Myriam Rozengurt, traductora científico-literaria de la Universidad del Salvador de Buenos Aires, regala amablemente a Odisea esta impecable traducción del famoso artículo, ya comentado en este hilo, de Sarah Corbett, alrededor del Libro Rojo:
El Santo Grial de lo Inconsciente
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Con el añadido de esta producción ya están publicados en Odisea los tres documentales básicos que acompañaron la formación junguiana en castellano durante mucho tiempo, desde el inicio de la década de los 90: Compromiso de Corazón, Desde lo profundo del alma y ésta última incorporación, El mundo interior. Hace rato que están descatalogados y que los aficionados andan desesperados rastreando copias.
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Sarah Corbett es una periodista del New York Times que ha sido la encargada de documentar todo el asunto de la publicación del Libro Rojo. Ella estuvo en Suiza acompañando al analista junguiano Stephen Martin y al experto en historia junguiana y editor Sonu Shamdasani (creadores de la Fundación Filemón), en el proceso de sacar el egregio libro del banco y torturarlo con la semana de intensivo escaneo que los técnicos contratados por la editorial Norton precisaron para crear el facsímil a partir del cual se harían todas las publicaciones.
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Sí que deben ser estos tiempos apocalípticos. Con un retraso de casi medio siglo, precisamente ahora sale a la palestra lo que podríamos decir es el diario íntimo que plasma el fermento madre de la Psicología analítica. Cercano al estilo de esta obra sólo se conocía públicamente hasta ahora el evangelio Siete Sermones a los Muertos. Por otro lado, algunas imágenes de sus ilustraciones (a cargo del propio Jung) han sido entresacadas y mostradas en este largo tiempo por aquí y por allá. Pero nada más. Bueno, sí: desde el año 2001 los herederos y custodios del libro han permitido, estilo manuscritos de Nag Hammadi o Qumran, que determinados interesados egregios fueran a consultarlo a Suiza.
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Acabo de publicar en la sección multimedia una vieja pero no obsoleta serie a la que le guardo un cariño muy especial, aunque en su día no llegué a ver más que algunos capítulos sueltos y ha sido ahora cuando he podido conocerla en su totalidad. El link permanente a los dos primeros episodios es éste.
La he presentado así:
El final de los tiempos 1 y 2
De Piscis a Acuario/Libros de Piedra
Regresamos con esta serie al principio de los “felices 90″. Félix Gracia, director, coautor y felix presentador de ella, andaba por aquella época muy prolífico en interacción pública. (más…)
Hace unos días que ha caído casualmente en nuestras manos la transcripción de una entrevista a Ken Wilber donde muy explícitamente plantea su controversia con Carl Jung. Reconozco que no la conocía, y no he logrado aún descifrar el nombre completo de la entrevistadora, una tal EZ (Edith…), ni tampoco la fecha y el lugar de la publicación original (que parecen recientes), aunque queda claro que la interviú en sí tuvo lugar en algún momento de 1984.
Lo tomaremos como una réplica a lo vertido en la primera parte de este artículo, y pasaremos luego a responderlo aquí, después de publicar el fragmento que nos interesa:
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Una de tantas paradojas inherentes a nuestro estilo de vida es que siendo la información y la masiva acumulación de ella parte de sus claves definitorias, ésta se transmite y almacena haciendo uso del medio más endeble y efímero que nunca una cultura utilizó: el soporte digital. De tal manera que, en unos años, y no muchos, de seguir esta escalada hacia la volatilidad y la provisionalidad, toda la abrumadora cantidad de datos de que ahora disponemos podría quedar reducida a la nada. Memoria borrada. Visto desde un hipotético futuro, este período de la Historia podría no ser otra cosa que un agujero negro de datos, un lapso precisamente vacío de información. Esto es lo que, en principio, alienta al genio Stewart Brand (un pionero en la informática e Internet, uno de los padres precisamente de nuestra tecnología) a bautizar críticamente al espíritu de nuestra época como “Oscura Era Digital”.
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Nuestro amigo y colaborador José Antonio Delgado acaba de publicar una entrada en su blog abordando la polémica que suscita el gran Ken Wilber cuando tacha a los junguianos de “elevacionistas” (que tratan estados pre-racionales, infantiles, de la conciencia como estados superiores y místicos) y habla de los arquetipos como estructuras colectivas, pero no transpersonales (a excepción del arquetipo del Self, que sí acepta como transpersonal). Por la importancia e interés del tema vamos a intentar abordarlo al alimón en los dos blogs. Copio a continuación lo ya vertido por José y luego añado mis comentarios:
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[...] Aparentemente, el “espíritu” llega siempre desde lo alto. Para esa concepción espíritu significa libertad suprema, un flotar sobre las profundidades, una liberación de la prisión de lo ctónico y por lo tanto un refugio para todos los timoratos que no quieren “llegar a ser”. Pero el agua es terrenalmente palpable, es también el fluido del cuerpo regido por el impulso, es la sangre y la avidez de sangre, es el olor animal y lo corpóreo cargado de pasiones. Lo inconsciente es esa psique que va desde la claridad diurna de una conciencia espiritual y moral hasta ese sistema nervioso denominado simpático desde mucho tiempo atrás. Este sistema, que gobierna la percepción y actividad muscular como el sistema cerebro-espinal y por eso no puede controlar el espacio circundante, pero que mantiene en cambio el equilibrio vital sin valerse de órganos sensoriales y que siguiendo secretos caminos no sólo nos da noticias sobre la naturaleza íntima de otra vida sino que también provoca en ella un efecto interno. En ese sentido es un sistema extremadamente colectivo, es la verdadera base de toda participation mystique. La función cerebro-espinal, por lo contrario, alcanza su culminación en la separación de las cualidades específicas del yo, y como el medio en que se despliega es sólo el espacio, a través de éste capta invariablemente superficialidades y exterioridades. El sistema cerebro-espinal vivencia todo como exterior, el simpático vivencia todo como interior.
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