvidado, lo rechazado (en realidad no hay tanto de eso en lo inconsciente como se piensa), sino lo desconocido.

Por último, de momento, debo decir que a mí desde siempre me cae tan mal como a Ken esa indiferenciación que suele haber en la literatura post-junguiana entre arquetipo, tipo psicológico, estereotipo y complejo. Es verdad que no podemos trazar fronteras nítidas entre todo ello, pero deberíamos estar siempre intentándolo, al menos con más ahínco de como se ha venido haciendo. Las construcciones al estilo Shinoda Bolen, donde sin solución de continuidad se habla de arquetipo y de carácter humano (mujer Deméter, hombre Hefesto, el Vagabundo, el Guerrero, etc.) son muy útiles en la práctica clínica, pero inexactas y confusas para un intelecto que exija profundización teórica más certera. Confieso que yo mismo uso ese tipo de aproximaciones, pero no pierdo de vista que es eso, una simplificación muy útil pragmáticamente hablando. Los arquetipos, hablando en propiedad, son categorías más puras y más abstractas que todo eso. Sus extremos más sutiles parecen perderse mucho más allá de la caracterología humana, e incluso de lo psíquico. Se personalizan, se humanizan, descendiendo por su amplio espectro hacia las regiones instintivas, ctónicas, convocando en ese descenso patrones de conducta. Cristalizando formas y acciones desde lo preforme y la potencia, quizás podríamos decir. Al conformar la conducta humana lo hacen constelándose, interfiriendo y aliándose unos con otros según estructuras genéricas típicas y según individuales proporciones. Hace mucho que los hombres se representan este proceso en la disciplina astrológica. En una carta natal podemos atisbar este tránsito, este descenso, desde el plano transpersonal (estrellas y planetas) hacia el tipo psicológico (signo) y el carácter individual (la carta personal).

Jung se ocupó mucho de las personalidades arquetípicas, como el Anima, el Animus, el Viejo sabio…, que son algo así como energía arquetípica antropomorfizada que aparece ante el yo individual objetivamente, tal cual, como entidades tan contundentes como el prójimo (y que tienen a la postre tanto que ver con ese yo como con todos los demás… y con nadie). Su papel en el carácter y el destino humanos es fundamental. No hay un catálogo amplio de estas instancias, a no ser que nos las inventemos artificiosamente. Por eso Jung vuelve una y otra vez a ellas. A las mismas. Mucho más amplio, sin embargo, es el inventario de las ideas y símbolos primigenios que son autorrepresentaciones de las leyes de acción, estructura y regulación dentro de la dinámica arquetípica (Viaje del héroe, Mandala, Tao, Ouroboros, Trinidad, Cuaternidad, dinámica Puer-Senex, Axioma de María, etc.). Aunque su número es grande en comparación con el de las personalidades arquetípicas, tenemos que recordar que no existen mil héroes, sino un héroe con mil caras.

El Proyecto Atman de Wilber y la Individuación de Jung no son definitivamente otra cosa que dos nombres para el mismo heroico viaje. Es una obviedad decir que a mí personalmente me parece mejor planteado el viaje por el abuelo suizo que por el audaz americano. Entre otras cosas porque está más cerca de mi propia experiencia objetiva y del modo natural que tengo de interpretarla. Ken lucha desesperadamente por su individualidad, por diferenciarse de la “institución Jung” y fundar la suya propia. Lo mismo que Hillman, y cualquier otro puer eterno. Hasta yo mismo, desde mis resignadas humildad e impotencia, tengo eso como sueño dorado. Arquetipo obliga. Pero hay que joderse. Jung dejó muchos cabos perfectamente atados. Hay lagunas, sí (menos mal). Pero el concepto arquetipo no es precisamente el eslabón más flojo de la cadena con que la Psicología analítica se ata a la Psicología transpersonal.

43 comentarios en “Ken Wilber vs. Jung – II”

  1. Raúl dice:

    I – Cuento con que por supuesto has leído los básicos biográficos de Jung como son Recuerdos, sueños, pensamientos y alguna biografía desde terceros, como el excelente trabajo de Gerhard Wehr (mira en la sección “Iniciación”). Sin ese bagaje básico esos dos libros no los vas a poder contextualizar. Son dos libros que profundizan en el tema, que añaden datos a los ya conocidos.

    II – Es que a mí lo que me viene a la cabeza con este tema es “quien habla no sabe, quien sabe no habla”. ¿Qué decir de los 8 primeros libros -corriendo un velo sobre la bazofia posterior-? Que son el Camino, la Verdad y la Vida. Amén. ¿Qué otra cosa podría ser la Psicología junguiana que un excelente instrumento para comprender Eso?. De parte de Eso, porque Todo es mucho. Pero Eso en sí es eso: Lo que es.

    Si me tiras de la lengua diría cosas como que son una puerta astral (un pasaje al Inconsciente Colectivo -interpretando desde Jung-) que se abrió en los 70, la auténtica década prodigiosa, un agujero de gusano hacia el siglo XIX y hacia el futuro aún ignoto. Esa década nos dio, entre otras maravillosas cosas, la música más grande que ha conocido en toda su historia la Humanidad ;-) (a falta de saber cómo era el Jazz de los sumerios) y a Castaneda. No es casual.

    Pero si tengo que hablar de estas cosas tengo la impresión de que estoy revelando los secretos de la masonería a los legos. Entre masones no hace falta hablar de cosas tan obvias.

    IIII – Tooodos los caminos conducen a Roma. Si te hubieras enamorado de la chica sólo por la forma de sus pechos o por cómo te hace las felaciones, eso también está cargado hasta arriba de presencia transpersonal. Todo es una metáfora detrás de la cual está el Self. De lo que hablamos es de niveles de sensibilidad, pureza y profundidad de las metáforas. Por supuesto el Arte es una metáfora, el Amor también lo es, y ambos están sujetos a “purificación”, a desarrollo, a perfección. Purificación significa en realidad que cuanto más estén contaminados de arquetipos explícitos, mejor. Pero siempre lo están, aunque entre tanto ruido no se note.

    Ahora bien, esto es hablando en general. Para algunos prendarse por el art-decó a los veinte años no es más que una bisagra para pasar después a un interés más auténtico, más individuado. Por ejemplo, yo estaba fascinado por el surrealismo en la adolescencia. Hoy me parece una aproximación infantil al mundo de lo Inconsciente, que hoy sé que era mi auténtica aspiración oculta en aquel entonces. Pero en ese modo aún estaba algo “impura”. Me sigue gustando, pero no me fascina como antes, cuando su metáfora era la adecuada a mi nivel de conciencia. Pero la música sigue encantando a mi serpiente de un modo muy profundo aún. ¿Es porque aún es algo que busca “purificación” o es porque soy músico, y jamás lo dejaré de ser? ¿Y la arquitectura y el paisajismo? Son tu surrealismo adolescente o son la vocación que siempre debiste ejercer? Por estas diferencias individuales que matizan los desarrollos generales Jung le llamó a Aquello que Castaneda cuenta, como casi ningún otro, “Individuación”.

    • Juan_Manuel dice:

      La verdad que me has dejado en un impass silencioso. Ahora mismo no sabría que decir ante tanta pregunta que vira entre la depuración sensible y la especialización.

      No lo se, a lo mejor mi nivel de conciencia es el que es “Infantil” sin mas pretensiones. Pero por depurar o por una especialización individualizada son las llaves que me conectan a la vida, aunque reconozco que jamás pueda moldearlas de manera practica, sin embargo todos mis movimientos incluso los inconscientes son guiados a través…….. También podría argumentar que entrar al mundo del Inconsciente necesita de llaves evocadoras, cerraduras que rompan la cadena del control mundanal, por supuesto la luminosidad de los arquetipo que presenta Alicia en el País de las maravillas o los tratados de lógica de L:Caroll me producen un resplandor profundo, mientras que la música de Wagner me da dolor de cabeza.

      En cuanto a la arquitectura en su dimensión mas elocuente se fabrica con ladrillos geométricos, pero si me poso delante de Casa Batllo (Gaudi) el mundo se para. Sin embargo siempre suspendía Dibujo lineal o libre. Un circo es una aventura a los sentidos, pero no cualquier circo.
      Se de la importancia de prender los símbolos que ascienden al lado consciente, el entenderlos e integrarlos, aunque espero que el proceso de indivuacion no este reservado en exclusiva a los Doctos de la profundidad analítica psicológica transpersonal, aunque si estoy en conexión con la vida los procesos e interpretaciones pasan a un escalón secundario.

      También se ha de tener en cuenta que yo vivo entre Gaudi y Dalí, Montserrat y El Valle de las brujas, La montaña Mágica y el Mediterráneo, cuando me asomo a la ventana o salgo a comprar el pan me encuentro la arquitectura de Puig i Cadafall. Me siento bajo las farolas de paseo de Gracia o tomo una copa de cava en los tejados de la pedrera. Si quiero algo duro me marcho a Cadaques o camino en un parke Guell.

      Sin embargo nunca recogí algodón, ni fui esclavo, ni cante en misa tocando las palmas, y eso quieras o no marca.

      Abracitos

      • Raúl dice:

        Sin embargo Barcelona tiene de toda la vida la comunidad negra más radical y activa de toda España. Más aún que las andaluzas. En vez de Luther King está Peret, pero bueno… Los blancos y los negros somos aquí, en la Louisiana al jamón serrano, más peret… zosos. Cuestión, estoy seguro, más de clima que de otra cosa.

        Ahora mismo estamos en una encrucijada de tres senderos. Uno nos dirige al debate entre los arquetipos Apolo y Dionisos, otro a la cuestión de las tipologías personales y otro a tu análisis personal, que es el terreno en el que te acabas centrando siempre. Pero por mucho que nos interese nuestro ego como introvertidos, repito que no es un foro el lugar adecuado para mirarse en el espejo de Narciso. Hay que usarse como ejemplo general, o como excepción particular, en una charla más impersonal y más universal, pero ya está. Así que el tercer sendero lo obviamos y vamos a hacer un planeo rápido por los otros dos.

        Nuestro mundo es altamente tornasolado y diverso. Nuestro mundo se caracteriza por la enorme oferta que tiene por delante cualquier interés. Por la abrumadora necesidad de elección. Vivimos en la multiplicidad y en la variedad. Ahora bien, mira esta web, mira alrededor de este mensaje. Es un homenaje a lo arquetípico. A lo común, a la raíz común, a lo universal, a lo imperecedero. A lo eternamente efectivo y actuante. A lo idéntico a Sí mismo. Esto es la Psicología transpersonal al estilo junguiano: el mantener la vista firme en el sustrato ancestral y colectivo detrás de todas las varianzas individuales y el devenir loco y cíclico del tiempoespacio y su multiplicidad. Este aspecto colectivo tan impersonal, en principio, se compensa por el hecho de que prestar atención a eso es lo que justamente te acaba otorgando una personalidad distinta, particular.

        La Individuación es el viaje de la gota que recibe su auténtico nombre propio al fundirse con el mar.

        Ahora, piensa: ¿de dónde venimos? ¿Qué estábamos haciendo hace 12 siglos, y qué estuvimos haciendo desde un par casi de millones de años hasta ahí? Tocando tambores y dando saltos alrededor de una hoguera. Introvertidos y extravertidos, durante generaciones y generaciones, se sintieran unos más a gusto que otros, lo que tenían delante como Arte, o Religión (inseparables), era la embriaguez apasionada. La misa gitana. Esto es profundo, algo muy “puro”, tanto en mí como en ti como en nuestro amigo el otro, aquel de la moto. Dionisos el místico ebrio está antes; Apolo el místico geómetra viene después. Filogenética y, de algún modo, ontogenéticamente también. Este problemilla fue algo que se convirtió en leitmotiv en alguien que nos representa tanto a todos como Nietzsche.

        Apolo trata de contener el caos de su hermano mayor, pero a veces los círculos sobrios pueden ser suficientes para explicar y contener la fuerza vital y a veces no. Así que el debate entre estos dos arquetipos no termina nunca. El hombre necesita orden, pero el orden nace del caos. El hombre es delicado y sensible, pero los dioses son groseros. Tarde o temprano, tenemos que dejarnos caer en el caos, porque eso nos espera en el camino hacia la profundidad. O nos quedamos con la parte de Dios que podemos soportar y entender como bella, y nos tomamos una copa de cava (nada más) mientras nos aguijonea y nos llena de ansiedad el debate sobre el Mal (“la avalancha de oscurantismo que se nos viene encima”). Apolo es un salvador, pero sin los sátiros diablos salvajes que estaban ahí antes que él no tiene nada de qué salvarse ni de qué salvar.

        Esta es la razón por la que la serena y clásica belleza de la arquitectura se acaba convirtiendo de repente (tú lo has dicho) en la puerta que nos lleva a una negra culona danzante que nos pone el ánimo del revés. Porque el Self no termina ahí, en Apolo. Aunque ya mucho es sentirlo a través de él.

        Pues bien, esto sería un esbozo del debate en dirección a lo arquetípico. Yo defiendo lo dionisiaco en un punto que está más allá de los gustos y varianzas personales, dirigiéndome al pitecántropo que somos todos sólo un poco más allá.

        En el plano de las tipologías, tenemos aquí el famoso debate entre el clasicismo ilustrado del introvertido intelectual, más contenido, y la euforia sufí del vagabundo intuitivo, el trotamundos con bota de vino peleón y un ánima incontenible. Narciso y Goldmundo forever. Algunos junguianos los llaman “puer dionisiaco y puer apolíneo”. ¿Qué te parece?

        Se trata “sólo” de si nuestra personalidad se alimenta más de donuts de intelecto mojados en café de intuición o de ensaimadas intuitivas mojadas en leche de pensamiento. Las dos cosas están tan cerca en realidad que hay personas que se pasan la biografía dando bandazos entre las dos dietas. Por ejemplo: un servidor. Una parte de mí sintió el éxtasis arquitectónico en la obra de Castaneda, comprendió el Camino en abstracto, y la otra cogió la maleta un día y se marchó, de hecho, a Oaxaca. A construir catedrales y prostíbulos ensuciándome de cemento y cal. Sin las dos dietas, las dos, perezco de inanición, y mientras agonizo no tendría nada que decir ni aquí ni en ningún lado.

        Saludos desde Nueva Orleans

  2. Un pueres achinchetado dice:

    Respetuosos saludos.

    Perdonen que les moleste, caballeros.

    Siento si interrumpo el dialogo. Sean todos mis respetos, y mi agradecimiento a la causalidad que me ha hecho llegar aquí.

    Caigo aquí, y aprovecho para solicitar una pequeña dirección, en un momento inmejorable. Ruego me permitan realizarles dos peticiones.

    Primero. Siendo inesperto, empezando a andar, y por si alguien en mis mismas ciscunstancias se perdiera también por aquí… Podrían recomendarme literatura (saben ustedes que los puer, no disponemos de todo el tiempo del que nos gustaría para leer las obras de Jung y de sus más ilustres comentaristas), sobre los principales arquetipos, pre y trans, que han comentado al inicio de su diálogo. Les repito que sé que es de mala educación escuchar conversaciones ajenas, pero al pasar por casualidad, no pude evitar quedar encandilado por el apasionado diálogo, y desearía profundizar un poco en el tema, sobre el que tantos comentarios he oído, pero cuyas fuentes me son desconocidas.

    Segundo. ¿Sabrían ustedes de alguien, por estos lares, serio y un tanto avanzado, que pudiera ayudarme a trabajar un poco mi complejo materno? Joven soy, pero he tenido ya maestras y maestros, de diversas calidades… Siento que en estos momentos tal vez ustedes pudieran indicarme una dirección adecuada.

    No les molesto más, caballeros.

    Disculpas de nuevo, y gracias por la escucha.

    Reciban multiplicado, todo lo que puedan ayudarme.

    Un respetuoso y agradecido saludo.

    Un caminante por desconocido paraje…

    • Juan Manuel dice:

      Señor achinchetado en la eterna adolescencia, de entrada saludarle.

      Si me lo permite, me gustaria expresar alguna sugerencia que no ha de tomar en cuenta, pero que esta basada en mi eterna adolescencia de acomplejado materno con un toque de Don Juanismo venido a menos.

      Los sufridores Pueriles Pueres solo nos movemos por amor pero no solemos amar por falta de experiencia aquello que no nos gusta, somos muy finolis. Total que funcionamos a tope en plan loco o no funcionamos en posición contemplativa. Después de mucho leer al final esta todo escrito y Jung lo tenia sumamente claro, lo único que nos hace madurar es trabajar
      Eso no significa salir como un poseso en busca de cualquier horrible trabajo, que va….. yo tengo plena confianza en el “Si mismo” y el avance en el plano laboral con el objetivo de madurar esta en su mano, ya se encarga el de trazar un destino de orden y trabajo.

      El trabajo es lo único que nos saca de nuestras efusivas ensoñaciones……adolescentes del misticismo romántico. Por otro lado la Fe en mi totalidad no es comodidad adolescente, que algo hay…por supuesto, es la conclusión de recapitular la vida y contemplar sus círculos concéntricos y la mano negra que mueve los hilos.

      Un saludo cordial

  3. Raúl Ortega dice:

    La casualidad, querido amigo, es la única razón realmente importante para abordar cualquier cosa. Así que tu “intromisión”, que no lo es, está en todo caso absolutamente legitimada.

    Aconsejarte obras concretas es complicado, porque el trabajo y la exposición de las cualidades de los arquetipos y su influencia en la psique se abre en abanico por toda la obra de Jung y los junguianos. Pero, bueno, yo te recomendaría dos libros para abrir boca; especialmente el segundo, que se ocupa bastante precisamente del arquetipo/complejo materno, uno de los más afectados por la polémica pre-/trans-, y nuclear en el asunto Puer: “Las relaciones entre el Yo y el inconsciente” y “Arquetipos e inconsciente colectivo”.

    En relación al tema trabajo terapéutico mi primera recomendación es la obvia: busca en tu ciudad (que no tengo remota idea cuál es) algún analista junguiano y apréstate a trabajar con él. Que no tienes esa opción: mándame un correo privado.

    Saludos

  4. De nuevo el puer... dice:

    Señor Don Juan, Manuel.

    Agradezco su consejo y lo reiteraré cual mantra, seguiré la dirección del “Si Mismo” para encontrar cómo y dónde desempeñar mi trabajo (laboriosidad me gravó a fuego en el corazón, mi adusto progenitor…).
    Espero no abusar si le pido otra pequeña dirección… Sé que cuando el discípulo está preparado, aparece el maestro, pero tal vez pudiera indicarme dónde se esconde algún iniciado de chamánica orientación, o alguien que provea de alguna interesante experiencia en caminos no racionales… Me encuentro en un cambio de ciclo, he de derrumbar algunos muros mentales y siento que es momento de una experiencia no cognitiva…
    Escucho sus consejos, si tubiere algún reparo…

    Gracias de nuevo por su tiempo. La vida, o yo mismo, si nos topamos adelante en el camino, se lo devolvamos… Y si no, le será regalado a los que vengan detrás…

    Señor Don Raúl.

    Anoto la bibliografía y la agradezco. Y de nuevo abuso. En la actualidad resido en la medina que llaman Magerit, tal vez en un tiempo baje a Cadiz. Por si conociere a alguien, le adjunto mi correo jbecmore@yahoo.es (no creo que ningún entrometido ose llegar hasta aquí).

    Señores, gracias a los dos por su tiempo y por regalarle al mundo sus ricas experiencias. Y gracias al mundo por las gallegas chinchetas…

    Pase y quede lo que deba.

    Y gire la rueda.

    Bienes sin límites y buen camino les sea dado…

    Inmensamente agradecido…

    Un joven caminante.

    • Raúl dice:

      La admonición hacia el laburo para el Puer siempre me sonó como el clásico galeno de recomendar parir como cura para la histeria o, aún mejor, aquello de “amáos los unos a los otros”, a palo seco y sin juego preliminar. Por cierto que tal y como está el país me temo entonces que la plaga de puerismo va a ser como la de langosta.

      Por su parte, Hillman recomienda sufrimiento como medicina para la puerilidad. En realidad, si os fijáis, las dos posturas tienen en común que prescriben “salir del Edén”: “te ganarás el pan con el sudor de tu frente y parirás con dolor”. En el fondo, la idea es muy simple. El complejo Puer se cura aplicando en cataplasma a su enemigo: Saturno. “Peter Pan, tómate mañana y noche jarabe de Garfio”.

      Ambas recetas tienen sentido y, a la vez, no. En tanto es propio del Puer inmaduro (sí, yo distingo entre maduros e inmaduros dentro del Puer), especialmente alimentado en contexto cristiano, ser demasiado optimista con respecto a la bondad y generosidad del Inconsciente Colectivo, avisar de lo que se va a encontrar a la vuelta de la esquina como requerimiento vital no está de más. Pero un Puer más diferenciado se va a encontrar enfrentado con los requisitos de la cruda realidad antes de que a nadie le de tiempo a explicárselo. Él es el guerrero interior, el peregrino, la personificación de la Individuación. Todas las batallas le corresponden, todas las cruces, todo el veneno a beber. Es definitivamente intrínseco a la pura esencia Puer encontrarse cara a cara con Saturno, pues es una pareja especialmente inseparable ontológicamente. Saturno es el Demiurgo, lo dado, lo presente por doquier, y precisamente el Puer es aquel que reclama el valor de lo que no es tan evidente, de lo que no se ve. Tiene algo de gratuito aconsejarle al Puer con las obviedades a las que precisamente tiene por misión sobreponerse en lo posible. Es como decirle a cualquiera que nunca se olvide de comer y defecar. La novedad es que alguien se pase un mes ayunando, como los buenos fakires.

      O como decirle a Oliver Hardy que tenga presente a Stan Laurel, o a Romeo que no se olvide de Julieta. O, bueno, eso mismo: que Peter Pan no se despiste de Garfio.

      El trabajo y el sufrimiento del Puer no son corroborar lo que ocurre al alejarnos del Edén, que estamos aburridos de saberlo, sino encontrar el camino de regreso a él.

      —–

      Estimado Don Jbecmore@yahoo.es:
      En la Villa de Magerit tiene usted infinidad de recursos de acuerdo a sus necesidades. Mi vivo consejo es que, ya que va usted a trabajar y sufrir bastante, por más que crea que lo podrá evitar, se endulce ahora la vida no más que saliendo a las calles de tan vasto lugar a dejar que sea la mismísima sincronicidad, siempre su aliada, la que le conduzca, si es cierto que ya está listo, a los brazos del maestro adecuado. Investigue centros junguianos en Madrid, cursos de Zen, conferencias de sueños y viajes astrales, o cualquier otro llamado desde los mundos de Yupi propios del Puer, y siga el hilo que más coraje le dé (como se suele decir, y nunca entendí qué significa en realidad).

      Un fuerte abrazo

      • Juan Manuel dice:

        Sip Raúl….sip, ha sido una estupenda interpretación de la Puer_visión. Imagino que la estimulación saturnina es lo que da el tono (Tonal), “La cordura del sabio”, “La fluidez de la niñez”.

        Me estoy transformando en un Puer que simplemente te escucha….

        En fin….que cosas.

        * En cuanto a ti mi buen achinchetado, que te puedo decir. Mojate el dedo con saliva y alza tu brazo al cielo seguro que sabrás interpretar la húmeda señal. Te deseo lo mejor, je.

        Un regalito para los dos

        http://www.youtube.com/watch?v=384piAEMoiw

        Lastima no poder transmitiros lo que me hace sentir.

      • jose antonio dice:

        Muy buenas:

        Raúl, como bien apuntas, hay un tema insoslayable en todo puer. El enfrentamiento con Saturno, el Padre. Distinguir entre puer inmaduro y maduro, es, desde luego, muy acertado. Ahí entramos en una nueva distinción entre pre/trans. Por supuesto, que no es lo mismo estar bajo las faldas de la mamma, que entrar en el Útero Materno de la Gran Madre, hoy llamada Inconsciente Colectivo. El primero es un niño de mamá, el segundo es un “prístino hijo de la Madre”. De igual modo, no es lo mismo ser un hijo de papá, que sigue las normas colectivas a pie juntillas, aprendidas de su papá, como éste, a su vez, aprendió de su papá (el abuelo del primero); no es lo mismo, digo, que enfrentarse al adversario Saturno, al Padre, que le confronta al puer aeternus con la Tabla de La Ley que, obligatoriamente, ha de seguir. A esta Ley, a estas Normas, que emanan de dentro, y se manifiestan fuera, el puer aeternus no puede escapar. Es, en cierto modo, el trabajo de coagulación, manifestación, de labrado de la piedra bruta. Y ese trabajo, más duro que el más duro de los trabajos colectivos, le espera siempre a la vuelta de la esquina.

        • Raúl Ortega dice:

          Confieso que lo de puer maduro e inmaduro se me ocurrió un poco sobre la marcha y a mí mismo me sonó algo inadecuado, por ser tan ambiguo. En realidad yo tenía en mente los diferentes grados de diferenciación de la función intuitiva. Un ejemplo que ahora se me ocurre, un poco traído de los pelos, son los pueres que instauraron el mecanismo de la oración que son los mismos que hoy día siguen a pie juntillas los preceptos del famosísimo Pensamiento Positivo. Ok, algo de verdad arquetípica hay en ello. Su intuición no va totalmente errada en esa dirección. Pero es muy ingenuo creer que los arquetipos están ahí para satisfacer los deseos del ego, sin más, por más grandes y repetitivos que sean. Los intuitivos maduros, sin embargo, no rezan. Escuchan órdenes. Son los que acuñaron aquello de “hágase Tu voluntad y no la mía”. Bueno, pues a este género de diferencias me refería en verdad yo.

          Hay una película malérrima de Jim Carrey que es “Yes man” (Di que sí), donde con un guión pésimo de todos modos se toca esta cuestión de la diferenciación intuitiva de un modo tan simple y directo que me resulta pedagógico. Concretamente es una película válida como caricatura de los intuitivos extravertidos exacerbados, donde no hay función enjuiciadora que les frene de aceptar todos y cada uno de los caprichos de lo inconsciente.

          Saludos

  5. Puer de pueres dice:

    Seguiré el camino, bailando y zen-cerreando, y tragando anzuelos y prótesis de todo tipo… y que el viento diga hacia donde el próximo paso…

    Con la flauta y con el can, se despide agradecido a ustedes por el calor y la esperanza, que como buen trago, dejó la grata conversación…

    Prodigas venturas para ustedes caballeros.

    Peur por aquí, o por allá…

    Buenos vientos y buenos aires…

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